KEBAB (et frites!)

KEBAB (et frites!)

por Henrique Mendes – En portugués y español

 

kebab

São sempre os mesmos dois, lá por detrás do balcão, todos os dias. E noites. Trabalham longas horas num esquema bem pensado de franchising, com um sorriso nada servil, mas servindo. Simpáticos por escolha, diria eu. E preocupados em agradar, diria eu também.

Não fazem ideia de quem sou,  nem  do que penso,  de para onde vou, ou de onde venho. E eu confesso que gosto disso, de me ver assim bem tratado apenas por ser cliente.  Mas claro que  já perceberam, pelos meus pedidos nas vezes anteriores, que estou familiarizado com a comida do seu país, e que peço coisas com sentido.

Porém, quando termino de pedir a comida, fazem uma espécie de pausa, respirações suspensas e sobrancelhas erguidas, numa expectativa muito clara de que eu não peça umas batatinhas fritas também. Mas é nesse ponto que, de comum acordo, traçamos a nossa linha de fronteira, e negociamos com alguma doçura os nossos acordos de Paz.

Além das suas delícias pátrias, permitem que me entupa com batatinhas, apesar de fazerem de tudo para escondê-las – desde colocar-se à frente do cartaz, até fingir que não entendem, quando as peço… Por contrapartida, eu deixo de fingir que eles falam um português muito mau, e rendo-me a uma outra evidência:-o português deles é tão deliciosamente excêntrico como as minhas batatinhas são…

Daí para a frente, caímos no perdão mútuo, caímos na risada, e todos sabemos que voltarei lá.
Hoje voltei, porque senti que tinha de voltar. E lá estavam os dois, atrás do balcão, impecáveis, sorrindo. Sózinhos. Por cima deles, em cores exóticas um néon com o nome do restaurante, a origem, egípcia, e alguma propaganda às minhas kebabs favoritas.

Atenderam-me com o sorriso de sempre. E num dado momento, sem que esperasse, detrás do sorriso surgiu uma pergunta, querendo saber de onde eu era. Respondi que era português, mas que tinha vivido muito tempo fora, e que tinha conhecido várias famílias árabes de quem era mais ou menos amigo e, por isso, conhecia um pouco da sua comida.

Sorriram ainda mais do que de costume, como se tivesse dito o que já esperavam. Depois, um disse: “ Hoje precisa de todos amigo !” E sorriu. Outra vez…

Depois perdi-me nos sabores deliciosos. E nas batatinhas fritas, claro…

Mais tarde regressei a casa contente por ver que estavam atendendo mais gente. Com um sorriso grande.
E quando liguei a net, e recomeçou aquele martelar de quem é Charlie, e quem não é Charlie…Aquela coisa peçonhenta,  do nós e do eles… fiquei ponderando se vale a pena amanhã colocar um cartaz na janela onde se leia apenas:

Je suis Kebab !
( et frites ! )

***

¡Son siempre los mismos dos, por detrás del balcón, todos los días! Trabajan  largas horas en un tipo muy bien pensado de franquicia, con una sonrisa nada servil, pero sirviendo. Son simpáticos por elección, diría yo. Y preocupados en complacer, diría yo también.

No tienen la mínima idea de quien soy, ni lo que pienso, de para dónde voy,  o dónde vengo. Y tendré de confesar que eso me gusta mucho, verme así bien atendido apenas por ser cliente. Mas claro que ya  comprendieron, por mis pedidos en las veces anteriores, que estoy familiarizado con la comida de su país y que pido cosas cuya combinación tiene sentido.

Pero, de todas las veces, cuando termino de pedir la comida hacen una especie de pausa con  la respiración suspendida y las cejas erguidas  en la expectativa muy clara de que yo no pida unas papitas fritas también. Pero es  en  ese punto que, de común acuerdo, trazamos nuestra línea de frontera y negociamos  con alguna dulzura nuestros acuerdos de Paz.

Además de sus delicias patrias permiten que me atasque de papitas fritas, a pesar de hacer de todo para que no las vea, sea poniéndose en frente del cartel, sea pretendiendo no comprenderme cuando las pido… Por contrapartida, yo dejo de pretender que hablan muy mal el portugués, y riéndome ante una que otra evidencia: – el portugués de ellos es tan deliciosamente excéntrico cuanto mis papas fritas, en aquel contexto.

De ese punto en adelante caímos en una situación de perdón mutuo, soltamos unas carcajadas saludables, y todos nosotros sabemos que yo volveré para comer otra vez.

Pero hoy…Hoy volví porque sentí que tenía de volver. Y los encontré a los dos, como siempre, del otro lado del balcón, sonrientes, impecables, pero solos. Por arriba de ellos un neón en colores intensos y exóticos exhibía el nombre del restaurante  y su origen egipcio junto con algunas fotos de mis kebabs favoritos.

Me sirvieron con la sonrisa de siempre. Y en un dado momento, sin que lo esperase, por detrás de una sonrisa nació una pregunta buscando saber de dónde era yo. Contesté que era portugués, pero que había vivido muchos años por ese mundo afuera, y que había conocido varias familias árabes y  por eso conocía un poco de sus comidas.
Sonrieron todavía un poquito más que lo habitual, como si yo hubiese dicho alguna cosa ya esperada. Entonces, uno de ellos me platicó:” Hoy necesita de todos, amigo!” Y sonrió. Otra vez.

Pasado eso me perdí en los sabores deliciosos de sus comidas.  Y de mis papas fritas, claro… Sólo volví a mirarlos cuando ya regresaba a casa, y en una rápida mirada pude ver que estaban ocupados con más clientes. ¡Con una sonrisa grande!
No tardó, cuando me conecté en la red volvió todo aquel clamor de quién es Charlie, o de quién no es Charlie…Aquella ponzoña siendo recocida  momento tras momento…  Aquella cosa de nosotros y de ellos…

No resistí a ponderar si vale la pena mañana por la mañana poner un cartel en la ventana donde se lea simplemente:

Je suis Kebab !
(et frites ! )
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