123 – Portada

 

Noviembre: Mes aniversario de poetastrabajando.com

 

 

escribir

para curar
en la carne abierta
en el dolor de todos
en esa muerte que mana
en mí y es la de todos

escribir

para ahuyentar la angustia que describe
sus círculos de cóndor
sobre la presa

aunque en el alma no

en el alma
la estimación del tiempo que concluye
y es arriba
algo más que un silencio
con ojos semiabiertos

escribir

como condescendencia y como rebeldía
sin elección
sin pausa
porque se va la luz, las fuerzas
se le acaban
y el ser se va de vuelo
en las garras de un ave
carroñera

escribir

para decir el grito
para arrancarlo
para convertirlo
para transformarlo
para desmenuzarlo
para eliminarlo
escribir el dolor
para proyectarlo
para actuar sobre él con la palabra

escribir

para descansar
(escribir que el sol, en invierno, es hermoso)

por no llorar tan dentro
tan a escondidas

escribir

hacia la extenuación
para que se derrame el dolor contenido
desde el inicio del mundo

escribir
para rebelarse
sin provecho

a pesar de la derrota ya prevista

porque no hay rebeldía que no esté justificada
ni violencia que no sea, en el fondo,
inocente,
escribir

con derecho al llanto

escribir para curar
escribir para guarecerse
escribir como si cerrase los ojos
para no cerrarlos
para mover la mano y seguir su curso
para sentirse viva
AÚN
para aplazar la angustia
como simulación
para guiar la mente y que no se desboque
para controlar lo controlable

escribir

como quien deja la luz encendida
y duerme de pie sobre sí mismo
para saldar las cuentas con el miedo

escribir
para reorganizar

escribir
sin hacer concesiones

escribir
como quien des-espera
para cauterizar
para tomarle las medidas al miedo
para conjurar
para morder de nuevo el anzuelo de la vida
para no claudicar

escribir
para apuntar al blanco

escribir
con palabras pequeñas
palabras cotidianas
palabras muy concretas
palabrasojo
palabras animales
palabrasbocadegato
ásperas por dentro y por fuera
suaves como “tal vez”
palabraslatigazo
como “demasiado” y “tarde”

escribir
para no mentir
para dejar de mentir
con palabras abstractas
para poder decir tan sólo lo que cuenta

decir que a las once
de la noche de hoy
mientras la luz calienta
el lado izquierdo de mi almohada
y la sábana verde se desdobla
en el espejo del armario
estoy en mí
en el lugar en que acostumbro
a encontrarme
en este aquí hecho de extraña
duración en lo mismo
repitiéndome
la carne dolorida
los huesos lastimados
los nervios, la piel
tirante, amoratada
el pelo encanecido
el grito sólo postergado
y hoy a las once
de la noche de hoy
mientras la luz calienta
el lado izquierdo de mi almohada

muere un niño
o dos o no sé cuántos
mueren y una anciana dice
sus últimas palabras
o no las dice y muere
y es otra la que habla
pero no habla, dice
apenas dice y muere
sin decir
apenas
nada
y algo se me atraganta
tal vez un alarido
largo como las once horas de esta noche
o tal vez la conciencia
que duerme encendida
como una lumbre la conciencia
de todos los que mueren
como una fogata
un espantoso incendio
que prende en las ventanas
de la ciudad y en el mar no se apaga
una conciencia absurda
una antorchahorizonte
la conciencia de todos los que saben
que se están acabando
en sus huesos de antorcha
hoy, mañana, siempre

escribir
todas las muertes son mi muerte
mi grito es el de todos
y no hay consentimiento
escribir

¿para consentir?
¡escribir para rebelarse!
no hay lugar para plegarias
no hay lugar para el sosiego
el ajuste de las almas
se hace en rebeldía

Estamos solas
y nos pertenecemos.
En nosotras está el poder
Somos un pueblo de almas
en rebeldía
¡Despertad!
Lo que escribo aquí
se traza en el aire
el dolor es la senda
el dolor es el medio
por el dolor la fuerza
que combate el dolor
y lo transforma
por el dolor deshago
mi dolor en lo ajeno
y el ajeno en el mío

escribir

para des-esperar
por todos los que están
por todos
los que fueron
los desaparecidos
escribir para cuidar
sus des
apariciones
para alimentarlas
para que no se enturbien
no tan pronto
no tan siempre
pronto

escribir

para desestructurar
para vencer
las estructuras
para contra
decir
lo dicho
para demoler

escribir

para desestimar
para aprender la delgadez del trazo
su vacío
habituarse a él
a su insignificancia

escribir
para insignificar

escribir

inútilmente
para ejercer lo inútil
para abrazar lo inútil
para hacer de la inutilidad un manantial

escritura como sortilegio

– volé esta madrugada
más alto que ninguna otra vez

Cada noche, en la duración de un grito
viene una sombra nueva

Cada noche, en la duración de un grito,
un alma acude a mí.
La acojo.
En el grito.
Ella no dura. Sólo se abre.
Y hay que entrar. Suavizar.
No hay que recordar.
Tan sólo entrar.
Respirando. –

escribir luego
para reforzar
los frágiles puentes
los conductos sutiles
con temor
de que se borren
en el espacio leve
entre lo presentido y lo sentido

Escribir
para desescribir
para desdecir
para reorganizar
las consciencias y
que cada una cumpla
su ceguera
El espacio de las almas
ha de guardarse oculto
En la palabra está el engaño

escribir pues
para confundir
para emborronar
y, luego, volver a escribir
en el orden que conviene
el mundo que hemos aprendido

escribir

como quien cuenta los pasos que da
por no oír el silencio
como quien cuenta pasos – uno, dos –
y se salta el tercero -cuatro, cinco-
para ver si se ha ido
para comprobar
pero no: sigue estando
y ya no dejará de andar
para contar los pasos
hasta caer exhausto
en el silencio enorme que se ensancha
entre sus piernas como un charco
de sangre

escribir

porque el héroe se hace con el miedo
sobre todo su miedo
a partir de su miedo
se hace héroe el héroe
ahuecando el miedo
y llenándolo de acción
para entumecerlo
haciendo tiempo en lo hermoso
haciendo tiempo en lo vivo

yo no soy ningún héroe
yo sólo escribo
para colmar la distancia
entre mi miedo y yo

escribir
“Se pone un abrigo de cuero.”
escribir
“Un hombre joven se levanta del asiento.
Se pone un abrigo de cuero.
Lleva gafas oscuras.
Se vuelve.
Su espalda es ancha.
Se dirige a la puerta.
No sé qué hará mañana.
No le conozco.
Ha cruzado la vía.
El cristal me devuelve mis ojos
y esa tristeza que se mide en mis labios.
El hombre joven tal vez camina hacia una casa.
Tal vez sea su casa.”

escribir
“En mi rostro el paisaje
– atravesándolo –
el paisaje.”

