CON EL PUÑO EN ALTO

CON EL PUÑO EN ALTO

 

poetastrabajando.com LetrA – Z envía a todo el pueblo mexicano un abrazo apretado y solidario

A propósito del terremoto, este poema de Juan Villoro

 

Eres del lugar donde recoges
la basura.
Donde dos rayos caen
en el mismo sitio.
Porque viste el primero,
esperas el segundo.
Y aquí sigues.
Donde la tierra se abre
y la gente se junta.  

Otra vez llegaste tarde:
estás vivo por impuntual,
por no asistir a la cita que
a las 13:14 te había
dado la muerte,
treinta y dos años después
de la otra cita, a la que
tampoco llegaste
a tiempo.
Eres la víctima omitida.
El edificio se cimbró y no
viste pasar la vida ante
tus ojos, como sucede
en las películas.
Te dolió una parte del cuerpo
que no sabías que existía:
La piel de la memoria,
que no traía escenas
de tu vida, sino del
animal que oye crujir
a la materia.
También el agua recordó
lo que fue cuando
era dueña de este sitio.
Tembló en los ríos.
Tembló en las casas
que inventamos en los ríos.
Recogiste los libros de otro
tiempo, el que fuiste
hace mucho ante
esas páginas.

Llovió sobre mojado
después de las fiestas
de la patria,
Más cercanas al jolgorio
que a la grandeza.
¿Queda cupo para los héroes
en septiembre?
Tienes miedo.
Tienes el valor de tener miedo.
No sabes qué hacer,
pero haces algo.
No fundaste la ciudad
ni la defendiste de invasores.

Eres, si acaso, un pordiosero
de la historia.
El que recoge desperdicios
después de la tragedia.
El que acomoda ladrillos,
junta piedras,
encuentra un peine,
dos zapatos que no hacen juego,
una cartera con fotografías.
El que ordena partes sueltas,
trozos de trozos,
restos, sólo restos.
Lo que cabe en las manos.

El que no tiene guantes.
El que reparte agua.
El que regala sus medicinas
porque ya se curó de espanto.
El que vio la luna y soñó
cosas raras, pero no
supo interpretarlas.
El que oyó maullar a su gato
media hora antes y sólo
lo entendió con la primera
sacudida, cuando el agua
salía del excusado.
El que rezó en una lengua
extraña porque olvidó
cómo se reza.
El que recordó quién estaba
en qué lugar.
El que fue por sus hijos
a la escuela.
El que pensó en los que
tenían hijos en la escuela.
El que se quedó sin pila.
El que salió a la calle a ofrecer
su celular.
El que entró a robar a un
comercio abandonado
y se arrepintió en
un centro de acopio.
El que supo que salía sobrando.
El que estuvo despierto para
que los demás durmieran.

El que es de aquí.
El que acaba de llegar
y ya es de aquí.
El que dice “ciudad” por decir
tú y yo y Pedro y Marta
y Francisco y Guadalupe.
El que lleva dos días sin luz
ni agua.
El que todavía respira.
El que levantó un puño
para pedir silencio.
Los que le hicieron caso.
Los que levantaron el puño.
Los que levantaron el puño
para escuchar
si alguien vivía.
Los que levantaron el puño para
escuchar si alguien
vivía y oyeron
un murmullo.
Los que no dejan de escuchar.

 

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Serenade

Serenade

 

 

Serenade fue el primer ballet que George Balanchine hizo después de llegar a los Estados Unidos en 1933. Fue creado para los estudiantes en su recién formada School of American Ballet y conserva un toque de sus orígenes de clase. El cuadro de apertura – 17 bailarines reunidos en la inclinación de líneas – se determinó por el número de estudiantes que llegaron a la primera clase. Cuando una chica llegó tarde y otro cayó y se puso a llorar, Balanchine absorbió rápidamente esos incidentes en su coreografía.

Balanchine describió Serenade como “bailarines en movimiento a una hermosa pieza de música. El cuerpo de baile está en movimiento casi constante, que entra y sale de los patrones con una extraordinaria sensación de velocidad. A pesar de 80 años de edad, Serenade es una de las obras más populares de Balanchine – tan amado por el público y los bailarines como lo fue por su creador. Balanchine siguió reelaborando el ballet durante toda su vida, y en la actualidad se lleva a cabo regularmente por empresas de todo el mundo.

