21 de Marzo – Día Mundial de la Poesía

 diadelapoesia-unesco

No digáis que, agotado su tesoro,
de asuntos falta, enmudeció la lira;
podrá no haber poetas; pero siempre
habrá poesía.

Mientras las ondas de la luz al beso
palpiten encendidas,
mientras el sol las desgarradas nubes
de fuego y oro vista,
mientras el aire en su regazo lleve
perfumes y armonías,
mientras haya en el mundo primavera,
¡habrá poesía!

Mientras la ciencia a descubrir no alcance
las fuentes de la vida,
y en el mar o en el cielo haya un abismo
que al cálculo resista,
mientras la humanidad siempre avanzando
no sepa a dó camina,
mientras haya un misterio para el hombre,
¡habrá poesía!

Mientras se sienta que se ríe el alma,
sin que los labios rían;
mientras se llore, sin que el llanto acuda
a nublar la pupila;
mientras el corazón y la cabeza
batallando prosigan,
mientras haya esperanzas y recuerdos,
¡habrá poesía!

Mientras haya unos ojos que reflejen
los ojos que los miran,
mientras responda el labio suspirando
al labio que suspira,
mientras sentirse puedan en un beso
dos almas confundidas,
mientras exista una mujer hermosa,
¡habrá poesía!

Gustavo Adolfo Bécquer

El Día Mundial de la Poesía (World Poetry Day) es tributo a la palabra poética propuesto en el año 2001 por la Unesco. Se celebra cada 21 de Marzo (equinoccio de primavera) con el propósito de consagrar la palabra esencial y la reflexión sobre nuestro tiempo.

Este evento que fortalece la cultura en nuestro planeta se realiza en importantes capitales del mundo. En Europa es llamado “Primavera de los Poetas” y en Colombia la “Común Presencia de los Poetas”, por ser instituido por la Fundación que lleva el mismo nombre, la cual trabaja desde hace dos décadas en la promoción del universo poético en hispanoamérica.

Con eventos multitudinarios y lecturas múltiples se realizan actos en diversas latitudes del planeta para celebrar tan importante evento por este género de la literatura, por esa extrema forma de percepción de la vida.

esta celebración nos invita a reflexionar sobre el poder del lenguaje poético y el florecimiento de las capacidades creadoras de cada persona. De acuerdo con la decisión de la UNESCO, el principal objetivo es apoyar la diversidad lingüística a través de la expresión poética y dar la oportunidad a las lenguas amenazadas de ser un vehículo de comunicación artística en sus comunidades respectivas.

Por otra parte, este Día tiene como propósito promover la enseñanza de la poesía; fomentar la tradición oral de los recitales de poéticos; apoyar a las pequeñas editoriales; crear una imagen atractiva de la poesía en los medios de comunicación para que no se considere una forma anticuada de arte, sino una vía de expresión que permite a las comunidades transmitir sus valores y fueros más internos y reafirmarse en su identidad; y restablecer el diálogo entre la poesía y las demás manifestaciones artísticas, como el teatro, la danza, la música y la pintura.

El señor Federico

EL SEÑOR FEDERICO

 

aatorrescott

Autor: Andrés Torres Scott

El día que descubrí que el señor Federico abría el atún, que enjuagaba la lata y que luego la tiraba a la basura para entonces pedirme de desayunar, decidí que ya no haría caso a sus lloriqueos y que le dejaría de alimentar por las mañanas.

El señor Federico es un gato gris que recogí en la calle. Él estaba metido entre un maguey y un rosal y yo me espiné inevitablemente la palma de la mano al cogerlo. Por si fuera poco, resistí cuando me embistió y me arañó un dedo. Aquel día el señor Federico era del tamaño de un mouse —de uno de computadora—, su cola era igual de larga que mi meñique y apenas y podía caminar. Hoy día el señor Federico es un gato gris y pachoncito. Parece gordo, pero también parece estar muy peludo, la cosa se soluciona cuando lo baño y su cuerpo no me deja la menor duda de que además de estar greñudo, está gordo.

Mi estado de ánimo y mi relación con el señor Federico se vieron alteradas cuando le dije, cara a cara, que yo sabía que él se abría una lata de atún. Añadí que lo había visto con mis propios ojos usar un cuchillo para abrir la lata y que después lo vi enjuagarla en el fregadero y la tirarla a la basura para pedirme de desayunar.

No sé si mi queja hubiera causado el mismo efecto con un perro, pero el señor Federico no dejó de abrir latas de atún, éstas siguen haciéndose menos en la despensa. Además, el señor Federico dejó de enjuagarlas y de tirarlas a la basura y mantuvo su chillido matutino a mis pies para que le diera de comer una vez más.

Ahora, cuando vuelvo a casa al anochecer, el departamento apesta a atún. Y no es que yo sea de olfato delicado ni mucho menos, pero no resisto el olor a pescado, ni el de la mierda me molesta tanto. Dejé de comprarle latas de atún y así por unos días la peste se esfumó de la casa. Una semana después, al volver del trabajo y subir las escaleras, noté que el piso dos del edificio olía a pescado. Mi vecino, un hombre soltero de unos cuarenta y pico de años, vestido de traje y corbata, abría en ese momento la puerta de su depa, se dirigió a mí.

—Vecina, creo que vi a su gato comiendo de una lata de atún en mi casa, ¿será?

No respondí nada, solo moví la cabeza de lado a lado. Lo mejor hubiera sido no decirle al señor Federico que lo vi abrir una lata de atún.

 

 

 

 

 

 

 

 

Goveia viaja a Timbuctú

GOVEIA VIAJA A TIMBUCTÚ

 

