PAPÁ NOEL Y LOS NIÑOS DE LA CALLE

PAPÁ NOEL Y LOS NIÑOS DE LA CALLE

por Jorge Sierra (México) en español y portugués

 

 

El día primero de Enero del año dos mil diecisiete, recibí enorme sorpresa al mirar frente a mi puerta, a un hombre regordete y muy barbudo, que llegó en bello carruaje tirado por algunos renos que, inquietos mas muy contentos, trajeron a Santa Klaus.

Pensé que todo era un sueño, más esto era realidad ya que él me extendió la mano y me dijo… como estás mi buen tío. jas. y me continuó diciendo que él se encontraba agotado pues venía de trabajar, ya que hubo muchos juguetes que entregó esta Navidad.

Lo hice pasar a mi hogar y lo invité a reposar en un cómodo sillón donde suelo descansar, luego, lo invité a tomar una copita de vino y un vaso de xtabentún, que es un elixir bendito oriundo de esta región.
Mientras él se deleitaba me preguntaron mis nietos Beto, Jesús y Jorgito, si podían darle a los renos agua maíz y su alfalfa, y les dije por supuesto, vean no les falte nada.

Papá Noel fue quien dio inicio a la plática, que resultó muy amena y en una forma somera el me dijo haber estado con mi amigo Henrique Mendes en un bar de Portugal, el cual le dio señales de un señor de Yucatán al que, en Poetas Trabajando lo llaman el tío Jas.

-Esa persona soy yo – le contesté muy sonriente – y no sé, el por qué el honor de tenerlo aquí presente… – Él muy alegremente continuó diciendo así:
-Quise estar aquí contigo y ahora sabrás la razón por la cual este barbudo de ti quiere un gran favor. Escucha bien tío Jas… Te puedo llamar así?
-Claro que sí mi buen Santa. Eso me hace muy feliz.
-Pues bien… Quiero que informes al mundo que el año dos mil diez y siete Papá Noel “Santa Klaus” lo declara ”Año internacional de los niños y las niñas de la calle”, motivo por el cual desde hoy primero de enero yo, en forma particular y
ayudado por mis duendes y mis renos, visitaré todos los Países del Mundo donde existan niños y niñas con problemas en las calles.

Justo dos horas después se levantó del sillón y me dijo:
-tío Jas, gracias por haberme permitido tener esta pequeña charla y prometo que en tres meses estaré de nuevo en este, tu cálido hogar, y hablaremos de este asunto del cual hoy quiero empezar.

Con enorme precisión a los tres meses volvió y me dijo con voz suave que no se podía aguantar, haber visto a tanto niño que en el desamparo está.
-tío Jas… Deseo seas tú, quien le cuente a la humanidad lo que en mi recorrido, con gran tristeza observé. Y te puedo asegurar que esto es una realidad.

Le dije para no preocuparse, que le haría ese favor y publicaría con gusto lo que iba a relatarme.

-Tío Jas., empezaré por decirte que en todo mi recorrido mi sorpresa fue tremenda, pues vi como muchos niños viven en condiciones paupérrimas. Y lo más triste del caso es que esto ya es un problema. Según mis observaciones, tío Jas, en la tierra existen ciento veinte millones de niños y niñas de la calle divididos de la siguiente manera:
Treinta millones se encuentran en Africa, hay otros treinta millones en Asia y los sesenta millones restantes se localizan en América.

Santa quedó en silencio por un ratito dramático. Después dijo más.

-Quiero que sepas, tío Jas, que los niños de la calle, como suelen llamarles, son aquellos menores que viven (o sobreviven) en las calles y que muchas veces crecen en vertederos públicos, estaciones de tren, bajo los puentes de grandes ciudades, en mercados, en parques e incluso en los basureros. Y esto es debido, en la gran mayoría de los casos, a conflictos que tienen con sus familias y ya se niegan regresar a sus hogares, aunque también pude observar que un 70% de ellos viven en sus casas. mas son sometidos a trabajos forzados.

Santa estaba visiblemente emocionado mientras seguía hablando

-En América Latina, tío Jas, hay una cifra de casi cuarenta millones, los cuales son víctimas del hambre, la prostitución, los malos tratos, las drogas, las detenciones y la muerte violenta. Todos ellos, lejos de disfrutar el derecho a una
vida adecuada para su desarrollo físico, mental y espiritual, son obligados a valerse por ellos mismos antes de adquirir una identidad personal o madurar, y debido a que no cuentan con la estabilidad necesaria para lograr confianza en sí
mismos, ni con las aptitudes, ni la educación requerida para hacer frente a los rigores que les impone la vida, corren el grave peligro que los conlleve a enormes fracasos.

Mientras Santa hablaba, yo concordaba con la cabeza.

-Y desde allí tio Jas, es que los niños empiezan a construir un proyecto de vida misma. Es desde allí que un niño sufre o goza, ama o odia, se violenta o se acompaña. Es desde allí que ellos empiezan a construir un proyecto de vida, mediado este por el dolor, la esperanza y el hambre, el frío, la intolerancia, la inexistencia de los derechos. Fue en los últimos veinte años que la cantidad de estos niños que habitan en la calle ha aumentado considerablemente en todo el mundo, pero la zona más afectada es Latinoamérica donde viven la mitad de estos niños. Pero hago énfasis en un detalle: quiero que sepas que este fenómeno es exclusivamente urbano, dado que las áreas rurales tienden a tener familias más conservadoras.

También pude observar que los varones son los más propensos a este fenómeno, por ejemplo en Perú el 80% de estos niños son hombres y empiezan a vivir en la calle entre los siete y ocho años. Las causas pueden ser múltiples, pero todas tienen origen en el gran problema social de la pobreza y marginalidad.

En todos los Países las principales cusas son:
Primero… Las emigraciones campesinas.
Segundo… La violencia intrafamiliar.
Tercero… La prostitución.
Cuarto… Las drogas y alcoholismo; este cáncer, tio Jas, hace que a los niños y niñas los induzcan al brutal consumo de estos enervantes y por consiguiente a abandonar el hogar. Una parte de estos niños y niñas, vive día y noche en la calle en condiciones infrahumanas, por ejemplo, sin la vestimenta adecuada, (en muchos casos descalzos ) sin atención médica, sin educación escolar y para sobrevivir, se dedican a las ventas, a limpiar zapatos, a recoger los desperdicios de basuras, a pedir limosna e incluso a robar.

Casi todos ellos toman contacto con las drogas más baratas y se unen a otros niños donde forman grupos o bandas que sustituyen a la familia. Viven con temor a los cuerpos policíacos y a los criminales, quienes los maltratan, les roban e incluso suelen violarlos. Y por si esto fuese poco se ha detectado una tendencia en el Mundo, que va creciendo en el consumo de drogas en niños muy pequeños, algunos de cuatro a cinco años de edad, donde al 90% de ellos sus mismos padres se las dan.

Emocionado, Santa seguía hablando.

-Tío Jas, mire con mucha frecuencia cómo en Argentina, los vendedores de droga pulverizan los bombillos y los mezclan con las drogas, causando un daño enorme a los jóvenes y niños de la calle donde cerca de de un millón y medio de ellos se encuentran deambulando.

Otro dato de importancia es sobre Brasil. Uno de cada diez niños de la calle del Mundo vive en ese País.

En Bolivia, los niños llamados invisibles se drogan ante quien sea y nadie se inmuta.

En México son más de cuatro millones de niños que viven en en la calle y esto se ha alargado ya por tres generaciones. Y para no alargarte más el cuento, tío Jas, quiero que el mundo se entere de que este mal y enorme cáncer, en forma muy alarmante, está invadiendo a muchos Países de la Tierra.

Pero quiero que todos sepan que me lleve una gran sorpresa, al enterarme que existen organizaciones que están trabajando en pro del bienestar de todos estos niños, aunque también debo aclarar que por falta de recursos financieros estas
avanzan muy lentamente. Más despacio de lo que crece el problema…

Bueno Jas, ahora dile a tus amigos de Poetas Trabajando que Papá Noel ” Santa Klaus ” los invita a convocar, a los habitantes del planeta, a que se unan a la lucha por ver a un niño o niña de la calle sonreír y ser feliz . Y diles que esto solamente se puede lograr si decidimos hacerlo todos.

Unamos nuestros corazones y que en esta noche buena brindemos amor y cariño, esperanza y mucho más a cada uno de los niños que en la calle vive ya y que mucho necesita, una cobija , un pan, un juguete, unos centavos y un tierno
abrazo al final. Hay que brindarles confianza, ya no los miremos mal, no los tratemos con odio y hay que enseñarlos a amar.

Y no deseo que olviden que quizá no en todos ellos se encontrará una sonrisa amplia, pero quizá una caricia tu la puedas recibir y eso tiene un gran valor que cargarás en la vida, ya que todos sonríen con los pequeños gestos, agradecen la presencia ante tanta ausencia, son los que sobreviven a la indiferencia, son los nacidos que llaman a nuestras conciencias.

Jas, pídele a esa gran familia de Poetas Trabajando, que cada uno de ellos suba este cuento a su página de facebook y pida a sus amistades, lo copien, lo publiquen y lo compartan y pidan a quienes lo lean que divulguen este cuento ya que con la actual tecnología nuestro mensaje será visto por millones de gentes en el mundo y de esta manera habrán muchos que apadrinarán a estos niños y niñas de la calle.

-Por último tío Jas, deseo pedirte les dediques uno de esos poemas de tu autoría a todos estos niños y niñas que este año festejamos.

-Pero por supuesto que si mi buen Santa! – contesté.

-tío Jas, me despido momentáneamente de ti y de toda tu familia, y deseo que tus lectores pasen una feliz Navidad y un bendecido año Nuevo y por lo que a ustedes respecta mis niños – les dijo a mis nietos e nietas – no olviden portarse
bien y si aún no han mandado sus cartitas háganlo en este momento.

Y en un abrir y cerrar de ojos, su trineo comandado por Rodolfo, el reno, se acercó hasta Santa Klaus trepándose este de inmediato y con su inconfundible sonrisa. También de inmediato se empezaron a elevar en tanto solo se escuchaba el alegre HO HO HO que todos nosotros conocemos.

De esa misión de escribir un poema, aquí me encargo ahora, amigos. Todo más que Santa ha dicho ya lo dije yo aquí. Aquí va, y Feliz Navidad a todos los habitantes del mundo.

NIÑOS Y NIÑAS DE LA CALLE.

Son ciento veinte millones
de criaturas en la calle
que en pésimas condiciones
viven en los arrabales.

Muchos son por rebeldía
otros por pobreza extrema,
lo cual en el Mundo es tema
por que aumentan día con día.

Son niños:
que en precarias condiciones
abandonan el hogar,
por maltrato o violaciones,
o por otras situaciones,
que al menor no han de gustar.

Niños que son presa fácil
de inducirlos hacia el mal
cayendo en forma fatal
en las mafias criminales.