escribir
“Tiene las uñas recortadas.”
escribir
“Se desprende, muy lenta, de una frase,
la desliza en el cuaderno y espera.
Tiene las uñas recortadas
y una blusa de encaje.
Lleva una bolsa de color violeta
en las rodillas.
Cuando respira hace juego
con los versos de Sylvia Plath.
Hay un desfiladero en su mirada
y no termina de cruzarlo.”

escribir
para confundir las palabras
y que las cosas aparezcan

(Campos de limoneros cargados con sus frutos. Y cañizales
separando sembrados. Y vinagreras cubriendo de oro las taludes… )

que las cosas presionen
que un mundo se abra paso
(Es invierno, y ya crecen el trigo y la alfalfa. Aún hay campos entre ciudades y hermosos pueblos y una anciana se sienta
en un portal con un rayo de sol en su regazo.
La tierra arada humea bajo el sol y los olivos jóvenes tensan sus cuerpos retorcidos hacia el cielo. Creciendo. Crecer es
ascender.
Crecer es ensancharse.
Crecer es romper límites.
Crecer es invadir… )

que estallen los cristales de mis manos
que abran ojos en las letras

(Hileras de olivos.
Sus sombras paralelas… )

escribir
para rastrear

escribir

para perdonar
para ser perdonado

¿Dónde hallaré al sacerdote,
al mediador, aquel que tenga
conocimiento de los límites
y el poder de traspasarlos?
¿dónde hallaré a aquel
capaz de arder sin consumirse
y, entre los muertos y los vivos,
ecualizar
transformar, ¡bendecir!?

escribir

para hallar la paz
después de haber hablado
con los muertos

escribir

para sellar la paz
para conciliar
en mí
para perdonar en mí

escribir

la culpa misma que golpea y se licúa
en el pecho
y surte y es agua que mana
con fuerza y que nos une
agua que forma
remolino de amor irradiando

todas las culpas son
el mismo sufrimiento
el de existir queriendo
queriendo serlo todo
queriéndolo todo
y todo está en mis manos
en esta encrucijada donde permanecemos
el tiempo suficiente
para sufrirlo todo

en mi interior barrunto el gran estruendo:
todo el dolor del mundo me pesa entre los muslos

abrid los ojos: ¡ved!
es tan terrible vivir
¡quien sobrevive saluda!
morituri somos todos

toda la historia de tu estirpe
está presente y te reclama
como crisol
eres
la mediadora
operas
en ti misma el milagro
de la conciliación

y de repente soportas
el peso del mundo y su dolor
lo bebes todo entero.
Agradecida.

escribir

porque crujen las rodillas
y hay como un sueño
esperando ser soñado
justo detrás del dolor.

– Hoy observé las gaviotas.

He de volar muy alto esta noche.
He de volar sin lastre.
Hasta que amanezca.-

escribir
“otoño”
para recordar cómo
uníamos castañas con palillos de dientes
y surgían princesas y perros y dragones
y mi madre era hermosa
y ¿quién sabe? tal vez
fue feliz, también ella,
ese día.

escribir

para arquear el espinazo de las letras
a imagen del dolor
para trazar las líneas de la vida
líneas que se encogen
líneas retráctiles
como nervios apresados en la carne
como venas quebradizas
venenos infiltrados
en las arterias, líneas
que merodean en torno al corazón
calado por la angustia
y el cansancio
líneas como cables tendidos
entre una vida y otra menos vida
líneas ultracortas
líneas entrecortadas
líneas respiradero
líneas túnel
para desembocar
en el horizonte
recuperar allí
las fuerzas del principio pero
líneas quebradas
presionadas
oprimidas, líneas
de vuelta atrás
combadas sobre el tiempo
que queda
el tiempo que nos queda
termitero o volcán
vaciado por los seres (los insectos, la lava)
que operan desde dentro

líneas
de retroceso
¡si fuesen sólo al sueño!
pero no: más abajo.

escribir
como quien muerde un rayo
con los brazos en cruz

escribir
que sus pulmones se cerraron
como las alas de una
mariposa.
Dejó un rastro de polvo azul
en los dedos de quienes fueron
a tocarla

escribir
como aquel que se fuga de un hospital y arrastra tras de sí
las sondas, el goteo, la máscara de oxígeno y corre
sobre agujas envenedadas

¡Despertad!
¡nadie podrá evitarlo!
sólo es cuestión de tiempo
contad los gritos que dais
en el fondo del agua
¡Contad los gritos!

cada cual con su dolor a solas
el mismo dolor de todos

– Alguien disimula. Sonríe,
devuelvo la sonrisa. Sé
que para él ya oscureció.
También él lo sabe.
Pero se esfuerza. Todos
nos esforzamos.
Gritar es esforzarse.
Gritar es rebelarse. –

escribir
porque alguien olvidó gritar
y hay un espacio en blanco
ahora, que lo habita

escribir
porque es la forma más veloz
que tengo de moverme

escribir

¿y no hacer literatura?

¡y qué más da!

hay demasiado dolor
en el pozo de este cuerpo
para que me resulte importante
una cuestión de este tipo.
Escribo

para que el agua envenenada
pueda beberse.

Chantal Maillard

Rosas y tren

ROSAS Y TREN

por Russo Dylan Galeas Maynor (Canadá)

 

 

Las estrellas se pusieron de espalda,
Al sol le hicieron falta mejillas que encender
a un minuto y veinte segundos le queda cabal una eternidad
una lluvia de espinas se desprenden de un rosal
Las telas se desvisten de colores
Y tu desnudez se sube a un tren
Soledad de estrella moja tu piel
Ya no hay luz de besos en las mejillas
El reloj no tiene, eternamente, a quien esperar
Un pétalo de rosa se parte en dos
Para cubrirte labio a labio
Mientras tu piel sin telas se hace distancia
De espinas
De espaldas
De soledad
De telas
De desnudez
De mejillas
De eternidad
De reloj
De  rosa
Y
De tren

La quimera más preciada

 

LA QUIMERA MÁS PRECIADA

por bilpfm4V (México)

 

Abrir las alas
que los recuerdos vuelen solos,
la magia cuelga de nuevo entre las plumas
y soñar sus sueños
ya no es nostalgia.
Hacer música con los besos
mientras el sol roba las sombras a la luna,
ya no hay mas túneles oscuros,
se acabaron los silencios.
La magia volvió a los dedos,
juega de nuevo con las letras,
hilvana versos,
atesora sentimientos.
Abrir las alas
ya no rasga el alma,
soñar de nuevo
viste de arco iris los versos,
calzar sus huellas
la quimera más preciada.

Así te cuento del día de muertos en México

ASÍ TE CUENTO DEL DÍA DE MUERTOS EN MÉXICO

por Cony Ureña (México)

 

 

¡Cómo no se me había ocurrido antes! Nunca te he platicado de una de las más grandes conmemoraciones mexicanas que se estaba perdiendo poco a poco, avasallada por el Halloween, pero que ha renacido gracias a una linda película, otra de la serie de un agente secreto, tú sabes a quién me refiero, y el auge de las “catrinas”, las cuales merecen un capítulo aparte.