HUGO'S SMILE

por Hugo Villarroel Ábrego

Goveia se levanta muy temprano, el primero de todos, para ver salir el sol. Hace frío y no se ven ni las manos en la oscuridad de la madrugada, pero envuelve su cuerpecito en una sábana y sale de la choza en puntas de pies –no vaya a despertarse mamá- para luego correr descalzo en dirección a la ciénaga al otro lado de la colina, el hogar de los patos silvestres, sus amigos favoritos, que ya le esperan, ansiosos para bañarse con las luces naranja y oro que pronto se filtrarán por entre los altos bejucos. Goveia es pequeñito, vivo, ágil y travieso, un gran compañero de juegos: por eso, al verle asomar en la cumbre de la colina, los patos comienzan a graznar en coro, alborozados, dando la bienvenida al niño.
—¿Por qué tardaste tanto, Goveia?
Goveia habla con los patos. Madya, su mamá, no le cree cuando él narra las hazañas de sus amigos, que cada año cruzan el continente para darse cita aquí, en esta comarca siempre cálida, donde se puede cazar los insectos más grandes y jugosos y chapotear en el fango todo el día, lejos de las inhóspitas nieves del norte.
Goveia abraza a su amigo Biliko, el Rey de los Patos, el de más lustroso y aceitado plumaje, el cabeza indiscutible de la bandada. Biliko apoya su pico en el hombro desnudo de Goveia, mientras extiende sus alas imponentes para abarcar su cuerpecito, en un abrazo de plumas que abriga más que cualquier edredón.
Goveia, con una sonrisa ancha y de dientes menuditos contesta:
—Me escapé otra vez, Biliko, amigo…
—¿Tienes hambre, Goveia?
Los ojitos del niño se encienden, con júbilo, como dos antorchas en la negrura de la madrugada, mientras lleva las manecitas a su estómago.
—¡Sí! ¡Quiero comer!
Los patos agitan las alas, graznando de gusto. Pronto, el banquete está servido a las orillas de la laguneta, sobre una hoja enorme de palma: gordos gusanos de mil y un patas, suculentos grillos, mariquitas de todos los colores, encarnadas, amarillas y esmeralda, larvas pálidas y ciegas de un palmo de tamaño, jugosos y palpitantes renacuajos y, para alivio de Goveia, algunas guindas maduras, apenas picadas por los colibríes, tan sabios para descubrir los frutos más dulces. Goveia come de las guindas mientras los patos pasean a su alrededor, solícitos, dispuestos a atender cualquier capricho de su joven invitado.
—¡Ya sale el sol!
Un aleteo ensordecedor se escucha hasta en los confines del valle, que se despereza poco a poco. Ya comienzan a elevarse las primeras columnas de humo en la aldea, se puede aspirar el aroma de la leña que arde desde muy temprano en cada casa para espantar al frío y a los mosquitos. Pronto se entonarán las oraciones matutinas y los cantos de los fieles llegarán a oídos de los patos que guardarán, entonces, respetuoso silencio.
Goveia se ha adentrado en el agua fría, que le llega a la cintura, para no quedarse solo en la orilla. Cuando el sol deslumbra sus pupilas piensa en la doctora, piensa en María, pues conoce el nombre de la mujer sonriente que un par de semanas atrás llegó a la aldea en aquella máquina enorme y rugiente de metal en donde se esconden varias personas y que rueda por todos los senderos sin detenerse, sin cansarse nunca. Recuerda a su mamá abrazando a la doctora para después gritar a todos los puntos cardinales:
—¡Goveia! ¡Goveia! ¿Dónde estás, malandrín escurridizo? Ven, amor mío, esto no te va a doler…
Pero Goveia no era bobo y sabía ya, a sus cinco años recién cumplidos, que las agujas duelen hasta el alma cuando se hincan en la carne. Además les obligan los mayores a los niños tragar esas enormes y amargas cucharadas de jarabe… ¡Cuánta maldad! Se había escondido entonces dentro de una enorme tinaja de barro cocido, allí donde su madre hace hervir los granos para amasar las tortas que tanto celebran los vecinos de la aldea. Desde su escondrijo, Goveia atisbaba de cuando en vez el panorama, con miedo de ser descubierto, para no perderse ningún detalle de la extraña visitante. Ella era alta, no era delgada como todos sino más bien un tanto gruesa, extraño, muy extraño… Sonreía mucho y su cabello era diferente, negro, claro está, como todo el mundo, pero largo y lleno de rizos, como ninguna de las mujeres que conocía. Y aquella noche, Goveia, castigado por salir de casa –como siempre- de madrugada y sin permiso, se acostó en su catre al apenas salir las estrellas, incapaz de conciliar el sueño a pesar de las narraciones de su padre, el único hombre de la aldea que recuerda cómo hechizar serpientes tan solo con la fuerza de su canto. Distraído, chapoteando en las aguas mansas, ya no recuerda a su papá sino que piensa en ella, en la doctora María, en las ganas de abrazarle y enredar los dedos en sus rizos…
—¡Goveia!
Los patos alzan el vuelo, asustados, todos menos Biliko, el Pato Rey. Madya, la madre de Goveia, tan oscura de piel como su hijo, bella, alta y de esbeltez poco común está de pie, a espaldas del niño desobediente, quien se ha quedado paralizado, sabedor del castigo que le espera: no podrá recibir el regalo prometido, el tambor de cuero de antílope que su padre le está fabricando a pausas, durante los escasos ratos libres que le quedan.
—Hijo, te dije que estaba prohibido salir de la casa tan temprano para venir hasta aquí. ¿No ves que podrías ahogarte?
Goveia sonríe al abrazarse a las piernas de su madre. Ella no sabe que Biliko le ha enseñado ya a flotar en las aguas mansas, sacándolo del fondo un par de veces con su pico fuerte y enorme.
—Adiós, Biliko…
Madya no puede ya contener una sonora carcajada.
—¡Ja, ja, ja! Niño… No les hables a los patos… Nunca han contestado a nadie. Estás loquito mi niño precioso… Ven con mami, te daré un poco de la leche de cabra que tanto te gusta.
—¿Puedo regresar más tarde, mamita?
—¿Regresar? ¡Espera que tu padre se entere de tus travesuras! No podrás salir de la casa…
—Mamá… La mujer, la doctora María, dijiste que me ibas a llevar a verla a la gran ciudad junto al mar…
—María llega hoy al pueblo frente al mar pero no podré ir a visitarla. Llevaré las batatas al pueblo al otro lado de la ciénaga para cambiarlas por aceite y miel. Pero tú te quedarás, ayudándole a papá, mira que habrá mucho quehacer en el campo y debes aprender bien su oficio que será también tuyo cuando hayas crecido y estés fuerte, así como él. Pórtate bien y obedece mis mandatos, hijo mío.
Las lágrimas se hacen un nudo en la garganta de Goveia, quien juega con sus deditos para hacerse el valiente, para no llorar, no sabe si de cólera o de tristeza porque es todavía tan pequeño… A él no le gusta imaginarse labrando los campos y bañado en sudor, ni tampoco escondido en las cavernas, golpeando las rocas en busca de piedras brillantes para los grandes señores de piel pálida, los dueños de la tierra, el agua, el aire y de todo lo existente. No, él quiere subir a la máquina de metal, aferrarse de la rueda poderosa que la gobierna y, con María, la doctora buena sentada a su lado, partir lejos de allí hasta arribar a Timbuctú, la gloriosa ciudad del norte de la que tanto le hablaba su difunto abuelo, con sus elevadas torres de oro y cristal, donde vivían los reyes de negra piel que medían veinte palmos hasta la coronilla y guerreaban a lomos de pájaros enormes contra los demonios alados del desierto. Pero todo estaba perdido. No podría ver a la doctora María, ni pedirle permiso para subir a la máquina, ni decirle cuánto ansiaba abrazarla y pedirle a ella el tambor que su padre tanto ha prometido pero que nunca va a llegar, estaba seguro de ello porque sabía que le gustaba desobedecer: Ama demasiado a su amigo Biliko, le importa más ese cariño que la vieja promesa del tambor. De mala gana, azotando los piececitos contra el suelo y con la boquita fruncida, Goveia camina tres pasos atrás de su madre hasta entrar en la choza. Jako, su padre, ya está inclinado sobre el surco, atrás de la choza, al pie de la colina, y su pequeña hermanita duerme aún con sueño profundo, recién amamantada. Goveia toma su leche pero está tramando una fuga perfecta. Mamá en el mercado, papá en el campo, la niña dormida…
El sol ya calienta con fuerza cuando Goveia calza sus sandalias de cuero, uno de los tantos regalos que la doctora María, a pesar de no conocerle, le ha traído. Envolviéndose en una de sus túnicas favoritas, blanca como la luna y sin ornamentos, Goveia guarda en un morral un trozo de torta, un puñado de semillas y la calabaza para el agua fresca, recién sacada del pozo. Ha andado este camino muchas veces pero nunca solo, siempre lo ha hecho de la mano de su madre o de su padre, a la vera del riachuelo que desemboca en la laguna, hasta llegar a una cuesta que desciende con suavidad, pero tan sinuosa que parece la piel olvidada de una serpiente gigantesca. La vereda está custodiada por altos y frondosos árboles, poblados de ejércitos de monos chillones y aves multicolores que cuelgan sus extraños nidos de las ramas más altas. Al poco rato de andar ya no reconoce el camino nuestro héroe, que se siente perdido y con deseos de llorar cuando los monos más pequeños, las crías menores de la manada, se burlan de él señalándole con sus dedos peludos de uñas negras. Cuando se rendía ya a la desesperación, un aleteo cercano asusta al pobre Goveia, que cae sentado sobre el polvo del camino, ensuciando su inmaculada túnica de algodón. Es Biliko, quien acude al rescate del niño perdido.
—¿A dónde vas, Goveia, tan solito?
—A buscar a María, para que me lleve a Timbuctú…
—No llores, mi amado Goveia, no tengas miedo, ya estoy aquí. No podrás viajar sin compañía. ¡Ven! Sígueme, yo iré adelante para avisarte de cualquier peligro.
Goveia no cabe de contento al saberse acompañado del inigualable Rey de los Patos, quien prefiere caminar con dificultad a volar, para no dejar atrás al niño que sueña un día con volar en vez de caminar para llegar muy lejos, a orillas de aquel río que, si bebes de sus aguas, te retiene prisionero para la eternidad, porque te enamoras de la tierra bajo tus pies, sembrada de girasoles enormes. No ha pasado mucho tiempo cuando Goveia llega a un punto en que la vereda se divide, a derecha y a izquierda. ¿Cuál será la ruta correcta hacia el mar? ¿Cuál la que lleva a la selva montañosa? Biliko espera a la orilla del camino, reponiendo el aliento, a que Goveia tome una decisión. Aparece entonces ante los viajeros una rara ave, nada menos que un cucú de cola larga, que revolotea despreocupadamente sobre sus cabezas.
—¡Pájaro!
—Dime, oh pequeño sabio, que hablas la lengua de las aves…
—Voy a la ciudad, a orillas del mar. Dime cuál es el camino.
—Todos los caminos llevan al mismo sitio… Escoge el que te guste… Adiós…
—Biliko y Goveia reanudan la marcha, tomando el camino de la izquierda. Fatigados, recuperan las fuerzas cuando la brisa se va cargando de sal y aroma de algas secándose al sol, anunciándose ya la proximidad de la playa. Biliko alza el vuelo y contempla el horizonte, volando en círculos sobre Goveia, que ya salta de alegría en espera de buenas noticias.
—¡Biliko! ¡Biliko! ¿Puedes ver el mar?
Una rama cruje en la espesura, a pocos pasos de distancia. Goveia voltea la mirada hacia los árboles y ve con claridad la silueta del cazador que coloca un gran guijarro en la honda, aprestándose a derribar de un tiro certero al majestuoso Rey de los Patos.
—¡Cuidado Biliko, cuidado!
Alertado justo a tiempo, Biliko maniobra en el aire esquivando el guijarro, para después, sin dejar de graznar, castigar a picotazos la cabeza del joven pero inexperto cazador que huye despavorido entre los árboles, tratando de evadirse del ataque de Biliko, a partir de este día conocido también como el Gran Cazador de Cazadores.
Biliko asienta sus patas membranosas en el polvo y extendiendo una de sus alas da la feliz buena nueva a Goveia.
—El mar…
Goveia corre al ver la línea costera, en donde multitud de niños y mujeres se congrega alrededor de una tienda de campaña, espantando en su carrera a una bandada de flamingos que, en una sola pata, toman el sol con haraganería. Goveia salta de contento cuando reconoce a María entre la multitud que le escucha en silencio mientras ella les habla con dulzura, con un acento extraño pero no difícil de entender.
—¿Niño, cómo te llamas? ¿Dónde están tus padres? ¿Ese pato te pertenece?
Goveia extiende sus bracitos y se abraza a las piernas de María. Ella se pone de rodillas para verle mejor y le abraza también, emocionada. En el rostro de la doctora hay una sonrisa de gran felicidad y no dice ni una palabra porque entonces su corazón se hubiese roto, allí mismo, en mil pedazos.

