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poetastrabajando.com celebra con el espíritu de Hanukka y Navidad  regalando juguetes y canastas navideñas a niños y madrecitas de pocos recursos económicos. Esta actividad se realiza en la ciudad de Ilopango  – El Salvador – ciudad natal de Russo Dylan- Galeas Maynor, Administrador de poetastrabajando.com

Este es un esfuerzo conjunto con enlace cultural en El Salvador y amigos que han colaborado económicamente. +

Nuestro especial agradecimiento a Lupita y Mariano Garcia por abrir sus corazones a esta actividad propia de las celebraciones de la  época

La entrega de canastas y juguetes se realizará el 24 de Diciembre, fecha de cumpleaños de Russo Dylan – Galeas Maynor, en un acto público festivo en la glorieta del parque de Ilopango,  que incluirá música, entretenimiento de teatro infantil, piñata, refrigerios, mucha alegría y corazones contentos.

En la medida que se vayan sumando las madres seleccionadas iremos compartiendo  las imágenes

 

Administración poetastrabajando.com
Russo Dylan-Galeas Maynor
Leonor Aguilar

Enlace cultural El salvador
Morena Ramírez Valladares

Comité de Apoyo a Enlace Cultural de poetastrabajando.com:
Lissette Ceballos
Ernesto López
Evelyn Miron
Enrique Martínez
Roxana Muriel
Miguel Hernández

Primer madrecita seleccionada

 

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poetastrabajando.com y su equipo de trabajo Enlace Cultural en El Salvador ha iniciado la selección y búsqueda de madrecitas que serán favorecidas con una canasta navideña este 24 de Diciembre. Presentamos algunas e iremos sumando cada vez más Agradecemos a personas que se han sumado abriendo sus corazones y han hecho su aporte para que agreguemos más canastas navideñas para más madrecitas, agradecemos a Lupita Edylia y Mariano García y a Delmy Rivas que se han sumado para elevar el número de canastas y para que el acto de entregas sea alegre y entretenido.

Administración deja el pedido para quienes quieran sumarse regalando una canasta donde ustedes viven a una madrecita,  que nos hagan llegar el mensaje para llevar una cena a una mesa humilde.

Russo Dylan-Galeas Maynor
Leonor Aguilar
Administración poetastrabajando.com

Morena Ramírez Valladares
Enlace Cultural El Salvador
poetastrabajando.com

Feliz Hanukka

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Hanukka 2015 – del 6 al 14 de Diciembre

 

A nuestros amigos y miembros judíos

les deseamos Feliz Hanukka

Que la primera vela sea encendida hoy

y el 14 la octava

Iluminada sea la paz en los hogares

 

Esta imagen irá cambiando cada día

hasta encender todas las velas

96 – Portada

96-portada. navidad..

 

*
**
Señor
quisiera
armar en estos
días
un árbol dentro de mi
corazón.
y colgar, en lugar de regalos,
los nombres
de todos mis amigos, los de cerca
y los de lejos, los de siempre y los de
ahora.
Los que veo cada día y los que raramente
encuentro.
Los siempre recordados y los que a veces se me
olvidan.
Los constantes y los inconstantes. Los de las horas
difíciles y los de las horas alegres, a los que sin querer
herí, sin querer me hirieron, aquellos a quienes conozco
profundamente, y a aquellos a quienes apenas conozco por
su apariencia,mis amigos humildes y mis amigos importantes,
por eso los nombro a todos, a todos los amigos que pasaron por mi vida…
aquellos que conozco profundamente y aquellos que conozco poco, los que me
enseñaron valiosas enseñanzas y los que tal vez un poquito aprendieron de mi,
quiero que éste árbol
sea un árbol de raíces profundas para que sus nombres nunca sean arrancadas de mi corazón
y que sus ramas se extiendan gigantes para colgar nuevos nombres que venidos de todas partes se junten
con los existentes, un árbol de sombra agradable, para que nuestra amistad, amor confianza y cariño sea un momento
de reposo en la lucha diaria de la vida, quiero que el espíritu de la navidad haga de cada deseo la más hermosa flor,
de cada lágrima una sonrisa, de cada dolor la más brillante estrella, y de cada corazón una dulce y tierna morada
para recibir a Jesús…..y que al florecer el año próximo traiga esperanza, amor y paz.
Y en la navidad, señor nos podamos encontrar para compartir los mejores
deseos de esperanza
poniendo un poco
de felicidad en aquellos
que todo lo han perdido.

