La Bayadera

La Bayadera

 

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La bayadera es un ballet en tres actos con música de Ludwig Minkus, libreto creado por Sergei Kuschelok y Marius Petipa, con coreografía de Marius Petipa. Está inspirado en dos dramas del poeta hindú Kalidasa. Se estrenó en el Teatro Bolshói de San Petersburgo el 23 de enero de 1877. El personaje de Soros lo bailó Lev Ivánov, quien luego se convertiría en una de las figuras cimeras de la danza clásica. Está considerada, desde su estreno como una de las mayores producciones de la historia del Ballet Bolshoi.

El compositor Minkus trabajó en estrecho contacto con el coreógrafo Petipa y logró una de sus más notables composiciones. Varias estrellas del ballet clásico han obtenido grandes lauros por su desempeño en esta obra: entre éstas Anna Pávlova quien alcanzó su primer gran éxito en 1902 interpretando a Nikiya y Rudolf Nuréyev quien en 1958 causó fascinación en la misma ciudad donde se estrenara la obra cuando añadió a la variación de Solor ciertos toques.

Esta obra, ambientada en la exótica y misteriosa India, es una historia de amor y odio que nos adentra en el amor imposible entre Nikiya, una bailarina del templo enamorada de Solor, un guerrero de la nobleza que le promete amor eterno. La Bayadera es una invitación al exótico mundo de oriente, con princesas indias y coloridos personajes que forman parte de un relato que combina lo dramático, lo romántico, el poder y la traición.

La palabra “bayadera” hace referencia a las mujeres consagradas a la danza por la religión, las “devadasi” en la India, donde llegaron los navegantes portugueses y las llamaron “bailadeiras”, de donde ha derivado a “bayaderas”. Así, este ballet nos presenta uno de los temas que fascinaron a los románticos del siglo XIV, la visión idealista del Oriente con sus bailarinas  y su exotismo.

Solor, noble guerrero, al regresar de la cacería del tigre manda a llamar a Nikiya, quien es bayadera del templo. De ella está enamorado elGran Brahman pero ésta le rechaza bajo la excusa de que él es un sacerdote del templo. La bailarina sagrada va al encuentro del guerrero pero el Brahman la sigue y ve como Solor le promete solemnemente sobre el fuego su fiel amor eterno a la joven. En un arranque de furia el espía jura invocar la ira de los dioses como venganza.

El Rajah de la provincia, en recompensa al valor del guerrero le ofrece la mano de su hermosa hija Gamzatti, por quien queda al instante deslumbrado a pesar de su juramento a Nikiya. Solor no tiene voluntad para rechazar el bondadoso ofrecimiento y el festejo por tal evento comienza con la misma llegada del Gran Brahman que revela al padre de la prometida el pacto entre el guerrero y la joven bayadera, quien tendría que bailar también en la fiesta. Gamzatti, que escondida ha escuchado la conversación, trata de persuadir a su rival de que abandone a Solor a cambio de lujosos presentes y alhajas. Ella no acepta y en medio de su desesperación intenta herir a la princesa, quien se promete tomar venganza.

En los jardines reales del Rajah se harán grandes celebraciones en honor al casamiento de su hija con el guerrero, donde también tendrá que danzar Nikiya. Durante su actuación le entregan una cesta de flores de parte de Solor que fue realmente preparada por Gamzatti quien ocultó una serpiente, que muerde mortalmente a la bailarina cuando está oliendo la fragancia de las flores. El Brahman, aún enamorado, le ofrece un antídoto que ella rechaza al ver la pareja de recién casados. A su muerte Solor queda destruido.

En medio de su abatimiento, el guerrero tiene visiones en las que Nikiya se le aparece desde el reino donde habita ahora y le dice a Solor que ella ha sido bendecida para protegerlo. Si él tiene fe en ella y se mantiene fiel, éste alcanzará la paz eterna y estará siempre protegido. Entre las sombras Solor realiza su última danza y despierta luego en extremo consternado por la visión de su amada. La escena del Reino de las Sombras está considerada una gloria coreográfica mundial; en especial por la entrada de 32 bailarinas, interpretando espectros de bayaderas, desde una rampa de dos metros de alto bailando una serie de arabesques.

 

ARGUMENTO

 

Acto I, Escena I. El bosque sagrado, delante del templo

Los guerreros regresan de una gran cacería y Solor, el más noble de todos, se une a ellos.
Solor reclama que le dejen solo, para así orar ante la Llama Sagrada; pero, una vez que han partido los guerreros, Solor pide al fakir Magdaveya que organice un encuentro con Nikiya, bayadera del templo. Los sacerdotes y el Gran Brahmán llegan y ordenan a Magdaveya que reúna a los otros fakires, con el fin de preparar la Llama Sagrada para las inminentes celebraciones.
Las bayaderas hacen su aparición, entre ellas Nikiya, que ha sido elegida para alcanzar el rango de Gran Bayadera. El Gran Brahmán, fascinado por su belleza, le declara su amor; pero ésta le rechaza al ser él un hombre de Dios. Las ceremonias comienzan y las bailarinas llevan agua a los fakires. Magdaveya comunica a Nikiya los deseos de Solor. La joven consiente, pero el Gran Brahmán advierte esa conversación y comienza a sospechar que la joven guarda algún secreto.

La ceremonia finaliza y los asistentes retornan al templo. Magdaveya aconseja a Solor que se oculte en el bosque para esperar a Nikiya. Cuando ésta llega, ambos jóvenes se juran amor eterno ante la Llama Sagrada. Sin ser visto, el Gran Brahmán observa desde el interior del templo y espía a los amantes. Cuando ellos se separan, el Gran Brahmán, furioso, invoca a los dioses para que Solor sea destruido.