La primera representación pública de este ballet fue en Hartford, Connecticut, A very Memorial Theatre, 6 de diciembre de 1934. Fue el primer ballet americano de G. Balanchine y su primera experiencia en el genero de ballet sin argumento. “El único argumento del ballet,-según el coreógrafo,- es la danza debajo de la luna”

Al encanto poético y a la profundamente clásica limpieza coreográfica que hacen de Serenade una de las obras maestras del ballet moderno, se añade el in­terés histórico de esta primera piedra del gran edificio del ballet americano, fundado precisamente sobre la obra creadora y organizadora de George Balanchine. En su Complete Stories of the Great Ballets, el pro­pio coreógrafo ha escrito con admirable sencillez: “Serenade fue mi primer ballet en Estados Uni­dos. Poco después de mi llegada a América, Lincoln Kirstein, Edward Varburg y yo abrimos en Nueva York la School of American Ballet. Entre los cursos establecí una clase nocturna de técnica escéni­ca de la danza… Serenade se ha desarrollado de aquellas lecciones. Me pareció bien hacer bailar a los estudiantes algo nuevo, algo que no hubiesen visto antes. Elegí la Serenata de Tchaikovski. La primera noche constaba la clase de diecisiete muchachas y ningún muchacho. Las dispuse en líneas diagonales y decidí comenzar haciéndoles mover solamente los brazos, como por ejercicio. Este era el comienzo de Serenade. En la segunda lección participaron sola­mente nueve muchachas; en la tercera, seis. Coreo­grafié la música trozo a trozo con los alumnos que tenía a mi disposición en cada momento. Comenza­ron a llegar muchachos a las lecciones y los incluí también a ellos. Una vez, mientras todas las muchachas salían corriendo del lugar que utilizába­mos como escena, una de ellas cayó y comenzó a llo­rar. Dije al pianista que continuase y conserve el epi­sodio en el ballet. Otro día llegó tarde a las clases una de las muchachas, y también puse esto en el ballet”.

 

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¿SEÑALES DIVINAS?

¿SEÑALES DIVINAS?

por Martha Larios (México)

El Gran Misterio
siempre nos contempla.
Aquello está en nosotros,
y nosotros en aquello.
Algún día, conocerlo podremos…
o quizás nunca

En la fresca mañana de marzo, Guadalupe se encontraba con Eli, la guía en un lugar sagrado, las magníficas montañas y edificaciones de Machu Pichu, hablando de sus respectivos países, cuando muy de cerca pasó volando una enorme águila con las alas extendidas en toda su magnitud.

Y Eli, quien es una experta historiadora y conocedora de tradiciones y secretos prehispánicos, expresó con gran emoción… mira Lupita este lugar te recibe con beneplácito. Nosotros pensamos que cuando una águila se aparece en este lugar y en esta hora, es de muy buena suerte para la persona que no es de aquí, especialmente que es uno de los símbolos importantes de tu país.

Siguieron conversando, disfrutando y aprendiendo mutuamente. Al finalizar el recorrido decidieron que el día siguiente volverían a estar juntas, pero en otro lugar mágico, el corazón del condor y el templo de la luna. Acordaron que harían una ofrenda a la Pachamama, madre tierra y Nanantzin Tlalli, la madrecita tierra. Combinación de ambas culturas. Cada una ofrecería elementos correspondientes a sus costumbres y orígenes.

Así fue, hacía frío, parecía que llovería y después de una larga caminata, llegaron al lugar. Todo cambió, el sol tenue pero estaba presente, el frío se calmó, no llovió, así que todas las condiciones parecían ser favorables para lo que planeaban hacer.

Colocadas de rodillas, con las manos, empezaron a hacer un hoyo en la tierra, de aproximadamente quince cms. de profundidad y treinta cms de diámetro. Cada una iba colocando lo que correspondía. Eli inició con hojas de coca, luego con una capa de hojas de maíz frescas. Posteriormente flores blancas y rosas. Eli preguntó por qué rojas y moradas. Guadalupe explicó… porque en los temazcales de mi país, se ofrecen rojas para el camino de los guerreros y moradas para los seres queridos que se han ido. Procedieron con las semillas de quinoa y maíz. Después ambas colocaron pasitas o uvas deshidratadas, pequeños dulces y chocolates, tequila y pisco, que corresponden al mestizaje. Cubrieron la ofrenda, ofreciéndola al Creador del Universo en agradecimiento por ambos países. Terminaron cantando en quechua y náhuatl.