FELICES FIESTAS
les desea
poetastrabajando.com
LetrA – Z

96 – Cosecha

96 cosecha-b-

 

 

EL tio. jas. – Jorge Sierra – Poemas de Navidad

 * * * 

POESIA – Jorge Sierra

FLOR. – Jorge Sierra

LA CALACA, HOY QUISO APROVECHARSE. – Jorge Sierra

VENDRA, PARA LLEVARNOS – Jorge Sierra

No me invites a cenar – Leonor Aguilar

Pronomes – Flor Brasil

Ayuda !!! – Henrique Mendes

“El terror golpeó Paris” – Roberto Santamaría

“Para los poetas” – Silencios Oscuros

DE MI NO SE HA DE BURLAR – Jorge Sierra

JUSTO FUE EN ESTE LUGAR. – Jorge Sierra

TODO TIENE SU TIEMPO. Jorge Sierra

LA CHICA IDEAL. – Jorge Sierra

QUIEN QUIERA QUE SEAS. Jorge Sierra

 

Cinco pájaros echan a volar

Cinco pájaros echan a volar

por Facundo Quiroga

5 pajaros - poema Facundo

 

Fueron sólo cinco pájaros los que dieron de qué hablar

Fueron sólo cinco pájaros los que echaron a volar

Ellos emprendieron viaje por nuevas aventuras

Mientras nosotros los observábamos desde las llanuras

 

Fueron sólo cinco pájaros los que escapaban por libertad

Fueron sólo cinco pájaros los que buscaban cambiar

Mudando su rumbo hacia una nueva perspectiva

Sin importar lo que dejaban de su vieja vida

 

Fueron sólo cinco pájaros los que nos hicieron pensar

Fueron sólo cinco pájaros los que nos llevaron a plantear

Si lo que estábamos haciendo era lo que realmente apreciábamos

Para vivir plenamente la vida que deseábamos

 

Fueron sólo cinco pájaros los que miraron al pasar

Fueron sólo cinco pájaros los que observaban al andar

En la llanura los amantes escapaban

De un amor que nadie valoraba

 

Fueron sólo cinco pájaros los que lloraban al pasar

Fueron sólo cinco pájaros los que lagrimeaban al volar

Por las amistades sepultadas por el incidente

Que el verdadero amor generó exigente

 

Fueron sólo cinco pájaros los que nos llamaban

Fueron sólo cinco pájaros los que nos esperaban

Por eso, finalmente, desplegamos nuestras alas

Y emprendimos vuelo con el resto de la bandada.

Bolinha de Árvore de Natal

 

Bolinha de Árvore de Natal

en portugúes y español
por Henrique Mendes

H- arbol

 

Ontem, eu estava colocando a iluminação na árvore de Natal.

Ainda não estamos em Dezembro, a árvore já está ficando pronta, e eu ponderava exactamente a respeito de toda esta antecipação, que pode até ser vista por alguns como sendo um exagero, principalmente por se tratar de uma casa sem crianças.

Foi nesse momento, que o fio eléctrico das pequenas  lâmpadas coloridas, mais grosso que o dos outros enfeites mais delicados, soltou do seu lugar uma linda bola prateada, grande e muito brilhante, que foi caindo pela árvore abaixo e provocou uma avalanche de pequenos enfeites coloridos que já estavam instalados.

Claro que não foi uma tragédia. Talvez até me tenha dado oportunidade de refazer melhor alguns dos detalhes e de tornar mais belo ainda aquele conjunto que, pelo menos a meus olhos, sempre tem uma beleza que me surpreende e sempre ultrapassa o que eu antecipo.

Optei por fixar o mais difícil primeiro e instalei sólidamente a iluminação. Depois, com todo o cuidado, peguei na grande bola prateada e voltei a pendurá-la na árvore, num lugar que me pareceu acolhedor e seguro para ela. Na sua superfície prateada, muito brilhante e lisa, o reflexo distorcido das agulhas do pinheiro natalício formava desenhos esverdeados, salpicados de pontinhos brilhantes. E podiam ver-se também manchas azuis das fitas próximas e de outras bolas, e as minhas mãos mexendo-se pareciam provocar na superfície curva da grande bola uma sugestão de movimento.

Sendo esférica, parecia rodar sobre si mesma. E tornou-se inevitável, mesmo à minha mente distraída, a comparação com o nosso planeta. E quanto mais pensava nisso, mais a semelhança se tornava notável. Os oceanos a azul, a verde os espaços verdes. Branquinha na parte superior, reflexo do tecto da sala. E muitas luzinhas por toda a parte, reflexo das pequenas lâmpadas e dos seus reflexos noutras bolas da árvore. Parecia o nosso planeta, realmente.

E era tão grande a semelhança, que me afastei um pouco da árvore e me sentei por uns momentos no outro lado da sala, olhando para ela com atenção.