En mi familia la conmemoración iniciaba el 31 de octubre. Mi mamá encendía una veladora blanca para iluminar el sendero de su segundo hijo, mi hermanito, fallecido cuando tenía escasos tres meses.

Eso era todo en casa de mis padres, pero muy diferente en casa de mi abuelita paterna quien acostumbraba instalar lo que llamaba Ofrenda que era un altar en sí.  Había una mesa grande, rectangular, tapizada con un mantel color naranja con encajes negros, sobre el cual se colocaban cazuelas con comida, botellas de licor, agua, fruta, calabazas grandes y chicas, dulce de las mismas, así como piezas de pan, muchas velas y veladoras delante de los retratos de los difuntos que a los niños, nos decían los mayores, de octubre 31 al 2 de noviembre, tenían permiso celestial para regresar en espíritu, para degustar precisamente lo que se colocaba en ese altar esplendorosamente arreglado, y realzada su belleza con las flores de zempoalxochitl y también se conocen como “flores de muerto”.

Eran infaltables los adornos de papel picado, los mini esqueletos de juguete y por supuesto las calaveritas de azúcar (cráneos). En el frente de cada una había un nombre, pero no de algún fallecido, sino de un ser vivo, así que cada quien buscaba su calaverita pues ello significaba que quien la colocó estaba deseando que esa persona viviera por muchísimo tiempo.  No sé si esa era una tradición generalizada, o exclusiva de mi familia.

Según sé, esa tradición es precolombina y sobrevivió la era colonial, incluso se enriqueció con las imágenes cristianas que también formaban parte de la Ofrenda pues por “coincidencia” esta conmemoración es en el Día de los Fieles Difuntos y de Todos los Santos, conmemoraciones católicas.

En cuanto las piezas de pan, no eran de cualquier clase sino precisamente “pan de muerto”. Un pan redondo coronado con huesos simulados en forma de X y aderezado con mucha azúcar.

Una vez instalada la Ofrenda, por dos o tres noches se encendían las velas y veladoras y se apagaba la electricidad de la habitación. Se rezaba el Santo Rosario y se solicitaba a Dios el permiso para aquella alma que quisiera venir a la degustación de los manjares en su honor.

Esta habitación adquiría una atmósfera de misticismo y los niños permanecíamos expectantes. En cualquier momento podría aparecer un ser del más allá. Nunca sucedió, claro. Los mayores nos explicaban el porqué sólo ciertas personas tienen la facultad de ver e inclusive hablar con gente que “se nos adelantó” al más allá.

Recuerdo que el 31 de octubre estaba dedicado a los fallecidos niños, el 1 de noviembre a los que se fueron de esta vida por accidentes y el día 2, a absolutamente todos los muertos; tampoco sé si esta costumbre era familiar o general.

Sabíamos que mucha gente permanecía cerca de la Ofrenda la noche para amanecer el día 2, orando por “sus fieles difuntos”. También, que familias enteras acostumbraban asistir al cementerio y pasar la noche junto a la tumba de su difunto, sobre la cual habían instalado un altar como te platico era el de mi abuelita. Hay poblaciones enteras que participaban en ese ritual nocturno, como es Mixquiq en el Valle de México, y Pátzcuaro, en el estado de Michoacán. Tradición que perdura hasta hoy.

Por cierto que en el presente, el 2 de noviembre los cementerios están repletos de visitantes que rinden tributo a sus difuntos adornándoles sus tumbas con flores y algunos familiares llevan serenatas con guitarras e inclusive mariachis.

Para instalar la Ofrenda, grandes  y chicos ayudábamos. Sabíamos que la noche de noviembre 2 se repartiría todo su generoso contenido y seríamos partícipes de un banquete espectacular.

Recuerdo que con mis primos observaba los recipientes de agua; principalmente los transparentes. Nos asombraba ver cómo disminuía su contenido y creíamos que algún espíritu había bebido. Nos compadecíamos de las ánimas, pensando que tenían que esperar hasta fines de octubre para volver a degustar sus platillos favoritos, sus bebidas y esa agua…

Después de los rezos, a las 18.00 horas de noviembre 2, se desmontaba la Ofrenda. Se calentaban los alimentos y la gran familia se sentaba a la mesa a degustar los guisos cocinados en honor a los extintos, quienes era seguro habían regresado al cielo o al purgatorio, dependiendo de cómo había sido su conducta cuando vivieron.

Por tradición, a los niños nos servían leche con chocolate sin endulzar, porque lo acompañábamos con ese delicioso pan de muerto tan azucarado. Nos era entregado a todos los presentes nuestro “itacate”, o sea, una buena provisión de prácticamente todas las frutas y dulces que habían adornado la Ofrenda; sí, incluía ese dulce de calabaza, tan sabroso. Desde luego, nos entregaban a cada quien nuestra respectiva calaverita; era impensable una equivocación, porque como te decía, cada una traía un nombre.

Solo los mayores degustaban los licores, pero en esos ayeres sinceramente yo prefería mi leche con chocolate, o leche sola para degustar el dulce de calabaza o el “pan de muerto”.

Al paso del tiempo, de octubre 31 a noviembre 2, se adicionaron las pequeñas y huecas calabazas naturales o de plástico, a las que se les podía introducir una vela o luz de alguna especie. Daban un aspecto fantasmagórico. Muchos pequeños recibían una buena cantidad de dinero para gastar en lo que quisieran, mismo que provenía de “donativos” de los transeúntes a quienes les causaba gracia la frase, “¿me da mi calaverita?”

Actualmente, los niños y niñas reciben esas calabazas (ahora son sólo de plástico) y durante el día y noche salen a las calles a solicitar un obsequio monetario entre los transeúntes y conductores de vehículos. Muchos van arreglados con maquillaje fantástico y/o también vestidos de fantasmas, brujos, magos, momias, etc.  Así, en las calles y muchos lugares puedes ver chicos y chicas disfrazados de brujas, vampiros, esqueletos andantes, “Dráculas”, “Harry Poters”, el muñeco “Chucky”, etc. Han proliferado los negocios que anuncian el maquillaje especial para quienes piden calaverita o asisten a las fiestas de Halloween, que se popularizaron en los últimos años. La combinación de ambas costumbres me causa gracia.