Que sin medir consecuencias
los enseñan delinquir
sin importarles si quiera,
si viven o han de morir.

Santa Klaus convoca a todos
y nos pide con amor
que apadrinemos a un niño
de la calle, por favor.

 

  •  *  *  *

En portugués. Traducción de Henrique Mendes

 

No primeiro dia de Janeiro do ano de 2017, tive uma enorme surpresa ao ver em frente á minha porta a um homem gordito y barbudo, que chegou numa bela carruagem puxada por algumas renas que, inquietos mas contentes, trouxeram o Pai Natal.

Pensei que tudo era um sonho, mas era realidade, já que ele me estendeu a mão e me disse:”-Como estás, meu bom Tio Jas? ” e continuou a dizer-me que se encontrava esgotado pois vinha de trabalhar, e eram muitos os brinquedos que já entregara este Natal.

Fiz com que entrasse na minha casa e convidei-o a repousar numa comoda poltrona onde costumo descansar e também a tomar um copinho de vinho ou um pouco de xtabentún, que é um elixir bendito oriundo desta região.

Enquanto ele se deleitava, os meus netos, Beto, Jesus e Jorgito, vieram perguntar-me se podiam tratar das renas, dando-lhe agua, milho e alfafa, e eu respondi-lhes que sim, que fizessem com que não lhes faltasse nada.

E foi o Pai Natal que deu inicio à conversa, que resultou muito amena, e de uma forme breve, disse-me que tinha estado com o meu amigo Henrique Mendes num barzinho em Portugal, e que ele lhe tinha falado de um senhor do Yucatão ao cual, em
Poetastrabajando.com, dão o nome de Tio Jas.

-Essa pessoa sou eu! – contestei muito sorridente – Mas confesso que não sei qual a razão desta honra, de tê-lo aqui presente…

“-Quis encontrar-me contigo, y já vais saber a razão pela cual este barbudo quer pedir-te um grande favor. Escuta bem, Tio Jas … posso chamar-te assim?”

-Claro que sim, Pai Natal. Isso faz-me muito feliz.

“-Pois bem, quero que informes o mundo que, neste ano de 2017, eu o proclamo ” Ano Internacional dos Meninos e Meninas de Rua”. E que, por essa razão, desde 1 de Janeiro que, de forma particular e ajudado pelas minhas renas e duendes, tenho visitado todos os paises do mundo onde existem meninos e meninas com problemas, vivendo nas ruas.”

Exactamente duas horas depois, levantou-se da minha poltrona e disse-me:

“-Tio Jas, obrigado por esta pequena conversa y prometo-te que dentro de três meses terei terminado de visitar todos os países e voltaremos a conversar sobre este tema, que hoje estou apenas começando.

E realmente, três meses depois, com grande precisão, ele voltou e disse-me com sua voz suave, que estava indignado con tudo o que tinha visto pelo mundo fora. Desejo que sejas tu a contar à humanidade o que eu, nas visitas que fiz, observei com grande tristeza. E posso garantir-te que tudo o que te disser será a mais perfeita verdade.”

Claro que eu lhe disse para não se preocupar, e que sim, que lhe faria esse favor e publicaria com gosto o que ia relatar-me.

“-Então, Tio Jas, começarei por dizer-te que a minha surpresa foi enorme, pois vi crianças a viverem em condições paupérrimas. E o mais triste de tudo é que isto já é um problema.
Segundo as minhas observações, Jas, existem no planeta cento e vinte milhões de meninos y meninas de rua, divididos da seguinte maneira: Trinta millões situam-se em Africa , há outros trinta na Ásia, e os sessenta restantes estão na América.”
Perante o meu silêncio, ele fez uma pequena pausa dramática. Depois disse mais.

“-Quero que saibas, Jas, que os meninos de rua , como costumam chamar-lhes, são aqueles menores que vivem ( ou sobrevivem ) nas ruas y que muitas vezes crescem junto de esgotos públicos, estacões de comboio, debaixo das pontes das grandes cidades, nos mercados, nos parques e, inclusivamente, em lixeiras. E isto deve-se na grande maioria dos casos, a conflitos que têm com as suas familias e que os fazem negar-se a voltar aos seus lares. Se bem que também pude observar que cerca de 70 % deles vivem nas suas casas, mas são submetidos a trabalhos forçados.”

O Pai Natal estava visívelmente emocionado, mas continuava.

“-Na America Latina, Tio Jas, são quase quarenta milhões, os quais são vítimas da fome, prostituição, maus tratos, drogas, prisão e morte violenta. Todos eles, longe de desfrutarem o direito a uma vida adequada para o seu desenvolvimento físico, mental e espiritual, são o brigados a valer-se a si mesmos antes de adquirirem uma identidade pessoal ou de amadurecerem. E por não contarem com a estabilidade necessária a ganharem confiança em si mesmos, nem com as aptidões, nem com a educação necessária para fazer frente aos rigores que a vida lhes impõe, correm o grave perigo de que tudo isso os condicione a
enormes fracassos.”

Enquanto o Pai Natal falava, eu ia concordando com a cabeça.

“-E é desde que os meninoscomeçam a construir um projecto de vida. É alí que um menino sofre ou se diverte, ama ou odeia, se violenta ou se acompanha. É desde ali que eles começam a construir um projecto de vida mediado pel dor, a esperança e a fome, o frio, a intolerância, a inexistência dos direitos… E foi durante os últimos vinte anos que a quantidade destes meninos, que vivem na rua, foi aumentando considerávelmente no mundo todo, mas a zona mais afectada é a América Latina, onde vive a metade deles. No entanto, faço enfase num detalhe: quero que saibas e digas a todos que este é um fenómeno exclusivamente urbano, já que nas áreas rurais tendem a ter famílias mais conservadoras.”

-Humm… Nunca tinha pensado nisso, confesso. – disse eu.

“-E também pude observar que os varões são os mais propensos a este fenómeno. Por exemplo, no Perú 80% destes meninos são do sexo masculino e começam a viver na rua entre os sete e os oito anos de idade. As causas podem ser múltiplas, mas todas têm
origem no grande problema social da pobreza e da marginalidade. Em todos os países, as principais causas são, primeiro, as emigraçoes campesinas.
Segundo, a violencia intra-familiar.
Terceiro, a prostituição.
Quarto, as drogas e o alcoolismo. Este cancro, TioJas, faz com que os meninos e meninas de rua tenham um consumo brutal destas substâncias e isso acabe por fazê-los abandonar o lar. Uma grande parte deles vive dia e noita na rua, em
condições infra-humanas, por exemplo sem a roupa adequada, e em muitos casos descalços, sem atenção médica, sem educação escolar. E para sobreviverem, dedicam-se às vendas, a limpar sapatos, a recolher sobras e lixos, a pedir esmola e também a roubar.

Quase todos eles tomam contacto com as drogas mais baratas e unem-se a outros meninos, formando grupos que substituem a família. Vivem com medo da polícia e dos criminosos, que os maltratam, os roubam, e que chegam a violá-los. E ainda, Tio Jas, como se isto fosse pouco, percebi que há no mundo uma tendencia de crescimento do consumo de drogas por meninos muito pequenos, alguns entre os quatro e os cinco anos de idade, quase 90% delas fornecidas por seus próprios pais.”

Muito emocionado, o Pai Natal continuava falando.

“-Jas, vi com muita frequência em países como a Argentina, os vendedores de droga pulverizarem as cuias, ou sifões de beber o mate, misturando neles drogas. Isso causa um estrago enorme nos meninos de rua, que já são mais de um milhão e meio deambulando.

Outro dado de importância é sobre o Brasil. Um de cada dez meninos de rua vive nesse País. Na Bolívia, os meninos chamados invisíveis drogam-se perante seja quem for e ninguém lhes presta atenção.

No México são mais de quatro millões de meninos vivendo nas ruas, e isto já dura há tres gerações. E para não tornar muito longo o teu conto, Tio Jas, quero que o mundo se inteire que este mal, e enorme cancro social, de forma alarmante, está invadindo a muitos países da Terra, no entanto, quero que todos saiban que tive uma grande surpresa ao ver que há também organizações que trabalhan para levarem o bem-estar social a todas estas crianças, apesar de avançarem muito lentamente por falta de recursos financeiros. Muito mais lentamente do que cresce o problema…”

O Pai Natal fez uma pausa. Depois acrescentou:

“-Agora diz-lhes, aos teus amigos de Poetastrabajando, que o Pai Natal os convida a convocarem os habitantes do planeta para que se unam a essa luta para tornar feliz e sorridente um menino de rua. E diz-lhes que isso só se pode conseguir se nos unirmos todos.

Unamos nossos corações y que nesta noite de Natal que se aproxima, possamos todos brindar amor e carinho, esperança e muito mais a cada um dos meninos que vive na rua e que muito necessitam de uma merenda, um pão, uns centavos, um brinquedo, e sempre um abraço no final. Precisamos dar-lhes confiança, não olhar para eles de lado, nem tratálos com ódio. Há que ensiná-los a amar.

E não quero que se esqueçam que talvez não vá ser em todos eles que encontarão um sorriso amplo. Mas talvez possam receber uma carícia, e isso tem um enorme valor que carregarão a vida toda. Pensem que todos sorriem com os pequenos gestos, e agradecem a presença, ante tanta ausência. Esses são os que sobrevivem à indiferença, são os que apelam às nossas consciencias.

E pede-lhes, a essa grande família do Poetastrabajando, que cada um deles suba este conto á sua propria página de Facebook e que peça a suas amizades que o copiem, o publiquem e o compartilhem. Com a tecnologia actual serão milhões a lê-lo, no final.
E de esta forma muitos apadrinharão os meninos de rua.

Por último, Tio Jas, gostaria de pedir-te que dedicasses um desses poemas da tua autoria a esses meninos e meninas que este ano festejamos e tentamos ajudar.”

-Ah! Claro que sim! Terei muito prazer! – respondi.

– Mi amigo Jas, despeço-me momentaneamente de ti e de toda a tua família, e desejo que os teus leitores passem um feliz Natal y tenham um ano novo bentito. O no que respeita a vocês, meninos – disse ele a meus netos e netas – não se esqueçam de se portarem bem sempre. E se ainda não me escreveram as vossas cartinhas, podem fazê-lo neste momento”

E, num abrir e fechar de olhos, a sua carruagem comandada por Rodolfo, a rena chefe, transformou-se num trenó que deslizava sem tocar no chão, e aproximou-se dele, que subiu de imediato, sempre ostentando o seu sorriso inconfundível. E no instante seguinte começaram a elevar-se nos ares enquanto se escutava o alegre “OH OH OH” que todos conhecemos.

Dessa missão, de escrever um poema, aqui me encarrego agora, amigos. Tudo o mais que o Pai Natal disse, já o disse eu aquí.
Eis o poema, e Feliz Natal a todos:

Meninos​ ​e​ ​meninas​ ​de​ ​rua.
São cento e vinte milhões
de criaturas na rua
que em péssimas condições
vivem nos arrabaldes.