Claro que tinha sido uma coincidência – ou talvez não, não importava muito – mas aquela bola que caíra tinha feito com que eu olhasse com mais atenção para a árvore enquanto um todo, e depois com mais minúcia para os seus detalhes. E nessa semelhança que agora lhe encontrava com o nosso planeta, nasciam raciocínios inevitáveis sobre como tudo se encontra interligado, e como todos dependemos de coisas que nos são comuns.

Achei pequenas as manchas verdes na bola, e lembrei-me do desmatamento e da redução da superfície vegetal no planeta. Fiz paralelos com os aumentos da seca, e lembrei-me dos muitos milhões de pessoas que vivem sem água de qualidade, e de outros milhões que vivem já sem água quase nenhuma. Há poucos Natais, isso não era assim.

Depois lembrei-me de represas contendo resíduos venenosos, desabando e destruindo, na passagem de suas lamas, coisas que nos são fundamentais à sobrevivência. Matando no imediato, e contaminando para o futuro. E tudo numa dimensão gigantesca, com um alcance que ninguém previu e que põe em causa os modelos de controlo que temos.

Fiquei mais tempo do que esperaria, sentado no meu sofá, e olhando aquele planeta que bem vistas as coisas, cabe naquela bola da minha árvore de Natal. Estarrecido, vi como se erguiam ao alto bandeiras criminosas evocando fantasmas e escondendo ideologias oportunistas, sem esperanças de ganhos reais, apenas vontades de infligir perdas.

Olhei mais tempo, e vi guerras disfarçadas de religião. Vi negócios, na escassez em que deliberadamente são mantidos os empobrecidos, vítimas  duma História que alguns tentam reescrever sem o menor pudor, nem vergonha, nem sentido de verdade.
Não vi problemas insolúveis. Vi toda uma casta de políticos desnecessários, burocratas oportunistas sobrepondo-se à humanidade, absurdamente corruptos e muito distantes da vida real – que é feita de suor e dificuldades, mas também de superação, sobrevivência e de uma grandiosidade que, na sua maioria, eles desconhecem.

O que vi foi um planeta inteiro sendo mobilizado, motivado  para entrar em guerra outra vez, em vez de incitado a canalizar as suas forças para a tarefa perfeitamente possível que é o bem estar de todos. Não consegui abstrair-me do exemplo da bola de Natal. É evidente que em todos os erros e derrocadas há a oportunidade de corrigir e melhorar.

E por fim, regressei à minha sala, e à árvore de Natal ali na minha frente, feita com tanta antecedência. A linda bola prateada, que me faz lembrar o nosso planeta, continua vacilante e instável, mas vou fixá-la  melhor para que não haja uma nova derrocada que arruíne tudo o que foi feito antes.

De qualquer forma, a árvore de Natal, assim com esta antecedência,  já fez algo que é precioso para mim: – deu-me um tempo de reflexão que acho ser cada vez mais necessário, sem pressas nem pressões, e no qual eu posso tentar distinguir o certo do é errado. Onde posso separar o que realmente é verdade, daquilo que é a verdade conveniente a alguns. Onde posso escolher entre o que realmente são os meus valores,  e os valores que querem que eu tenha.

Com esta antecedência tenho ainda tempo para pensar, e chegar ao dia de Natal liberto de tudo o que não quero para mim. E no fim do dia 24, quase à meia noite, provávelmente haverá adultos indignados com o barulho que vou fazer à janela. Vou agitar umas campainhas, bater com as mãos na mesa imitando o galope das renas e gritar “ hou… hou… hou… Feliz Natal ! “

Tenho a certeza que algumas crianças me entenderão, independentemente da idade que tiverem, ou da língua que falarem.
E que haja paz na terra, aos homens de boa vontade.

 

* * *

 

Ayer, yo estaba poniendo la iluminación en mi árbol de Navidad de este año.

Aún no estamos en Diciembre, el árbol ya está casi listo, y yo ponderaba exactamente al respecto de toda esta anticipación, que puede hasta ser vista como una exageración,  principalmente por tratarse de mi hogar, donde no hay niños.

Mientras pensaba en todo esto, el filo eléctrico de las pequeñas lamparitas coloridas, más grueso que todos los otros ornamentos más delicados, ha hecho  soltarse de su lugar una linda bola plateada, grande y muy brillante, que fue cayendo por el árbol abajo y provocó una avalancha de otros pequeños ornamentos y adornos que ya estaban instalados.

Claro que no fue una tragedia. O quizá eso me regaló la oportunidad de rehacer mejor algunos de los detalles, colocar mejor algunos de los adornos y volver más bello aún aquel conjunto  que, por lo menos a mis ojos, siempre tiene una belleza que no cesa de sorprenderme y que siempre excede todo que yo anticipo.