Puedo contarte que no hace mucho supe que existían las “Catrinas”. Son esqueletos vestidos con ropajes muy elegantes. Las femeninas usan fastuosos vestidos, grandes sombreros o coronas de flores y joyas; los acompañantes masculinos lucen trajes ostentosos.  Como tú sabes, esa tradición principió a fines del siglo XIX como una burla a la alta sociedad de mi país de esos tiempos y ahora es la imagen por excelencia de la muerte, a la mexicana; también la llamamos “la calaca” y a ella se le dedican versos que se publican el 2 de noviembre, en el que se alude a una persona en especial por quien la muerte ha venido a llevar al más allá. Pero, si alguien te dedica una “calaverita” en verso, te das cuenta del aprecio que te tiene. Para mí significa que una persona pensó especialmente en ti para halagarte con un texto corto, con rima, usualmente chusco, que mencione tu nombre y tus costumbres. ¡Tú mismo puedes escribirte una calaverita! y publicarla en tus redes sociales. Los periódicos también publican “calaveritas” dedicadas a políticos y gente famosa. En el radio y televisión también les dedican un espacio. Ni los memes han podido desplazar esta costumbre.

Volviendo a las Catrinas. En la capital mexicana y en varias otras ciudades, hay desfile de Catrinas… son de llamar la atención las de San Miguel de Allende. La procesión de “parcas vivientes” vestidas y maquilladas suntuosamente, se ha popularizado todavía más con la película que ya te mencioné; sí, la del agente secreto, en cuyo argumento apareció el desfile de calaveras gigantes, que no existían pero que ahora forman parte de nuestra cultura.

Muchos dicen que tomamos a broma que algún día estaremos del otro lado de la vida y nos divertimos ahora ante esa realidad que no podemos cambiar. Si algo hay seguro, “no pasaremos de la raya”.

Y qué te digo del Halloween que hasta hace poco estaba a la alza. Con el revivir de nuestras tradiciones, esa costumbre se combina con la mexicana. Así que no hay queja, lo nuestro se ha enriquecido con mega desfiles de Catrinas por ejemplo, con una monumental Ofrenda en el Zócalo (Plaza Mayor, en el corazón del país), con un paseo nocturno en bicicleta en el que los ciclistas van apropiadamente disfrazados; festivales de “pan de muerto”; ferias alusivas y desfiles de cráneos monumentales. Inclusive, cuando se celebra el Gran Premio de México de Fórmula Uno, las edecanes lucen atavíos rememorando a la Catrina.

¡Y por poco se me olvida! Nuestros ancestros creían que las mariposas Monarca que visitan varias regiones de México, eran las ánimas de sus difuntos. Estos maravillosos insectos llegan en la tercera semana de octubre. Anualmente, los hermosos bosques de Oyameles se visten de naranja y negro pues las Monarca invaden los árboles que las cobijan durante el invierno, que del lugar que provienen (Canadá y Estados Unidos) esa estación es infinitamente más cruda que en mi país. Aquí vienen a reproducirse y la nueva generación emprende su viaje al Norte a fines de enero y principios de febrero del año siguiente; pero lo que nos ocupa es que su llegada era un signo muy especial para los antiguos y por ello iniciaron los ritos que te he contado, mismos que prevalecen en su mayoría hasta la fecha.

Bueno, ahora a ti te corresponde contarme cómo has vivido en tu entorno el Día de Todos los Santos y el de Los Fieles Difuntos, lo que te parece la sui generis tradición precolombina muy mexicana y si te animarías a vestir uno de esos hermosos atuendos con los que mis paisanos y yo nos reímos de la muerte.

Glosario:
Cazuela-Recipiente de barro para cocinar y/o presentar comida
Zempoalxochitl o Cempasuchil-Flor parecida al clavel, de color amarillo intenso
Papel picado-Producto artesanal mexicano hecho de papel de China
Mariachi-Conjunto de músicos y cantantes vestidos con traje de gala de la charrería mexicana
Ir de catrín o ser catrín-Vestirse de gala o tener buena posición económica
Ánimas.- Espíritus de los fallecidos

Por amor al hockey

 

POR AMOR AL HOCKEY

Para jugar un partido de hockey sobre césped tuve que cortar con unas compañeras el pasto de toda la cancha.

He jugado hockey sobre césped por más de veinte años. Por iniciativa de una estudiante de educación física que nos invitó a probar este desafío me inicié en este hermoso deporte. También fuimos el comienzo del hockey en un club pobre, lo único que teníamos era la cancha, camarines y un salón que servía para usos múltiples como charlas técnicas, reuniones del grupo o el tercer tiempo que se comparte con el adversario después de un partido.

Si bien esas instalaciones nos eran ofrecidas generosamente y podíamos hacer y deshacer a gusto con la única condición de arreglar nuestro calendario con los equipos de rugby, con quienes alternábamos los fines de semana en la tarea de ser locales o visitantes, el club carecía de personal. El lado humano de ese club éramos las jugadoras de hockey, los jugadores de rugby, que además eran nuestros amigos y/o novios, y algún dirigente soñador que esperaba que algún día ese lugar creciera y tuviera la vida normal de cualquier otro club. Pero éramos nosotras quienes mantenían camarines y salón en condiciones para recibir a las visitas, también íbamos a las reuniones semanales de delegados, suplicamos a un amigo que haga el curso de árbitros y nos represente para cumplir con todos los requisitos, conseguimos quien nos construya los arcos reglamentarios y  sacábamos dinero de nuestro bolsillo para hacer los pagos ante la Asociación que nos afiliaba.

Cuando la Asociación puso como condición la obligación de divisiones inferiores a todos los clubes para que el deporte tuviera semillero y pudiera crecer en la provincia, nos transformamos también en técnicos que reclutaron niñas de la zona, las pasábamos a buscar, transmitíamos nuestros conocimientos, les hicimos las polleritas para tenerlas uniformadas y toda tarea necesaria para lograr su presentación cada fin de semana. Nos esmeramos bastante. No sólo necesitábamos que ellas existan como equipo para poder presentar el nuestro, también queríamos verlas ganar, que se contagien del gustito de sentir que con esfuerzo y trabajo se puede ser un gran equipo al que los rivales le temen. Todo eso sin descuidar nuestras obligaciones personales,  teníamos en claro que si nuestras calificaciones bajaban en el colegio nuestros padres empezarían a condicionarnos el hockey,  por lo que incontables noches sacrificamos las horas de descanso para estudiar.

Éramos un grupo de jóvenes que amaban apasionadamente lo que hacían y no había sacrificio del que no fuéramos capaces para lograrlo.

Un sábado, día que la asociación tenía destinado a los partidos masculinos de este deporte, habíamos prestado de urgencia las instalaciones a un equipo amigo porque su campo de juego estaba empantanado. Ya que estábamos ahí nos quedamos a ver el encuentro que interrumpió nuestro entrenamiento.

Cuando los dos jueces llegaron los vimos deliberando. No entendíamos cuál era el problema hasta que decidieron la suspensión del partido porque el césped no tenía la altura que consideraban apropiada. Lo peor es que eso era cierto. La primavera había logrado que el césped crezca bastante, y había un rincón al que le decíamos “el de las lechugas” porque crecían malezas con ese aspecto que a veces llegaban a esconder la bocha.