Acto I, Escena II. Una sala del palacio

Los guerreros son invitados a palacio para rendir homenaje a Solor. El Rajah anuncia que, en recompensa por el valor del joven, le entregará a éste la mano de su hija Gamzatti en matrimonio. Al serle presentada, Gamzatti se retira el velo y Solor queda deslumbrado ante su belleza. A pesar de estar unido a Nikiya por un juramento, el joven no puede resistirse a su encanto ni rechazar el ofrecimiento del Rajah. La fiesta comienza con la llegada del Gran Brahmán que revela al Rajah los lazos que existen entre Solor y la bayadera.

El Brahmán supone que el Rajah eliminará a Solor. Sin embargo, para su sorpresa, el propósito del gobernante es dar muerte a Nikiya. Gamzatti, escondida, escucha toda la conversación. Decide entonces, encontrarse con Nikiya y trata de persuadirle para que abandone a Solor. La bayadera, desesperada, intenta herir a Gamzatti, pero es detenida por Aya, una sirvienta. Nikiya huye y Gamzatti, al igual que su padre, decreta la muerte de la bayadera.

Acto I, Escena III. El jardín del palacio

Se anuncia un gran festín para celebrar el compromiso entre Gamzatti y Solor. El Gran Brahmán impulsa a Nikiya a bailar en la ceremonia, pero ella rehúsa. La sirvienta de Gamzatti, Aya, le entrega una cesta con flores, diciéndole que es un presente de Solor. Pero entre las flores se oculta una mortal serpiente, enviada por Gamzatti y el Rajah. El áspid muerde a Nikiya, cuando ésta se dispone a oler la fragancia de las flores. El Gran Brahmán le ofrece un antídoto, pero cuando ella ve a Gamzatti y a Solor juntos rechaza la cura.

Acto II. La tienda de Solor

Desesperado por la muerte de la hermosa bayadera, y bajo la influencia del opio, Solor ve a Nikiya en el Reino de las sombras, muerta y multiplicada su imagen por espectros de bayaderas. Junto a ella, Solor evoca su danza ante la Llama Sagrada. El guerrero continúa atrapado por la fascinante visión de Nikiya cuando hacen su aparición sus compañeros para prepararle para la boda.

Acto III. El Templo

Bajo la sombra del Gran Buda, un ídolo de bronce danza mientras el Gran Brahmán y los sacerdotes preparan la ceremonia nupcial. Los novios hacen su entrada rodeados de bayaderas, que ejecutan una danza ritual: símbolo de la Llama Sagrada que brilla ante el templo. El Rajah, Gamzatti y Solor bailan, pero el guerrero es continuamente asaltado por la visión de Nikiya.
Durante las danzas aparece misteriosamente un cesto con flores, idéntico al que provocó la muerte de la bayadera; Gamzatti, aterrada y atormentada por la culpabilidad, solicita a su padre que apresure la ceremonia.

El Gran Brahmán pronuncia los ritos sagrados, en medio de la indecisión de Solor. Los dioses, furiosos, desencadenan su venganza: el templo y todos los presentes son destruidos. Las almas de Nikiya y Solor se unen, finalmente, en un amor eterno.

 

El hijo de la novia

El hijo de la novia

 

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Rafael Belvedere (Ricardo Darín) no está conforme con la vida que lleva. No tiene ideales, vive metido hasta en el restaurante fundado por su padre (Héctor Alterio), no tiene jamás tiempo para estar con su gente. Está divorciado y no se ha tomado el tiempo suficiente para ver crecer a su hija Vicky , no tiene amigos y prefiere eludir un mayor compromiso con su novia. Además, hace más de un año que no visita a su madre (Norma Aleandro) que sufre de Mal de Alzheimer y está internada en un geriátrico.

El hijo de la novia recibe este título puesto que el personaje principal es el hijo de un matrimonio anciano cuyo padre, un grandioso Héctor Alterio, desea realizar uno de los mayores deseos de su esposa, ahora consumida por el mal de Alzheimer: casarse por la iglesia.

Rafael sólo quiere que lo dejen en paz. Pero una serie de acontecimientos inesperados lo obligarán a replantearse su situación. Y en el camino, le ofrecerá apoyo a su padre para cumplir el viejo sueño de su madre.

 

Título original: El hijo de la novia

Año: 2001

Género: Drama. Comedia

Director: Juan José Campanella

Guión: Fernando Castets, Juan José Campanella

Música: Ángel Illarramendi

Fotografía: Daniel Shulman

Reparto: Ricardo Darín, Héctor Alterio, Norma Aleandro, Natalia Verbeke, Eduardo Blanco, Gimena Nóbile, Claudia Fontan, David Masajnik, Atilio Pozzobon, Salo Pasik

Productora: Coproducción Argentina-España; Pol-Ka Producciones / Jempsa / Patagonik Film Group / Tornasol Films

Película nominada al Oscar para ” Mejor película de habla no inglesa”

 

Día del Trabajador

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“Trabajáis para seguir el ritmo de la tierra y del alma de la tierra.

Porque estar ocioso es convertirse en un extraño en medio de las estaciones -y salirse de la procesión de la vida, que marcha en amistad y sumisión orgullosa hacia el infinito.

Cuando trabajáis, sois una flauta a través de cuyo corazón el murmullo de las horas se convierte en música.

¿Cuál de vosotros querrá ser una caña silenciosa y muda cuando todo canta al unísono?

Se os ha dicho siempre que el trabajo es una maldición y la labor una desgracia.

Pero yo os digo que, cuando trabajáis, realizáis una parte del más lejano sueño de la tierra, asignada a vosotros cuando ese sueño fue nacido.

Y, trabajando, estáis, en realidad, amando a la vida. Y amarla, a través del trabajo, es estar muy cerca del más recóndito secreto de la vida.