***
—Gracias por traer a salvo a mi niño, doctora María…
Madya está en cuclillas amasando la harina, y la mezcla poco a poco con chorros del aceite traído ese mismo día del pueblo vecino en un pesado cántaro de barro cocido. Dos pescados enormes se fríen en una sartén sobre la hoguera de leña y todos se aprestan a cenar con gran apetito.
—No te preocupes, Madya, la próxima vez que Goveia quiera manejar la Gran Máquina solo tienes que decírmelo… Vaya suerte que se me ha ocurrido seguir el vuelo de ese pato escandaloso, que no me dejaba en paz todo el camino, para llegar hasta acá. ¿Cómo saber que Goveia era tu hijo, el miedoso?
Goveia sonríe, sentado en las piernas de Jako, contemplando extasiado su tambor nuevo, hecho de una rama hueca y decorado con bellas talladuras de soles, lunas y estrellas… No se cansa de palmotear quedito el tenso parche de cuero sin quitar los ojos de encima de María, la doctora que no quiso llevarle a Timbuctú pero que le ha permitido asomarse a las entrañas de la Gran Máquina y viajar juntos sin cansancio de regreso a casa, cuando ya el sol comenzaba a ocultar su manto dorado detrás de los montes boscosos. Cuando ya es hora de dormir, Madya le acaricia la cabecita ensortijada en donde sigue revoloteando la ilusión de volar, al frente de la bandada, en ruta hacia Timbuctú, rozando alas con Biliko, el amado Rey de los Patos.

Así te cuento un amor inconcluso

Así te cuento un amor inconcluso

 

conflores

Pues permíteme contarte esto. Había recién cumplido 17 años cuando lo conocí una tarde. De regreso a casa (una pensión para señoritas), caminaba por la acera de una amplia calle cuando me invitó a subir a su auto, algo que una joven decente no podía hacer, así es que seguí caminando. Él me siguió, bajó de ese vehículo color negro y vino a mi encuentro.  Parecía mayor para mi gusto, pues solía pasear con muchachos más jóvenes; él era más bien un hombre.  Vestía también de negro, su piel era pálida, sus ojos negros pero brillantes, igual color su cabello ensortijado y un poco largo. Con tanta enlutada tonalidad me sentí desconfiada, pero vi que usaba un medallón dorado y su sonrisa era atractiva.

Ofreció disculpas por abordarme así pero dijo que de alguna manera tenía que acercarse a quien le llamaba tanto la atención. Su voz era agradable pero yo seguía desconfiando. Mi casa quedaba cerca y me acompañó hasta la puerta. En el breve trayecto preguntó mi nombre y él dijo llamarse Francisco. Al despedirnos me invitó a vernos nuevamente, dijo que podía pasar por mí el viernes por la noche y me llevaría a un café donde había música en vivo.  Le dije que sí y entré a mi casa feliz; era la primera vez que llamaba la atraía a un hombre, no a cualquier chiquillo.

El viernes estuve arreglada para esa cita.  En la pensión las demás chicas también estaban dispuestas a salir cada una con su amigo, novio o pretendiente.  Cada “ring” del teléfono nos emocionaba, pues significaba que alguna de nosotras sería invitada por un galán.  El timbre de la puerta también quería decir que “él” había llegado por una de las varias jóvenes que habitábamos aquella casona dirigida por monjas.

La tarde del viernes había recibido otra invitación que decliné y cuando la hermana-portera me avisó que un joven preguntaba por mí en la puerta me asomé por la ventana para ver quién era, pero no, no era aquel a quien yo esperaba, así que pedí que le informaran que estaba estudiando y que no podía salir.

Eran las 7pm, la hora indicada para nuestro reencuentro. Retocaba mi maquillaje y peinado, me veía al espejo para revisar vestido y zapatos; todo bien, excepto que pasaron las horas y aquel hombre misterioso no llegó, ¿puedes creerlo?  A las 10pm me desmaquillé, cambié mi ropa por una pijama y me fui a dormir diciéndome a mí misma que un día lo volvería a encontrar.

Como comprenderás, los días siguientes me sentí triste pero lo superé al reiniciar mis salidas con los muchachos de siempre.  Después de todo yo no sabía gran cosa de ese hombre de 30 años; sin embargo, solía caminar el mismo trayecto en que un día él me había abordado y miraba de reojo al conductor de un auto negro, tratando de identificar si era Francisco.

No recuerdo cuánto tiempo pasó, pero un jueves volví a ver su auto que estaba siendo reparado en una vulcanizadora. Busqué a Francisco con la mirada y ahí estaba. A medida que me acercaba sentía un cosquilleo dentro de mí, hasta entonces desconocido.  Me vio, vino hacia mí, sonrío y me tomó de la mano.  Dijo que acababa de regresar del extranjero, al que había ido al día siguiente de nuestro primer encuentro y que no pudo avisarme.  Su auto estuvo listo y me invitó a abordarlo. No tuve desconfianza. En mi mente él había estado presente todo el lapso de nuestra separación y fue como si lo conociera de siempre.  Me llevó a ese café tipo existencialista y preguntó muchas cosas acerca de mis diversos estudios, mi trabajo, familia, gustos, hobbies.  Recuerdo que dijo que yo era un torbellino, por estar involucrada en muchas actividades.  También, dijo que era pintor y que le gustaría pintar mi rostro.  Supe que vivíamos en el mismo barrio, pero no mencionó su dirección.

Cuando salimos de la singular cafetería compró para mí un gran ramo de rosas rojas. Me llevó a casa, pues el reglamento decía que debía estar a más tardar a las 10pm.  Me invitó a salir al día siguiente y así sucedieron las citas de los viernes o sábados o domingos, de las que regresaba a casa con rosas obsequiadas por Francisco.  Mis compañeras decían que me veía radiante y llena de vida, pero que mi novio era un poco “diferente”.

Francisco me introdujo al mundo de la poesía y la literatura, me obsequió obras de Borges, Paz, Benedetti y de autores como Fuentes, García Márquez, Quiroga,  Françoise Sagan , Simone de Beauvoir, Jalil Gibran Jalil y Edgar Allan Poe, que trataba yo de comprender. En cada libro anotaba una larga dedicatoria, casi una carta de amor; así conocí su letra.

No hablaba de sí mismo pero sí de su profesión como pintor. Hizo bosquejos de mi cara y hasta años después identifiqué su estilo.