Muitos o fazem só por rebeldia
outros por pobreza extrema
a qual no mundo é um tema
de que cresce o número dia a dia-

São meninos:
que em precárias condições
abandonam o seu lar
por maltrato ou violações
que um menor não pode gostar

Meninos que são presa fácil
de serem induzidos ao mal
caindo de forma quase fatal
em alguma mafia criminal

Que sem medir a frequência
os ensinam a delinquir,
sem importar-lhes a consequência
de terem que viver a fugir

O Pai Natal pede que tenhamos tino
e nos pede com amor
que apadrinhemos um menino
de rua, por favor.

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TIVE MUITA SORTE!

TIVE MUITA SORTE!

por Henrique Mendes (Portugal)

Cuento en portugués y en español

 

 

Eu tive muita sorte. Já tinha desistido de continuar viagem, por causa da neve, e estava fazendo manobras na estrada muito estreita, tentando virar para retomar o caminho de casa, quando o meu carro se avariou.

Tentei resolver o problema e improvisar alguma coisa para seguir viagem, mas nada resultou. Fiquei ali parado, longe de tudo, numa estrada mais que secundária onde ninguém passava, sem poder fazer muito mais do que ver a neve caír.

Sem o motor funcionar não tinha forma de me aquecer, e com aquele vento terrível assobiando nas árvores geladas também não tinha forma de acender uma fogueira, mesmo que tivesse um isqueiro ou fósforos, coisas que não tinha.

Fechei-me dentro do carro, sabendo que na bagagem não tinha roupas mais quentes, nem um cobertor que pudesse valer-me, mas pelo menos estava resguardado do vento. O vidro dianteiro já começava a estar coberto pela neve, e lá num cantinho remoto do meu espírito começava a esboçar-se a ideia de que minha vida estava em perigo.

Foi então que me pareceu ver ao longe, por entre a neve que caía sobre o vidro, uma luz que se movimentava, e pouco depois surgiu realmente um carro que se foi aproximando devagar. Era um velho táxi, grande e muito antigo.

O condutor era um velhote simpático de barba muito branca, que se ofereceu para me levar mesmo não estando de serviço. Ia a caminho da cidade para onde eu tinha desistido de ir, o que me servia perfeitamente. De lá eu  mandaria rebocar o meu carro, no dia seguinte.

Perguntei se ele achava que conseguiriamos seguir viagem naquele temporal, e ele riu baixinho, dizendo que estava habituado a dirigir na neve e que o velho carro era de confiança. Só que eu teria de ir sentado no banco de trás, como era costume nos táxis daquela região. Ao lado do condutor, o assento ficava ocupado por um suporte que continha mapas e outras coisas necessárias á profissão.

E foi assim que seguimos viagem. Ofereceu-me um café, que trazia numa grande garrafa térmica, e, percebendo que eu estava com fome insistiu que eu comesse antes uma sopa que trazia também, numa outra garrafa térmica.

-É comida muito simples!- desculpou-se – Mas na hora certa, basta uma sopinha quente para fazer um homem feliz!

Concordei imediatamente, claro.

-Feliz fico eu em aceitar! – agradeci – E fico muito grato! É uma grande idéia, trazer sopa quente numa viagem destas.

Ele concordou com um movimento de cabeça, com simplicidade.
-A vida boa é feita de boas ideias! Este é um costume nosso, lá no norte. Coisa que se aprende com a prática. Todos os anos é assim, viajo muito na neve e já estou habituado. Sempre trago sopa e café.

-É muita gentileza sua, ajudar-me assim! Eu estava numa situação muito dificil e o senhor nem sequer me conhecia. Podia não ter parado…

-Ah! meu jovem, fico contente por poder ajudar. Todos precisamos ajudar, quando está ao nosso alcance !

-Lá isso é verdade…  E mais ainda nesta época de Natal, não é ?

-Ora aí está ! Sem dúvida que sim ! O Natal é outra grande idéia !!!

-Ideia ? – perguntei, estranhando o que dizia. Olhei para ele ao volante, dirigindo com enorme cuidado, e acenando com a cabeça para sublinhar o que dizia. Com a pouca luz que havia dentro do carro, eu conseguia ver apenas os seus olhos brilhando no retrovisor, por detrás duns pequenos óculos que usava, e a sua barba branca. O resto do seu rosto ficava meio difuso, sem que pudesse vê-lo claramente.

-Sim, uma grande ideia. Uma fantástica ideia, na verdade! – teimou.

-Bom, é uma festa religiosa…

-Claro que é ! – concordou – Mas é muito mais que isso, é uma grande oportunidade! Junta as pessoas para além da religião, não é ? Veja bem,  junta adultos e crianças numa causa comum, criando uma quadra bonita cheia de amor e fartura…

-Concordo. Isso é verdade!

-E existe no mundo todo, não é ? Então é uma época em que as pessoas estão empenhadas em coisas boas,  com pensamentos de paz…

-Também concordo! E é tão linda, a história do Pai Natal, que noutros lados se chama Papai  Noel, Santa Claus, e tantos outros nomes… É uma pena que haja gente preocupada em tentar explicar às crianças que ele não existe !

-Aí está outra grande ideia, o Pai Natal!  Claro que há quem tente explicar às crianças que ele não existe, e estrague com esse excesso de racionalidade aquilo que só a fantasia consegue trazer ao mundo. Que mal faz, se as crianças acreditarem e isso as fizer pensar num mundo melhor ?

-Claro!- disse eu – Vão ter tempo para perceberem naturalmente que se trata de uma fantasia, mas uma boa fantasia, que defende valores morais que são importantes.

– Sim, e também valores económicos fabulosos. No mundo há fabricas que trabalham o ano todo para produzir brinquedos, enfeites de Natal, postais ilustrados com temas de Natal, roupas de Natal…

– Sim…

-Dizem que é um grande negócio, como se isso fosse uma coisa condenável… Mas há muita gente que tem emprego nessas fábricas que fazem coisas para o Natal. Muita gente come, mora, veste-se á conta desse imenso negócio que é o Natal.

-Sem dúvida… Mesmo que não sejam coisas feitas para o Natal, todos os presentes que as pessoas trocam nesta época movimentam a economia dos seus países, e  isso gera bem estar e prosperidade. Isso também é verdade!

-Olhe o meu caso! – disse ele – Estou vindo trabalhar nessa época, apesar do frio e da minha idade, porque há muita gente por todo o lado precisando do meu táxi. Não faz sentido ?

– Faz, sim… Na verdade, eu também estou vindo para a cidade por causa do Natal !- disse eu lentamente, enquanto olhava para os olhos dele no retrovisor, brilhantes e empolgados… A barba brnca também brilhava no escuro. Só o rosto continuava sem ser perfeitamente visível.

Ele riu-se baixinho.

-Está vendo que eu estou certo ? Então o amigo também vem para a cidade por causa do Natal? E o que é que faz, se não é indiscrição ?

-Bem, eu escrevo… Um jornal contratou-me para escrever uma série de crónicas sobre o Natal, e também um conto para mobilizar as pessoas em torno das festas natalinas…

-Que maravilha! – maravilhou-se ele – E já começou a escrever ?

– Não. Ainda não… Só quando estiver já instalado, na cidade.

-Então precisa descansar um pouco! – sentenciou.

Concordei com ele. Encostei-me confortávelmente no assento, saboreando o conforto quente do carro. A sopa quente tinha-me reconstruído por dentro, devolvendo-me a tranquilidade e a sensação de segurança.

Enquanto observava o interior do carro, impecavelmente cuidado, fui-me deixando embalar pelo ruído monótono dos pneus rodando devagar e abrindo caminho na neve que havia no chão.

As músicas de Natal que o rádio tocava baixinho também contribuíram para o meu relaxamento, e aos poucos tudo foi ficando difuso. Senti que ia adormecer, cedendo à fadiga e às emoções daquela viagem.

No meu espírito foram-se impondo alguns simbolos. O deslizar na neve… A música e os guizos de Natal… O imenso presente que me tinha sido dado pelo velhote, oferecendo-me ajuda quando eu mais precisava. A comida pródiga, partilhada… E o conforto… A segurança quente do carro, e a sensação de paz que convidava ao sono…

-Lembra-se daquele conto que eu ia escrever ? – perguntei-lhe ainda.

-Sim, lembro. Um conto de Natal!

-Pois é… Creio que se escreveu sózinho! – disse eu lentamente. Depois adormeci rápidamente, escutando a sua risada baixa e ainda um pouco intrigado com aquela barba branca sem rosto, no espelho retrovisor do carro.

Feliz Natal !

 

  •  *  *  *

 

He tenido mucha suerte. Ya había desistido de continuar el viaje, a causa de la nieve, y estaba haciendo maniobras en la carretera muy estrecha, tratando de girar para retomar el camino a casa, cuando mi coche se rompió.

He intentado resolver el problema e improvisar algo para seguir el viaje, pero nada resultó. Me quedé allí parado, lejos de todo, en una carretera más que secundaria donde nadie pasaba, sin poder hacer mucho más que ver la nieve caer.

Sin el motor que funcione no tenía forma de calentarme, y con aquel viento terrible silbando en los árboles helados tampoco tenía forma de encender una hoguera, aunque tuviera un encendedor o fósforos, cosas que no tenía.

Me encerré dentro del coche, sabiendo que en el equipaje no tenía ropa más caliente, ni una manta de la que pudiera valerme, pero al menos estaba resguardado del viento. El cristal frontal ya empezaba a estar cubierto por la nieve, y allí en un rincón remoto de mi espíritu comenzaba a esbozar la idea de que mi vida estaba en peligro.

Fue entonces que me pareció ver a lo lejos, entre la nieve que caía sobre el cristal, una luz que se movía, y poco después surgió realmente un coche que se fue acercando lentamente. Era un viejo taxi, grande y muy antiguo.

El conductor era un anciano simpático de barba muy blanca, que se ofreció para llevarme incluso no estando de servicio. Yo iba camino a la ciudad hacia donde había desistido de ir, lo que me servía perfectamente. De allí mandaría remolcar mi coche al día siguiente.

Le pregunté si creía que podíamos seguir el viaje con aquel tiempo, y él se rió bajito, diciendo que estaba acostumbrado a conducir en la nieve y que el viejo coche era de confianza. Sólo que tendría que ir sentado en el asiento trasero, como era costumbre en los taxis de aquella región. Al lado del conductor, el asiento quedaba ocupado por un soporte que contenía mapas y otras cosas necesarias para la profesión.

Y así fue como seguimos el viaje. Me ofreció un café, que traía en una gran botella térmica, y, percibiendo que tenía hambre insistió que yo comiera antes una sopa que traía también, en otra botella térmica.

– ¡Es comida muy simple! – se disculpó – Pero a la hora correcta, basta una sopa caliente para hacer a un hombre feliz!