Pero si, en vuestro dolor, llamáis al nacer una aflicción y al soportar la carne una maldición escrita en vuestra frente, yo os responderé que nada más que el sudor de vuestra frente lavará lo que está escrito.

Se os ha dicho también que la vida es oscuridad y, en vuestra fatiga, os hacéis eco de la voz del fatigado.

Y yo os digo que la vida es, en verdad, oscuridad cuando no hay un impulso.

Y todo impulso es ciego cuando no hay conocimiento.

Y todo saber es vano cuando no hay trabajo.

Y todo trabajo es vacío cuando no hay amor.

Y cuando trabajáis con amor, os unís con vosotros mismos, y con los otros, y con Dios.

¿Y qué es trabajar con amor?

Es tejer la tela con hilos extraídos de vuestro corazón como si vuestro amado fuera a usar esa tela.

Es construir una casa con afecto, como si vuestro amado fuera a habitar en ella.

Es plantar semillas con ternura y cosechar con gozo, como si vuestro amado fuera a gozar del fruto.

Es infundir en todas las cosas que hacéis el aliento de vuestro propio espíritu.

Y saber que todos los muertos benditos se hallan ante vosotros observando.

He oído a menudo decir, como si fuera en sueños: El que trabaja en mármol y encuentra la forma de su propia alma en la piedra es más noble que el que labra la tierra.

Aquel que se apodera del arco iris para colocarlo en una tela transformada en la imagen de un hombre es más que el que hace las sandalias para nuestros pies.

Pero, yo digo, no en sueños, sino en la vigilia del mediodía, que el viento no habla más dulcemente a los robles gigantes que a la menor de las hojas de la hierba.

Y solamente es grande el que cambia la voz del viento en una canción, hecha más dulce por su propio amor.

El trabajo es el amor hecho visible.

Y si no podéis trabajar con amor, sino solamente con disgusto, es mejor que dejéis vuestra tarea y os sentéis a la puerta del templo y recibáis limosna de los que trabajan gozosamente.

Porque, si horneáis el pan con indiferencia estáis horneando un pan amargo que no calma más que a medias el hambre del hombre.

Y si refunfuñáis al apretar las uvas, vuestro murmurar destila un veneno en el vino.

Y si cantáis, aunque fuera como los ángeles, y no amáis el cantar, estáis ensordeciendo los oídos de los hombres para las voces del día y las voces de la noche.”
Khalil Gibrán

 

El porqué de esta fecha

 

El 1° de mayo se conmemora en todo el mundo el Día Internacional del Trabajador en homenaje a los llamados Mártires de Chicago, grupo de sindicalistas anarquistas que fueron ejecutados en 1886. Ese mismo año, la Noble Order of the Knights of Labor, una organización de trabajadores, logró que el sector empresarial cediese ante la presión de las huelgas por todo el país.

Entonces, el presidente de Estados Unidos, Andrew Johnson, promulgó la Ingersoll estableciendo ocho horas de trabajo diario. Como los empleadores se negaron a acatarla, los trabajadores de la ciudad industrial de Chicago iniciaron una huelga el 1º de mayo, que comenzó con una manifestación de más de 80.000 trabajadores liderados por Albert Pearsons.

Ese movimiento había sido calificado como “indignante e irrespetuoso”, “delirio de lunáticos poco patriotas”, y manifestando que era “lo mismo que pedir que se pague un salario sin cumplir ninguna hora de trabajo”.

A partir de allí, el conflicto se fue extendiendo a otras ciudades norteamericanas, logrando que más de 400.000 obreros pararan en 5.000 huelgas simultáneas. La magnitud del conflicto causó preocupación al gobierno y al sector empresarial, que creyeron ver en las manifestaciones y huelgas el inicio de una revolución anarquista.

Sin embargo, la fábrica Mc. Cormik de Chicago no reconoció la victoria de los trabajadores y el 1º de mayo de aquel año la policía disparó contra los manifestantes que, a las puertas de la fábrica, reivindicaban el nuevo acuerdo. Durante los siguientes días murieron más trabajadores, hasta que el día 4 una bomba estalló contra las fuerzas policiales, suceso conocido como “el atentado de Haymarket”.

El 21 de junio de 1886 comenzó el juicio a 31 obreros acusados de haber sido los promotores del conflicto. Todos fueron condenados, dos de ellos a cadena perpetua, uno a 15 años de trabajos forzados y cinco a la muerte en la horca. La culpabilidad de los condenados nunca fue probada.

La fuerza de la organización obrera se extendió a distintos países del mundo. En 1889, se conformó la Segunda Internacional de los trabajadores; durante su primer congreso realizado en París en conmemoración de la Revolución Francesa, sus integrantes adoptaron una resolución respecto del 1° de Mayo como el día en que los trabajadores debían demandar a los poderes públicos y obligarlos a reducir legalmente a ocho horas la jornada de trabajo. Se había elegido ese día en alusión expresa a los mártires de Chicago.

88-Portada

88-portadaMESDE-abril

Doña Primavera
viste que es primor,
de blanco, tal como
limonero en flor.

Lleva por sandalias
una anchas hojas
y por caravanas
unas fucsias rojas.

¡Salid a encontrarla
por esos caminos!
¡Va loca de soles
y loca de trinos!

Doña Primavera,
de aliento fecundo,
se ríe de todas
las penas del mundo…

No cree al que le hable
de las vidas ruines.
¿Cómo va a entenderlas
entre los jazmines?

¿Cómo va a entenderlas
junto a las fuentes
de espejos dorados
y cantos ardientes?

De la tierra enferma
en las hondas grietas,
enciende rosales
de rojas piruetas.

Pone sus encajes,
prende sus verduras,
en la piedra triste
de las sepulturas…

Doña Primavera
de manos gloriosas,
haz que por la vida
derramemos rosas:

Rosas de alegría,
rosas de perdón,
rosas de cariño
y de abnegación.