Un día salimos a cenar cuando estaba lloviendo. Caminamos por la acera mojada y al entrar a un bonito restaurant, resbalé y patiné por en medio de las mesas atrayendo a Francisco que cayó sobre mí.  No podíamos levantarnos por la risa; fue una de las pocas ocasiones que lo oí reír muy fuerte.

Esperaba sus llamadas e invitaciones que se fueron espaciando.  Me sentía triste si no salía con él. Un domingo que no lo había visto quise acompañar a una amiga a Misa. Cuando cerramos la puerta de la casa noté que Francisco estaba recargado en su auto, como en espera de alguien; después del saludo y de que mi amiga se había ido …

-¿Por qué no llamaste a la puerta?
-Sabía que ibas a salir
-¿Y si no salía?
-Pero sí saliste …

En otra ocasión, lo vi en su auto estacionado frente a un edificio. Dijo que estaba esperando a un posible comprador de su obra, que más tarde me llamaría.  Por algún motivo, me quedé cerca y sí, un hombre salió del edificio, Francisco bajó del auto, abrió la cajuela y le mostró pinturas que no alcancé a ver porque estaba prácticamente escondida para que ninguno de los dos me vieran.  Me fui rápidamente, apenada por mi falta de confianza en la palabra de Francisco.

Hasta ese momento, solo había admirado sus bosquejos y en la próxima cita le pedí que me llevara a su estudio, porque me había dicho que tenía un lugar especial donde pintaba.  Dijo que me invitaría después, pero nunca lo hizo; por lo tanto continuamos con lo acostumbrado, íbamos al cine o al teatro o a cenar o a escuchar música. Me decía cosas bellas y en cada uno de nuestros encuentros me obsequiaba rosas. Una noche no compró un ramo, sino bajó de su auto y cortó una rosa de un jardín público.  Me hablaba también de música clásica, pero tampoco fuimos a un concierto. Igualmente, me ilustraba de blues, jazz y bossa nova …  me afanaba por asimilar lo que eran novedades para mí; también, me animaba a escribir y así se inició mi gusto por narrar ciertas experiencias. Francisco, decía que mis escritos eran de su agrado.

Un día salí muy temprano de mi trabajo y estudios. Me sentía un poco enferma. Caminé por esas calles que en aquel tiempo y al mediodía estaban vacías. Vi a Francisco saliendo de un conjunto de exclusivas viviendas.  Amablemente me preguntó si lo estaba siguiendo, me dio un ataque de risa y él pareció incomodarse. No dijo si ahí vivía, o por qué estaba en esa propiedad.

Continuó nuestra rutina de citas pero noté que él parecía ausente, aunque en todos nuestros encuentros hubo siempre rosas rojas, con las que Francisco me decía “te amo”. Un día llamó a mi oficina y lo anunciaron con su apellido; habían pasado meses y yo apenas descubría como se apellidaba. Nos vimos para que él hiciera un bosquejo más de mi cara. Todavía no había visto una pintura terminada por él.

Un viernes no acudió a la cita.  No llamaba y lo esperé por muchos días. Al sentir esa tristeza, en un impulso, aunque sintiendo pena por mí misma, fui a esa privada que aún existe.  Era verano, las ventanas de aquellas viviendas estaban abiertas y lo vi.  Llamé a la puerta y salió un hombre mayor que llevaba un medallón igual al de Francisco.  Me dijo que su hijo no estaba; casi repliqué, “¡pero si lo acabo de ver!”, mas solo dejé recado pidiendo que se comunicara conmigo.

No me telefoneó.  Hacía conjeturas, porque la realidad, difícil de aceptar, era que había dejado de interesarle a Francisco. Echaba de menos nuestras conversaciones, su sonrisa, la brillantez de su mirada, sus halagos; en fin, su forma tan peculiar de ser.  Escuchaba la “La Garota de Ipanema”, canción que me había obsequiado; recordaba las poesías que me dedicaba pero no podía disfrutar más de su aroma … no era perfume o loción, era la fragancia de un cuerpo limpio, con un muy ligero olor a alquitrán; sí, era eso.  Ya no podía sentirme protegida en sus abrazos, ni sentía el calor de sus manos, tan blancas sus manos, tan pálidas.

Pasó el tiempo y un domingo cuando paseaba con una amiga por el Jardín del Arte, lo volví a ver.  Ello reforzaba el que Francisco pensara que yo lo seguía pero no era así. ¿Cómo ves tú esa situación?, ¿por qué lo encontraba en diversas circunstancias?, ¿cuál era la fuerza que me llevaba hacia él?  En esos días me decía a mí misma que vivíamos en el  mismo barrio, pero no era un barrio pequeño.

Deduje que vendía sus pinturas en esa exposición colectiva al aire libre de los fines de semana. Por primera vez, al menos ante mis ojos, vestía una camisa blanca de manga larga, sin faltar su chaleco y pantalón negros. Vi su obra en pequeñas reproducciones solo un poco porque gentilmente, me pidió que lo esperara en mi casa, que él iría a verme más tarde. Alcancé a mirar mi imagen en un pequeño cuadro, y se lo hubiera pedido, mas guardé silencio. Sentí urgencia por no estar ahí y me fui. Francisco se despidió de mí con un beso y un cálido abrazo.  Mi amiga, a lo lejos, había sido testigo y me apoyé en su brazo mientras nos marchábamos. Él no llamó ni me buscó.

Al siguiente domingo mi amiga compró para mí aquella pequeña copia color sepia de mi retrato donde lucía una túnica y una diadema en la cabeza; fue lo único que conservé realmente de Francisco y claro, sus obsequios, más los recuerdos de su misterioso paso por mi existencia. Decidí no volver al Jardín del Arte, mucho menos a la privada, ni a pensar que lo iba a encontrar de nuevo.

Un año después la tristeza se había ido y aquellos encuentros, quizás provocados por mí misma, empezaron a ser motivo de risa, pues ¿no te parece que es difícil entender que eran pura casualidad?, y ya para entonces había aparecido en mi vida un hombre opuesto a Francisco; un joven norteamericano, de 23 años, maestro de inglés, de ojos claros, pelo rubio, piel lozana y un auto blanco. Con John no mediaba secreto ni misterio alguno.

Sin embargo, hubo otra sorpresa; dos años más tarde inesperadamente volví a ver a Francisco.  Hojeaba un libro en un café-librería; él entró, se sentó ante la barra y ordenó algo. Creo que no me vio y no me acerqué por respeto a mi compromiso con John y la promesa a mí misma de no aparecérmele más, pero lo observé de lejos mientras disfrutaba su café.  Vestía todo de negro y no vislumbré lo brillante de su mirada. Terminó su bebida, pagó y salió del lugar. A través de los aparadores, lo miré caminar por la acera. Un autobús se detuvo y él subió. Nunca lo volví a ver.

No sentí las anteriores emociones que podrían haber entorpecido mi relación con John con quien a lo largo de cinco años viajé a diversos sitios.  Una primavera, estuvimos en San Francisco visitando a un amigo irlandés quien hacía su postgrado en Historia del Arte en esa preciosa ciudad.  Donald me miraba con curiosidad y al fin dijo que en la exposición permanente de su Facultad, estaba un retrato que insistió en que viera.  Me reconocí en ese sonriente rostro enmarcado por una cabellera adornada con flores. Vi la rúbrica del pintor, era de Francisco.

Cony Ureña

Un amor para siempre

Un amor para siempre

 

unamorparasiempre

En mi trabajo conocí a una pareja interesante. Eran profesores extranjeros, gente amable y culta. De pronto, sin darnos cuenta nos unía una gran y sincera amistad. Ella siempre me platicaba de sus hijos, me parecía conocerlos y quererlos sin haberlos visto.

Un día asistimos a una obra de teatro. El lugar estaba repleto cuando llegué, así que no encontré donde quedarme, por eso me fui al frente, y me senté en el pasillo. De pronto miré entre el público y vi que mi amiga me llamaba, la miré, pero en realidad mi atención no estaba puesta en ella, sino en un hombre muy atractivo, que me miraba con interés.

Nuestras miradas se encontraron y nos sonreímos, me encantó. No sabíamos quienes éramos, pero me hizo un espacio en su asiento, fue una atracción inmediata. Ahí me enteré que era el hijo de mi amiga, de quien tanto me habían hablado.