Estuve de acuerdo inmediatamente, claro.

-¡Feliz me quedo de aceptar! – gracias – ¡Y estoy muy agradecido! Es una gran idea, traer sopa caliente en un viaje de estos.

Él accedió con un movimiento de cabeza, con sencillez.
– ¡La vida buena está hecha de buenas ideas! Esta es una costumbre nuestra, allí en el norte. Cosa que se aprende con la práctica. Cada año es así, viajo mucho en la nieve y ya estoy habituado. Siempre traigo sopa y café.

-¡Es muy gentil de su parte ayudarme así! Yo estaba en una situación muy difícil y usted ni siquiera me conocía. Podía no haber hecho nada…

Oh! mi joven, me alegro de poder ayudar. ¡Todos necesitamos ayudar cuando está a nuestro alcance!

-Lo que es verdad … Y más aún en esta época de Navidad, ¿no es así?

-¡Oh ahí está! ¡Sin duda que sí! ¡La Navidad es otra gran idea!

– ¿Qué? – pregunté, extrañando lo que decía. Lo miré al volante, dirigiendo con enorme cuidado, y agitando con la cabeza para subrayar lo que decía. Con la poca luz que había dentro del coche, conseguía ver sólo sus ojos brillando en el retrovisor, detrás de unas pequeñas gafas que usaba, y su barba blanca. El resto de su cara quedaba medio difusa, sin que pudiera verlo claramente.

– ¡Sí, una gran idea. Una fantástica idea, de hecho! – Contestó.

– Bueno, es una fiesta religiosa…

– Por supuesto que lo es! – Contestó otra vez- ¡Pero es mucho más que eso, es una gran oportunidad! La gente se une más allá de la religión, ¿no es así? Mire,  adultos y niños juntos en una causa común, creando una hermosa fiesta llena de amor y abundancia …

-Concuerdo. ¡Eso es verdad!

-Y existe en todo el mundo, ¿no? Así que es un período en que las personas se dedican a cosas buenas, pensamientos de paz …

– También estoy de acuerdo! Y es tan linda, la historia de Pai Natal, que en otros lados se llama Papá Noel, Santa Claus, y tantos otros nombres… ¡Es una pena que haya gente preocupada en tratar de explicar a los niños que Él no existe!

– ¡Ahí está otra gran idea, Papá Noel! – Dijo el viejito. – Por supuesto, hay quien intenta explicar a los niños que él no existe, y estropea con ese exceso de racionalidad aquello que sólo la fantasía logra traer al mundo. ¿Qué mal hace, si los niños creen y eso les hace pensar en un mundo mejor?

-¡Claro! -le dijo yo- van a tener tiempo para percibir naturalmente que se trata de una fantasía, pero una buena fantasía, que defiende valores morales que son importantes.

– Sí, y también valores económicos fabulosos. En el mundo hay fábricas que trabajan todo el año para producir juguetes, adornos de Navidad, tarjetas de felicitación con temas de Navidad, ropa de Navidad …

– Sí …

-Dicen que es una gran cosa, como si esto fuera algo reprobable … Pero hay mucha gente que tiene empleo en esas fábricas que hacen cosas para la Navidad. Mucha gente come, vive, se viste a  cuenta de ese inmenso negocio que es la Navidad.

-Sin duda… Aunque no sean cosas hechas para la Navidad, todos los presentes que las personas intercambian en esta época mueven la economía de sus países, y eso genera bienestar y prosperidad. ¡Eso también es verdad!

-¡Mira mi caso! – dijo – Estoy viniendo a trabajar en esta época, a pesar del frío y de mi edad, porque hay mucha gente por todas partes necesitando mi taxi. ¿No tiene sentido?

– Sí, sí… ¡En realidad, yo también estoy viniendo a la ciudad a causa de la Navidad! – dije lentamente, mientras miraba sus ojos en el retrovisor, brillantes e interesados… La barba blanca también brillaba en la oscuridad. Sólo el rostro seguía sin ser perfectamente visible.

Él se rió bajito.

– ¿Está viendo que estoy en lo cierto? ¿Entonces el amigo también viene a la ciudad debido a la Navidad? ¿Y qué hace, si no es indiscreción?

-Bueno, escribo … Un periódico me contrató para escribir una serie de crónicas sobre la Navidad, y también un cuento para movilizar a las personas en torno a las fiestas navideñas …

-¡Que maravilla! – se maravilló – ¿Y ya empezó a escribir?

– No. Todavía no… Sólo cuando esté ya instalado, en la ciudad.

-¡Quieres descansar un poco! – sentenció.

Concordé con él. Me senté cómodamente en el asiento, saboreando la comodidad caliente del coche. La sopa caliente me había reconstruido por dentro, devolviéndome la tranquilidad y la sensación de seguridad.

Mientras observaba el interior del coche, impecablemente cuidado, me fui dejando embalar por el ruido monótono de los neumáticos rodando lentamente y abriendo camino en la nieve que había en el suelo.

Las canciones de Navidad que la radio tocaba bajito también contribuyeron a mi relajación, y poco a poco todo fue quedando difuso. Sentí que iba a dormirme, cediendo a la fatiga ya las emociones de aquel viaje.

En mi espíritu se fueron imponiendo algunos símbolos. El deslizamiento en la nieve… la música y los guiños de Navidad… El inmenso regalo que me había dado el viejo, ofreciéndome ayuda cuando más necesitaba. La comida deliciosa, compartida y confortable… la seguridad del coche caliente, y la sensación de paz que invitaba al sueño…

– ¿Recuerdas esa historia que yo iba a escribir? – le pregunté todavía.

-Si me acuerdo. ¡Un cuento de Navidad!

-Bueno eso… ¡Creo que se escribió sola! – dije lentamente. Después me dormí rápidamente, escuchando su risa baja y aún un poco intrigado con aquella barba blanca sin rostro, en el espejo retrovisor del coche.

¡Feliz Navidad !

 

 

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ASÍ TE CUENTO DE UNA FOTO NAVIDEÑA

ASÍ TE CUENTO DE UNA FOTO NAVIDEÑA

por Cony Ureña (México)

 

 

 

¿Recuerdas aquellos días previos a la Navidad en la Alameda Central?, en el corazón de la Ciudad de México, en ese enorme jardín con muchas fuentes, esculturas de grandes maestros y gente, mucha gente, porque para muchos era importante ir a tomarse la fotografía con Santa o con los Reyes Magos.

Como tú sabes, la Alameda Central está a un costado del Palacio de las Bellas Artes, desde donde se admira la Torre Latinoamericana, por mucho tiempo el edificio más alto de la capital mexicana. Aún ahora, si transitas por Avenida Juárez, puedes admirar dicha alameda que rodea el Hemiciclo a don Benito Juárez, un precioso monumento, deslumbrante por su blanquísima arquitectura.

Cuando los primeros hijos de don Manuel y doña Lupita éramos unos chiquillos, nos emocionaba ir a la Alameda y en especial, ¿te acuerdas la ocasión en que teníamos la ilusión de fotografiarnos con los Reyes Magos?  Salimos con papá, abordamos un autobús que en aquellos días iba semi vacío, no como ahora que todo el transporte público va repleto.

Mi mamá nos había arreglado para la ocasión. Mi cabello largo había sido peinado con trenzas. Mis hermanas Yola y Tere lucían cabello corto e iban cobijadas con sus abrigos de terciopelo rojo, bien que lo recuerdo, así como con guantes. Nuestro hermano Víctor iba enfundado en una chamarra* y yo con un abrigo color “beige”, que no cerré bien y en la fotografía parece que le faltara un botón, algo que por mucho tiempo me critiqué.

Nuestra mamá se había quedado en casa con la nueva bebé, Maru. Era la época invernal y no era cuestión de exponer al frío a la pequeña.

Arribamos a la Avenida Juárez y al pisar el territorio de la Alameda, empezamos a admirar los fastuosos arreglos que cada grupo de “Reyes” o “Santas” habían instalado para atraer a sus clientes, en medio de la algarabía de los paseantes que se daban el lujo de la vida al transitar entre esos seres que se habían esmerado tanto en sus vestimentas y escenografías. Se escuchaban villancicos.

Bueno, tú ya conoces cómo viste Santa, pero lo sorprendente para los pequeños fue ver a los “Reyes” vestidos a la rica usanza del Medio Oriente. Para los que apenas comenzábamos a ir a la escuela era muy novedoso ver aquellos espléndidos ropajes, los turbantes, las largas barbas de Melchor y Gaspar y más asombroso ver el color tan oscuro de la piel de Baltazar. Si para mí, la mayor de los hijos era notable, imagino lo que pensaban mis hermanos menores. Hasta ese momento no habíamos visto una persona de la raza negra y eso nos maravillaba; contemplamos con admiración su tez reluciente y esa noche creo que sobresalían más sus blanquísimos dientes y el blanco de sus ojos.

Como te decía, los villancicos amenizaban el recorrido, mientras las imágenes se multiplicaban por docenas. Si este trío de “Reyes” era magnífico, el siguiente era superior. Muchos tríos de Reyes llevaban oro, incienso y mirra en deslumbrantes cofrecillos. Recordando así los regalos a Jesús recién nacido. El camello, caballo y elefante estaban pintados en una tela que servía como fondo.

Mi papá iba preguntando el costo de la fotografía, el cual variaba de acuerdo a la escenografía que habían montado tanto los “Santa” como los “Reyes”, hasta que llegamos con quien se ajustaba a nuestro presupuesto. El elegido tenía un trineo lleno de cajas envueltas lujosamente para regalo, al frente estaban los renos hechos de papel maché, bastante reales; el fondo era un paisaje nevado. Era atrayente subirse al trineo, sostener los fabulosos obsequios y sonreír frente a la cámara profesional. Mis hermanas y hermanos sentados en el trineo y yo de pie junto al vehículo oficial de Santa, un hombre muy pasado de peso, con blanca barba postiza y ojos… no, no eran azules, sino café oscuro, el clásico color de los ojos de los mexicanos.

Hubo tres tomas, pues el trato era que se elegiría la mejor fotografía.  En cada pose, había que sonreír aunque estuviéramos titiritando de frío o nos estuviera distrayendo el gentío.  Pasado esto, mi padre volvió a negociar, argumentando que el “Santa” de junto tenía más arreglos, que ahora le parecía que había sido un error subir a sus hijos a un trineo tan simple, en el que su hija mayor se había tenido que colocar a un costado. Llegaron a un acuerdo y mi papá pagó e informó la dirección donde entregar la singular fotografía.