El tema era grave porque al día siguiente, domingo, nos tocaba ser locales. Si el partido se suspendió para unos, también sucedería para nosotras. No pensaba perder los puntos en un papel pero sabía que teníamos menos de veinticuatro horas para solucionar el problema.

Puse manos a la obra con mi hermana y dos compañeras más. De casa traje la pequeña segadora hogareña y todos los cables alargadores posibles, propios, de los vecinos, de los amigos, cada pedacito de cable venía bien para llevar corriente a todos los rincones y  completar la labor.

Hasta medianoche cortamos el césped. Y precisamos un par de horas más para marcar la cancha. Lo hicimos rociando cal viva con un tarro que desocupamos después de hacer de los duraznos que contenía nuestra cena.

La sorpresa se la llevaron los árbitros, casualmente eran los mismos de la tarde anterior, y nuestro propio entrenador de ese año que era algo así como un artefacto decorativo necesario para decir que éramos un equipo. Todos habían hecho planes para ese día pensando que no podría disputarse el encuentro. Evidentemente no nos conocían bien. Nunca imaginaron que seríamos capaces de hacer todo lo posible para cumplir en tiempo y forma con sus requerimientos. Creían el partido sería sólo un trámite de llenar papeles para suspenderlo.

Jugamos, tuve la fortuna de convertir y los puntos ganados sumaron para ese año en que logramos el campeonato ajustadamente. Si hubiéramos resignado el partido no habríamos podido alzar la copa del torneo.

La otra cara del sacrificio se llama premio al esfuerzo y la perseverancia. Quienes estuvimos ese largo día haciendo aquello de lo que no nos creían capaces fuimos quienes saboreamos más el orgullo de la victoria.

Hasta el día de hoy nadie puede entender que once jugadoras,  de las cuales sólo cinco entrenaban con regularidad y carecían de técnico,  lograran destronar al campeón eterno de primera división con una sola arma: el córner corto, porque es lo único que podían tener muy trabajado siendo tan pocas y su juego era sencillamente provocar faltas del adversario dentro del círculo para lograr esa sanción. Menos comprensible fue que el equipo se disolviera después de lograr el campeonato. Eso me llevó a mudarme al club que había perdido el torneo en nuestras manos, no fue fácil pagar el derecho de piso, pero eso es otra  historia.

Así te platico de un migrante

ASÍ TE PLATICO DE UN MIGRANTE

por Cony Ureña (México)

 

Es sábado; me desperté tarde y después de asearme encendí el televisor para disfrutar un partido de tenis. Hace dos años me interesé en ese deporte ya que vi un juego de quien se convirtió en mi tenista predilecto, quien por cierto ganó esta mañana en semis, convirtiéndose en el jugador favorito para ganar la final.

Terminado ese partido salí para ver a una amiga a almorzar. Nos encontramos en ese lugar al aire libre que tanto nos agrada y saboreamos los deliciosos manjares, acompañados de café capuccino, fruta de la temporada y un excelente servicio. Caro sí, pero nosotras nos pudimos dar ese gusto.

Platicamos de muchos temas, el nuevo aeropuerto de la Ciudad de México, los caprichos de los políticos, el clima y la caravana de migrantes de Centro América que desde la frontera sur de México planea cruzar todo nuestro territorio para llegar a los Estados Unidos de Norteamérica… triste, muy triste tema, así que preferimos hablar de las películas que se han estrenado esta semana y nos pusimos de acuerdo para ir al cine y por qué no, también al teatro. Son lujos que nos podemos dar de vez en cuando.

Terminado nuestro almuerzo, al despedirnos intercambiamos elogios a nuestra vestimenta. Mi amiga llevaba una gabardina azul profundo con algunos adornos en blanco, por mi parte mi pelliza es abrigadora y bonita, eso me dijo ella quien abordó su auto último modelo. Subí al mío y conduje hasta un supermercado donde encontré el salmón que cocinaría para mi comida o cena, también compré melocotones y una maravillosa guanábana.

¿Te parece que estoy presumiendo de mi buena vida? La verdad es que quise hacer una introducción para lo que en realidad deseo contarte.

Conducía por la avenida cercana a mi casa. Vi a un joven que solicitaba limosna a los automovilistas cuando dos policías lo interceptaron.  Paré el auto en cuanto pude y regresé al sitio donde el muchacho hablaba con “la autoridad”. Conforme me acercaba oí que él se defendía de algo que lo acusaban. Me acerqué y dije:

-Buenas tardes oficiales, ¿algún problema con el joven?
-No, solo que le estamos solicitando sus documentos y no tiene con qué identificarse.
-Comprendo, lo que pasa es que este muchacho estuvo trabajando en mi casa y olvidó su documentación. No quiso esperar a que mi esposo regresara para recibir su pago y veo que para regresar a su domicilio está pidiendo limosna; pero eso no es un delito, ¿verdad oficial?
-No, no lo es. Siempre y cuando no moleste a la ciudadanía.

Me dirigí al joven y le pedí me acompañara a mi casa para darle el pago por el trabajo que había hecho. Él dijo, “está bien”. Juntos nos alejamos de los policías y ya lejos de ellos el muchacho me agradeció haberlo rescatado. Esos tipos le estaban pidiendo las pocas monedas que había recabado. Le pregunté si había ya comido y me dijo que no. Lo invité a un lugar modesto para que comiera. Pocas veces he visto a una persona comer con tanto apetito. Una sopa, tortillas, arroz con un huevo, carne de cerdo con salsa verde y frijoles, acompañados con agua de sabor. Lo que en México llamamos “comida corrida”.

Me contó que es hondureño, de Puerto Cortés, cerca de Guatemala. Salió de su país por la delincuencia, porque no hay trabajo -a pesar de que ese puerto pareciera ser próspero-, faltan oportunidades y la mayor parte de los días no hay ni qué comer.

Hace tres meses cruzó sin problemas la frontera e ingresó a México. Trabajó aquí y allá en Chiapas y después estuvo en Tabasco y Veracruz. En este último estado, con el poco dinero que tenía se embarcó en la aventura de querer ir al norte; grave error, no solo perdió su dinero sino que al poco tiempo, en el trayecto fue interceptado el transporte en el que viajaba junto con más migrantes. Las “autoridades” mexicanas les quitaron sus pertenencias… ropa, zapatos, mochilas y dinero.

Estaba en Zacatecas, sin recursos, sin conocer a nadie. Los demás migrantes se desperdigaron cada uno por su cuenta. Él pidió a un trailero que lo trajera a la capital de México. Sabía que hay un lugar llamado Lechería, donde un tren (“La Bestia”) se estaciona una tarde y en su lomo suben todos los migrantes que puedan caber y que desde luego, paguen por el lugar que ocupan.