Gabriela Mistral

Editorial

VI Encuentro de Escritores y Amigos en Red

 

encuentro

A fines de Marzo se llevó a cabo VI Encuentro de Escritores y Amigos en Red, encuentro organizado por el portal amigo “Letras y algo más”, donde personas de diferentes países nos reunimos para compartir trabajos y disfrutar de amistad más allá de lo virtual que se da el resto del año.

He tenido el honor de haber participado del encuentro en representación de www.poetastrabajando.com  y haber conocido a un grupo de gente maravillosa que tendió su mano amiga generosamente.  Quiero agradecer en particular a Cynthia harte Rayón, el motor que impulsó a que me sumara a esta convivencia, y a todos que me hicieron sentir realmente muy cómoda, he disfrutado esos tres días que pasaron más rápido de lo que hubiera deseado. No quiero nombrarlos porque corro el riesgo de que alguno me quede en el tintero y en verdad mi agradecimiento es para todos.

Me emocionó mucho la emoción de Cynthia al recibir un merecido reconocimiento a su labor. Y valoro inmensamente el gesto nacido en compañeros de letras para con ella. ¡Felicidades!

Deseo que en los años próximos se sumen más escritores a esta iniciativa. Buenos Aires nos espera con las manos abiertas, sería algo grande que podamos hacer una convivencia con todos. Les garantizo que los momentos que van a vivir valen por todos los esfuerzos de llegar hasta allá.

Nuevamente, ¡Gracias a todos! ¡Un abrazo grande y espero poder verlos de nuevo en el próximo encuentro!

Leonor Aguilar

 

Mensaje de Russo Dylan- Galeas para el VI Encuentro de Escritores y Amigos en Red

 

Antes que nada o de algo quiero enviarles un saludo fraternal todos los miembros, lectores y amigos de Letras y algo más.
Un saludo muy especial a Cynthia Harte Rayón, quien por cosas del destino y maravillas de las letras hizo que nos encontráramos en el inmenso corral de la Internet.  A vos Cynthia, incansable trabajadora del arte, amiga, compañera de las letras hermana mi abrazo y mi gratitud

Me resulta de maravilla saber que Letras y algo más están unidos en actividades comunes y más aún saber que Leonor Aguilar, co administradora de  www.poetastrabajando.com esté disfrutando de la alegría que una convivencia literaria ofrece, me es envidiable y me he prometido asistir en un futuro no lejano a esta bella oportunidad que nos regala la vida en la cual hombres y mujeres con un mismo talento, talento muy divino, del amor por la lectura y la creación literaria nos acerca, nos hermana.

Repito mi saludo y reciban desde Canadá mi abrazo.

 Russo Dylan- Galeas

 


Ilopango. Untado de amor y conejito en prado

Ilopango. Untado de amor y conejito en prado

 

Dedicado a María Benigna Núñez Vda. de Caravantes
y  Josefina Valladares Vda. de Ramírez.
Dos flores de plata de Ilopango, mi ciudad natal.
Oro en mi memoria

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Mi corazón es una especie de El Aleph, uno de esos puntos del espacio que contiene todos los puntos, (se me ocurre Borges) todo lo sucedido y vivido están ahí en un mismo instante, ocurriendo, fascinándome en escalofríos, todas mis edades, mis amigos, juegos; todo, como en una película de espejos que se quiebran en infinitas partes y emociones.

El pecho es una almohada humildosa. Tengo que ponerme a exactos centímetros para poder ver y no quedar “corrido y avergonzado”, (me hace eco la locura de Carlos Argentino). Me gusta este juego con mi Aleph aunque lo limite a satisfacciones personales y nada pretenciosas.

Cómo negarme la oportunidad de verme con cuatro años de edad, de la mano de Raquelita, mi madre, corriendito a pasos chiquitos, encaramado en mis Jumping Jacks y cubierto con pantaloncito corto y camisa del Dr. Kildare. Recorriendo las calles de Ilopango y respirando el húmedo aroma que la brisa trae desde el lago, mientras un ruido de aviones hace líneas blancas en el cielo y me alegran.

Ver el rostro bello de la señorita que mi madre llama Maríyita Caravantes, y, ella la muchacha, desde su belleza, su encanto, sus rojos labios; habla sonriente y con precisión cosas del cariño. Mariyita Caravantes, con quedo toque de sus dedos juega con mi pelo. Yo me dejo, me gusto y sonrío. Oír a mi madre saludar a Finita, la muchacha de lindo cabello que con relumbros metálicos ondula sobre mi curiosidad, Finita con rostro de cobre y mirada de estrella me levanta en sus brazos, besa mis mejillas, me llama su niño y me da golondrinas y caramelos desde su pecho al mío. El pecho de las muchachas es un prado calientito, con luna y sol, donde el arrullo tiene su fragancia…

Todos los instantes al mismo tiempo. Mi Aleph palpita o gotea de afuera hacia adentro, Raquelita es una frase de mi hermano, “Raquelita la ojitos de miel” duerme y me guía para siempre, Raquelita tiene su mirada destilando dulzura desde el cielo hacia mi camino.
Raquelita es un prado de flores donde la felicidad corre como conejito inquieto y juguetón,
Raquelita es un sentimiento que se aprieta a mi corazón

El amor de Raquelita aparece con brillo y suavidad en los rostros de Mariyita Caravantes y de Finita. Aquellas muchachas que ahora las veo como dos amapolas del tiempo con pétalos bañados de luna.

La brisa con aroma a lago, jazmines, hortensias, azahares y montañas pasa sobre los techos y calles de Ilopango, acaricia las dos señoras que se sientan juntas en una banca de la vida para ver pasar el viacrucis de la semana mayor.

