Nobel de Literatura 2017

 

Kazuo Ishiguro es el Premio Nobel de Literatura 2017

 

 

El Premio Nobel de Literatura 2017 fue otorgado a Kazuo Ishiguro, “quien, en novelas de gran fuerza emocional, ha descubierto el abismo bajo nuestro sentido ilusorio de conexión con el mundo“, señaló la Academia sueca.

Nacido en 1954 en  Nagasaki, Japón, y nacionalizado británico —a los seis años se trasladó a Londres—, este autor ha conmovido a millones de personas con sus libros que, si bien varios son de relatos, su fuerte es la novela. Ha estudiado en las universidades de Kent y de East Anglia y en la actualidad vive en Londres.

En 1995 fue nombrado Oficial de la Orden del Imperio Británico, y, en 1998, Caballero de las Artes y las Letras por el gobierno francés. Su obra ha sido traducida a más de cuarenta idiomas y es autor de  ocho libros, entre los que destaca ” “Los restos del día” , de 1989,  y ” Nunca me abandones” de 2005; ambas fueron adaptadas al cine por James Ivory y Mark Romanek, respectivamente. Su última obra fue “El gigante enterrado”, publicada en 2015.

Su ingreso en el arte fue desde otro ángulo, con la música: entre los 5 a los 12 años estudió piano y allí posiblemente haya adquirido la sensibilidad que lo caracteriza, esa que según la Academia que lo acaba de galardonar posee una “gran fuerza emocional” capaz de develar “el abismo debajo de nuestro ilusorio sentido de conexión con el mundo”. Luego, al mundo de la escritura también ingresó desde una costado poco común. Fue a partir de escribir guiones para series de televisión que terminó por hacer pequeños relatos. Sus libros de cuentos supieron generar un gran interés en el público lector, pero fue el género novela lo que lo lo llevó a la fama.

“Es un escritor de una gran integridad. No mira hacia un lado, ha desarrollado un universo estético propio”, ha destacado Sara Danius, secretaria de la Academia Sueca. La literatura de Ishiguro aborda temas como la memoria, el tiempo o el autoengaño.

 

115 – Portada

Fotografía: Henrique Mendes

 

[…]

Cada vez hallo la Naturaleza
más sobrenatural, más pura y santa,
Para mí, en rededor, todo es belleza;
y con la misma plenitud me encanta
la boca de la madre cuando reza
que la boca del niño cuando canta.

Quiero ser inmortal, con sed intensa,
porque es maravilloso el panorama
con que nos brinda la creación inmensa;
porque cada lucero me reclama,
diciéndome, al brillar: «Aquí se piensa,
también aquí se lucha, aquí se ama».

Amado Nervo

ASÍ TE CUENTO DEL MINUTO QUE CAMBIÓ TODO

ASÍ TE CUENTO DEL MINUTO QUE CAMBIÓ TODO 

por Cony Ureña (México)

 

 

Soy poco idónea para platicarte de los terremotos que han asolado mi querido México. Aparte del enorme susto, tuve la fortuna de no haber sufrido en carne propia ninguna desgracia este pasado mes de septiembre.

Al ser desalojados por motivos de seguridad, del edificio donde trabajo los empleados salimos a la calle sin darnos cuenta aún que había sido no solo un gran susto para la población, sino que nos esperaban las noticias aterradoras sobre edificios colapsados, gente atrapada entre escombros, construcciones dañadas y más etcéteras. Nos preparamos para lidiar con el tránsito. La mayoría pensaba solo en algo: llegar a casa lo antes posible, para cerciorarnos que habían resultado también ilesos nuestros familiares y nuestras propiedades. Imposible comunicarnos directamente con los móviles, la red estaba saturada; así, el famoso whatsapp sirvió para darnos un poco de tranquilidad.

Por la mañana de ese 19 de septiembre, el tránsito había estado -como era costumbre-, complicado. No sabes cuánto me eran antipáticos los motociclistas que sin previo aviso cruzan frente de tu auto para maniobrar; no siguen una línea recta, circulan entre los vehículos y para mí eran una gran molestia, lo mismo que los ciclistas.

Pero alrededor de las 13:30 horas, algo había cambiado. Los caros restaurantes y tiendas de lujo de la zona donde laboro, tenían ya letreros llamativos: “Gratis, sopa o un guisado para quien lo necesite”; “Puedes cargar con nosotros la pila de tu móvil”, “Está abierto nuestro WiFi para ti”. ¡Vaya! Algunas personas lloraban en las calles y eran consoladas por desconocidos. Los automovilistas no hacían sonar sus claxons ante el terrible congestionamiento vial, sino conducían lentamente, aunque con seguridad estaban ansiosos por avanzar. Noté que muchos conductores ofrecían a peatones llevarlos… algo completamente inusual entre nosotros.