Sí, mi papá cubrió el costo de la foto y tuvimos que esperar dos semanas antes de que fuera entregada en nuestro domicilio. Así eran las cosas en nuestra niñez, ¿verdad? Existía la confianza entre las personas, ¿cierto? Es imposible pensar que en la actualidad alguien pague a un desconocido por un servicio y espere que aquel cumpla; eran otros tiempos, como decía mi abuelita, quien por cierto comentaba que en su época “los perros eran amarrados con longaniza”.**

Una vez pasado el trámite de la foto, cruzamos la avenida para admirar la fantástica iluminación, hecha con millares de foquitos multicolores, las aceras lucían enormes jardineras engalanadas con la prodigiosa flor mexicana llamada Nochebuena y los aparadores de las grandes joyerías, tiendas, así como librerías que competían entre sí con sus óptimos adornos, para atraer a más posible clientela, incluso las entradas de un cine y de un hotel, lucían francamente esplendorosas.

En las esquinas había mujeres que vendían Castañas, asadas al comal sobre un brasero u hornillo típicamente mexicano. Te confío que en mi niñez nunca probé las castañas, pero sí los buñuelos, los esquites*** y los “hot-cakes” callejeros, que esa noche nos supieron a gloria. Los villancicos seguían escuchándose.

De regreso a casa, con los villancicos metidos en mi cabeza, pensaba que de alguna manera habíamos traicionado a los Reyes Magos; fuimos de esos niños a los que Santa Claus ignoraba en Navidad, pero éramos compensados con espléndidos regalos el 6 de enero del año siguiente cuando a nuestra casa llegaban, sin ser vistos, los siempre generosos Melchor, Gaspar y Baltazar.

 

Glosario:
* Chamarra, abrigo corto.
**Longaniza, especie de chorizo.
***Esquites, golosina de dientes de elote, el fruto del maíz

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Latidos de Navidad

Latidos de Navidad

por Leonor Aguilar (Argentina)

 

Corría el año 2015. Mi hermano había sufrido un infarto del que había salido vivo gracias a maniobras de resucitación que también preservaron su cerebro. Su corazón, después de haber estado detenido por un tiempo extenso y más allá de las probabilidades, volvió a latir a duras penas.  Ya no había reemplazo de válvulas, medicación ni cosa alguna que pudiera hacerse,  ese corazón nunca más volvería a funcionar ni medianamente bien. Sencillamente, sus posibilidades de vida dependían exclusivamente de un trasplante.

Sólo un treinta por ciento de lo que llamamos corazón funcionaba, eso ocasionaba que ir desde su habitación a cualquier sitio dentro de su hogar agotara sus fuerzas del mismo modo que si hubiera corrido una maratón. En la medida que pasaban los días su salud se iría deteriorando cada vez más, comenzarían a fallar los demás órganos, y si no aparecía con urgencia un corazón compatible, esa cirugía carecería de sentido. Había un momento límite y los plazos se agotaban con velocidad. Por momentos lo sabía bajando los brazos y entregándose al destino, y me ardía en el pecho la cercanía de perderlo. Mi mente se resistía a la idea de repetir la historia con otro  hermano, la muerte nos había golpeado duramente  años antes con el fallecimiento del mayor.

Como es usual en todos estos casos, familiares y amigos hacían cadenas de oración y rezaban por su vida. Los que me conocen saben que yo no soy de esa partida, saben que alguna vez, en un lejano pasado,  creí en el poder de la oración;  también saben que cada vez que deposité mi fe en ese algo a quien llaman Dios,  rápidamente fue a mirar cómo las margaritas crecen desde abajo, por lo que desistieron de invitarme a lo que sabían que no haría. Lo quería vivo. Además, dudo que me hubieran invitado a orar dado que en el pasado mi estadística de rezos y defunciones  no era la deseable.

En este punto aparece un ser, a quien aprecio mucho, pidiendo autorización para poner su caso en la lista de pedidos a la Virgen de Schoenstatt, que parece ser que todos los años obra un milagro para el cumpleaños de Jesús. Por supuesto, nadie diría que no, para los creyentes era una cuestión de fe, y para los que no, sabíamos que de última no le iba a hacer mal, de modo que a las cadenas de oración, grupos, misas, se sumó este pedido por su vida.

La Navidad lo encontró con un corazón nuevo. La cirugía fue un éxito, en la medida que pasaban los días su salud se recuperaba y las complicaciones fueron mermando. Actualmente ha retomado sus actividades laborales, vive en su casa con su familia, pasea a su perro, y salvo la cantidad de medicamentos a los que está atado por el resto de su existencia, tiene a su alcance la posibilidad de llevar una vida muy cercana a lo normal.

Al día de hoy mi madre, mi familia,  mucha gente que conozco y otros que nunca sabré quienes son, han rezado y lo siguen haciendo con sus grupos de oración, agradeciendo por esto que llaman milagro latiendo con fuerza dentro de su pecho.

Por mi parte, quiero agradecer a la familia de un desconocido, a quien he llamado Jesús dada la fecha en que sucedió, por el regalo que hicieron. No deja de ser algo que me perturba que alguien muera para que otro pueda vivir. Y en este caso hubo un alguien que murió y dejó partes de su cuerpo para donar una esperanza de vida. Ese regalo es gigante, y ni siquiera conozco a esa familia, no sé quién era el donante,  qué edad tenía, ni cómo sucedió el accidente que le costó su propia vida.  Muchas veces he pensado en esas personas que supieron hacer un alto para dar tanto, sin saber  quiénes serían los receptores, en un momento de inmenso dolor. No quiero olvidar a nuestros amigos que se presentaron a donar sangre sin conocer a mi hermano, les alcanzaba saber de nuestra necesidad para que pueda realizarse esa cirugía y pusieron su gotita de colaboración.

Hoy puedo decir que sucedió. Pueden llamarle como gusten, milagro, coincidencia, avances de la ciencia. Fueron muchos quienes formaron parte de ese todo para que se concrete. Mi agradecimiento a ellos.

Amigo, si estás leyendo esto y eres creyente, te pido una oración por otro aniversario de una muerte y un nacimiento, por el que porta ese corazón, para que llegue a vivir tanto como para ver a sus hijos adultos y convertidos en hombres de bien,  por el alma del donante y por su familia que dieron lo mejor de sí, y si queda algo, por quienes no poseemos esa fe, pero en el fondo querríamos creer que existe algo más.

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DESEO DE NAVIDAD

DESEO DE NAVIDAD

por Martha Larios (México)

 

 

El invierno estaba en su punto. Era nochebuena, veinticuatro de diciembre, hacía muchísimo frío. Mariana, después de ver una hermosa película navideña, a través del cristal, se fue a acostar, y se soñó dentro de ella.

Se encontraba en un hermoso lugar donde varias familias se habían reunido para cantar la última y tradicional posada Mexicana, tomar ponche de frutas caliente, tan característico de la época y a todos los niños les repartieron sus bolsas de golosinas y cacahuates, llamadas aguinaldos.

Mientras esperaban la hora de la cena. Los padres preparaban bebidas, las madres en la cocina terminando de asar el delicioso pavo relleno, alistar la ensalada de Navidad con el color del betabel y las diversas frutas, el pastel de frutos secos y muchas otras delicias. Los niños charlando y jugando al calor de la chimenea.

los villancicos se escuchaban de fondo dando alegría a esta noche tan especial, donde el pino resplandecía de tantas luces de colores. Y desde luego, el centro de atención y lo más especial era el portalito de Belén con sus hermosas figuras, mostrando el nacimiento del Salvador del mundo, motivo de esta gran celebración. A un lado, las sorpresas y regalos, adornados con hermosos moños, que todos esperaban abrir con entusiasmo.

La fiesta transcurrió con gran alegría hasta el amanecer.

Era Navidad, veinticinco de diciembre, la ciudad se encontraba desierta, todos desvelados por la fiesta de la noche anterior, solamente la patrulla que vigila las calles pasó por ahí.

El policía, llamado Alfredo, bajó del auto oficial, era un hombre noble y con un gran corazón, pasó a revisar a los niños que dormían sobre periódicos, ya los conocía de nombre, porque continuamente pasaba a dejarles algo de comida o caramelos.

No le extrañó ver a todos dormidos, pues ellos, a su manera, también celebraban, con lo que gente piadosa les obsequiaba y ese día se habían desvelado viendo una película en el escaparate de la tienda de la esquina. El había pasado el día anterior a dejarles alimentos y regalitos.

Ahora les llevaba ponche caliente. Ellos, al escuchar el ruido del auto, empezaron a levantarse para saludarlo, felicitarlo y agradecerle.

Solo Mariana, que era siempre la primera en encontrarlo cariñosamente, no se levantó. Los niños empezaron a hablarle, moverla desesperados, gritándole y llorando.

Alfredo se acercó, la revisó y les dijo llorando, es muy triste, pero esta noche se fue, por el intenso frío, con el niño Dios, como ella lo había pedido cada Navidad, desde que empezó a vivir fuera de su casa. Por favor cúbranse bien, les traje ropas calientes. Arreglemos todo ésto, y por favor espero que ahora si hagan caso de que debemos irnos a una casa hogar. Siempre nos escucha y éste es el mensaje de amor de nuestro Salvador.

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Noel

 Noel

por Soraya Souto (Brasil)

 

 

Já é quase Natal, e a fábrica trabalha a todo vapor.

Nos últimos meses tenho me dedicado a ler os pedidos das crianças, e agora falta pouco para atendê-los. Este ano Alabaster, o administrador da correspondência, me apresentou, além das cartas, milhares de e-mails. Foi uma inovação das crianças, e precisei da ajuda dos elfos mais jovens para entender algumas palavras. Alguns pedidos acrescentaram relatos pessoais e fotografias da decoração de Natal em suas casas. Uns poucos resolveram detalhar mais, e anexaram links das lojas onde viram brinquedos e livros para que eu olhasse. Foi cansativo, mas é muito importante atender a todos.

Hoje observei durante todo o dia a movimentação frenética dos meus auxiliares. O sincronismo da produção foi admirável: alguns montaram, outros separaram, e os mais jovens embalaram os brinquedos que entregarei neste Natal. Agora estão começando a levar tudo para o trenó, para que eu possa finalmente partir.

Escutei Mamãe Noel terminando o jantar na cozinha. Ela também esteve muito ocupada hoje, cortando fitas e preparando os lindos laços dos presentes. Ela também conferiu todos os mapas que os elfos navegadores prepararam, e mandou instalar um novo GPS no painel do trenó, para que eu não me perca e possa voltar em segurança. Apesar da pressa, e da enorme quantidade de pacotes, ainda encontrou tempo para preparar nossas refeições.

Pude ver pela janela que a maioria das renas se abrigou junto ao velho pinheiro do jardim, fugindo da densa neve que caiu o dia todo. Vi Rudolph, a rena mais antiga, um pouco mais à frente. Me encarava com aqueles enormes olhos castanhos, aguardando o chamado para assumir a liderança das outras.