A partir de esa noche empezamos a salir juntos a todos lados, y a conocernos realmente. Estaba de vacaciones y casi terminaba su carrera en los Estados Unidos. Nos hicimos novios pero debía regresar para terminar la tesis, así que la relación no fue muy fácil. Pero estábamos muy enamorados, y nos queríamos tanto que nos escribíamos a diario.

Cuando el correo se retrasaba en ocasiones llegaban 4 o 5 cartas juntas, mismas que esperaba con ansia, hablábamos por teléfono, y un mes yo iba a verlo y el siguiente el venía. Yo traía ropa americana y el llevaba sweaters mexicanos de lana tejidos a mano, para solventar los gastos de vernos a menudo.

Algunas veces manejaba todo el día y toda la noche para venir a verme. Era trabajador, cariñoso y detallista.

Una de esas ocasiones en que viajé para encontrarnos, me entregó un anillo de compromiso que aun luzco en mi mano izquierda. Esa noche estaba hermosa, estrellada y con una luna llena brillante, desde ahí se veía un lago, y frente a nosotros un hermoso campo de flores. Encendió las luces del vehículo para iluminar y ahí hicimos la ceremonia de matrimonio jurando ante Dios, nosotros y la naturaleza que nos amaríamos para siempre.

Al regresar y comentar a su mamá nuestra decisión, el cariño y amistad entre nosotras empezó a deteriorarse, pero no ha terminado. Nunca lo dijo, pero por sus comentarios y actitudes deduje que ella pensaba, que yo no estaba a su altura.

Aun así, fuimos juntos de vacaciones al mar. Ahí manifestó una vez más su inconformidad, y además él y yo habíamos discutido por lo mismo. Recuerdo una noche muy triste en la que sin que nadie lo notara salí a caminar a la orilla del mar, me sentía tan tremendamente triste que con la obscuridad, los sonidos del oleaje y el aroma del mar, me vino a la mente una de mis canciones favoritas de esa época, Alfonsina y el mar. Creo que si no hubiera amado tanto la vida, podría haber dejado que el misterioso y maravilloso mar me llevara flotando como en hipnosis.

Ese era el ultimo día del año, hubo una gran cena con música y baile en el hotel, pero mi corazón no estaba de fiesta, así que cené y me fui a la habitación. El fue a buscarme y fue la reconciliación y era el primer día del año, razón por la cual estoy segura que ese día me embaracé, pues mi querido hijo y razón de mi vida nació exactamente a los 9 meses.

No cabe duda de que el destino ya tenía trazado el camino, porque de otra manera hubiera encontrado en que regresarme, como lo intenté el día anterior, por autobús, avión o cualquier otro medio, y debido a las fiestas decembrinas no hubo manera.

El debía terminar sus estudios, así que partió nuevamente, pero la relación ya no era la misma, algo se rompió. Lo sentía cada vez más lejano.

Estar embarazada fue y ha sido el evento más importante de mi vida. Cargo a mi pequeño con mucho amor y orgullo pues es el fruto de un gran amor que se perpetua a través de él. Cada día el vientre crece más y más, igual que el miedo que empiezo a sentir, porque estoy sola, sola ante el mundo y esperando a mi hijo. Me enfrento al temor y me prometo a mi misma luchar fuerte hasta que sea un hombre, darle lo mejor de mi y pido al Creador del Universo me dé la sabiduría para formar un hombre de bien.

Llega el maravilloso momento, nace, lo acercan a mi, lleva los ojitos abiertos, es tan bello, se parece tanto a su padre!. Hablamos, estaba emocionado, manda regalos. Pero el tiempo pasa y la indiferencia al igual que el bebe, van creciendo, no entiendo la razón. Quisiera tener más tiempo para dedicárselo, pero tengo que trabajar, o de qué viviríamos?? Decido que no importa la cantidad, sino la calidad de tiempo que le de. Sus dos familias lo quieren mucho.

La vida sigue su curso, los años pasan, tiene un corazón tan noble que nunca me da problemas. Somos muy felices y los mejores amigos, compartimos viajes, campamentos, conciertos, exposiciones, box, lucha libre, futbol, etc. todo lo que a los padres les gusta compartir con sus hijos barones y desde luego los detalles de una madre. Los tres nos hemos encontrado algunas veces, sin tiempo para hablar a solas.

No quiero recordar las tristezas que vivimos, solo lo hermoso de la vida. El tiempo vuela… Mi hijo ya es un profesionista, fui escuchada, es un buen hombre- me siento muy orgullosa de él.

Encuentra el amor, decide casarse y ese día, después de tantos años… el milagro sucede, sin rencores, ni resentimientos: -yo y su padre volvemos a encontrarnos.

Por nuestro hijo subimos al altar, me lleva tomada de la mano izquierda, donde quedó pendiente una promesa. Oramos, disfrutamos, bailamos, nos tomamos de las manos y nos miramos con el amor de aquellos tiempos.

Pero el tiempo, como una fotografía desgastada color sepia, se llevó la última oportunidad… Ahora ya no importa si no lo vuelvo a ver.

O Passeio

O Passeio

por Soraya  Souto

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Assim que amanheceu, depois de tomar o café forte e sem açúcar, pegou o velho chapéu de couro e desceu pelo pomar, até o velho paiol. Encontrou facilmente o laço de corda, que jogou por sobre o ombro e tomou o rumo do pasto, à beira do pequeno riacho. Os dois cães o seguiram, acostumados ao significado do assobio do dono, sempre que tomava aquela direção.

Voltou meia hora depois. Trouxe consigo a égua Paloma, a mais mansa da fazenda, e a prendeu com a corda no tronco da grande mangueira do quintal.
Estudou o céu claro de domingo. “Manhã de Deus, o menino vai gostar”, conversava com si mesmo.

Começou a rotina que conhecia bem, de escovar e preparar o animal para montaria. Ele mesmo a tinha adestrado, desde potrinha nova, e tinha com ela uma atenção especial. Poucos sabiam que a égua tinha nascido no mesmo dia que seu primeiro neto, e por isso tinha sido escolhida para ser  sua  primeira montaria hoje, no aniversário de 5 anos. Tinha o pelo castanho e brilhante, crina comprida quase dourada, e quando corria pelo campo era vista de longe, por causa das patas brancas que se destacavam no verde do chão.

Depois de escová-la, colocou a manta grossa e prendeu bem a sela . Tomou cuidado em colocar os arreios, e também em regular a altura certa dos estribos, para que os pequenos pés do garoto tivessem apoio e segurança. “Vê como se comporta, viu Paloma?”, falou alto. Paloma balançou a cabeça em resposta, mostrando os olhos vivos e brilhantes, como se entendesse a importante missão do dia.

Pouco tempo depois, viu o neto chegar. Vinha de mãos dadas com a mãe, falante e alegre, entusiasmado com a grande aventura.  Apesar de tão pequeno, vinha vestido com camisa e calças compridas, botas até o joelho e um belo chapéu. “Parece um cowboy”, pensou o avô. Tinha no rosto um sorriso contagiante, próprio das crianças. Ao ver a montaria preparada arregalou os olhos, e instantaneamente procurou os braços do avô.

Ele o recebeu no colo com carinho, e chegando bem perto da cabeça de Paloma, pediu que o menino conversasse antes com a égua, e lhe fizesse um carinho, pois assim ficariam amigos. Também o lembrou de tratá-la sempre bem, para que ela o levasse em segurança. Receoso a princípio, mas confiante no avô, o garoto afagou a crina, e a cabeça do animal. “Agora monte, mocinho!”.

Saíram pelo quintal, avô na frente puxando o cabresto, e o neto firme e corajoso sobre a Paloma. Conversaram sobre cavalos e meninos. O neto ficou sabendo que cavalos eram fortes e inteligentes, e podiam correr pelo campo. “Igual na televisão, vovô?” “Sim, igual na televisão”. Também aprendeu que bastava bater com as perninhas, e a égua acelerava o passo, ou então, se puxasse as rédeas, ela parava de imediato.
As perguntas não tinham fim, e a cada resposta do avô um mundo fantástico era descoberto pelo neto. Ali, no alto da montaria, já tinha esquecido dos desenhos animados e jogos eletrônicos, e aprendia com o avô uma nova linguagem: “eia Paloma, upa, upa…”.