Digo que no soy quien para narrar los acontecimientos de aquel martes, porque no vi ni he visto edificaciones derrumbadas, solo he seguido las noticias del gran desastre que causó un terremoto trepidatorio de 7.1 grados Richter, con epicentro más o menos cerca de la capital mexicana, que ha destruido las viviendas de la gente más humilde en los estados vecinos y ha dejado desamparadas a innumerables personas de clase media que hasta hace poco vivían en departamentos de acuerdo a su estatus social.

Siguiendo el trayecto hacia mi casa, me di cuenta que ningún vehículo se atravesaba en mi camino, a pesar del intenso tráfico. Quizás todos manejábamos como autómatas o tal vez habíamos cambiado un poco, al dejar pasar primero ahora a los motociclistas y ciclistas que acudían a la zona más devastada para ayudar. Ahora todos abríamos paso para que circularan las ambulancias, las patrullas, los paramédicos… no es que no lo hiciéramos antes, pero sí, algo había cambiado. Aquello de que en los cruces de calles y avenidas, cuando el tránsito está “embotellado”, pasemos uno de un lado, otro del lado opuesto… así, uno y uno, ahora se respetaba, mientras por la radio escuchaba con azoro que muchas construcciones habían caído o estaban por caer, que había cientos de seres atrapados.

Pero fue hasta que llegué a casa me di cuenta de la magnitud de la desgracia que cayó sobre gente inocente. En la televisión, miré cómo cientos de jóvenes, sin que nadie los alentara, estaban ya “manos a la obra” como rescatistas profesionales, mientras llegaba el ejército, la marina, los llamados topos, los hermosos canes que señalan dónde hay vida o un cuerpo que recuperar.

En mi casa -que por fortuna no sufrió daño alguno-, me di a la tarea de confirmar que mis familiares, vecinos y amistades estaban bien; así que el recuento de lo lamentable, no fue para mí, directamente.

Hasta hace poco, al encontrar a una querida amiga, al verla con un collarín y huellas de golpes en la cara, supe de viva voz que estaba en uno de los edificios más horriblemente derrumbados, que había tratado de huir hacia la calle pero estando a punto de salir el edificio se vino abajo y fue golpeada con brutalidad por los muros que le cayeron encima. No fue la única en dicho lugar que quedó atrapada; gritó, junto con varias otras personas, pidiendo ayuda que llegó muy pronto, quizás de peatones que pasaban por ahí o vecinos que arrancaron de la muerte a muchos semejantes, entre ellos mi amiga.

Con las horas y los días, surgieron muchísimos héroes anónimos, aquellos que ofrecieron agua y comida a quien lo necesitó; quienes ofrecieron sus hogares a los que perdieron todo, quienes con sus propias manos removieron los escombros, quienes participaron en rescates a cambio de la satisfacción propia de haber ayudado.

Empezó a llegar la ayuda nacional e internacional, delegaciones de rescatistas (a quienes viviremos agradecidos eternamente), con toneladas de ayuda para los necesitados, sus maravillosas herramientas, su tecnología de punta y sus inolvidables canes. Todos trabajaron junto a los mexicanos capacitados o voluntarios sin experiencia que se organizaron con la sola finalidad de ayudar.

Por medio de las redes sociales fui siendo testigo de hechos que todavía me hacen un nudo en la garganta al ver levantarse a la juventud tan criticada por su lenguaje, por sus actitudes, por su indiferencia pero que ahora estaban luchando hombro con hombro para rescatar, para limpiar escombros, para trasladar ayuda, para consolar.

Surgió otro tipo de sociedad mexicana. Esa que no es indiferente al dolor ajeno, que se inclina a ayudar a esas personas que están sufriendo física y moralmente. Eso sí lo he visto con mis propios ojos.

Reconozco que la electricidad, agua y telefonía se restablecieron inmediatamente en la mayor parte de la Ciudad de México y sobre todo aprecio que el Presidente haya salido de inmediato a enviar un mensaje de solidaridad del gobierno hacia la ciudadanía, que se haya presentado en los lugares de mayores desastres, que haya aceptado la ayuda internacional; en fin, que haya dado la cara. Sucedió que en el terremoto de 1985, el presidente de aquel entonces “salió a los medios” una semana después y rechazó el auxilio de naciones amigas.