Mi Aleph me deja untado de lago, de brisa, de perfume, de miel, de amapolas con luna,
de aviones dibujando ruido y líneas blancas, de suavidad y de conejito corriendo en los praderas del amor. Cierro mis ojos y se me agita el corazón.

Russo Dylan-Galeas Maynor

88- Cosecha

88-cosecha

 

 

VINO DE AMOR. – Jorge Sierra

ME SENTIA YO MORIR. – Jorge Sierra

LA VIDA – Jorge Sierra

NO ME VUELVAS A FALLAR. – Jorge Sierra

Tu grito… – huilqui

 Volcán Villarrica – huilqui

AMOR MÉNDIGO – mestre

 DIA DO PAI – Henrique Mendes

EN SU DIA, AMIGOS POETAS. – Jorge Sierra

“Aunque no seas ideal y todo siga igual” – Silencios Oscuros

A LADY JOHANA CUBILLOS SANCHEZ – mestre

TEMPO DE APRENDER – Anajara

 

El primer fin del mundo

El primer fin del mundo

por  Andrés Torres Scott

aatorrescott

 

 

 

Una vez el fin del mundo sucedió. Había, como siempre, los incrédulos por un lado y por otro los fanáticos creyentes que solo por tener la razón se sentían felices a pesar de que perderían todo.

Los signos, como si de una época mitológica y arcaica se tratara, aparecieron uno por uno y tal y como la antigua profecía los identificó. El primero fue un cometa, pasó cerca de la tierra, pero se siguió de largo sin siquiera mirar. El segundo signo fueron grandes mareas que inundaron las ciudades. El tercero fue una plaga de langostas que terminó con las plantas comestibles para el ganado. El cuarto signo, inequívoco, fue la muerte de varios primogénitos debido a una epidemia que los hacía toser sangre, les provocaba fiebre y después los deshidrataba. El quinto signo fue el quiebre de todos los huevos ya listos para eclosionar. El sexto fue el río que se llenó de algas rojas e hizo el agua imbebible. El séptimo y último signo fue el silencio, durante casi una hora reinó un mutismo violento afuera de las ciudades: nada se escuchó, nada se movió, parecía que la vida se había acabado ya.

Y entonces uno de los radiotelescopios ubicados en la órbita terrestre identificó el bólido que se acercaba a la Tierra. Caería cerca de la costa norte, en la zona más habitada y con mejores tierras del planeta. A pesar de la tecnología en comunicación y transporte, los gobiernos de los países no podrían salvar a las razas inteligentes.

Sin orden previa, de forma espontánea, el pueblo decidió reunirse en la plaza central a esperar el fin. Abrazados con un gran esfuerzo por sus cortos brazos, tomados de sus pequeñísimas manos, con lágrimas en los ojos, gargantas secas y quejidos que se escuchaban a cientos de metros de distancia, juntaron sus cuerpos en armonía y dolor. Niños, niñas, que no se conocían minutos antes, lloraban, se consolaban y acariciaban mutuamente sus cabezas. Damas y varones se fundieron juntos al ver sus rostros de tristeza e impotencia en un abrazo de ternura y compasión antes de derretirse bajo el implacable fuego.

Solidarios, los dinosaurios esperaron juntos el final.

La cacería de El Cruzado

LA CACERÍA DE EL CRUZADO

por Hugo Villarroel Ábrego

 

HUGO'S SMILE

 

“Inspector,  espéreme por favor”.

Miró el cielo estrellado y esperó.

“Gracias”.

Le sonrió, entre indulgente y compasivo.

“Creí que tu condición física era superior que la mía”.

El detective Mariano Mitre se limpió el sudor de la frente y tardó unos segundos en contestar.

“Recuerde que soy al menos veinte años mayor que usted”— remató el Inspector Jefe— “No creo que haya pasado de los veintitantos”.

Mitre miró el sendero recién recorrido y señaló con el índice.

“Esta colina tiene ciento cincuenta metros de altura y es muy escarpada, jefe, además el terreno está resbaloso”.

El Inspector Jefe Bartolomé Gracián alumbró en dirección opuesta con su linterna de baterías.

“Vamos… el resto del camino es cuesta abajo”.

Mitre miró en derredor y el espectáculo de dos docenas de linternas titilando en todos los puntos cardinales le pareció épico, como un enjambre de luciérnagas eléctricas.

“Inspector… Si hubiese traído la cámara y el trípode…”

Gracián giró en redondo y sin dejar de caminar le recetó un jaque mate verbal:

“Yo traje mi propia cámara. He visto tus fotos. No valen una mierda. Cállate y sígueme”.

Mitre pensó que la verdadera mierda era ser un detective novato. Los policías de calle le odiaban las tripas de pura envidia y los investigadores veteranos lo ignoraban si no era para asignarle las faenas menos agradables. Una misión como la de aquella noche, por ejemplo, embarrado hasta los tobillos, muerto de calor y atormentado por los mosquitos. Suspiró, resignado. Después de todo era un honor acompañar al legendario Inspector Jefe Gracián en la búsqueda implacable de El Cruzado y su última víctima.

Todo fue por aquella carta que apareció esa misma mañana en su escritorio, en sobre cerrado, sin estampillas ni remitente. Eran unos cuantos renglones escritos a máquina, pero desataron un revuelo inédito en la Delegación. El cadáver de la flamante Ministra de Justicia acababa de ser abandonado en algún sitio al poniente de la ciudad, entre las colinas y el río. El reto era encontrarlo antes que se lo cenaran las criaturas del bosque. Firmaba El Cruzado.

Al cabo de cinco minutos de marcha habían llegado al pie del otro lado de la colina. Un trecho de ciento cincuenta metros los separaba de los márgenes del río, muy caudaloso en aquella época del año como para intentar vadearlo a brazada limpia. Gracián alzó su linterna y la giró en círculos por encima de su cabeza.