En ese momento y no supieron de donde, aparecieron dos águilas. A lo que Eli expresó: El Creador y la Pachamama agradecen la ofrenda.

Al otro día Guadalupe salió a las dos de la mañana en autobús para llegar después de las ocho a observar el vuelo del condor, la guía de ese día indicó que hacía tres días que el no aparecía, era posible que no pudieran verlo, solo esperarían media hora y si no regresarían. En el largo camino vieron una inmensa planicie donde había miles de ofrendas hechas con piedras que indicaban peticiones que los Incas hacían al Creador.

Al llegar al Colca, ella se aisló del grupo y fue a hacer una pequeña ofrenda similar añadiendo flores, para pedir les permitiera ver el vuelo. Regresó al mirador, y para su sorpresa, empezó a escuchar un silbido maravilloso y característico, el condor estaba en camino y gran espectáculo, poco a poco inexplicablemente fueron llegando, eran siete, si siete hermosos cóndores, como dicen los conocedores, de tres metros al extender sus alas y aproximadamente metro y medio de largo.

La guía le gritaba que debía abordar, solo faltaba ella, pero se encontraba extasiada porque fuera del mirador, exactamente arriba de ella, antes de partir, tres volaban en círculo, era como una especie de despedida magnífica. Para cualquiera,  era una impresión muy fuerte, así que Guadalupe lloró, la emoción era grande.

Pasaron algunos días y debía regresar a su país. Decidió que la ultima mañana, se aislaría de todo para disfrutar del hermoso jardín del lugar donde se hospedaba. Su equipaje ya estaba en recepción. Ni siquiera iría al restaurante, comería frutas frescas y frutos secos, chocolate y agua.

No había nadie, se sentó frente a un hermoso y frondoso árbol cubierto de flores y de pronto como por arte de magia, apareció un gran colibrí, y raro que estuviera parado en la copa del árbol sin moverse, además de que no era muy colorido como normalmente son, pero tras él llegó una cantidad enorme de colibríes de todos colores. Estaba gratamente impresionada, volaban con la rapidez que los caracteriza, subían, bajaban, iban y venían. Y el espectáculo solo era para ella, ¡qué magnífico!!

Decidió grabar para mostrar a sus amigos, pues la cantidad era realmente impresionante. Revisó y no había nada, fue extraño, pensó que lo había hecho mal, intentó dos veces más y pasó lo mismo. En ese momento, le hablaron, ya debía irse, el chofer esperaba, no había tiempo, miró hacia el árbol y ya no había nada.

Camino al aeropuerto llamó a Eli y le comentó. Y la respuesta fue… No era para compartir, era un regalo solo para ti. ¡Feliz viaje, amiga!

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Edición Nº 100

Edición Nº 100

por Gustavo Enrique Mestre Cubillos

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Aunque no acostumbro a enviar escritos a nuestra Revista Literaria LetrA – Z, de Poetas Trabajando.com y aunque por cuestiones académicas y personales tengo tiempos en que no publico ni un poema,  hoy escribo con el ánimo de celebrar la edición No. 100 de esta nuestra Revista Literaria LetrA – Z, y de ensalzar el esfuerzo y la tenacidad que han tenido Russo Dylan Galeas y Leonor Aguilar para mantener las publicaciones constantes que reúnen a un grupo literario interdisciplinario que se mantiene unido por el amor a las letras y poco a poco ofrecen a los lectores la versión digital de ese amor, con el único fin de engalanar los momentos de los con poemas, relatos y noticias que engrandecen la cultura y enseñan un nuevo saber, el saber de la analogía practica descrita de manera metafórica.

Para terminar quiero enviar un abrazo virtual a cada una de las personas que nos leen porque sin ellos nuestros escritos nacerían muertos, también un abrazo inmenso a esta mi familia de letras de Poetas Trabajando.com, con la firme convicción de que cada edición de esta nuestra revista y cada poema que publiquemos hará parte de ese material literario imprescindible para crecer como personas, porque en la mente de quien nos lea quedara la huella de cada vivencia, la huella de nuestros sentires porque se sentirán como propios en cada lector.

Atentamente: Gustavo Enrique Mestre Cubillos

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Una huella en Edimburgo – Henrique Mendes

La 100 y una huella en Edimburgo

Por Henrique Mendes

 

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Una curiosidad:

aa3En Edimburgo, un cartel en un pasaje estrecho franqueado por un arco de piedra, apuntaba una pequeña plaza donde quedaba el Museo de los Escritores ( Writers Museum ).