Aproveitei o pouco tempo que restava para me sentar na poltrona perto da lareira. Had, o velho husky siberiano, me acompanhou e se deitou no tapete, aos meus pés. Este ano não o levarei comigo, para poupa-lo do esforço em noite tão fria.
Comecei a pensar na responsabilidade de visitar tantos lares. Nem todos têm a mesa farta e muitos presentes, mas mesmo assim permanecem repletos de fé e esperança. Muitas vezes, em anos anteriores, percebi a dúvida nos olhinhos espertos das crianças maiores, mas não durava muito, depois que viam que seus pedidos tinham sido atendidos. Quanto aos adultos, sempre me receberam com muita alegria, talvez por recordarem de suas próprias infâncias, e por contarem comigo todos os anos, em noite mágica e abençoada.

Já não preciso descer por lareiras apertadas, ou entrar furtivamente pelas janelas. Sou sempre recebido à porta com abraços carinhosos, independente da moradia. Já estive em mansões e casebres, e até mesmo em becos escondidos em grandes cidades, e o espírito natalino sempre esteve lá, nos corações, nos olhos e sorrisos.

Sei que enquanto todos acreditarem, estarei em seus lares, ano após ano. Este é meu maior estímulo.

Há pouco o alarme do relógio começou a tocar, e me levantei com disposição. Mamãe Noel se aproximou com um novo cachecol que enrolou no meu pescoço. “Seu presente”, ela disse. Me lembrei que não lhe comprara nenhum, e envergonhado lhe envolvi em um abraço. Ela entendeu, tenho certeza.

Abri a porta e vi o trenó já preparado, com Rudolph na posição habitual, à frente. Ela também ganhou um cachecol. “Estamos velhinhos, minha amiga” – falei enquanto acariciava seu pelo – “não podemos nos resfriar”.

Já estava acomodado, e prestes a dar a ordem de partida, quando um dos elfos chegou apressado com um pequeno pacote: eram as rabanadas para comer no caminho…

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Noite de natal

Noite de natal

por Alcione Maria Campos (Brasil)

 

 

 

Moro numa cidade pequena, interior de Goiás. Aqui não se tem muita diversão, as festas que acontecem são quase sempre religiosas. Estou cansada de ficar em casa, só cuidando das crianças. Tenho uma menina que vai completar quatro anos em janeiro e um garotinho de um ano e oito meses.

Este ano decidi participar dos festejos do Natal. Nossa paróquia tem uma turma muito animada, que se dedica aos cuidados com a igreja e às obras sociais. Fiz boas amizades e estamos planejando uma linda festa de confraternização, logo após a Missa do Galo.

Cuido sozinha da casa e dos meus filhos. A Márcia, minha menina, freqüenta a escolinha e o Davi, meu bebê, se adaptou bem, passando um período na creche Canarinho. Eu e meu marido decidimos matriculá-lo quando completou um ano, assim ele pode se  socializar e eu tenho as tardes para descansar ou fazer algumas atividades que me trazem prazer.
Estou animadíssima para o Natal.  A nossa igreja, apesar de não ser grande é muito bem cuidada.

Levamos quase uma semana, trabalhando todas as tardes para montar um lindo presépio, orgulho dos paroquianos.  Cada uma de nós cuidou com antecedência de plantar arroz em potinhos de margarina, para fazermos  a grama em volta  da gruta. Buscamos areia fina do rio para o caminho dos Reis Magos, montamos a gruta com papel de sacos de cimento, amassados e salpicados de purpurina.

Os homens cuidaram da parte elétrica, nunca  a estrela esteve mais brilhante.  Todos colaboraram, cada um dando o melhor de si. As senhoras ofereciam seus mais belos vasos para o cenário do presépio. O clima era de amizade e alegria.  Ficou tudo lindo. E a visitação começou cedo. A igreja vivia cheia, todos queriam ver o famoso presépio.

Faltando uns quinze dias para a tão esperada comemoração, reunimo-nos mais uma vez para planejarmos  a  missa do galo e a ceia. Decidiu-se que esta seria no salão da casa paroquial.   O padre teve a incumbência de avisar aos paroquianos, todos estavam convidados.

Naturalmente  deveriam levar alguma colaboração, escolhida no cardápio previamente montado pela comissão organizadora. Assim haveria comida de sobra e não oneraria a ninguém.

Mandei fazer um belo vestido azul, minha cor preferida, quero estar linda no dia. Tudo caminha para um feliz desfecho, não fosse uma preocupação que não me deixa.  Como farei com as crianças? Não posso levá-las e ninguém vai querer perder a festa para ficar com elas. Foi meu marido que sugeriu:

-Maria Anita, por que não buscamos a Francisquinha para ficar com as crianças?
-Francisquinha, como não pensei nela ainda?

A solução era perfeita. É uma senhorinha muito simples, de seus cinqüenta e poucos anos, que ama  crianças, pois fora babá de muitas na família e que depois de ter mais idade continuou morando na casa da minha sogra, na fazenda. Assim decididos, fomos buscá-la para passar as festas na cidade.

As crianças logo se encantaram com ela, era risonha, brincava com meus filhos como se fosse uma criança também.

Na véspera, fui  preparar  um bolo de  frutas  para a ceia.

Francisquinha estava toda alegre com a Marcinha, da cozinha eu ouvia as risadas das duas. Fui ver o que as alegrava tanto. Descobriram suas imagens distorcidas refletidas nas bolas da árvore de natal e cada uma se desdobrava nas caretas para conseguir a mais interessante.

Tudo pronto,  sentei-me no sofá para relaxar um pouco, queria estar descansada para o evento. Pusemo-nos a conversar, falamos da fazenda, das pessoas  conhecidas , das festas, e eu disse a ela o quanto estava feliz por tê-la ali aqueles dias e que ela ficasse tranqüila porque as crianças  dormiam cedo.

Preparei-lhe uma cama no quarto delas e disse-lhe que o papai Noel passaria aquela noite e deixaria debaixo da árvore um presente para os meninos e um para ela também.

Adormecidas as crianças, fui me aprontar.  Cabelos escovados e brilhantes, maquiagem sutil, o vestido caindo-me com perfeição. O olhar de admiração e promessas do Luís me dizia tudo, tornei-me leve e feliz, como há muito não sentia.

Quando saí do quarto, deparei-me com a Francisquinha acabrunhada num canto do sofá.

-Vai deitar,  Francisquinha,  já é tarde.
– …

Estranhei aquela mudez repentina, mas não dei importância. Quando pus a mão na maçaneta da porta, ela correu na minha direção, aflita:

– Não vá, D. Maria Anita. Eu não vou ficar sozinha aqui não.
– Como não, que você está dizendo? Por quê?

Colocando as mãos em concha no meu ouvido, sussurrou: – eu sou donzela, D. Maria Anita, não posso ficar aqui sozinha e receber a visita do Papai Noel, não sei o que esse  velho vai fazer comigo…

– Mas o Papai Noel na verdade não existe, é só uma lenda…
– Hum, hum, existe sim, eu vi ele na televisão…

De nada adiantaram minhas explicações, meus argumentos.  A velhinha bateu o pé na defesa de suas razões.    E foi assim que mais uma vez eu perdi a missa do galo e a ceia.

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Santa Claus y el cachorro

SANTA CLAUS Y EL CACHORRO

Por Leonor Aguilar (Argentna)

 

 

Cuenta la leyenda que los renos son los encargados de realizar la proeza de viajar por todo el mundo tirando del trineo mágico volador en tan sólo una noche para ayudar a Santa Claus a repartir todos los regalos, ya que los encargados de realizar los juguetes y ordenar los pedidos son los duendes navideños.

Este  año Santa Claus no la llevaba muy bien. Los renos habían andado un poco distraídos. Sin asegurarse  que nadie los viera en su camino hasta el refugio,  los había seguido un cachorrito perdido en el bosque que quería hacer nuevos amigos. Ahora no sabía qué hacer con él,  porque Curioso, que era el nombre que le puso porque se metía siempre en problemas debido a su curiosidad, ponía a prueba su paciencia constantemente. Interrumpía el trabajo de los duendes, no dejaba de desordenar los regalos, quería ver qué había en cada caja y saltaba de una pila de sobres a otra.  Además,  un duende había olvidado cerrar bien la puerta secreta, la ventisca había desordenado las cartas de los niños y debían ordenar todos los pedidos velozmente. Santa contó las cartas, vio que coincidieran con el número de regalos, y apremiado por la hora para poder repartir todo,  dio a los renos la orden de salir con urgencia.

Mientras Santa Claus  acomodaba los lazos de los renos, los duendes ayudaban a cargar los regalos de acuerdo al orden establecido, sin advertir que Curioso, haciendo honor a su nombre, se había trepado al trineo,  deseoso de conocer el mundo.

Nadie vio el sobre que había quedado bajo la mesa.

En la primera parada para dejar regalos, Santa descubrió a Curioso entre las cajas. Frunció el ceño, y viendo que no podía hacer nada, le dio la orden de quedarse muy quieto, de no desordenar los juguetes y estarse callado. El cachorro asintió y prometió portarse muy bien. A decir verdad no pensaba moverse porque  estaba fascinado con el mundo lleno de luces que observaba y disfrutaba ver la reacción de los niños al recibir su presente.

Cuando por fin Santa dejó el último regalo le dijo a los renos que podían emprender el regreso, una vez más había cumplido con todos los pedidos a tiempo y se sintió satisfecho.

Fue en ese momento que descubrió al niño que los observaba pasar. ¡Cómo podía ser posible que lo hubiera saltado en el reparto! Miró el trineo para volverse a dejar su regalo y descubrió que ya no quedaban. Había faltado un obsequio y se sintió contrariado y culpable. Su visita en la noche del milagro del nacimiento de Jesús  siempre era motivo de alegría y esta vez un niño sabría de tristezas por su causa.

Curioso asomó su hociquito por debajo del brazo de Santa Claus y le dijo:

_ Déjame con él. Sé que  no quedan regalos en el trineo. Eres un buen hombre y aunque no lo comprendas ahora, soy tu milagro. Ese pequeño no debe quedar con las manos vacías. Además ya conozco tu mundo y siento curiosidad por saber cómo es crecer con un niño.  Soy un cachorrito, me va a gustar ser su compañero y aprenderé a traerle palitos y pelotas. Prometo cuidarlo cada día de su vida. ¡Seremos grandes amigos!

_ ¿Estás seguro? Mira que si te quedas ya no podrás volver al reino mágico y no puedes contar nada de lo que has visto.

_ Sí, quiero estar con él. Nos ha visto pasar, está pensando que lo hemos olvidado y sé que está triste.

_ Pero… ¿estás seguro, muy seguro?

_ Claro que sí. Sólo tengo una condición.

_ ¿Y cuál es esa condición?

_ No debes olvidar jamás este día. Yo lo sabré, porque cada año, cuando traigas los regalos en tu trineo, debes tener un hueso para mí. A cambio, yo prometo no revelar el modo de llegar donde vives y cómo trabajan preparando los  obsequios.

_ ¿Trato hecho? Dijo Curioso, presionando para convencerlo

_ ¡Hecho! Y ahora prepárate, porque daremos una vuelta que puede ser un tanto brusca

Curioso se sostuvo y preparó su colita para saludar al nuevo amigo.