Así llegó a las inmediaciones de la capital mexicana. El trailero le dijo pidiera limosna para poder abordar un camión de pasajeros rumbo a Lechería, donde dijo él, casualmente vive un paisano suyo que se casó con una mexicana y se estableció en ese lugar. Por dos razones quería llegar a Lechería, una para encontrar a su compatriota y si no lo encontraba, entonces abordaría La Bestia, aunque antes tendría que trabajar para tener el dinero necesario para abordar el tren.

¿Trabajar? Sí, en la carpintería de su amigo.

Quedé confundida por su plática. Soy de lenta reacción y honestamente no concluyo cuáles son sus planes. Aunque estoy segura que no quiere cruzar la frontera México-USA porque no conoce a nadie del otro lado y no entiende el inglés; sabe muy bien que los hondureños, como muchos otros, no son bien recibidos en esa gran nación. Planea quedarse en Monterrey, pero si acaso consiguiera trabajo la capital, se quedaría.  Sabe que por estos días hay compatriotas suyos, principalmente, que están tratando en caravana de migrantes, cruzar mi país para llegar a USA y alcanzar “el sueño americano”, él no, si pudiera se quedaría entre los mexicanos.

Miré que no parece sucio. Sus ropas muy usadas y más su mochila (dijo que se la habían regalado), son más que modestas. Vestido de negro parece aún más delgado. Le falta un diente de enfrente y su caminar es difícil por lo desgastado de sus zapatos tenis.

Una vez que terminó de comer salimos de esa fondita y él dijo que sabía bien dónde abordar el camión que lo llevaría a Lechería. Pensé que yo podía trasladarlo pero no conozco ese rumbo. El Valle de México es enorme y cada quien se acostumbra a los lugares que conoce. Mi auto no cuenta con GPS y usualmente no llevo mi móvil cuando salgo a almorzar con alguna amistad o con mi familia, no quiero estar al pendiente de las llamadas o sonidos del “whats”.

Proporcioné a ese joven un poco de dinero, creo suficiente para que abordara el autobús y tuviera para una comida más, aunque él expresó que normalmente comía una sola vez al día. Dijo que su estómago se había acostumbrado a no pedir comida.

Se despidió de mí y me preguntó mi nombre. Mi apellido es más común en Honduras que en México. Él se llama David Palacios Sagvinon.

Lo vi alejarse, no sin antes darme efusivas gracias por la comida y la ayuda económica.  Lo miré hasta que lágrimas nublaron mis ojos.  Entonces pensé que le hubiera ofrecido mi casa, hubiera hablado con mis vecinas, con mi familia, para ayudar más a ese hombre joven quien a mi modo de ver está buscando un futuro que en su país le ha sido negado.

Lloré por ser de lenta reacción, porque lo dejé marchar con algo en su estómago que le hará pronta digestión y sentirá nuevamente hambre, aunque él lo niegue. Lo vi marcharse a paso dificultoso por los zapatos que no le ayudan, lo vi marcharse sin darle mi número de teléfono por si algo necesita, sin haberlo invitado a mi hogar, por “el qué dirán”. Aunque él me haya dicho que nadie le había ofrecido tanto. No, no fue una ayuda completa y me arrepiento profundamente. Pude haber hecho más y no lo hice.

Por eso empecé a platicarte algo que parecía presunción. Mi mañana comparada con la de David Palacios, un joven quien estoy segura no volveré a ver pero que a Dios le pido que lo proteja, que lo llene de bendiciones, que ilumine su camino.

Él representa a esos tres mil seres humanos, hombres, mujeres y niños, de todas las edades, que salieron en caravana de Honduras; que desean cruzar el territorio mexicano -muchas veces hostil para ellos-, llegar a la frontera con USA donde los espera la guardia fronteriza para… no puedo ni siquiera imaginar lo que les aguarda.

Llegué a casa donde está mi recámara limpia y acogedora, una cocina con un refrigerador con buena comida, una sala de estar agradable, un baño, mis demás muebles, cuarto de lavado, otra habitación con un closet con ropa abrigadora para esta fría y húmeda temporada; tengo un auto para ir donde desee, recursos económicos que me permiten vivir bien y muchos etc. para agradecer a Dios y a la vida por mi salud, por mi familia, por mis amistades. Tengo un pasaporte e identificaciones para cuando hagan falta, tengo, tengo, tengo… pero no tuve la lucidez para ayudar más a un ser humano desprotegido. Deseo que en un futuro, cuando vuelva a encontrar a otro ser en apuros, tenga la suficiente humanidad que hoy me hizo tanta falta.

El concierto de las sombras

EL CONCIERTO DE LAS SOMBRAS

por Gustavo Enrique Mestre Cubillos (Colombia)

 

 

El bambú, la guadua y la caña brava silban sus levísimas melodías. En la oscuridad ladran los perros y los gatos arañan los tejados, el viento transcurre en do mayor pasando revista a un concierto natural de música sin ningún orden establecido, mientras bajo las sábanas las sombras logran la suavidad de la caricia femenina.

Aparece el silbido cortante y gélido de la noche como la muerte acechando a una nueva alma y entre pensamientos entrecortados  afloran los recuerdos y las sensaciones de la vida inconclusa. La madera y el pavimento crujen como dejando escapar fantasmas invisibles. ¡Huye niño Sancho! ¡Sé libre y no le dejes ni tu huellas en esa tierra de traidores!. Escapa mientras puedas y encuentra en el bosque de nuevo esas melodías que solo se escuchan bajo las sombras de los árboles.

Mientras caminas interpreta cada sonido y cada baile que hace la silueta de tu sombra en la tierra, no te dejes alcanzar ¡sé libre! Y en libertad recuerda que los recuerdos son sólo sombras que aparecen como la música en nuestra cabeza para recordarnos que, bajo las sombras musicales de un creador que inventa juegos macabros con su “mejor” creación sólo para divertirse un poco en su eternidad, seguimos vivos. Sobrevivimos .

Así te cuento de un joven pianista

 ASÍ TE CUENTO DE UN JOVEN PIANISTA

por Cony Ureña (México)

 

 

¿Recuerdas que alguna vez te platiqué de las tertulias que organiza la señora Verena Gerber?, ¿sí? Bien, la señora Verena es una generosa dama que promueve talentos  poco conocidos mayoritariamente, aunque en el círculo de familiares y amigos de los artistas sean distinguidos con gran aprecio.

Como tú sabes, tengo amistad con un virtuoso pianista de origen español, radicado en México y precisamente a uno de sus conciertos lo acompañé a la casa de la señora Verena quien destina un espacio para sus veladas. He asistido a conciertos desde luego de piano, poesía, teatro, marionetas pero por una u otra causa, me he perdido de algunos eventos, pero la fortuna quiso que el último sábado de septiembre, precisamente el día de los Arcángeles, la tertulia fuera realmente estupenda.

Te confieso que no sabía a quién iba a escuchar, solo que era un joven pianista quien deleitaría con su arte a la audiencia que usualmente acude al llamado de la señora Verena y después del evento disfruta de un ambigú de deliciosa variedad de quesos, ensaladas con sus ricos aderezos, carnes frías, vino y un pan que estoy segura te gustaría muchísimo.