No fim do passeio, antes de descer, o garoto enlaçou o pescoço da égua: “obrigado Paloma, você me carregou direitinho!”. Ao avô, deu uma recomendação: “quando você estiver com saudade, é só pedir para a Paloma te levar correndo pra me ver…”

Mais tarde, levando a égua de volta ao pasto, o homem foi pensando nas grandes alegrias que tivera naquele dia. Ensinara ao neto coisas simples, aprendidas ao longo da vida, e então o escutara rindo.
Nada se igualava à risada de uma criança montando o seu primeiro cavalo …

Soraya Souto

KEBAB (et frites!)

KEBAB (et frites!)

por Henrique Mendes – En portugués y español

 

kebab

São sempre os mesmos dois, lá por detrás do balcão, todos os dias. E noites. Trabalham longas horas num esquema bem pensado de franchising, com um sorriso nada servil, mas servindo. Simpáticos por escolha, diria eu. E preocupados em agradar, diria eu também.

Não fazem ideia de quem sou,  nem  do que penso,  de para onde vou, ou de onde venho. E eu confesso que gosto disso, de me ver assim bem tratado apenas por ser cliente.  Mas claro que  já perceberam, pelos meus pedidos nas vezes anteriores, que estou familiarizado com a comida do seu país, e que peço coisas com sentido.

Porém, quando termino de pedir a comida, fazem uma espécie de pausa, respirações suspensas e sobrancelhas erguidas, numa expectativa muito clara de que eu não peça umas batatinhas fritas também. Mas é nesse ponto que, de comum acordo, traçamos a nossa linha de fronteira, e negociamos com alguma doçura os nossos acordos de Paz.

Além das suas delícias pátrias, permitem que me entupa com batatinhas, apesar de fazerem de tudo para escondê-las – desde colocar-se à frente do cartaz, até fingir que não entendem, quando as peço… Por contrapartida, eu deixo de fingir que eles falam um português muito mau, e rendo-me a uma outra evidência:-o português deles é tão deliciosamente excêntrico como as minhas batatinhas são…

Daí para a frente, caímos no perdão mútuo, caímos na risada, e todos sabemos que voltarei lá.
Hoje voltei, porque senti que tinha de voltar. E lá estavam os dois, atrás do balcão, impecáveis, sorrindo. Sózinhos. Por cima deles, em cores exóticas um néon com o nome do restaurante, a origem, egípcia, e alguma propaganda às minhas kebabs favoritas.

Atenderam-me com o sorriso de sempre. E num dado momento, sem que esperasse, detrás do sorriso surgiu uma pergunta, querendo saber de onde eu era. Respondi que era português, mas que tinha vivido muito tempo fora, e que tinha conhecido várias famílias árabes de quem era mais ou menos amigo e, por isso, conhecia um pouco da sua comida.

Sorriram ainda mais do que de costume, como se tivesse dito o que já esperavam. Depois, um disse: “ Hoje precisa de todos amigo !” E sorriu. Outra vez…

Depois perdi-me nos sabores deliciosos. E nas batatinhas fritas, claro…

Mais tarde regressei a casa contente por ver que estavam atendendo mais gente. Com um sorriso grande.
E quando liguei a net, e recomeçou aquele martelar de quem é Charlie, e quem não é Charlie…Aquela coisa peçonhenta,  do nós e do eles… fiquei ponderando se vale a pena amanhã colocar um cartaz na janela onde se leia apenas:

Je suis Kebab !
( et frites ! )

***

¡Son siempre los mismos dos, por detrás del balcón, todos los días! Trabajan  largas horas en un tipo muy bien pensado de franquicia, con una sonrisa nada servil, pero sirviendo. Son simpáticos por elección, diría yo. Y preocupados en complacer, diría yo también.

No tienen la mínima idea de quien soy, ni lo que pienso, de para dónde voy,  o dónde vengo. Y tendré de confesar que eso me gusta mucho, verme así bien atendido apenas por ser cliente. Mas claro que ya  comprendieron, por mis pedidos en las veces anteriores, que estoy familiarizado con la comida de su país y que pido cosas cuya combinación tiene sentido.

Pero, de todas las veces, cuando termino de pedir la comida hacen una especie de pausa con  la respiración suspendida y las cejas erguidas  en la expectativa muy clara de que yo no pida unas papitas fritas también. Pero es  en  ese punto que, de común acuerdo, trazamos nuestra línea de frontera y negociamos  con alguna dulzura nuestros acuerdos de Paz.

Además de sus delicias patrias permiten que me atasque de papitas fritas, a pesar de hacer de todo para que no las vea, sea poniéndose en frente del cartel, sea pretendiendo no comprenderme cuando las pido… Por contrapartida, yo dejo de pretender que hablan muy mal el portugués, y riéndome ante una que otra evidencia: – el portugués de ellos es tan deliciosamente excéntrico cuanto mis papas fritas, en aquel contexto.

De ese punto en adelante caímos en una situación de perdón mutuo, soltamos unas carcajadas saludables, y todos nosotros sabemos que yo volveré para comer otra vez.

Pero hoy…Hoy volví porque sentí que tenía de volver. Y los encontré a los dos, como siempre, del otro lado del balcón, sonrientes, impecables, pero solos. Por arriba de ellos un neón en colores intensos y exóticos exhibía el nombre del restaurante  y su origen egipcio junto con algunas fotos de mis kebabs favoritos.

Me sirvieron con la sonrisa de siempre. Y en un dado momento, sin que lo esperase, por detrás de una sonrisa nació una pregunta buscando saber de dónde era yo. Contesté que era portugués, pero que había vivido muchos años por ese mundo afuera, y que había conocido varias familias árabes y  por eso conocía un poco de sus comidas.
Sonrieron todavía un poquito más que lo habitual, como si yo hubiese dicho alguna cosa ya esperada. Entonces, uno de ellos me platicó:” Hoy necesita de todos, amigo!” Y sonrió. Otra vez.

Pasado eso me perdí en los sabores deliciosos de sus comidas.  Y de mis papas fritas, claro… Sólo volví a mirarlos cuando ya regresaba a casa, y en una rápida mirada pude ver que estaban ocupados con más clientes. ¡Con una sonrisa grande!
No tardó, cuando me conecté en la red volvió todo aquel clamor de quién es Charlie, o de quién no es Charlie…Aquella ponzoña siendo recocida  momento tras momento…  Aquella cosa de nosotros y de ellos…

No resistí a ponderar si vale la pena mañana por la mañana poner un cartel en la ventana donde se lea simplemente:

Je suis Kebab !
(et frites ! )

Arte – Sofía Sánchez

Sofía Sánchez

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 Maestra Sofía Sánchez, Profesional en Artes Plásticas, Especializada en Escultura Monumental, Pintura y Dibujo, nació el 30 de Septiembre de 1958, en la zona rural del Municipio de Prado Tolima- Colombia, es la cuarta hija de María del Carmen Sánchez Ortiz, enfermera y líder campesina de la región, que levantó a sus siete hijos como madre soltera cabeza de familia.

Desde su infancia la Maestra Sofía Sánchez, mostro la vena artística, inspirada en la naturaleza y en los sonidos del campo; empezó de manera empírica elaborando pequeñas esculturas en barro y arcilla, así como maquetas, dibujos y carteleras que Profesores, compañeros y personas de la región del Tolima, le encomendaban hacer. Es madre de tres hijas fruto del Matrimonio con José Rosbel Cubillos Pacheco, su familia han sido el motor que mantiene estable su motivación.

Actualmente es escultora independiente. Reconocida a nivel Nacional en especial en la regiones del Tolima, Cundinamarca, Boyacá y Eje cafetero, por difundir y plasmar el Arte Costumbrista que rescata la cultura, tradición y costumbre del pueblo Colombiano, las cuales ha dejado plasmadas en cada una de las obras Monumentales que ha realizado.

 

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EXPOSICIONES

– Centro Comercial la Quinta (Ibagué)

– Biblioteca Soledad Rengifo

– Casa de la Cultura (Ibagué)

– Casa de la cultura (Guamo)

– Centro de Convenciones León de Greiff (Bogotá)

– Banco de la república Girardot

OTROS

Semifinalista en el Concurso III Salón BAT Arte Popular (2012) promovido por la Fundación BAT, En el Bicentenario de la Independencia. Ganador al Libro de Oro con la Obra “Caminando Juntos”.