Sí, reconozco muchas cosas, entre las cuales está mi mayor respeto y admiración al Ejército, la Marina, los Topos* y los héroes anónimos que tanto han ayudado, aunque critico agriamente que en Oaxaca y Chiapas, estados muy lastimados por el terremoto del que te cuento y otro anterior sumamente devastadores, a la gente que perdió su casa les esté dando el gobierno 120 mil pesos mexicanos para la reconstrucción… esa cantidad no es nada, no compra los materiales que se requieren; en una palabra, es insuficiente.

Creo que si va a haber una verdadera reconstrucción, se debe copiar el modelo japonés. El gobierno debe tomar físicamente en sus manos el restablecimiento de las viviendas y no dar lo que me parece una limosna, a personas sin hogar por causa de los terremotos.

No sé si en la capital sucederá lo mismo que te cuento; aquí han surgido voces como aquello de no dar a los partidos políticos los más de 7 mil millones de pesos para la campaña presidencial y de renovación de los congresistas del próximo año. El descontento social ya existía en este sentido, pero se ha venido agudizando hasta arrinconar a los partidos a renunciar a cierto porcentaje, que se destinará a la reconstrucción.

Ignoro si los capitalinos, volvamos a ser lo que fuimos antes del 19 de septiembre. No sé si volvamos a cubrirnos de indiferencia, de dejadez, de criticar pero sin hacer nada, no lo sé. Quisiera que no fuera así, que sigamos teniendo compasión por nuestros semejantes, que continuemos participando -cada quien desde su comunidad-, para que nuestra capital sea más humana, más amigable, más habitable y ese ejemplo se extienda a toda la nación, porque la reconstrucción tomará mucho tiempo y si bien ahora la ciudadanía ha donado toneladas de alimentos, rezo para que no decaiga el ánimo y sigamos ayudando a los necesitados.

Que no nos dejemos llevar por los falsos rumores de que un nuevo y terrible desastre nos espera. Que hagamos cumplir la promesa de reducir el número de diputados y senadores (628), que no permitamos que las campañas políticas nos llenen de basura electoral. Que exijamos que se construyan nuevas y mejores viviendas para los damnificados, que pidamos rendición de cuentas. Y tantos etcéteras que cada ciudadano puede plantear.

Además, que no nos atormentemos con la pregunta, “¿por qué a México tantos huracanes y dos terremotos?”. Creo que cuando nos hemos asombrado con la riqueza de nuestras tierras, la abundancia de sus ríos, lagunas, manantiales; maravillosos litorales, paraísos conocidos y por conocer, bellísimas ciudades modernas y coloniales, vestigios prehispánicos asombrosos, pueblos mágicos, majestuosas montañas, playas de ensueño, bosques y selva exuberantes, bio-diversidad y recursos naturales extraordinarios y más, mucho más, no nos hicimos esa pregunta, “¿por qué a México le correspondió tanta riqueza?”, sino que solo nos sentimos bendecidos. Hoy estamos viviendo el reverso de la moneda, pero esa misma moneda está en nuestras manos.

Ah, me preguntas sobre el minuto que te cuento; me refiero a la duración de los terremotos de septiembre. Aunque creo que no llegaron cada uno a los 60 segundos y si bien nuestro futuro cambió en esos instantes y parece incierto, me lleno de esperanza al saber, y sobre todo testificar, que la fuerza de mi país está en su gente.

LOS VIENTOS DEL AYER

LOS VIENTOS DEL AYER

por Martha Larios (México)

 

 

Yo tengo en el hogar un soberano
único a quien venera el alma mía;
es su corona de cabello cano,
la honra es su ley y la virtud su guía
Juan de Dios Peza

 

Era una calurosa tarde de junio, Víctor se encontraba recostado sobre el verde pasto, en un campo repleto de nopales y pirules, cerca se encontraban correteando algunas gallinas, los perros ladrando, los pajarillos cantando, el cielo inmensamente azul con una que otra nube que lentamente se movían y parecían danzar y alejarse llevadas por el leve viento que limpio pasaba por su cara, acaricándolo.

Ama este lugar con el que tanto soñó cuando vivía en la gran ciudad, una de las más pobladas del mundo. Le había hartado el ruido de la gente, que todo el tiempo van y vienen rápidamente, como si la vida se fuera ya, pero sin ser disfrutada, los automóviles con su constante movimiento y sonidos de claxon, la tremenda contaminación que sientes que te asfixia.