Hasta el inicio del concierto supe que se denominaba Acuarelas -Música de Salón del Porfiriato-*. La presentación del concertista causó asombro porque fue como una entrevista guiada por una joven que hacía preguntas al artista. La frescura, naturalidad y simpatía de las respuestas provocó que él “se echara el público a la bolsa”. Fue una presentación sui generis, adornada con anécdotas de lo sucedido a este joven mientras investigaba la vida y obra de los compositores que homenajeó en esa su singular introducción y que alegró bastante a la concurrencia, preparándola para escuchar interpretaciones desconocidas -al menos para esta tu amiga-.

Vale mucho la pena que te mencione que este joven de 19 años ha recopilado (rescatado) más de 500 partituras de música clásica mexicana de la época afrancesada de aquella sociedad; sí, pero con un toque nacional. Ese volumen ha crecido porque fue hace dos años cuando realizó el inventario y ha continuado investigando para rescatar esa música que tal vez, si no fuera por él, estaría completamente olvidada.

Compositores de la era porfirista como Velino Preza, Luis Jordá, Julio Gilbert, Melquiades Campos, Oscar Braniff, Fernando Soria, Vicente Mañas, Vittorio Dell’Oro fueron quizás escuchados por primera vez desde finales de los 1800 y principios del 1900. Menciono aparte a Ernesto Elorduy quien a mi parecer es más conocido por los públicos actuales. Y hubo una pieza de Alfredo Carrasco llamada “Adiós” que arrancó grandes bravos y vivas por ser acaso la más popular entre los asistentes; así también, nos conmovió la interpretación de una de las obras precisamente de Elorduy, el autor predilecto del concertista.

Cada una de las interpretaciones, maravillosamente ejecutadas, fue introducida mediante una breve pero muy agradable explicación sobre el autor, el motivo, momento y objetivo de la composición.

Me intriga saber si este joven, enamorado de la música mexicana, ha aprendido de memoria esas más de 500 partituras porque la veintena que interpretó -en para mí un memorable y espléndido concierto de dos horas-, lo hizo sin guiarse precisamente por la partitura.

El carisma de este joven también se reflejó en su sonrisa, en su caravana para agradecer los nutridos aplausos de la concurrencia. Te repito, cautivó al público por su sencillez, originalidad, naturalidad y dejó huella esa pasión suya para encontrar en una época antigua ya, un extraordinario tesoro musical.

Está claro para mí que estuvimos bajo el hechizo de un artista de excepción, por su juventud, su talento, forma de ser y su excelente técnica interpretativa.

Tú sabes que no soy conocedora, a mí las artes me impresionan si es que me llegan al fondo del corazón; si no es así, paso de largo. Pero en este caso quiero contribuir con un granito de arena para el reconocimiento de un gran artista que eligió llevar a cabo una misión muy especial y la está realizando de forma por demás brillante y por supuesto, un agradecimiento a la señora Verena por esa labor discreta pero sumamente altruista que beneficia grandemente a virtuosos como Diego Montemayor.

*Porfiriato: Era denominada así por el nombre del dictador Porfirio Díaz quien fue el mandamás de México durante más de 30 años.

Día de la música

DÍA DE LA MÚSICA

 

 

El Día Internacional de la Música se celebraba todos los 22 de noviembre desde 1594, en homenaje a Santa Cecilia, patrona de la música, quien murió en esa fecha perseguida por las autoridades del Imperio Romano debido a sus creencias cristianas, y fue decapitada luego de cantar una alabanza a Dios.

En el año 1975 la UNESCO decidió el cambio al 1º de Octubre.  Es un intento de unir a todos los pueblos a través de sus diversas manifestaciones artísticas, específicamente la música, como símbolo de igualdad, ya que todos pueden identificarse con ella. Este día de celebración varía según el país, pero el motivo de festejo es el mismo.

Su creación fue idea de Lord Yehudi Menuhin para promover la música entre todos los sectores de la sociedad y los ideales de paz y amistad entre los pueblos de la UNESCO; alentar el intercambio de experiencias y la apreciación mutua de sus valores estéticos; y promocionar las actividades de International Music Council, sus organizaciones internacionales miembros y comités nacionales, así como su política de programas en general.una oportunidad que se nos presenta para honrar a todos los músicos y los estilos que disfrutan y comparten todas las personas, en el sentido de unir y compartir un mismo sentimiento.

Algunos países europeos lo festejan el 22 de noviembre, pero en Francia se celebra el 21 de junio, mientras en Uruguay se celebra el 10 de octubre.

 

Sinfonía fantástica

SINFONÍA FANTÁSTICA

 

 

 

La Sinfonía fantástica es una sinfonía compuesta por Héctor Berlioz en 1830. El nombre bajo el que se la conoce habitualmente es, en realidad, el subtítulo: el título que Berlioz puso a su obra es Episodio de la vida de un artista.

La obra gira en torno a la historia del amor apasionado y no correspondido que vivió a los 23 años de edad el propio Berlioz, el gran romántico de la música, quien se enamoró perdidamente de la actriz irlandesa Henrietta Constance Smithson. Un amor que lo llevó a componer una de sus obras más asombrosas y vívidas: la “Sinfonía Fantástica”.

“Esta es una pieza sobre la soledad, soledad en el amor, la soledad del individuo dentro del grupo, dentro del teatro social. La del bailarín en lucha permanente con su propio ego no sólo físico, sino también psíquico y sentimental; la soledad vertiginosa, total, sin piedad. La del creador”, afirma el destacado bailarín y coreógrafo francés Gigi Caciuleanu.
Explica que a partir del personaje Artista (el propio Berlioz) y de la mujer (Harriett) imaginó una pieza de teatro coreográfico recortada y montada como un guión cinematográfico que, sin embargo, no sigue la lógica de la realidad sino la del sueño.

Además de la obra musical completa, la acción se desarrolla sobre fragmentos de textos célebres de la literatura francesa (Baudelaire, Verlaine, Edmond Rostand y Moliere) dedicados al compositor francés y uno de William Shakespeare, dedicado a la actriz irlandesa.

La Sinfonía Fantástica consta de cinco movimientos:
1. Sueños y pasiones
2. Un baile
3. Escena en el campo
4. La marcha del cadalso
5. Sueño de una noche de aquelarre

Argumento

La sinfonía posee un argumento muy detallado. Por esta razón se suele decir que es uno de los mejores ejemplos de la música programática; también es quizás uno de los primeros. El argumento es el siguiente:

Un joven músico desesperado ha tomado opio y, en un largo sueño, tiene una serie de visiones y pesadillas, con la idea de su amada viniendo una y otra vez a su cabeza. Recuerda las alegrías y depresiones del pasado, antes de que ella entrase en su vida, y luego el neurótico celoso en que se convirtió cuando ella entró en su vida, teniendo el único consuelo de la religión.