El niño, al que empezaban a asomarle unas lágrimas en el balcón de sus ojos, se dio cuenta que regresaban  y sonrió. La sorpresa mayor  fue que el mismísimo  Santa depositara en sus manitos al cachorro,  que le dijera que se llamaba Curioso y estaba seguro de la gran amistad que iba a existir entre ellos, porque sabía que  iba a ser un gran perro.

El pequeño, paralizado por la emoción y la alegría, no alcanzó a oír el diálogo entre Santa Claus  y Curioso cuando se despedían

_ Oye, Santa. ¿Nunca te preguntaste quién puso a un cachorro indefenso y solitario en el camino de los renos, en medio de un bosque escondido,  para unirse a tu equipo?

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Encontrei o Poeta

Encontrei o Poeta

por Soraya Souto (Brasil)

 

 

Ontem, caminhando pela praia, encontrei o Poeta.
Ele vinha devagar, deixando que vento agitasse seus cabelos e a areia brincasse com seus pés descalços.
Não sorriu, mas aceitou minha mão e seguimos juntos, dedos entrelaçados, caminhando lado a lado, dividindo aquele fim de tarde de céu rubro e brisa fresca.
Meu coração batia acelerado, pressentindo toda a agitação interior que ele trazia consigo.
Quando as estrelas chegaram, deitamo-nos na areia úmida para admirá-las. Acima do som do mar, ouvi a sua voz:
_ Já não consigo escrever sobre as estrelas, nem as decifrar, por isso não consigo acrescentar nada às noites escuras e solitárias. Passo os dias à espera delas, mas quando a noite chega apenas a angústia toma o meu coração. São tantas, e tão diferentes entre si, que minha escrita já não consegue dar-lhes voz.
_ Então vamos ficar aqui – respondi – sob esse céu, saciados apenas com a visão que elas oferecem.
Ali, no silencio, senti que as ondas chegavam, tocando de leve nossos pés. Seu riso fraco chegou aos meus ouvidos.
_ Quando eu era criança- disse –  fitava o céu à espera que uma estrela cadente cruzasse e realizasse meus pedidos. Fiz tantos, e grande parte realmente se concretizou.
_ Acredita então nas estrelas, Poeta?
Ele não respondeu de imediato, e quando falou tinha os olhos brilhantes e vidrados.
_Acredito nas estrelas e nos sonhos que elas guardam. Na esperança que os corações têm de atingi-las, e também na infinita distância de onde me observam.
Um tremor percorreu sua mão. Apertei mais forte seus dedos, lembrando-lhe que estávamos juntos, e eu sempre o apoiaria. O Poeta nunca me pareceu tão frágil, por isso tentei encontrar as palavras certas para aquela conversa.
_E por que precisa tanto delas?
_Para descrever a luz quando o mar se aproxima, e o reflexo que faz brilhar a areia da praia. Sem elas não se vê o arrepiar na pele, provocado pela brisa, ou o amor refletido no olhar do amante que espera. Sem elas meus versos ficam presos à terra, sem sonhos nem voos.
Virei-me para fitá-lo, e percebi as lágrimas que corriam pelo rosto tenso. Me ocorreu que elas também vinham em ondas, como aquele mar.
Senti um frio percorrer minha pele até à garganta, impedindo minha voz. Me faltaram palavras perante aquela dor.
Alí perto soaram acordes de um violão, e minutos depois uma voz iniciou uma canção. Era uma balada de amor, vinda de uma das casas ao longo da praia, e por alguns momentos ficamos ambos a ouvi-la, quietos e pensativos.
Ao final, ele voltou a falar.
_ Até mesmo a música precisa das mensagens das estrelas, percebe? Sem a poesia os corações padecem e se tornam infecundos…
Era possível perceber as aflições do espírito que faziam com que ele respirasse forte, como um gemido surdo.
Foi então que nossos dedos se soltaram, e o Poeta se levantou.
Não disse adeus, apenas me fitou com a ternura com que os poetas trazem nos olhos, e partiu sem olhar para trás.
Vi seu vulto afastar-se e lamentei a solidão que agora nós dois sentíamos, mas que não podíamos evitar. Ele tinha uma angústia dolorosa, difícil de descrever e, incapaz de suportá-la, perdoei sua partida.
Ao vê-lo já longe, pensei no preço que pagamos por não sermos apenas um, mas sim todos os que somos capazes de viver e interpretar. Uma eterna luta que atormenta aqueles que leem as estrelas ou escutam as ondas do mar.
As suas palavras marcaram meu coração com a mesma força, e da mesma forma com que a poesia sempre costuma fazer, em noites como aquela.

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A seguir soñando…

A seguir soñando…

 

 

por Sandra Sierra Gasca (México)

Tengo un sueño, un solo sueño, seguir soñando: soñar con la libertad, soñar con la justicia, soñar con la igualdad y ojala ya no tuviera necesidad de soñarlas.

Soñar a mis HIJOS, grandes, sanos, felices, volando con sus alas, sin olvidar nunca el nido.

Soñar con el amor con amar y ser amado dando todo sin medirlo, recibiendo todo sin pedirlo

Soñar con la paz en el mundo,en mi país….en mí misma y quien sabe cual es más fácil de alcanzar.

Soñar que mis cabellos que relean y se blanquean no impidan que mi mente y mi corazón sigan jóvenes y se animen a la aventura, sigan niños y conserven la capacidad de jugar.

Soñar que tendré la fuerza,la voluntad y el coraje para ayudar a concretar mis sueños en lugar de pedir por milagros que no merecería.

Soñar que cuando llegue al final podré decir que viví soñando y que mi vida fue un sueño soñando en una larga y plácida noche de eternidad…

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UN CANTO EN LA NOCHE –

UN CANTO EN LA NOCHE

por Martha Larios (México)

 

 

Y cuando llegue el día del último viaje, 
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar, 
me encontraréis a bordo ligero de equipaje, 
casi desnudo, como los hijos de la mar
Antonio Machado

 

Era la tarde del 2 de noviembre, Día de Muertos, gran celebración Mexicana. Como cada año, el grupo cultural se apresuraba a preparar el escenario, que en esa ocasión sería un zompantli, que es una especie de pared, hecha de cráneos humanos de varios tamaños y formas, de papel maché o reciclado pintados de blanco con un marco de flores de cempoalxochitl, como en nuestros ancestros hacían antes de la invasión española.

Eran varios amigos de diversas edades, que con tiempo se organizaban para realizar un evento a a los seres queridos que se han ido, tanto de ellos, como de los que a pesar del frío se venían para acompañar y disfrutar de una noche mágica.

Era un foro abierto al arte, así que siempre, había sorpresas inesperadas, pues no había un programa establecido, solo el inicio, que consistía en dar la bienvenida a las almas tocando instrumentos prehispánicos, como flautas de barro, huehuetl (tambor de madera y piel de algún animal), teponaztli (instrumento horizontal de madera hueca con dos lenguetas decorado con figuras de animales que solo produce dos sonidos muy agradables, al tocarse con baquetas de madera,  o simplemente haciendo sonar un gran manojo de ayoyotl (semillas) o capullos de mariposa, llamados actualmente huesos de fraile, contra los rieles de la vía del ferrocarril y en voz alta, se invitaba a las almas de los seres queridos de los presentes a asistir a la fiesta dedicada a ellos.

Todos, llevábamos algo para la ofrenda de esa noche, sal, agua, frutas, velas, papel picado, flores de cempoalxochitl, delicioso pan de muerto de sabores como canela, guayaba, naranja, etc., tamales, dulce de camote morado elaborado con diversas frutas, platillos y postres que solo se preparan para estas fechas.

Como mencioné antes, nunca se sabría qué habría a continuación, pues se convocaba a poetas, cuenta-cuentos, bailarines, danzantes, músicos, a quien quisiera pasar al escenario. Acudían personas de todas las edades, con gran entusiasmo a participar de la fiesta. Solo tenían que llegar y anotarse y era tan apreciado y exitoso, que empezaba desde la tarde y terminaba al amanecer. Esa noche habría una gran sorpresa, pues ni los organizadores sabían.

Se realizó con misticismo y alegría. Todo fue un éxito, como normalmente sucedía. Estábamos a punto de irnos, cuando llegó un joven, preguntando si podía ocupar el escenario,  diciendo que cantaría, y desde luego se le autorizó inmediatamente, faltaba muy poco para que terminar, además no podíamos verlo pues estaba muy obscuro. Eran las dos de la mañana, y los organizadores pensamos que sería magnífico como cierre. Pues solo faltaba usar la mojiganga, que es una figura grande de de cartonería, y dentro de ella va una persona para moverla, que desde luego para esta celebración es la famosa Catrina. Y compartir la ofrenda con los asistentes.

Al acercarse a la luz, el joven nos impresionó, era extremadamente delgado, más alto que la estatura promedio de la zona, media aproximadamente 1.90 mts., cara afilada, manos largas como de pianista, blancos como la cera, ojos hundidos, podría decir que eran obscuros como la noche y no se les veía fin.  Su vestimenta era muy peculiar, la cabeza no parecía tener cabello y estaba cubierta por una especie de pañoleta de manta de cielo negra anudada en la nuca y colgaba de lado hasta casi la cintura. Usaba una camisa de corte extraño y único, una falda-pantalón cruzada al frente y botas altas para montar, todo en negro, lo que hacía que se viera muy elegante y plásticamente perfecto.

Con gran seguridad, subió al improvisado escenario y se empezó a escuchar un sonido tremendamente fuerte, intenso y cascado, resonaba en la noche la inconfundible voz de Lucha Reyes, la cantante Mexicana, quien había muerto en 1944. Una sola canción fue suficiente para dejarnos a todos impactados y con la boca abierta. Apenas podíamos creerlo.

En ese momento, por una extraña razón y sin ninguna explicación lógica, vino a mi mente el poema de Octavio Paz  “Óyeme como quien oye llover, ni atenta ni distraída, pasos leves, llovizna, agua que es aire, aire que es tiempo, el día no acaba de irse, la noche no llega todavía, figuraciones de la niebla al doblar la esquina, figuraciones del tiempo en el recodo de esta pausa, óyeme como quien oye llover, sin oírme, oyendo lo que digo con los ojos abiertos hacia adentro, dormida con los cinco sentidos despiertos, llueve, pasos leves, rumor de sílabas, aire y agua, palabras que no pesan: lo que fuimos y somos, los días y los años, este instante, tiempo sin peso, pesadumbre enorme, óyeme como quien oye llover, relumbra el asfalto húmedo, el vaho se levanta y camina, la noche se abre y me mira, eres tú y tu talle de vaho, tú y tu cara de noche, tú y tu pelo, lento relámpago, cruzas la calle y entras en mi frente, pasos de agua sobre mis párpados, óyeme como quien oye llover, el asfalto relumbra, tú cruzas la calle, es la niebla errante en la noche, es la noche dormida en tu cama, es el oleaje de tu respiración, tus dedos de agua mojan mi frente, tus dedos de llama queman mis ojos, tus dedos de aire abren los párpados del tiempo, manar de apariciones y resurrecciones, óyeme como quien oye llover, pasan los años, regresan los instantes, ¿oyes tus pasos en el cuarto vecino? no aquí ni allá: los oyes en otro tiempo que es ahora mismo, oye los pasos del tiempo inventor de lugares sin peso ni sitio, oye la lluvia correr por la terraza, la noche ya es más noche en la arboleda, en los follajes ha anidado el rayo, vago jardín a la deriva -entra, tu sombra cubre esta página-”

El extraño personaje, bajó y se fue rápidamente, sin decir nada, y sin esperar el aplauso, el cual se quedó congelado en medio de esa noche, de lluvia, frío y obscuridad.