Por fin, ahora que su cuerpo se encuentra cansado y un tanto enfermo, pero todavía activo en todo ésto que le hace sentirse útil, feliz y vivo, puede disfrutar la maravillosa tranquilidad de la provincia. Se siente feliz, satisfecho, pleno y en paz, ha logrado sus metas y aun tiene ilusiones y sueños.

Es el preciso y excelente momento para reflexionar, pero sobretodo recordar. El viento parece traer de regreso imágenes tal vez olvidadas en un rincón de su interno, donde están latentes, pero no querían salir a la luz. Ahora en su soledad y tranquilidad, se permite hacerlo y llora para sanar su alma y reconciliar su ser, su yo interior.

Tenía tres años cuando sus padres se separaron, nunca supo la razón. Eran dos hijos, él y Daniel. En ese momento los pequeños no comprendían que sucedía pero de pronto se vieron separados, su hermano con mamá y él con papá. Ahora lo piensa, acaso éramos objetos? No fuimos vistos como personas que piensan, deciden y sienten.

Tenía ocho años y su vida ya era bastante tormentosa y extraña pues cada cierto tiempo, cambiaba de madre. Por fin, después de mucho tiempo tuvo una definitiva, al parecer, la peor de todas, era prostituta, ésto lo descubrió cuando era joven y ya podía analizar el comportamiento de los adultos. Además, la mujer tenía hijos y otra característica, era maltratadora, daba de comer lo mejor a sus hijos y a Víctor lo que sobraba en los platos o tortillas que caían al piso. Para un niño con hambre, cualquier cosa sabía bien, especialmente después de trabajar, pues era explotado por ella.

Cuando tenía quince años mataron a su padre. Una bala atravesó su espalda. Y decidió que era el momento de huir, y así lo hizo, porque de otra manera, tal vez hubiera decidido vengarse, y su vida ahora no sería lo satisfactoria que le parecía.

Su padre tenía hermanas, sin embargo nadie se preocupó por él. Su madre nunca lo buscó, a pesar de saber la noticia. Ahora estaba solo en el mundo. Decidió partir hacia la gran ciudad de México, sin conocer nada ni nadie. Soñaba con entrar a la escuela militar, lo cual debido a su situación, era imposible.

Consiguió trabajos diversos, donde aprendió de todo, y desde luego, todo ésto después le fue útil para sobrevivir.

Un buen día, no supo como llegó a buscarlo su madre para darle un poco de dinero obtenido de una propiedad que su padre había dejado. Con éso, decidió alquilar un pequeño espacio, compró una máquina para hacer tortillas de maíz, dormía ahí, en el piso, no tenía nada pero decidió emprender su negocio propio. A diario comía una lata de sardina, siempre lo mismo, por muchísimo tiempo. Aun así, no se quejaba, en la vida había aprendido que gracias a Dios, tenía que comer.

Muy cerca del lugar, trabajaba una hermosa chica de otro Estado, fue a cambiar un billete y se hicieron amigos, después novios y se casaron, tuvieron sus hijos y poco a poco se fue haciendo de propiedades y sus hijos profesionistas exitosos y afortunadamente siguen juntos.

Ahora, después de tantos años, podía respirar la libertad, la satisfacción y el orgullo de lo logrado.

Las nubes seguían su curso lento hacia otros horizontes, igual que su vida se había ido en estos recuerdos y pensó “que bien me siento de no tener rencores ni resentimientos a nada ni a nadie, a fin de cuentas, la vida es así” y pensando de esta manera podré irme en paz cuando mi corazón deje de latir.

PRESENÇA PORTÁTIL

PRESENÇA PORTÁTIL

por Henrique Mendes (Portugal)

 

 

(Ensaios –  Manual do Tergiverso 1)

Sussurros conspiram em ecos
palavras gritadas em becos,
para ninguém ouvir.

Ainda soam nas pedras, crepitantes,
os passos rendidos, afastando-se
do que podia ser,

( Adentrando uma escuridão feita de pedras frias,
ensaiando um caminho descoberto em porfias,
onde parecia não haver caminhos. )

e já abutres procuram corpos,
carniça, sentimentos mortos
onde enfiarem seus bicos bisonhos…

Mas triunfarão os sonhos !