El segundo movimiento evoca la música de un baile, en el que con los giros de la danza, vislumbra a su amada otra vez.
El tercer movimiento fue muy difícil para Berlioz. En el campo, dos pastorcillos entonan una melodía con sus flautas para llamar a sus vacas. Todo es tranquilidad hasta que la amada aparece de nuevo, provocando inquietud en el héroe. El otro pastorcillo toca su flauta, pero esta vez no hay respuesta. En ese momento, el sol se pone acompañado de un trueno distante. Luego, predomina el silencio en la escena.

El cuarto movimiento es la Marcha al Cadalso: Sueña que ha asesinado a su amada y que ha sido condenado a muerte, tomando el camino al lugar de la ejecución. La procesión se mueve, marchando a ratos tenebrosa y a ratos magnífica, durante la cual el torpe sonido de pesados pasos sigue abruptamente por un momento, el último pensamiento de amor cortado de golpe por la muerte.

El movimiento final es un aquelarre, una salvaje celebración demoníaca. La imagen de la amada parece ahora una agudísima burla. Las campanas de la muerte se oyen por encima del himno Dies Irae del juicio final y se mezclan con la danza.

 

 

 

 

 

La consagración de la primavera

LA CONSAGRACIÓN DE LA PRIMAVERA

 

La consagración de la primavera  es un ballet y obra de concierto orquestal del compositor ruso Ígor Stravinski. Fue escrito para la temporada 1913 en París de la compañía Ballets Rusos de Serguéi Diáguilev; la coreografía original fue creada por Vaslav Nijinsky, con escenografía y vestuario de Nicholas Roerich. Cuando fue estrenado, en el Teatro de los Campos Elíseos el 29 de mayo de 1913, el carácter vanguardista de la música y la coreografía causaron sensación y un casi disturbio en la audiencia. Aunque se diseñó como una obra para el escenario, con pasajes específicos acompañando los personajes y la acción, la música alcanzó igual o incluso mayor reconocimiento como una pieza de concierto, y es  considerada como una de las obras musicales más influyentes del siglo XX.

Stravinsky era un joven prácticamente desconocido como compositor cuando Diáguilev lo reclutó para crear trabajos para los Ballets Rusos. La consagración fue el tercer proyecto de este tipo, después del aclamado El pájaro de fuego (1910) y Petrushka (1911). El concepto detrás de La consagración de la primavera, desarrollado por Roerich desde la idea de esquema de Stravinsky, es sugerido por su subtítulo, «Imágenes de la Rusia pagana en dos partes»; en el escenario, después de varios rituales primitivos que celebran la llegada de la primavera, una joven es elegida como víctima sacrificial y baila hasta morir. Después de una recepción crítica mixta para su funcionamiento original y una breve gira en Londres, el ballet no se realizó de nuevo hasta la década de 1920, cuando una versión con coreografía de Léonide Massine reemplazó la original de Nijinsky. El trabajo de Massine fue el precursor de muchas producciones innovadoras dirigidas por los principales maestros de ballet del mundo, que le dieron al trabajo aceptación mundial. En la década de 1980, la coreografía original de Nijinsky, creída durante mucho tiempo perdida, fue reconstruida por el Joffrey Ballet en Los Ángeles.

La partitura de Stravinsky contiene muchas características novedosas para la época, incluyendo experimentos en la tonalidad, métrica, ritmo, acentuación y disonancia. Los analistas han notado en la partitura una base significativa en la música folclórica rusa, una relación que Stravinsky tendía a negar. La música ha influenciado a muchos de los principales compositores del siglo XX, y es una de las obras más grabadas en el repertorio clásico.

Argumento

Describe la historia, sucedida en la Rusia antigua, del rapto y sacrificio pagano de una doncella al inicio de la primavera que debía bailar hasta su muerte a fin de obtener la benevolencia de los dioses al comienzo de la nueva estación. Para ello, se sirve de imágenes musicales de gran plasticidad, evocando escenas primitivas en cuanto a diversos ámbitos de la vida.

A diferencia de los ballets anteriores, obras más «rusas» y menos «rupturistas», Stravinski se atrevió, en esta obra, a innovar más de cuanto la corriente modernista francesa,una de las vanguardias en aquel momento, se había atrevido a hacer. Su estreno, como podía esperarse, supuso un estrepitoso fracaso: el público comenzó a abuchear la obra cuando ésta aún no había finalizado. La crítica por su parte estaba dividida entre los maravillados modernistas franceses, y los reaccionarios autores románticos y post-románticos, que la consideraron como una sucesión estruendosa e incomprensible de sonidos y ruidos.

 

 

Benito Quinquela Martín

Benito Quinquela Martín

Benito Quinquela Martín nació en Buenos Aires, el 1º de marzo de 1890. Fue un pintor argentino, hijo de una madre desconocida que lo abandonó en la Casa de Niños Expósitos, siete años después fue adoptado por la familia Chinchella, dueños de una carbonería.

Quinquela Martín es considerado el pintor de puertos y es uno de los pintores más populares del país.​ Sus pinturas portuarias muestran la actividad, vigor y rudeza de la vida diaria en la portuaria La Boca. Le tocó trabajar de niño cargando bolsas de carbón y dichas experiencias influenciaron la visión artística de sus obras.

Exhibió sus obras en varias exposiciones realizadas en el país y en el extranjero, logró vender varias de sus creaciones y otras tantas las donó. Con el beneficio económico obtenido por estas ventas realizó varias obras solidarias en su barrio, entre ellas una escuela-museo conocida como Escuela Pedro de Mendoza.

No tuvo una educación formal en artes sino que fue autodidacta, lo que ocasionó que la crítica no fuera siempre positiva. Usó como principal instrumento de trabajo la espátula en lugar del tradicional pincel.

Un dato curioso es el nombre real del pintor. Benito Quienquela Martín en realidad se llamaba “Benito Juan Martín Quinchella”, pero en 1920, hizo el cambio de nombre para simplificar y evitar que haya errores en la Argentina, aunque en sus viajes a Italia esto traía complicaciones.

El artista vivió toda su vida en La Boca y trabajó mucho para poder generar cultura y espacios tales como “Caminito”. No se casó hasta la edad de los 84 años, con su secretaria de toda la vida Alejandrina Marta Cerruti, solo para poder dejar su herencia a alguien.

Sin lugar a dudas, Quinquela Martín, nos dejó algo muy preciado que fue el amor por la cultura y la intriga por la vida porteña. Los colores de sus pinturas, una canción algo nostálgica, perdurarán por muchos años más.

Falleció el 28 de enero de 1977.

 

Presidente Fragata Sarmiento (1904)

 

Mañana impresionista (1929)

 

Barca en el Riachuelo (1930)

 

En pleno sol (1931)

 

 

Día de niebla (1958)

 

Barcos a pleno sol (1960)