En el día siguiente, ya lo visitaba, fascinado. Dentro no podían sacarse fotos.

Antes de salir mi esposa firmó el libro de visitas. Después, yo lo hice también. En comentarios, ella había escrito apenas  “wonderful!”. Yo escribí “ great!” . Y fue entonces que sentí  que  con nosotros estaba algo más, que no era apenas la responsabilidad del visitante común. En otra escala, infinitamente más modesta, también nosotros somos criaturas de las letras.

Por eso, en el espacio que restaba delante de mi nombre, escribí (de poetastrabajando.com), y de alguna forma sentí que estaba haciendo eslabones de una cadena más larga e intemporal, pero donde tenemos una presencia que tiene por lo menos la significancia de saberse parte del todo.  Y de seguir haciéndolo vez tras vez a cada nueva letra, a cada nueva Revista LetrA-Z.

Y para mí, esto es el que significa haber llegado en este número 100.

Congratulaciones a todos nosotros. ¡Gracias Russo y Leonor ¡

 

http://www.edinburghmuseums.org.uk/Venues/The-Writers–Museum/Collections/Writers–Collections/Robert-Burns-Collections

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Em portugués

Em Edimburgh, um cartaz  numa passagem estreita  franqueada por um arco de pedra, apontava uma pequena praza onde, dizia, ficava o Museu dos escritores ( Writers Museum ).

No dia seguinte já o visitava, fascinado. Dentro, não podiam tirar-se fotos.

Antes de saírmos, minha esposa assinou o livro de visitas, como fazemos sempre. Depois, eu também o fiz. Nos comentários, ela escreveu apenas “wonderful !”. Eu escrevi “ Great !”. E foi então que senti que connosco estava presente algo mais, que não era apenas a responsabilidade do visitante comum. Numa outra escala, infinitamente mais modesta, também nós somos criaturas das letras.

Por isso, no espaço que restava diante do meu nome, escrevi ( de poetastrabajando.com ), e de alguma forma senti que com isso nos estava tornando elos de uma cadeia mais larga e intemporal, mas na qual temos uma presença que tem pelo menos a significância de saber-se parte do todo. E de continuar a fazer parte desse todo vez após vez, a cada nova letra, a cada nova RevistA-Z.

E para mim, isto é a importância que tem termos chegado ao numero 100.

Parabéns a todos nós. Obrigado Russo e Leonor !

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Fidel Antonio Cortez

Fidel Antonio Cortez

 
 

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Actor teatro Sol del Río 32, egresado de Artes escénicas del CENAR 1976, le gusta disfrutar la música del silencio que lo transporta a su infancia terrena en Salcoatitán, pueblo que ama y que con sus personajes y anécdotas siempre lo acompañó en el exilio y en las migraciones vividas
 
 

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Platiquita

 
 
Don Chilo, pensativo, descansaba en la tarde en su patio esperando como de costumbre a Don Licho, viendo y jugando con un surco de hormigas que caminaban cargando unas hojitas y las migajas de pan a las que les  abría caminitos con un palito.

En eso escuchó la tosecita de Don Licho que un poco cabizbajo se le acercó como de costumbre, señalando al sol con su mano alzada y soltando suavemente y con respeto ancestral su ¡Buenas le dé Dios compadre!…

Don Chilo, atento, alzó la mirada y correspondió como debía. ¡Buenas compadre! … pues yo mire, tratando de entender cosas de la vida y jodiendo con estas hormigas… Oiga compadre…de repente así, (hace como que espanta una mosca en la cara), me ha dado en pensar de cuando me decían… ¡que los hombres no lloran!

Don Licho lo mira pensativo. No sólo es cuestión de ser o no ser hombre, compadre… es cosa de sentimientos, de sensibilidad… de ser hombre sensible, dijo contundente…

Don Chilo algo incómodo por lo que escuchó… No me joda, compadre, es que yo no pude llorar cuando murió mi nana…¡y no es que no la quisiera!

Don Licho. – Mire compadre. Usted está igual que mi agüelo que no pudo llorar la muerte de su nana… Don Licho elevó su mirada y suspiró nostálgico su recuerdo… él decía que quizás del susto se le pasmaron los llantos y se los tragó, pero bolo le agarraba la chillona…

Los dos se vieron a los ojos y calladitos con la vista siguieron el surco de hormigas que llevaban hojitas y migajas de pan
 
Fidel Antonio Cortez

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