Opté por fijar todo lo más difícil primero, e instalé sólidamente la iluminación. Sólo entonces, con mucho cuidado, volví a poner la bola plateada en un lugar que me  pareció acogedor y seguro para ella. En su superficie plateada, muy brillante y lisa, el reflejo distorsionado de las agujas del pino navideño  formaba dibujos verdosos, salpicados de puntitos brillantes. Y se podían ver manchas azules de las bolas y otras cintas de adorno de los regalos en la base del árbol.

Mis manos  trabajando provocaban en la superficie de la bola una idea  de movimiento. Siendo una esfera que  parecía rodar sobre sí misma, tornó inevitable para mi mente distraída, hacer la comparación con nuestro planeta. Y cuanto más ponderaba sobre eso, más notable era la semejanza.

A los océanos los veía en color azul, y en verde los espacios verdes. Se veía blanquita en su parte superior, reflejando el techo de la sala. Y lucía un poquito por todas partes, reflejos de las pequeñas lámparas y de sus reflejos en otras bolitas. Con todo eso, se parecía muchísimo a nuestro planeta.

Y era tan grande esa semejanza, que me alejé un poco hasta una silla confortable, del otro lado de la sala, donde me quedé mirándola con atención.

Por seguro que habría sido una coincidencia – o tal vez no, no importaba mucho – pero, aquella bola que cayera me había hecho mirar el árbol con más atención, en cuanto un todo. Y pasado eso, con más  minucia a todos sus pequeños detalles y significados. Y en esa semejanza que ahora le encontraba con nuestro planeta, nacían raciocinios inevitables, también, sobre cómo todo se encuentra ligado, y sobre cómo todos dependemos de cosas que nos son comunes.

Las encontré pequeñas, las manchas verdes en la bola, y me acordé  de la deforestación y de la reducción de la superficie vegetal en el planeta. Hice paralelos con el crecimiento de las zonas áridas, ya sensibles en todos los lados, y fui devastado por recuerdos de los muchos miles de millones de personas que viven sin tener agua de calidad. Y de otros millones  que simplemente no tienen agua casi ninguna, de ningún tipo que sea. Recuerdo, perplejo y enojado, que hace pocas Navidades eso no era así…

Entonces me acordé de represas conteniendo residuos tóxicos, desmoronándose y destruyendo, en el pasaje del barro, cosas que son fundamentales a nuestra supervivencia. Matando en lo inmediato y contaminando para el futuro, en una forma perversa de muerte perpetuándose en el tiempo. Y todo eso  en una dimensión gigantesca, con un alcance que nadie ha previsto, y que pone en cuestión  los modelos de controles que tenemos.

Me quedé más tiempo qué podría esperar, así desolado y mirando  aquel planeta que, bien vistas las cosas, cabía en mi árbol de Navidad. Aterrado, vi cómo se erguían alto las banderas criminales evocando fantasmas y encubriendo ideologías oportunistas, sin esperanzas de ganancias reales pero llenas de esperanzas de infligir daños y perjuicios.

Miré un poco más de tiempo, y vi guerras disfrazadas de religión. Vi negocios en la escasez en que deliberadamente son mantenidos los empobrecidos, víctimas inocentes de una historia llena de vergüenzas que algunos intentan reescribir sin el menor pundonor, ni vergüenza, o sentido de verdad.

No he visto problemas insolubles, no! Vi toda una casta miserable de políticos corruptos e innecesarios, burócratas oportunistas que se sobreponen a la humanidad, muy alienada y muy alejada de la vida real – que está hecha de dificultades y de sudor, pero también de superación, supervivencia y de una grandiosidad que, en su mayoría, ellos  desconocen.

El que he visto fue un planeta, mi planeta, siendo movilizado, bajo motivación cruel, para entrar en guerra global otra vez, en vez de  ser incitado a canalizar sus fuerzas para la tarea perfectamente posible que es el bienestar de todos.
No alcancé a abstraerme del ejemplo gratuito de mi bolita plateada. Y quedó evidente para mí que, con todos los errores y derrocamientos, hay enormes  oportunidades de aprender, corregir y hacerlo mejor.

Finalmente regresé a mi árbol navideño, allí en mi sala, hecho con tanta anticipación. La gran bola plateada que me hizo pensar en nuestro planeta sigue poco firme y un tanto frágil. Pero voy a fijarla mejor para que  no vuelva a haber otro desmoronamiento que ponga en ruinas todo lo hecho anteriormente.

De todas formas, mi árbol de Navidad, así hecho, ya  alcanzó algo que es precioso para mí: me dio un tiempo de reflexión que creo cada vez más necesario, sin prisa o presiones, con lo cual puedo intentar separar lo correcto de lo erróneo. Donde puedo intentar separar la verdad de la verdad conveniente. Donde puedo elegir entre cuáles son mis verdaderos valores y los valores que quieren que tenga.