“Mitre, si hemos de encontrar a la muertita será en el bosque, tengo esa corazonada… Aquí quedaría muy al descubierto y de seguro no habrá querido hacernos fácil la faena. Vamos, toca el silbato… tres veces… Eso, vamos bajando”.

En menos de diez minutos todos los policías y un puñado de voluntarios se habían congregado alrededor de ellos. Los ánimos no estaban, que se diga, muy en alto.

“Señores, hemos peinado las laderas hasta este punto. Lo más difícil está frente a nosotros: esta zona —extendió el brazo, trazando, un poco teatral, un semicírculo en dirección poniente— es bosque tupido, pero no tanto como para perdernos. Lleven las armas cargadas y sin seguro. Volveremos a vernos en la orilla del río. Tiren al aire y suenen sus silbatos si encuentran algo”.

Ordenó que se dispersaran, siempre en parejas, de modo que pudieran explorar un par de kilómetros en cada dirección, sur y norte.

“No puede estar muy lejos” —Dijo, mirando a Mitre.

“¿Quién? ¿El cadáver o El Cruzado?”

Miró a Mitre con cierto desdén.

“Ambos, muchacho… Ambos”.

 

***

 

“El Cruzado asesinó por primera vez hace once años. Ha seguido matando desde entonces, dos o tres víctimas por año, únicamente policías, de todo rango imaginable, a lo largo y ancho del país”.

Mitre sabía la historia. Aún así, no sin cierta timidez, hizo una pregunta.

“Inspector… Este es un país tan pequeño… ¿Cómo no han podido atraparlo? Digo, no se ofenda, sé que le pisa los talones desde hace tiempo, dicen por ahí —se envalentó al no haber percibido hostilidad en los ojos de Gracián, que ha detenido la marcha para prestarle atención— que usted hasta podría dibujar su rostro de memoria… ¿Exageran un poco, verdad?”

La manaza de Gracián palmoteó el hombro del novato.

“No, Mitre, no exageran… Ven, sígueme, te contaré algo, no alcemos mucho la voz… Pero no te distraigas… Este bosque es el lugar perfecto para una emboscada…”

Las delicadas manos de Mitre transpiraban: el bochorno de una medianoche sin brisa, el miedo de terminar sus días con una cruz de cinco centímetros de profundidad rasgándole el pecho.

“Mira, Mitre, El Cruzado nunca ha traicionado su modus operandi. Es obsesivo y perdona la aparente redundancia de lo que voy a decirle: es un hombre muy religioso —sonrió, sin alegría, encogiéndose de hombros— y estoy convencido que  jamás violaría otro mandamiento”.

Mitre tropezó con un pedrusco y maldijo quedito.

“Ese nombre, ‘El Cruzado’, no solo se refiere a la herida fatal, a su marca de fábrica… ¿Me sigues?”

Mitre cojeaba un poco pero mantenía el paso, sin perderse palabra.

“Sí, a duras penas”.

El Inspector avanzaba sin vacilar entre los árboles, chaparros pero tupidos. El fragor de la corriente —era un tramo de rápidos— se oía cada vez más cercano.

“El Cruzado es, en realidad, un ejecutor, un ángel exterminador”.

Mitre lo toma del brazo.

“Inspector, habla de él con admiración”.

“Detente”

“¿Dije algo indebido?”

“No, pero quiero dejar algo en claro. Después de tanto tiempo de estudiar cada detalle de sus víctimas… Cada uno de esos policías granujas recibió su merecido. No me malinterpretes —la mueca del rostro del novato le forzaba a aclarar sus palabras— El Señor dijo: ‘Mía es la venganza’. Esto, tomar la justicia en sus manos, lo ha convertido en un paria… Y eso merece un castigo”.

“Pero… buscamos a la señora Ministra de Justicia… ¿Qué puede haber hecho ella de malo? Y, en todo caso, ¿por qué está tan seguro que ese criminal sigue en los alrededores?”

El Inspector Jefe se rascó la cabeza antes de contestar.

“Es lo que no me gusta de este asunto, detective… esta mujer prometía… Yo hubiera jurado que estaba dispuesta a barrer la casa y sacar la mugre a la calle. El por qué la mató El Cruzado me atormenta, que se haya desviado tanto de sus procedimientos de siempre. Y lo de la carta tampoco tiene sentido. Él nunca escribe cartas. Y en todo caso por qué se la hizo llegar a usted… Justo a usted…”

“Un novato de mierda, que no sabe un carajo de nada”.

“Exacto”.

“Muchas gracias, jefe, tan amable…”

Ambos guardaron silencio. Como el Inspector Gracián no se dignó a hablar más Mitre tampoco se atrevió a seguir cuestionando cosas. Casi habían llegado al río cuando el Inspector Jefe se llevó un dedo a los labios, le puso la mano en la cabeza y sin mucha delicadeza obligó al novato a ponerse en cuclillas detrás de unos arbustos.

“¿Oíste?”

Pasó un minuto, interminable para Mitre, que amartilló el arma de reglamento.

“Ahí está ese ruido de nuevo… ¿Oyes?”

Esta vez el rumor de hojas secas pisoteadas se escuchó, nítido, entre las sombras, muy cerca, quizá a unos pocos pasos. A Mitre le temblaban las manos y gotas de sudor se le filtraban entre los párpados.

La linterna del Inspector Gracián dibujó un círculo de claridad en la negrura. En un pequeño claro en la vegetación, desnudo de la cintura hacia arriba, yacía el cuerpo de una mujer, con los brazos abiertos en cruz. Otra cruz era visible, labrada burdamente a cuchillo en el centro del pecho de la muerta. Una miríada de hormigas se daba un festín con los restos, entrando y saliendo de la herida. Un puerco de monte que hozaba en el rostro de la víctima, gruñó, azotó la tierra con sus pezuñas y salió corriendo. Mitre vomitó la cena y sintió su cabeza girar, bañándose de sudor frío y pegajoso.