Nunca supimos quien fue, estábamos tan impresionados que nadie se movió, ni lo siguió para preguntar.

Poco a poco y en silencio, todo mundo empezó a irse, ya no hubo fin de fiesta como se acostumbraba, y seguramente ese recuerdo quedó para siempre en nuestra mente. Y la pregunta flotaba en el aire enrarecido, ¿Acaso fue un vistazo rápido al más allá?

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ASÍ TE CUENTO DEL MINUTO QUE CAMBIÓ TODO

ASÍ TE CUENTO DEL MINUTO QUE CAMBIÓ TODO 

por Cony Ureña (México)

 

 

Soy poco idónea para platicarte de los terremotos que han asolado mi querido México. Aparte del enorme susto, tuve la fortuna de no haber sufrido en carne propia ninguna desgracia este pasado mes de septiembre.

Al ser desalojados por motivos de seguridad, del edificio donde trabajo los empleados salimos a la calle sin darnos cuenta aún que había sido no solo un gran susto para la población, sino que nos esperaban las noticias aterradoras sobre edificios colapsados, gente atrapada entre escombros, construcciones dañadas y más etcéteras. Nos preparamos para lidiar con el tránsito. La mayoría pensaba solo en algo: llegar a casa lo antes posible, para cerciorarnos que habían resultado también ilesos nuestros familiares y nuestras propiedades. Imposible comunicarnos directamente con los móviles, la red estaba saturada; así, el famoso whatsapp sirvió para darnos un poco de tranquilidad.

Por la mañana de ese 19 de septiembre, el tránsito había estado -como era costumbre-, complicado. No sabes cuánto me eran antipáticos los motociclistas que sin previo aviso cruzan frente de tu auto para maniobrar; no siguen una línea recta, circulan entre los vehículos y para mí eran una gran molestia, lo mismo que los ciclistas.

Pero alrededor de las 13:30 horas, algo había cambiado. Los caros restaurantes y tiendas de lujo de la zona donde laboro, tenían ya letreros llamativos: “Gratis, sopa o un guisado para quien lo necesite”; “Puedes cargar con nosotros la pila de tu móvil”, “Está abierto nuestro WiFi para ti”. ¡Vaya! Algunas personas lloraban en las calles y eran consoladas por desconocidos. Los automovilistas no hacían sonar sus claxons ante el terrible congestionamiento vial, sino conducían lentamente, aunque con seguridad estaban ansiosos por avanzar. Noté que muchos conductores ofrecían a peatones llevarlos… algo completamente inusual entre nosotros.

Digo que no soy quien para narrar los acontecimientos de aquel martes, porque no vi ni he visto edificaciones derrumbadas, solo he seguido las noticias del gran desastre que causó un terremoto trepidatorio de 7.1 grados Richter, con epicentro más o menos cerca de la capital mexicana, que ha destruido las viviendas de la gente más humilde en los estados vecinos y ha dejado desamparadas a innumerables personas de clase media que hasta hace poco vivían en departamentos de acuerdo a su estatus social.

Siguiendo el trayecto hacia mi casa, me di cuenta que ningún vehículo se atravesaba en mi camino, a pesar del intenso tráfico. Quizás todos manejábamos como autómatas o tal vez habíamos cambiado un poco, al dejar pasar primero ahora a los motociclistas y ciclistas que acudían a la zona más devastada para ayudar. Ahora todos abríamos paso para que circularan las ambulancias, las patrullas, los paramédicos… no es que no lo hiciéramos antes, pero sí, algo había cambiado. Aquello de que en los cruces de calles y avenidas, cuando el tránsito está “embotellado”, pasemos uno de un lado, otro del lado opuesto… así, uno y uno, ahora se respetaba, mientras por la radio escuchaba con azoro que muchas construcciones habían caído o estaban por caer, que había cientos de seres atrapados.

Pero fue hasta que llegué a casa me di cuenta de la magnitud de la desgracia que cayó sobre gente inocente. En la televisión, miré cómo cientos de jóvenes, sin que nadie los alentara, estaban ya “manos a la obra” como rescatistas profesionales, mientras llegaba el ejército, la marina, los llamados topos, los hermosos canes que señalan dónde hay vida o un cuerpo que recuperar.

En mi casa -que por fortuna no sufrió daño alguno-, me di a la tarea de confirmar que mis familiares, vecinos y amistades estaban bien; así que el recuento de lo lamentable, no fue para mí, directamente.

Hasta hace poco, al encontrar a una querida amiga, al verla con un collarín y huellas de golpes en la cara, supe de viva voz que estaba en uno de los edificios más horriblemente derrumbados, que había tratado de huir hacia la calle pero estando a punto de salir el edificio se vino abajo y fue golpeada con brutalidad por los muros que le cayeron encima. No fue la única en dicho lugar que quedó atrapada; gritó, junto con varias otras personas, pidiendo ayuda que llegó muy pronto, quizás de peatones que pasaban por ahí o vecinos que arrancaron de la muerte a muchos semejantes, entre ellos mi amiga.

Con las horas y los días, surgieron muchísimos héroes anónimos, aquellos que ofrecieron agua y comida a quien lo necesitó; quienes ofrecieron sus hogares a los que perdieron todo, quienes con sus propias manos removieron los escombros, quienes participaron en rescates a cambio de la satisfacción propia de haber ayudado.

Empezó a llegar la ayuda nacional e internacional, delegaciones de rescatistas (a quienes viviremos agradecidos eternamente), con toneladas de ayuda para los necesitados, sus maravillosas herramientas, su tecnología de punta y sus inolvidables canes. Todos trabajaron junto a los mexicanos capacitados o voluntarios sin experiencia que se organizaron con la sola finalidad de ayudar.

Por medio de las redes sociales fui siendo testigo de hechos que todavía me hacen un nudo en la garganta al ver levantarse a la juventud tan criticada por su lenguaje, por sus actitudes, por su indiferencia pero que ahora estaban luchando hombro con hombro para rescatar, para limpiar escombros, para trasladar ayuda, para consolar.

Surgió otro tipo de sociedad mexicana. Esa que no es indiferente al dolor ajeno, que se inclina a ayudar a esas personas que están sufriendo física y moralmente. Eso sí lo he visto con mis propios ojos.

Reconozco que la electricidad, agua y telefonía se restablecieron inmediatamente en la mayor parte de la Ciudad de México y sobre todo aprecio que el Presidente haya salido de inmediato a enviar un mensaje de solidaridad del gobierno hacia la ciudadanía, que se haya presentado en los lugares de mayores desastres, que haya aceptado la ayuda internacional; en fin, que haya dado la cara. Sucedió que en el terremoto de 1985, el presidente de aquel entonces “salió a los medios” una semana después y rechazó el auxilio de naciones amigas.

Sí, reconozco muchas cosas, entre las cuales está mi mayor respeto y admiración al Ejército, la Marina, los Topos* y los héroes anónimos que tanto han ayudado, aunque critico agriamente que en Oaxaca y Chiapas, estados muy lastimados por el terremoto del que te cuento y otro anterior sumamente devastadores, a la gente que perdió su casa les esté dando el gobierno 120 mil pesos mexicanos para la reconstrucción… esa cantidad no es nada, no compra los materiales que se requieren; en una palabra, es insuficiente.

Creo que si va a haber una verdadera reconstrucción, se debe copiar el modelo japonés. El gobierno debe tomar físicamente en sus manos el restablecimiento de las viviendas y no dar lo que me parece una limosna, a personas sin hogar por causa de los terremotos.

No sé si en la capital sucederá lo mismo que te cuento; aquí han surgido voces como aquello de no dar a los partidos políticos los más de 7 mil millones de pesos para la campaña presidencial y de renovación de los congresistas del próximo año. El descontento social ya existía en este sentido, pero se ha venido agudizando hasta arrinconar a los partidos a renunciar a cierto porcentaje, que se destinará a la reconstrucción.

Ignoro si los capitalinos, volvamos a ser lo que fuimos antes del 19 de septiembre. No sé si volvamos a cubrirnos de indiferencia, de dejadez, de criticar pero sin hacer nada, no lo sé. Quisiera que no fuera así, que sigamos teniendo compasión por nuestros semejantes, que continuemos participando -cada quien desde su comunidad-, para que nuestra capital sea más humana, más amigable, más habitable y ese ejemplo se extienda a toda la nación, porque la reconstrucción tomará mucho tiempo y si bien ahora la ciudadanía ha donado toneladas de alimentos, rezo para que no decaiga el ánimo y sigamos ayudando a los necesitados.

Que no nos dejemos llevar por los falsos rumores de que un nuevo y terrible desastre nos espera. Que hagamos cumplir la promesa de reducir el número de diputados y senadores (628), que no permitamos que las campañas políticas nos llenen de basura electoral. Que exijamos que se construyan nuevas y mejores viviendas para los damnificados, que pidamos rendición de cuentas. Y tantos etcéteras que cada ciudadano puede plantear.

Además, que no nos atormentemos con la pregunta, “¿por qué a México tantos huracanes y dos terremotos?”. Creo que cuando nos hemos asombrado con la riqueza de nuestras tierras, la abundancia de sus ríos, lagunas, manantiales; maravillosos litorales, paraísos conocidos y por conocer, bellísimas ciudades modernas y coloniales, vestigios prehispánicos asombrosos, pueblos mágicos, majestuosas montañas, playas de ensueño, bosques y selva exuberantes, bio-diversidad y recursos naturales extraordinarios y más, mucho más, no nos hicimos esa pregunta, “¿por qué a México le correspondió tanta riqueza?”, sino que solo nos sentimos bendecidos. Hoy estamos viviendo el reverso de la moneda, pero esa misma moneda está en nuestras manos.

Ah, me preguntas sobre el minuto que te cuento; me refiero a la duración de los terremotos de septiembre. Aunque creo que no llegaron cada uno a los 60 segundos y si bien nuestro futuro cambió en esos instantes y parece incierto, me lleno de esperanza al saber, y sobre todo testificar, que la fuerza de mi país está en su gente.

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