Con este antecedente, tengo aún tiempo para pensar y llegar al día de Navidad libre de todo el que no quiero para mí. Y al final del día veinticuatro, casi a la media noche, probablemente habrá varios adultos indignados con el ruido que voy hacer en la ventana de mi casa.

Tendré todas las lucecitas encendidas en mi árbol. Voy a agitar unas campanitas, y golpearé la mesa con mis manos imitando el galope de los renos.  Y voy a gritar muy alto  “ Hou …Hou…Hou… ¡¡¡Feliz Navidad!!!

Estoy seguro de que algunos niños van a comprenderme, independientemente  de su edad, religión de sus padres, o de la lengua que hablen.

Que haya paz en la tierra para todos los hombres de buena voluntad.

Neste Natal

Neste Natal

por Soraya Souto

 nestenatal

Naquele dia, nem mesmo a decoração festiva, ou todos os preparativos para ceia de Natal com a família, conseguiram tirar a incômoda melancolia que ela sentia.
Tinha sido um ano difícil, com as perdas do pai e o marido, os problemas de saúde de um irmão, e as dificuldades financeiras pelas quais passavam. Mesmo assim, insistira na presença da família, convidando pessoalmente cada um, e recomendando que não se atrasassem.
Durante a tarde conferiu mais uma vez a grande árvore de Natal montada na sala. Era a mesma, desde que os filhos tinham nascido, e restavam poucos enfeites, depois de tantos anos.
Quando eram crianças, sentiam enorme prazer em colocar cada ornamento, e tentavam adivinhar o conteúdo dos presentes que dia a dia eram colocados sob a árvore. Agora já eram adultos, chegavam e, enquanto esperavam o jantar, se distraíam com a televisão ou se sentavam por perto dela durante alguns minutos, mas logo se afastavam desinteressados. No Natal anterior, os netos adolescentes, tão envolvidos com seus aparelhos eletrônicos, passaram boa parte da noite silenciosos e entediados.
“Espero que estejam animados hoje”, pensou.
Depois de tudo preparado e arrumado, avaliou a pequena sala, conferindo o resultado.
Foi quando seus olhos pousaram na antiga caixa de madeira, na última prateleira da estante de livros. Não se lembrava de quando a tinha colocado naquele lugar, mas sabia que alguns anos tinham se passado, desde que olhara o conteúdo pela última vez.
Com cuidado, pegou o objeto e se sentou na sua poltrona predileta. Antes de abrir, passou os dedos pela pintura desbotada da tampa e a fechadura enferrujada.
Enquanto revia suas relíquias pessoais ali guardadas, deixou-se invadir pela emoção e saudade.
Em meio a antigas fotografias, pequenos brinquedos, lembranças de escola, desenhos dos filhos e cartões, encontrou o maço de cartas infantis endereçadas a Papai Noel, escritas em diferentes anos, e guardadas secretamente por ela. Foi relendo uma a uma, buscando na memória os momentos em que os filhos acordavam falantes, ansiosos para ver se os pedidos tinham sido atendidos, soltando gritinhos de alegria diante dos pacotes.
Mas foi um cartão, feito em conjunto pelos filhos, que provocou lágrimas e uma reflexão sobre o encontro daquela noite. Depois de algum tempo, consultou o relógio, deixou a caixa no sofá, e se preparou para a chegada da família.

Chegaram trazendo alguns presentes e, antes que ela fizesse qualquer comentário, perceberam seus pequenos arranjos.
Na antiga árvore, encontraram alguns dos brinquedos de criança, usados como novos enfeites. Sobre a mesinha de centro, as delicadas cartinhas, de forma que pudessem reconhece-las e manuseá-las. Os lindos desenhos, com figuras de Papai Noel e bolas coloridas, enfeitavam a parede.
Bastou um olhar, trocado entre mãe e filhos, para que a mensagem de carinho familiar e todo o amor que sentiam fosse, de repente, latente entre eles. Juntos releram tudo, contando aos filhos os sonhos de criança, cheios da magia do Natal em velhos tempos.
Ela percebeu, feliz, a diversão dos netos ao escutarem os pais descrevendo as primeiras tentativas de pedalar na bicicleta tão sonhada, ou a grande emoção ao ganhar uma boneca que dizia “mamá”, algo que superava qualquer fantasia infantil, naquela época. Comentaram as artimanhas do avô, naquele Natal em que se vestira de Noel, e entrara pela janela carregando um saco de presentes para surpreender os filhos. Com ingenuidade infantil, falaram daquela visita por meses, acreditando que o velhinho visitava todas as crianças do mundo.