OBRAS REALIZADAS

1. LA JARDINERA (FUSAGASUGA CUNDINAMRCA)
DIMENSION: 3.0 X 1.20 MTS

2. CAMPESINO GUAYATUNO (GUAYATA BOYACA)
DIMENSION: 3.0 X 3.20 MTS

3. ARMONIA HOMBRE Y MEDIO AMBIENTE (GUAYATA BOYACA)
DIMENSION: 3.50 X 2.20 MTS

4. CAMPESINO GRANADINO (GRANADA CUNDINAMARCA)
DIMENSION: 3.0 X 3.0 MTS

5. CAMPESINA UCHUBERA (GRANADA CUNDINAMARCA)
DIMENSION: 2.80 X 1.50 MTS

6. CAMPESINO SEÑOR DEMOSTENES ALBAÑIL (SILVANIA CUNDINAMARCA)
DIMENSION: 3. 20 X 2.50 MTS.

7. CACIQUE USATAMA (SILVANIA CUNDINAMARCA)
DIMENSION: 3.0 X 1.0 MTS

8. PRINCESA ZERATHEMA (SILVANIA CUNDINAMARCA)
DIMENSION: 2.80 X 1.0 MTS

9. EL PESCADOR DE MI TIERRA (PRADO TOLIMA)
DIMENSION: 4.0 X 2.50

10. EL AZADON DE ORO (SIBATE CUNDINAMARCA)

11. LA DAMA PELA PAPA (SIBATE CUNDINAMARCA)
DIMENSION: 4.0 X 3.0 MTS

12. EL ARRIERO (ANZOATEGUI TOLIMA)
DIMENSION: 3.20 X 3.0 MTS

13. PARQUIE MONUMENTO A LA CULTURA “NIÑOS LEYENDO” (ALVARADO TOLIMA)
DIMENSION: 6 X 2 MTS.

14. CACIQUE CHIVIRIR (CHIVOR BOYACA)
DIMENSION: 2.80 X 4 MTS

15. CACIQUE YAPOROX (PURIFICACIÓN TOLIMA)
DIMENSIÓN 3.50X4.50 MTS.

16. BUSTO EN BRONCE “SEÑOR ERNESTO RODRIGUEZ” (CHIVOR BOYACA)
DIMENSION: 70 X 30 CM

17. BUSTO “ENRIQUE OLAYA HERRERA” (GUAYATA BOYACA)

18. BUSTO “ALFONSO LOPEZ MICKELSEN” (CHIVOR BOYACA)

19. BUSTO “MISAEL PASTRANA BORRERO” (CHIVOR BOYACA)

20. BUSTO JOSE CELESTINO MUTIS (MARIQUITA-TOLIMA)

21. BUSTO JULIO ERNESTO CHITIVA (CHIVOR CUNDINAMARCA)

22. ESCULTURA A LA RUMBA CRIOLLA “HOMENAJE A EMILSE MORENO” FUSGASUGÁ
CUNDINAMARCA.- DIMENSION 3.20X1.10 MTS.

23. ADECUACION DEL MONUMENTO EL PESCADOR DE MI TIERRA (PRADO TOLIMA)
DIMENSION 3.80X1.50 CM.

24. CARROSA SAN JUAN. IBAGUE TOLIMA.2013

25. EL PESCADOR FLAMENCO (FLANDES TOLIMA) DIMENSIÓN 2.80X 4.50 MTS

26. AIRES DE NUESTRA TIERRA (PURIFICACIÓN TOLIMA) 3.80X2.50 MTS

 

 

Fotografía – Fabiana Koss

Fabiana Koss

 

Fabian Koss

 

La galería de fotografías de este mes llega de la mano de Fabiana Koss.

Es de San Juan, Argentina. Ha estudiado fotografía con Alberto Espinoza Páez y Sebastián de la Colina.

 

Entrevista a William Valenzuela

Entrevista a William Valenzuela 

 

Entrevista hecha por Claudio Bringas para poetastrabajando.com

Cada mes esta revista nos entrega la oportunidad de explorar el mundo del cine, donde nos enfocamos en los trabajos de grandes directores mundiales. Si bien la importancia del director es indiscutible, una producción incluye una enorme cantidad de participantes. Entre ellos, están los actores/actrices tanto principales, secundarios, y extras, los cuales, en su conjunto, nos ayudan a visualizar la historia creada por los guionistas. Sin embargo, trabajar como actor/actriz no es una tarea fácil. Por esta razón, este mes vamos a entrevistar a William Valenzuela, que es parte del mundo actoral en Canadá para que nos diga cómo es el día a día de un actor y nos explique tanto los tremendos desafíos como las grandes satisfacciones que existen en la industria cinematográfica.

william - entrevista

-¿Cuáles son tus primeros recuerdos del cine?

Creo que mi primer gran recuerdo fue cuando mostraron la película Philadelphia en el auditorium donde estudiaba en Chile. Fue la primera vez que vi el impacto que te deja una película con un gran contenido social y que las películas no sólo son un medio de entretenimiento, sino que también un medio de aprendizaje cuando tocan temas humanos y cuentan historias basados en hechos reales. Gracias al cine de vez en cuando descubrimos historias que nunca hemos escuchado.

-¿Qué tipo de películas te interesan, tanto como espectador como actor?

Me encanta “descubrir” películas independientes o internacionales las cuales deberían haber tenido más reconocimiento, porque cuentan historias únicas y no son predecibles. También soy fanático de las películas de acción, especialmente si son dirigidas por Tony Scott, John Woo y Johnnie To.

-¿Cuáles crees que son los directores que salvan al cine actual?

Tengo que decir Richard Linklater, Paul Thomas Anderson y Alejandro Gonzalez Iñárritu. Todos ellos toman riesgos para crear películas únicas.

-Algunos actores tuvieron sus primeras experiencias actuando en obras de escuelas. En tu caso ¿cuáles fueron tus primeras experiencias actuando?

Mis primeras experiencias no fueron en la escuela, sino que actuando en shows celebrando Navidad y eventos organizados en la comunidad donde vivía en Chile. Cuando volví a Canadá en el año 2001 empecé a tomar varios cursos de actuación.

-Basado en tu experiencia ¿cuáles son los pasos que debe seguir alguien que aspire a ser actor?

Debe estar 100 % seguro que actuación es lo que le apasiona. Si es así, debe tomar varios cursos de actuación. Después averigua sobre agencias donde contratan extras para series de T.V. y películas, para así tener una idea de cómo se trabaja en un set. Busca sitios donde ponen avisos buscando actores para teatro, cortometrajes, etc. y vaya a estas audiciones. No importa si obtienes el rol o no, la experiencia es lo que vale.

-¿Cuáles son algunos de los actores/actrices que admiras?

Son muchos. Pero si tengo que nombrar a uno, sería Robin Williams. Su pasión, humor y energía en sus roles es inigualable. Es difícil de creer que ya no está con nosotros.

-¿Cuáles son los desafíos más grandes de tu profesión?

Esta industria es altamente competitiva. Los directores de casting son bastante específicos en lo que están buscando, así que debo estar preparado para ser rechazado múltiples veces. Lo importante para mí es hacer una excelente audición para que se acuerdan de mí.

-¿Qué nos puedes contar acerca de la industria cinematográfica de Canadá, particularmente de la ciudad de Vancouver, que es dónde tú vives?
Está en un muy buen nivel. Aquí se filman varias series de televisión, tales como ARROW, THE FLASH, SUPERNATURAL, entre otras. Y de vez en cuando vienen películas de alto presupuesto a filmar acá, tales como ELYSIUM, FANTASTIC FOUR, TRON: LEGACY, etc. He tenido la suerte de trabajar como extra para varios de estos proyectos.

-¿Cuáles han sido los proyectos más interesantes en que has participado? El proyecto más difícil?

Como extra de vez en cuando tienes el lujo de trabajar en grandes estudios donde filman una serie de T.V. o película, y los sets son de primera calidad. Son varios los proyectos en que he tenido una gran experiencia. Actuando, debo mencionar mi pequeño rol en un episodio de la serie de T.V. “PSYCH”, porque fue mi primera vez hablando!! También he hecho varios cortometrajes, y algunos de ellos han ido a varios festivales de cine.  Creo que el proyecto mas difícil fue un cortometraje llamado SAM AT 5AM que hice este ano, donde tuve que llegar a lugares emocionales que no había tocado en un buen tiempo. Fue el rol principal, y la experiencia fue grandiosa gracias a un excelente director y un buen grupo de personas detrás de la cámaras.