 

***

 

“Mitre, despierta, carajo”.

El Jefe Inspector Bartolomé Gracián se había sentado sobre una piedra, con la espalda apoyada contra un árbol. Contraviniendo todas las normas forenses fumaba copiosamente: al menos eso delataba el puñado de colillas que se amontonaban cerca de su mano derecha. Mitre tenía la camisa abierta y suelto el nudo de la corbata. Ya no sudaba. Trató de incorporarse pero no pudo. Estaba atado de brazos y piernas, cada extremidad sujeta por un lazo a estacas clavadas en la tierra.

“Hay que ser un pendejo redomado para venir de cacería vestido de burócrata”.

Iba a protestar pero el Inspector le demandó silencio con un gesto enérgico.

“Hace más de una hora que despaché a los patrulleros. Solo quedamos tú y yo, puedes gritar si quieres pero preferiría que conversáramos, si no te es molesto…”

“¿Qué le pasa Jefe? ¿Por qué? ¡Usted sabe que no soy El Cruzado! Mierda, me duele todo el cuerpo… ¡Suélteme!”

“No seas idiota, Mitre, más respeto, por favor… Sé que no eres El Cruzado… Porque El Cruzado soy yo.

El Cruzado observaba a Mitre con la concentración digna de un avezado médico examinando a un paciente. A pesar de sus protestas airadas, el novato estaba demasiado tranquilo como para el trance mortal en que parecía encontrarse. Estaba seguro que el escenario que había montado era más que convincente para que el novato se cagara en los pantalones con las primeras de cambio.

Bartolomé se incorporó, para estirar las piernas. Era alto y grueso, con un notable desarrollo muscular, pero aparentaba estar en sus sesentas y no en su edad real: fumaba demasiado, comía y bebía como vikingo y todo su cabello había encanecido antes de tiempo.

“Mariano… Ya sabes quién soy yo. Pero también sabes perfectamente que yo no maté a esa mujer. Por eso te he traído hasta acá, porque era evidente que eres un maldito mentiroso, inventando la patraña de una carta que yo jamás escribiría. Solo te pido algo: dime por qué lo hiciste, por qué trataste de inculparme haciendo una copia tan burda e infame de mi trabajo, y…—enfatizó su última frase destacando cada sílaba a centímetros de su desdichado prisionero— dime la verdad a la primera, sin excusas, de un tirón… o aquí mismo te conviertes en mi muertito número treinta y tres”.

Mariano Mitre sonrió y luego, sin poder contenerse, lanzó una carcajada. El Cruzado estaba, por vez primera en mucho tiempo, confundido.

“Entré a la fuerza policial hace menos de dos años, usted lo sabe porque desde que le dieron la carta escrutó revés y derecho mi expediente… Jefe, he estudiado cada uno de estos crímenes desde que era un muchacho. He recortado cada hoja de periódico, cada artículo de revista sobre el tema. Siempre pensé que era el trabajo de otro policía… Era claro, las víctimas no se sentían amenazadas hasta el último segundo, nunca sospecharon que el vengador comía de su mismo plato y patrullaba las mismas calles. Cuando tuve acceso a los archivos me tomó meses llegar a formular una hipótesis sólida… pero era una hipótesis a toda prueba. Su talón de Aquiles, jefe, era su pasión por los detalles y, como ya lo dijo, el apego obsesivo al mismo modus operandi, una y otra vez —sonrió, triunfal, como si se hubiese sacado un diez en todas las materias—… Así que al aparecer un imitador, en especial un imitador torpe y tan burdo… estaba seguro que el verdadero Cruzado no tardaría en salir de las sombras, furioso y exigiendo explicaciones”.

Mariano seguía sonriendo, extasiado con la precisión de sus predicciones, gozando con el desconcierto que su jefe no podía ni quería disimular. Bartolomé volvió a sentarse, sacó una cantimplora del bolsillo de su casaca impermeable y bebió un sorbo.

“Idiota, pero te desmayaste”.

“Eso no puede fingirse, jefe. Vomité hasta el alma al acuchillarla, pero al ver a esas criaturas comiéndose a la muerta, eso fue el acabóse”.

El Cruzado sacó su navaja de bolsillo y cortó las ligaduras de Mitre.

“¿Por qué ella?”

El novato se puso serio.

“Busque el nombre de mi padre en los registros policiales. Luego verifique quién lo condenó a muerte… Lástima que el verdadero implicado en ese crimen apareció hasta algunos años más tarde… Un pequeño error del benemérito Sistema Judicial…”

Le pasa la cantimplora y Mitre apura de un sorbo el resto del contenido. Era ron barato, pero no le importó.

“Vete”.

“No”.

“Sé que no me denunciarás y yo no te denunciaré. Es un trato justo”.

“Es cierto, pero ahora que soy su asistente personal seré pronto ascendido y El Cruzado necesita un escudero”.

Llamaron por radio a la Delegación. Tomaron fotografías, recogieron evidencia y volvieron sobre sus pasos. Al novato le tocaría escribir los odiosos informes.

Era casi la hora del desayuno.