Ao se sentarem todos à mesa, ela pediu ao neto mais velho para ler aquele cartão que separara. Embora tímido, o jovem não resistiu ao pedido, e de boa vontade leu as palavras que revelavam uma oração, escrita pelo pai e a tia, quando eram pequenos:

Querido Menino Jesus,
Proteja a nossa família,
para que todos os anos possamos estar juntos,
unidos pelo Amor e Paz.
E que sempre nos lembremos
desta linda noite de Natal!

Depois de um breve silêncio, sorrisos foram se abrindo e um sentimento de grande afeição contagiou  a todos.
“O Espírito do Natal” voltou, pensou ela.
Todos sabiam que aquele seria um Natal inesquecível…

Soraya Souto

SORPRESA NAVIDEÑA

SORPRESA NAVIDEÑA

por Martha Larios

 

Bendita sea la fecha que une a todo el mundo,
en una conspiración de amor
Hamilton Wright Mabie

 

 

Era la fría mañana antes de Navidad, Luna se encontraba ofreciendo los productos para su venta, de pronto frente a su mesa, vio a una mujer de impredecible edad, estatura mediana, complexión regular, cabello rizado rubio hasta los hombros, cara redonda y unos hermosos y brillantes ojos verdes, en los que fácilmente se podía leer la riqueza de su alma.

Y le dijo… sabía que si venía aquí, te encontraría, y la abrazó con gran familiaridad. Luna pensaba, soy buena fisonomista, pero francamente no recuerdo a esta persona. Dónde la conocí?

Y como si la extraña leyera el pensamiento, dió la respuesta, se que no me reconoces, pero no importa, solo vine a ayudarte, me permites? Solo necesito que me acompañes cinco minutos al pequeño jardín del fondo.

Con gran confianza y sin dudar o pensar, la acompañó, aun sin recordar quien era. Empezó a frotar sus manos, le regaló energía pasando sus manos por su cuerpo, de cabeza a pies, sin tocarla, pero podía percibir algo hermoso e inexplicable.

Regresaron al lugar de venta. Luna, en agradecimiento le obsequió unos aretes, que la extraña se puso inmediatamente, diciendo con gran alegría, que los usaría siempre para recordarla.

De pronto dijo… ah también tengo algo para tí . Y sucedió algo extraño, empezó a buscar en su cabellera, revolviéndola por todos lados con las dos manos. De pronto dijo.. ah, aquí está, extendió su brazo y pidió… pon tu mano derecha, recibe mi regalo y siempre llévala contigo.

Era una hermosa pluma azul de ave, con reverso rojo. Estaba tan sorprendida, que no acertó a decir nada. Mientras ella le dijo adiós, le lanzó un beso, salió corriendo y subió al autobús de excursiones que esperaba frente al edificio.

Luna, de pronto reacciona y piensa, ¡que lástima!, no le pregunté y no se nada de ella, su nombre, de dónde viene, quién es? dónde nos conocimos? Surgieron mil preguntas sin respuesta.

Decide salir corriendo a buscarla. Se acerca al autobús y le pregunta al conductor, disculpe busco a una persona, puedo subir?. Claro que si. La busca entre todos los viajeros, y no logra encontrarla.

Quién es o cómo se llama?, pregunta el chofer.
No se su nombre pero es… y empieza a describirla. Para su sorpresa, le informa, lo siento pero nadie con esas características ha viajado con nosotros.

Y desde entonces, la pequeña pluma sigue en su cartera, esperando que algún día se aclare el misterio.

ASÍ TE CUENTO DE UN REGALO DE NAVIDAD

ASÍ TE CUENTO DE UN REGALO DE NAVIDAD

por Cony Ureña

Barbie

Aún ahora, ignoro en qué año empezaron a popularizarse las muñecas Barbie, pero a mis ocho años anhelaba tener una de esas muñecas, tan flaquitas como siempre he sido; aunque aclaro, no me estoy comparando con ellas.

Los mayores comentaban que era desagradable ver una muñeca, de cara bonita (reconocían), pero de extremidades tan delgadas que era imposible se sostuviera sola por sí misma y que iba a ser una mala influencia para las niñas, si es que la querían imitar, pues querrían dejar de comer.

Llegó la Navidad, pero en mi familia se acostumbraba obsequiar a los niños hasta el 6 de enero.  Sí, en mi familia, pero en la celebración en casa de mi abuelita, varios familiares -principalmente primas y primos- recibirían regalos (provenientes del Niño Dios) en la Nochebuena pues al pie del árbol navideño había ya varias cajas lustrosamente arregladas y sabía que habría también un presente para mí.

Sí, recibí un regalo pero no era la Barbie que tanto deseaba. Con asombro vi como una prima menor abría su obsequio y ahí estaba; sí, ahí estaba la muñeca más esbelta, con sus enormes ojos azules, su pelo rubio, su vestuario de pasarela, con su permanente y perfecta sonrisa.