( Caminharão sobre os imensos aterros,
feitos sobre pântanos onde fétidos erros
se dissolverão… )

E nos lábios haverá mais doçura,
suavidade, carinho, ternura,
do que açúcar nas palavras…

PAPEL DE SEDA

PAPEL DE SEDA

por Anajara Lopes (Brasil)

 

À Olallá
(Personagem de Robert Louis Stevenson)

Ah!… Escrevi, assim, em folha solta, para acaso queira jogue fora.

Não preciso mais dessa pele de alma que me compõe agora.

Quero a forma material que colocaste dentro de mim: – vida com sentimento e que se pode tocar – Foi do lado de fora que te amei. Com o toque, o abraço e com os beijos embebi-me de ti.

E agora? O que fazer? Tu vais embora! É com a alma que aprendi a te amar. Alma composta de pele que ajudaste a construir.

Querida Samy

Querida Samy

por Leonor Aguilar (Argentina)

 

 

Samantha Soleil The Star White: Mucho nombre para un personaje tan pequeño. Eras una pelotita blanca que de adulta llegó a pesar sólo tres kilos. Pero en ese envase tan chiquito había un corazón grande con un amor infinito, y es lo que siempre tuvimos en tu compañía.

Llegaste a casa una noche. Aun asustada por el viaje en avión, dos ojitos temerosos nos estudiaban asomados  desde su escondite entre dos sillones. Tardaste en estar en brazos de mi hija de seis años lo que demoró en verte, y creo que desde ese día no hubo momento en que quisieras desprenderte de ella.

Parecía gustarte que te pasee en el changuito de sus muñecas, te peine y  te ponga moños en el pelo, porque después de tu sesión de coquetería seguías a su lado aun teniendo la posibilidad de cambiarte de sitio. Sabías cuando ella te iba a dejar por un rato y tironeabas de sus medias para que no se vista.  Ante lo irremediable de que debiera dejarte para ir a la escuela, la acompañabas en el auto para después volver a casa conmigo. ¡Te encantaba la ventanilla abierta para ladrarle a cuanto perro veías por el camino! Creo que nunca tuviste una idea cabal de tu tamaño, porque si cualquiera de esos te pescaba no la hubieras pasado nada bien.

Con vos todo parecía ser un juego. Si caía una arveja era entretenimiento asegurado. Era la pelotita acorde a tu tamaño, y no dejabas pasar la oportunidad de jugar con ella. La alzabas, la sacudías, la volvías a tirar, y así por largo rato hasta que otra cosa llamara tu atención.

Toda alegría la manifestabas dando lengüetazos de felicidad. Era gracioso, porque llegar y alzarte implicaba que había que pasar por tus demostraciones de afecto. Pero si te ofendías dabas vuelta la cara dando cuenta de tu malestar, cosa que sucedía cuando mi hija viajaba a concursos de danza y quedabas al cuidado de alguien de absoluta confianza por algunos días. Bastaba que vieras que preparaban valijas para que te metas dentro de ella como diciendo ¡llévenme! Y aunque no lo supieras, en el viaje de regreso pensábamos cuánto tardarías en perdonar lo que sentías un abandono, porque mezclabas la alegría de oír nuestras voces y sacudir la cola feliz, a que pasaras a los brazos, recordaras que estabas ofendida y te negaras a mirarnos y saludar.

La maternidad sacó a relucir detalles que desconocíamos. Cuando la otra perra de la casa, ovejero alemán, quiso ver qué era lo que tenías escondido en la canasta bajo un montón de trapos con los que ocultabas la miniatura que guardabas celosamente,  te paraste frente a ella y sacando pecho gruñiste para advertirle que no se acerque. Yo había corrido a separarlas, pero tu determinación hizo que comprendiera que debía respetar esa distancia.

Los nueve años te encontraron perdiendo la visión. La mitad de tu vida fuiste ciega, y sin embargo te adaptaste a tu situación. Sólo debíamos dejar cada silla en su lugar porque manejabas los espacios de memoria y el olfato era tu gran aliado. Siempre sabías donde estaba tu compañera y no te costaba nada conseguir que te tenga en sus brazos donde te sentías protegida.

Podría decir que fuiste una pieza importante en la obtención del título universitario de mi hija. Empezaban juntas la mañana muy temprano, y podías permanecer en el almohadón de tu banquito a su lado todas las horas que precisara para estudiar.