 

-Muchos actores han comentado que el teatro es el medio donde obtienen mayor satisfacción. ¿Compartes esta opinión? ¿Qué nos podrías contar acerca del mundo teatral?

El teatro es el medio donde uno ve la calidad de un actor. Es una experiencia muy grande cuando estás sobre un escenario frente a un público en vivo. Tu adrenalina sube y estás viviendo en el momento. Es una gran satisfacción porque es allí, en el escenario,  donde empieza tu aprendizaje como actor profesional. Y el resultado es grandioso!!

 

-También has tenido la oportunidad de trabajar en proyectos para la televisión. En tu opinión ¿cuáles son las mayores diferencias entre trabajar en un largometraje y participar en proyecto de televisión?

En mi opinión la diferencia es que las series de televisión se filman por mucho más tiempo que una película. Una serie de televisión se filma por algunos años mientras que una película se filma solamente por algunos meses. Pero en ambos casos el profesionalismo y calidad es 100% igual.

 

-Por mucho tiempo, los proyectos de televisión carecían de la importancia que se le otorgaba al cine, y muchos actores de calidad se negaban a trabajar en la televisión. Creo que esto ha cambiado en los últimos 15 años, donde producciones hechas para TV-Cable han tenido un tremendo éxito tanto de crítica como comercial, tanto así que se habla de una “nueva época dorada” de la televisión ¿Cuál es tu opinión al respecto y cuáles son las producciones que más han contribuido a elevar el perfil de la televisión?

 

Siempre es bueno ver un canal de televisión (ya sea abierto o cable) que no tiene miedo en tomar riesgos y crear una serie original. Es una gran oportunidad para actores ser parte de un proyecto que puede dejar una huella en la historia de la televisión, y al mismo tiempo crear personajes inolvidables. En los años 80 hubo una serie llamada HILL STREET BLUES que revolucionó la serie policial, y su impacto fue enorme para futuras series policiales. Creo que el éxito de la serie THE SOPRANOS inspiró el nacimiento de muchos canales para la televisión por cable. Para la televisión abierta el formato de la serie 24, en donde cada episodio pasaba en tiempo real, también fue impactante. Es una de mis series favoritas de todos los tiempos!

 

-¿Cuáles son tus planes a largo plazo?

Sencillo: seguir haciendo lo que me apasiona, pase lo que pase.

 

-¿Algo más que quisieras agregar?

Siempre haz tiempo para hacer lo que te gusta, porque así tendrás una vida feliz.

 

 Enlaces Externos: Wikipedia

El hijo pródigo

El hijo pródigo

 

Serge Lifar and Michael Fodorov in Prodigal Son, 1929.

 

 

El hijo pródigo es un ballet en 3 cuadros de George Balanchine, con música de Sergei Prokofiev , libreto de Boris Kochno , decorado y vestuario de Georges Rouault .

Inspirado en la parábola bíblica del Evangelio según San Lucas , la obra fue creada por los Ballets Rusos de Sergei Diaghilev en París el 21 de mayo de 1929 y tuvo como artistas principales a Serge Lifar y Felia Dubrovka.
El hijo pródigo fue el último ballet montado por Diaghilev dado que falleció poco tiempo después. Esto también alejó a Prokofiev de sus vinculaciones principales en Europa Occidental

HISTORIA

En 1929 Diaghilev le encargó a Prokofiev la música para un ballet, El hijo pródigo, basado en la parábola evangélica. La obra fue estrenada el 21 de mayo de 1929 en el Teatro Sarah Bernhardt de París, con coreografía de George Balanchine y con el destacado bailarín Sergei Lifar en el rol principal.

El Hijo pródigo es una de las pocas obras narrativas de Balanchine. La puntuación de gran alcance por Sergei Prokofiev, los decorados y el vestuario del pintor George Rouault, utiliza la diversidad de su vocabulario para escenificar una obra llena de emociones. El ballet duró apenas hora y media, pero su coreografía, vestuario y escenario establecieron un estándar dorado para los tratamientos artísticos de las historias bíblicas. El ballet introdujo uno de los papeles más importantes en la danza moderna, la Sirena, que representaba a la prostituta con la que el hijo más joven tiene trato en un solo verso de la historia bíblica. En el ballet, la escena de la Sirena ocupa completamente un tercio de todo el tiempo dramático. El Ballet del Hijo Pródigo muestra el tipo de transformaciones que ocurren cuando los textos bíblicos se mueven no sólo de un lenguaje a otro, sino de un medio a otro.

El libreto, basado en la parábola en el Evangelio de San Lucas conocida como parábola del hijo perdido o el Hijo Pródigo era de Boris Kochno , quien añadió una buena dosis de drama y destacó el tema del pecado y la redención que termina con el regreso del hijo pródigo. Dado que la parábola no dice cómo el hijo malgasta su propiedad, Boris Kochno escribió el libro llenando los espacios vacíos de la historia original. Presentó en imágenes la historia del hijo pródigo: el primero, un venerable anciano en bata y con un adolescente con problemas a quien le da una beca y su bendición apresurada. La siguiente imagen muestra a un joven libertino sentado en compañía de amigos falsos y mujeres desvergonzadas. Después, el adolescente en ruinas, andrajoso,  cuyo rostro expresa su pesar y arrepentimiento. Finalmente, el regreso del hijo al padre; el viejo hombre, que llevaba el mismo sombrero y vestido con el mismo atuendo, se apresura a cumplir con el hijo pródigo que se arrodilló; en el fondo un cocinero mata a un ternero cebado, y el hijo mayor que cuestiona sobre las razones de tal alegría.

La coreografía de Balanchine no fue del agrado de Prokofiev, quien dirigió el estreno. El compositor había previsto una producción con un concepto de la sirena recatada que difería radicalmente de Balanchine por lo que Prokofiev se negó a pagar regalías por la coreografía. Sin embargo, El hijo pródigo fue recibido con entusiasmo por el público y la crítica, y fue uno de los primeros de los ballets de Balanchine que lo llevaron a alcanzar reputación internacional.

El estreno del ballet resultó mucho más interesante como pieza arqueológica que como espectáculo de danza. Causó una revolución para la mentalidad de la época que supuso la aparición de Balanchine como coreógrafo. Fue vuelto a montar en 1960 con Edward Villella en el papel. Mikhail Baryshnikov hizo lo propio con el Ballet de la ciudad en 1979, y Damian Woetzel lo bailó en su actuación de despedida el 18 de junio 2008.

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ARGUMENTO

 

Primer Cuadro

Habiendo recibido parte de su herencia, el hijo pródigo abandona la casa paterna acompañado de dos amigos de confianza.

Segundo Cuadro

El hijo pródigo participa de un festín y se deslumbra con una mujer de la vida. Sus amigos lo emborrachan y robándole su dinero, lo abandonan. Cuando vuelve en sí, el joven se lamenta de su mísera situación.

Tercer Cuadro

El hijo pródigo, arrepentido, vuelve al hogar paterno.

 

 

Don Quijote

Don Quijote

 

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Basada en la novela de Miguel de Cervantes, Don Quijote narra la historia de Alonso Quijano, un distinguido campesino que sueña con convertirse algún día en un legendario caballero medieval. Trastornado por la lectura de las novelas de caballería se convierte en caballero andante y lucha contra terribles monstruos y maléficos hechiceros. Un  caballero de aquellos que siempre rescataban a bellas princesas y que finalmente se casaban con ellas.

Pero los caballeros de su época eran plenos defensores de la justicia en la que los pobres pagaban con sus vidas. Junto con su fiel escudero, Sancho Panza, emprenderá un viaje lleno de las más disparatadas y fantásticas aventuras en el que adoptará el nombre de Don Quijote de la Mancha para ganarse la admiración y el amor de su dama, Dulcinea del Toboso.

Título original: Don Quixote

Año: 2000

Género: Aventuras. Drama

País:  Estados Unidos

Director: Peter Yates

Guión: John Mortimer – basado en la Novela de Miguel de Cervantes

Música: Richard Hartley

Fotografía:David Connell

Reparto: John Lithgow, Bob Hoskins, Isabella Rossellini, Vanessa L. Williams, Lambert Wilson, Amelia Warner, Tony Haygarth, Peter Eyre, Lilo Baur, James Purefoy

Productora: Hallmark Entertainment