Mi pequeña prima lloró desconsoladamente, ¡no le gustó su Barbie!

Cuánto deseé ser menos tímida y proponer un intercambio; para consolar a mi primita (sí, ¡cómo no!). Le daría mi obsequio y obtendría la anhelada muñeca, pero la voz se me escondió en el pecho; tanto, que sentí un dolor que se convirtió en lágrimas.  Quise abrazar a la pequeña pero sus papás la estaban consolando.

Mi mamá se inclinó hacia mí para preguntar el motivo de mi llanto y solo atiné a acurrucarme en sus brazos. Me preguntó si me gustaba mi regalo y mentí; sí, mentí de lleno al afirmar que estaba realmente encantada con el osito de peluche que desde entonces iba a dormir conmigo.

Los adultos usualmente no reposaban la noche del 24-25 de diciembre, pero a los niños “nos ganaba” el sueño.  Cerré los ojos acurrucada aún en los brazos de mamá.  Alguien me llevó a una cama y soñé que al abrir mi regalo había aparecido una Barbie. Pero al despertar me encontré con la dura realidad.

Ese 25 de diciembre los adultos sugirieron que el almuerzo se realizara en La Marquesa, parque maravillosamente boscoso, donde hasta hoy alquilan caballos y hay explanadas para todo tipo de juegos, así como cabañas con chimenea y todo lo necesario para calentar o incluso cocinar la comida.  Así que en varios vehículos la gran familia se trasladó a La Marquesa, con el gran alborozo principalmente de los niños.

En la camioneta donde iba, junto a mi abuelita y mi mamá, también estaba la afortunada primita que llevaba consigo la tan ansiada muñeca.

No la trataba bien, le jalaba el pelo, le movía sin cuidado los brazos y las piernas, le quitaba y ponía las zapatillas, le rompió sus lentes para el sol … yo la veía con recelo, pensando que esa Barbie merecía el magnífico trato que yo le daría … si fuera mía.

Me faltaba valor para pedir prestada esa muñeca, así es que solo la miraba.

Llegamos a La Marquesa; los adultos eligieron el Valle del Conejo para pernoctar. Al descender de los vehículos rápidamente nos vimos asediados por los hombres que rentan caballos, también ofrecían un pony para el chiquillo que quisiera pasear en su lomo.

Vi un potrillo muy hermoso que esperaba ser rentado; me acerqué y pude ver tristeza en sus bellos ojos a pesar de que era imponente; parecía bien tratado, pero su mirada era triste. Le dirigía palabras tiernas cuando de manera abrupta me separaron de aquel caballo pues la conexión entre ambos fue tan fuerte que el equino quiso acariciar mi cara con su enorme lengua.

Reímos mucho por ese incidente, disfrutando la comida, los postres y los juegos; mi estado de ánimo mejoraba, mas de cuando en cuando echaba un vistazo a mi prima y su muñeca.  Ella jugaba con una prima mayor y las vi alejarse del grupo familiar rumbo a un arroyo.  Las seguí y al acercarme escuché su conversación. La pequeña decía que estaba inconforme con su regalo, que ella quería un “kit” para elaborar pasteles y le había llegado esa “tonta muñeca”.

La prima mayor propuso desaparecer la fea muñequilla y nada mejor que la corriente del riachuelo para que se la llevara lejos, muy lejos.  Con esa desaparición, los papás de la pequeña tendrían que consolarla y ella pediría la estufa y horno que tanto ambicionaba.

Mis primas no se dieron cuenta (o no quisieron hacerlo) de que a poca distancia me encontraba yo que disimulaba buscar algo en el piso terregoso pero estaba al pendiente de sus acciones.

Llegaron a una colina de poca altura donde el agua del arroyo caía hacia el otro lado de esa elevación; podía escuchar el sonido del agua, me pareció que era una cascada.  Corrí hacia el sitio donde podría rescatar a Barbie, si es que su dueña se deshacía de ella.

Sí, era una pequeña cascada que permitía que el agua corriera más velozmente cuando se convertía otra vez en arroyo.  Vi a mi prima mayor arrojar la muñeca desde lo alto; vi a Barbie desaparecer en el torrente y reaparecer cerca de donde yo estaba.  En ese momento se oyeron gritos llamando a las niñas que se habían alejado de la cabaña y vi que en lo alto mis primas ya no estaban.  Fueron segundos preciosos que perdí para rescatar a Barbie.  La vi que flotaba boca arriba; pero ya estaba fuera de mi alcance, ese viaje la estaba desgastando, temí que perdiera su ropa o su larga cabellera, incluso podría perder sus brazos o piernas.  Corrí a lo largo del riachuelo que me parecía caudaloso. Seguí y seguí, sin perder de vista a la deseada muñeca.  Llegamos (Barbie y yo) a un trecho donde el agua se detenía un tanto y entonces me metí a lo que llamaría un estanque, con zapatos y calcetas; lo importante era rescatar el preciado juguete.