Una mañana las observaba juntas y por primera vez tuve temor de tu suerte. La habías acompañado durante su  escuela primaria, la secundaria y ahora con sus estudios superiores. Ya eras una perrita muy adulta y habían empezado a aparecer los problemas de salud propios de la vejez. Sabía que en algún momento nos ibas a dejar, pero siempre deseamos que ese momento sea lo más lejano posible y nos resistimos a pensarlo como algo que inevitablemente va a suceder. Internamente anhelaba que lograras llegar con vida al final de su carrera, que ese dúo no se separara, iba a ser muy duro perderte.

Ese temor se volvió una realidad cuando un decaimiento llevó a la consulta del profesional, donde una ecografía confirmó una piómetra. El único modo de salvarte la vida era una cirugía de urgencia,  y no estaba segura de que pudieras salir adelante. El conjunto que se daba no era bueno. La infección, más una insuficiencia renal y un soplo cardíaco, sumados a tus catorce años, hacían difícil tu supervivencia. Aun así decidimos darte la oportunidad. No puedo olvidar nuestras lágrimas cuando te depositamos en las manos del veterinario que me decía, Leo, vos sabés cómo es esto… Sí,  lo sabía, trabajar en una veterinaria me permitía entender todos los riesgos. Para quitarle presión de encima no quise presenciar la cirugía y le aclaré que no lo culparía si fallecías en la camilla, que tenía en claro que era una alta posibilidad dada la gravedad de tu dolencia y la edad que jugaba en contra. Pero si no operaban morirías en un par de días, sufriendo además, y merecías que lo intentemos.  Es increíble cómo la felicidad puede ser un pequeño bulto envuelto en su manta volviendo a casa después de superar su  peor momento en la vida.

Te recuperaste totalmente. Volviste a ser la misma Samy de antes, la que paseaba en brazos, la que se sentaba a acompañar por largas horas de estudio.  De alguna manera entendiste su felicidad al lograr un título universitario, porque estabas más alegre que de costumbre cuando regresó a casa después de dar su tesis. Y después de ese momento al que yo temía que no llegarías, la acompañaste un par de años más. Era como sentir que vivirías por siempre y eso reconfortaba el alma.

La muerte te encontró durmiendo. Sin sufrir, sin dolor, sin aviso previo que nos preparara afectivamente, sencillamente se apagó tu cuerpito cansado por el paso de los años. Recordarte me causa una mezcla de dolor por tu partida y alegría de haberte tenido. Espero que hayas sido tan feliz como lo fuimos nosotros con vos. Descansas bajo el jazmín celeste, ése por donde te gustaba pasear en el fondo de casa y traías las flores enredadas en tu pelo. No tengo dudas de que llegaste a vivir tantos años gracias a tu cumpa que te cuidó toda la vida, que supo ser responsable de su compañera, que nunca te consideró una carga y puso todo de sí para hacerte liviana tu ceguera y tu vejez.

Descansa en paz, pequeña Samy.  Te lo has ganado. Gracias por habernos regalado dieciocho años de inmenso amor

Mozartiana

MOZARTIANA

 

Mozartiana, ballet  sin trama ambientado en la Suite N ° 4 de Tchaikovsky para Orquesta, con decoración de Christian Bérard, recibió su estreno mundial por Les Ballets en el Théâtre des Champs-Elysées el 7 de junio de 1933, bailado por Tamara Toumanova y Roman Jasinsky.  Con el paisaje y los trajes de Christian Bérard, fue dado su estreno de Estados Unidos por el ballet americano en el teatro de Adelphi, Nueva York el 1 de marzo de 1935. Antes del estreno oficial, Mozartiana fue presentado por la Compañía Productora de la Escuela de Ballet Americano en la finca Warburg en White Plains, Nueva York el 6 de diciembre de 1934. Los principales bailarines fueron Rabana Hasburgh, Holly Howard, Helen Leitch, Daphne Vane, Heidi Vosseler y Charles Laskey.

Fue revisadoa una nueva versión, con trajes de Rouben Ter-Arutunian, por el New York City Ballet en el Teatro del Estado de Nueva York el 4 de junio de 1981 como parte del Festival Tchaikovsky y bailado por Suzanne Farrell y Christopher d’Amboise.

Esta danza de una belleza trascendente,  ambientada en la suite musical del mismo título de Tchaikovsky, fue la última obra maestra de George Balanchine. Fue creado para Suzanne Farrell, su última y más grande musa; de una manera “Mozartiana” era su regalo de despedida a ella. Coreografiado en 1981 para comenzar el festival de Tchaikovsky del ballet de ciudad de Nueva York, este ballet era también un homenaje sincero al mismo Tchaikovsky, que Balanchine toda su vida consideró como mentor e inspiración.