Infancia – Soraya Souto

Infancia

 

infancia

Ela era ainda muito nova, quando seus pais perceberam seu temperamento audacioso e a mente inquieta.
Única menina entre quatro irmãos, surpreendia a todos quando abandonava as delicadas bonecas, presentes caros que recebera, e corria pelo quintal em barulhentas brincadeiras com os irmãos. Sem sentir medo, subia até os últimos galhos das mangueiras, e trazia consigo doces frutos para ofertar à mãe.
Outras vezes saía a perseguir calangos, para transformá­los em seres mágicos, com quem conversava por horas, antes de soltá­los no jardim.
Algumas vezes voltava para casa com cicatrizes dolorosas: sinais de quedas ou aventuras pela vizinhança. Nessas ocasiões, ouvia de cabeça baixa as infindáveis recriminações dos pais, e aceitava sem rancor o castigo imposto: dias sem sair de casa, em que ficava à janela olhando o jardim.
Mas depois de algum tempo, durante uma tarde com o pai, bastava que o envolvesse pelo pescoço e prometesse se comportar, para que ele cedesse às suas vontades, e de novo a libertasse para o sol do quintal, e inúmeras brincadeiras que aquele ambiente proporcionava.
Até que um dia, a idade de estudar chegou, e os pais decidiram que a menina de cabelos desalinhados, joelhos marcados e sujos, iria, como todas as meninas na época, para o colégio interno. Nem mesmos as lágrimas derramadas, e o pavor estampado nos doces olhos da criança, foram capazes de comover a família.
Quando partiu, deixou para trás todos os sonhos e fantasias infantis, e enfrentou com um mínimo de coragem a nova vida que lhe foi apresentada.
Trocou o quintal pelas salas de estudo, e as brincadeiras pelas orações e tarefas da escola. Aos poucos deixou de lembrar do pomar, dos pequenos animais e as corridas com os amigos. Se esqueceu das flores que colhia e prendia nos cabelos, e da fonte do jardim, onde se sentava e mergulhava os pés na água fria.
E quando, por fim, voltou, já mulher feita, andou pela casa à procura de lembranças. Visitou os quartos, abriu janelas e gavetas à procura de antigos objetos.
Ao fim do dia se sentou perto da janela, e abrindo um pequeno caderno que trouxera consigo, começou a escrever. Contou a história da menina que amava a liberdade e o sol no rosto, e vivia em um quintal encantado, de onde não precisava sair nunca, e onde estavam todas as alegrias que uma criança devia viver.

Soraya Souto

¿Primavera o Infierno?

¿Primavera o Infierno?

 

prim.o.inf.

Era una mañana soleada y hermosa! La comunidad escolar de la secundaria oficial se encontraba en el patio de honor. Había tres niveles educativos. Se distinguían por colores para las jovencitas, rosa para primero, azul para segundo y guinda para tercero. Para los barones era igual para todos, verde olivo, parecido a uniforme militar con corbata y cuartelera. Se iniciaban las labores para elegir a la reina de la primavera. Había tres candidatas, una por cada nivel.

Todos habían participado vendiendo boletos, organizando kermes y rifas. El grupo que reuniera la mayor cantidad de dinero, era el ganador. Emocionados habían planeado todas las actividades para lograrlo. Había sido un reto.

Por fin había llegado el tan esperado día. Se estaba realizando el conteo frente a alumnos y profesores, para evitar cualquier inconveniente. Al frente de la contienda iba “la pelona”, que era el apelativo que se usaba para los de primer ingreso.

De pronto, llegó la esposa del rector de una universidad importante. Era la madre de la candidata de tercero.

Sin respeto para nadie, y desde luego, en acuerdo con los directivos, lo cual fue muy obvio. Con autoridad y prepotencia, colocó un fajo de billetes sobre la mesa de “honor” y declaró que su hija era la reina.

Una niña de primero, vestida de rosa como correspondía, y quien se encontraba en la fila de enfrente al grupo. En voz baja, de pronto empezó a renegar, hablando sobre la actitud de la señora, así como la falta de respeto y dignidad de las autoridades, manifestando que eso era una injusticia tremenda.

Una alumna, que tenía el mismo nombre que ella, la empujó, cuando iba pasando la reina impuesta, y ambas caen en forma aparatosa frente a toda la comunidad.

Gran ofensa!. Cómo podía alguien hacer ésto a la hija del pudiente rector?. De pronto, se escucha en el micrófono la voz potente y molesta de la Directora. Por favor la señorita de primero con diadema blanca, preséntese inmediatamente en mi oficina, y los demás alumnos vuelvan a las aulas.

La niña asustada, pues solo tiene once años, trata de explicar la situación. No se le permite ni hablar y es acusada de frente con gran enojo. Y es suspendida de sus actividades por tres meses, que fueron un verdadero infierno!. Sus padres molestos, la tenían castigada, porque la comunidad era pequeña, y recordemos que, en pueblo chico… infierno grande. Cada vez que ellos salían, alguien preguntaba algo, porque querían  saber exactamente que había pasado.

Afortunadamente la niña no perdió el ciclo escolar. Sus amigos y compañeros llevaban los temas y tareas, todas las tardes, mismas que aprovechaban para platicarle como iba todo para su reincorporación.

Esta situación causó gran revuelo e indignación entre los estudiantes. Especialmente el Presidente Salvador, Secretario Jaime y Tesorero Jesús, de la Asociación de Alumnos, más otros, que con madera de líderes justicieros, se reunieron y formaron un comité para defenderla.

Citaron a la Asociación de Padres de Familia, para apoyar. Lograban siempre conseguir un espacio público, donde les permitieran hacer sus reuniones. El micrófono y palabras convincentes eran sus mejores armas. Bastante gente se les unió, porque decían que daba gusto escuchar a jóvenes de trece o catorce años, expresarse con tanta emotividad sobre la injusticia.

La situación se tornó cada vez más difícil. Suspendieron a otros alumnos. Desafortunadamente a pesar de todas las actividades, no se logró aparentemente nada. Pero este evento los marcó para siempre, y fue semillero de hombres y mujeres conscientes, capaces de luchar por la injusticia y sus ideales.

Y ahora que son adultos, ella y sus compañeros, son de los pocos que se atreven a levantar la voz!

Martha Larios