El fondo era lodoso y resbaladizo; por fortuna, el agua me llegaba a las rodillas, aunque estuve a punto de caer y por supuesto que mi ropa estaba mojada. Era un pantalón de mezclilla con un peto, llevaba un suéter también.

Cada vez que parecía podía alcanzar a Barbie, se me escapaba, llevada por la corriente que movía el agua. Pensé que eso era lo que la muñeca quería, al sentirse desechada. Se dejaría ir por ese riachuelo que seguramente llegaba a un río mayor y ese río tal vez la llevaría al Océano Pacífico o al Golfo de México; todo eso cavilaba mientras permanecía empapada en esa alberca natural con fondo de lodo que me hacía resbalar.

Hice un esfuerzo más y la alcancé; por fin Barbie estuvo en mi mano.  Con grandes trabajos regresé a la orilla; me senté muy contenta en la tierra, revisé los estragos que sufría Barbie. Pronto oí los gritos de los familiares que habían venido a buscarme.

Después de la alegría de haberme encontrado, empezaron los regaños por mi imprudencia … “¿cómo se te ocurre escaparte?”, ¿no sabes que tu madre está angustiadísima?”, “¿cómo es que estás hecha un desastre”?, “¿te metiste o te caíste al agua?”, ¿qué tal si te hubieras ahogado?”, “¿por qué tienes la muñeca de tu prima?”.

Me di cuenta que estaba en riesgo de ser castigada de muchas maneras; desde una “pela”, hasta dejarme sin “Reyes”.  Pero lo que más me importaba es que había salvado a la maltrecha Barbie, quien había perdido sus pulseras y zapatillas. Sentí que tenía derechos sobre ella. Contaría a los mayores lo sucedido y la muñeca sería mía, por siempre.

En la cabaña me retiraron la ropa, zapatos y calcetas mojadas, todo sucio por el lodo; fui cubierta con frazadas.  Recibí un masaje con alcohol y me acercaron al fuego de la chimenea. Nunca solté a Barbie de mis manos pero la prima mayor, quien había arrojado a Barbie al riachuelo, vino hacia mí y me la arrebató. Se la devolvió a la pequeña quien me miraba desconcertada.  Dijeron que por accidente  se les había caído la muñeca al riachuelo y que no sabían cómo había llegado a mí.

Creí que habían apagado la luz pues todo lo veía negro. No supe más. Hice un viaje a un mundo desconocido; sentía mucho calor, después mucho frío, veía unos pequeños autos de carreras que circulaban a toda velocidad por las paredes; estaba delirando. Oía gente murmurando, sin entender lo que decían; otras veces escuchaba el silencio.

Desperté en una habitación de hospital, con paredes blancas y también alba ropa de cama.  Vi el rostro sonriente de mi mamá; ella dijo, “despertaste”. Pregunté por qué estábamos ahí … “tuviste mucha fiebre y temimos que te deshidrataras, pero ahora estás bien, solo te faltaba despertar”.  Creí que había estado enferma varios días; ¡no, no!, solo habían sido 24 horas y aún estábamos en la semana de la Navidad.

Mi madre me contó que mis primas, al verme caer en cama, habían confesado que arrojaron la muñeca al agua y que -de alguna manera- yo la había rescatado.
Recordé mis peripecias y quise refugiarme en los brazos de mi mamá pero del lado derecho me lo impidieron las conexiones del suero y del lado izquierdo, una pequeña muñeca se deslizó sobre las sábanas blancas … era Barbie, restaurada en toda su belleza pues mi mamá le había comprado un nuevo vestido, arreglado el cabello, repuesto sus zapatillas y agregado un lindo bolso de mano.

Le dije a mami que reharía mi cartita a los Reyes Magos … con las mamás no hay que extenderse en explicaciones, creo que ellas entienden bien los por qué; pero eso sí, muy seria me dijo que no haría falta esa carta, porque no habría “Reyes” para mí por el susto que les había dado.

Mi madre volvió a sonreír y fue entonces que me pidió que le platicara, lo que ella adivinaba había sido mi aventura completa, con lujo de detalles, de cómo rescaté esa muñeca que su antigua dueña me había donado y que al fin fue mía desde esa Navidad.

Cony Ureña
Diciembre de 2015

P.D.- Texto dedicado a mi mamacita, a casi un año de su partida hacia las estrellas.