Balanchine creó dos versiones de Mozartiana. La primera fue estrenada en junio de 1933 por Les Ballets en el Théâtre des Champs-Elysées de París, para la bailarina de 14 años Tamara Toumanova. En 1981, Balanchine organizó una nueva versión, con diferentes coreografías, para el New York City Ballet. Fue su última obra importante antes de su muerte dos años más tarde. Es esta versión posterior que forma parte del repertorio del Royal Ballet de Birmingham.

La música en sí es el tratamiento de Tchaikovsky de cuatro piezas de Mozart: Suite No.4 en sol mayor, Op.61 Mozartiana. Consta de tres movimientos cortos: ‘Gigue’, ‘Menuet’, ‘Preghiera’ (Oración) y un ‘Tema y Variaciones’ más largos. La naturaleza misma de la música significa que este no es uno de los ballets “rusos” de Tchaikovsky de Balanchine. Es delicado y espiritual, teñido de humor, y reducido, con sólo siete bailarines y cuatro jóvenes estudiantes. A pesar de la orquestación romántica de Tchaikovsky, la música da al ballet una sensación clásica, o incluso barroca.

Con el fin de proporcionar una narrativa suelta en toda la pieza, Balanchine cambió el orden de los movimientos. Abre el ballet con el ‘Preghiera’, que se basa en el famoso corpus Ave Verum de Mozart para coro. Una bailarina solitaria, vestida como de luto, da la impresión de estar en sus devociones matutinas; cuatro chicas jóvenes la acompañan. A pesar de la brillantez del ballet y el gentil ingenio, no es el recuerdo siempre presente de, si no la muerte, la mortalidad.

En segundo lugar, el brillante movimiento inaugural de Tchaikovsky, la ‘Gigue’, es bailado por un solo bailarín. Ejecuta un solo animado y virtuoso, que dura no más de dos minutos. El majestuoso ‘Menuet’ que sigue, es bailado por cuatro mujeres. La reseña en profundidad de Anna Kisselgoff del estreno de 1981 llamó a este menuet de cuatro minutos, “una de las piezas más perfectas de coreografía de Mr. Balanchine”.

El “Tema y Variaciones”, tan largo como las tres secciones anteriores, es el final para Tchaikovsky y Balanchine. Las diez primeras  variaciones cortas son bailadas por la bailarina y su compañero como un pas de deux, mostrando toda la gama de sus habilidades, de adagio a allegro, pero concentrándose en la bailarina. El final comienza sin descanso ya que las cuatro chicas vuelven a entrar en el escenario. Ellos son rápidamente unidos por el elenco completo para la conclusión.

“Mozartiana” en toda su gloria espiritual fue la pieza central del programa de todo-Balanchine que NYCB presentó en el Teatro David H. Koch durante la temporada de invierno de la compañía. En una actuación reveladora, Sara Mearns, en el papel originado por Farrell, llevó todo el ballet a una nueva altura emocional. En la inauguración “Preghiera”, su baile era tan dramáticamente expresivo y conmovedor que desapareció completamente en su parte; parecía como si no estuviera bailando sino orando.  Alternando la lentitud meditativa con la pasión enérgica, Mearns creó un mundo especial en el escenario, tanto privado como sagrado, bailando como si conversara con lo divino.

Con la animada “Gigue” que siguió, la lúgubre oración dio paso a una jubilosa celebración. Troy Schumacher, un miembro del cuerpo de ballet, hizo una buena impresión en este solo.

Majestuosao, “Menuet” invitó a las bailarinas  en algunas de las más bellas secuencias que Balanchine inventó para un conjunto de cámara. Es la oportunidad perfecta para que las bailarinas del cuerpo de almas vengan den muestra de musicalidad y poder expresivo.

Sin embargo, el momento central de “Mozartiana” es su pas de deux central que devuelve al escenario a la bailarina líder y su caballero para una exuberante serie de duetos y solos.

 

 

Las llamas de París

Las llamas de París

 

 

Las llamas de París es un ballet clásico con música del compositor Boris Asafiev basado en las canciones de la Revolución francesa, coreografiado por Vasily Vainonen y diseñado por Vladimir Dmitriev. Este ballet de cuatro actos está basado en un libro de Nicolai Volkov.

Fue estrenado en el Teatro Kirov en Leningrado el 7 de noviembre de 1932. Se realizó después otra producción de este ballet el 6 de Julio de 1933 en el Teatro Bolshoi en Moscú.

En la composición de la coreografía para este rico ballet, Vasily Vainonen dibujó sobre muchas fuentes diferentes, al igual que el compositor Boris Asafiev: Las Llamas de París mezclan lo clásico y el baile de carácter, la música de tribunal y canciones populares, el funcionamiento de solos y enormes escenas de grupo.

La coreografía es sobre todo clásica, pero para la parte de Therese, por ejemplo, Vainonen escogió a la bailarina de carácter de Leningrado, Nina Anisimova: ella bailó sólo bailes de carácter, mostrando los movimientos fuertes y expresivos que simbolizan la energía y el espíritu de la muchedumbre.

Por otra parte, los bailes para Philippe y su novia son puramente clásicos: los dos bailan un pas de deux pensado a la manera de los grandes ballets de San Petersburgo.

En la escena en el palacio de Louis XVI, tenemos mucha pantomima tradicional, y Marie Antonieta baila un minué que es una hermosa de coreografía en sí misma.

Como una remota técnica para poner el baile clásico en escena, Vainonen inventó los papeles del par de actores, Mireille de Poitiers y Antoine Mistral, a quienes el Rey ha invitado a un banquete. Éstos son papeles diseñados para bailarines excepcionales que pueden mostrar su virtuosismo en la primacía clásica de deux. Estos actores están, desde luego, del lado de la muchedumbre revolucionaria, de modo que después del asalto del palacio ellos sean unidos por el grupo en los bailes que incluyen variaciones, codas, y la participación de un enorme cuerpo del ballet que consiste en 24 y 32 bailarines posteriores.

La producción original y la coreografía fueron reconstruidas a principios del presente año por Alexei Ratmansky para el Ballet Bolshoi en una forma que difiere radicalmente de la original. Al reducir el ballet de cuatro a dos actos, mucho se ha reorganizado y algunas escenas han sido ligeramente modificadas. La historia se ha visto drásticamente revisada. Y con todos, excepto los 20 minutos de coreografía de Vainonen registrada en una película, la mayoría de la danza es elaboración de Ratmansky

“Las Llamas de París” es un ballet supuestamente “revolucionario”, y toma como sujeto la Revolución francesa, incluyendo en su argumento el asalto al Palacio de la Tullería y el Marzo victorioso sobre París.

Aunque su ajuste sea la Francia del siglo XVIII, esto es una ilustración perfecta del ballet clásico de Leningrado en los años 1920 y años 1930, tiempo durante el cual había un esfuerzo denodado por atar la historia mundial con la situación de Rusia, y mostrar que la Revolución de Octubre era parte de movimientos más universales y acontecimientos históricos.

El ballet se inicia en un bosque cerca de Marsella, donde están el campesino Gaspard y sus hijos, Jeanne y Pierre. Cuando un Conde y su partido de caza real llegan, los campesinos se dispersan, pero Jeanne atrae la atención del Conde, quien intenta abrazarla. Cuando su padre interviene, es golpeado por el criado del Conde y llevado a prisión.

Más tarde, en Marsella, en la Plaza, Jeanne cuenta a la gente lo que ha pasado con su padre, y la indignación de la gente sobre las injusticias de la aristocracia crece tanto que asaltan la prisión y liberan a los prisioneros.

También es retratado en este ballet el tribunal de Versalles en toda su decadencia.

Después de una función en el teatro del tribunal que es seguido de un banquete, los oficiales del tribunal escriben una petición formal al Rey, solicitando el permiso para conspirar contra con los revolucionarios rebeldes.

El actor Antoine Mistral, descubriendo este documento secreto, es matado por el Marqués, pero antes de morir logra pasar el documento a Mireille de Poitiers.

La escena entonces cambia a un una plaza en París, donde el levantamiento y el asalto del palacio están preparados.

Mireille entra precipitadamente con el documento que revela la conspiración contra la revolución; a esta altura, los oficiales del Marqués llegan a la plaza y Jeanne, reconociendo al hombre que la insultó en los bosques, corre hasta alcanzarlo y lo golpea en la cara.

Después de esto, la muchedumbre se precipita sobre los aristócratas. Al sonido de canciones revolucionarias, la gente asalta el palacio. Jeanne ataca al Marqués, quien es matado por su hermano. El vasco Therese, que sacrifica su vida por la revolución.

Finalmente, atrás en la plaza, la gente celebra su victoria sobre los defensores del viejo régimen.