120 – Portada

 

 

 

Volveré; volveré 
por ese camino que ayer me alejó, 
al rumbo del ave que vuelve a su nido, 
buscando el alivio para su dolor. 

Volveré, volveré
y lejos la noche repite mi voz.
La voz de un cariño que lejos se siente
y llama al ausente de su corazón. 

Azahar de blancos jazmines,
que aroman el patio del viejo jardín.
Un beso de luna me espera en los valles:
mi rancho, mi madre, todo mi sentir.        

Volveré; volveré: 
me espera la noche vestida de azul. 
Y hasta el arroyito que baja del cerro, 
traerá recuerdos de mi juventud. 

Volveré; volveré 
donde está mi madre esperándome.
De nuevo en sus brazos volver a ser niño;
vivir como sólo se vive una vez.    

Chango Rodríguez

La cosecha de poetastrabajando

 

QUISIERA ENCONTRARTE. – Jorge Sierra

TE VI A MI LADO. – Jorge Sierra

A MIS AMISTADES. – Jorge Sierra

DESEABA CONOCERLA. – Jorge Sierra

MAYEUTICA COMPARADA – mestre

MI MONOLOGO – mestre

MERIDA – Jorge Sierra

NO TANTO COMO TU. – Jorge Sierra

TU VOZ Y TU MIRADA. – Jorge Sierra

SE DICE DE LOS POLITICOS. – Jorge Sierra

RECONCILIARME CON LA VIDA. – Jorge Sierra

LE HACIA MUECAS UN DIA. – Jorge Sierra

ESA MUJER. – Jorge Sierra

ME DESPIDO POR UN TIEMPO. – Jorge Sierra

SIN TEMOR – Jorge Sierra

QUE APAREZCAN TODAS – mestre

CUANDO SEA EL TIEMPO – Leonor Aguilar

Día del trabajador

 

Cumpliendo con mi oficio
piedra con piedra, pluma a pluma,
pasa el invierno y deja
sitios abandonados,
habitaciones muertas:
yo trabajo y trabajo,
debo substituir
tantos olvidos,
llenar de pan las tinieblas,
fundar otra vez la esperanza.

No es para mí sino el polvo,
la lluvia cruel de la estación,
no me reservo nada
sino todo el espacio
y allí trabajar, trabajar,
manifestar la primavera.

A todos tengo que dar algo
cada semana y cada día,
un regalo de color azul,
un pétalo frío del bosque,
y ya de mañana estoy vivo
mientras los otros se sumergen
en la pereza, en el amor,
yo estoy limpiando mi campana,
mi corazón, mis herramientas.

Tengo rocío para todos.

Pablo Neruda

 

El 1° de mayo se conmemora en todo el mundo el Día Internacional del Trabajador en homenaje a los llamados Mártires de Chicago, grupo de sindicalistas anarquistas que fueron ejecutados en 1886. Ese mismo año, la Noble Order of the Knights of Labor, una organización de trabajadores, logró que el sector empresarial cediese ante la presión de las huelgas por todo el país.

Entonces, el presidente de Estados Unidos, Andrew Johnson, promulgó la Ingersoll estableciendo ocho horas de trabajo diario. Como los empleadores se negaron a acatarla, los trabajadores de la ciudad industrial de Chicago iniciaron una huelga el 1º de mayo, que comenzó con una manifestación de más de 80.000 trabajadores liderados por Albert Pearsons.

Ese movimiento había sido calificado como “indignante e irrespetuoso”, “delirio de lunáticos poco patriotas”, y manifestando que era “lo mismo que pedir que se pague un salario sin cumplir ninguna hora de trabajo”.

A partir de allí, el conflicto se fue extendiendo a otras ciudades norteamericanas, logrando que más de 400.000 obreros pararan en 5.000 huelgas simultáneas. La magnitud del conflicto causó preocupación al gobierno y al sector empresarial, que creyeron ver en las manifestaciones y huelgas el inicio de una revolución anarquista.

Sin embargo, la fábrica Mc. Cormik de Chicago no reconoció la victoria de los trabajadores y el 1º de mayo de aquel año la policía disparó contra los manifestantes que, a las puertas de la fábrica, reivindicaban el nuevo acuerdo. Durante los siguientes días murieron más trabajadores, hasta que el día 4 una bomba estalló contra las fuerzas policiales, suceso conocido como “el atentado de Haymarket”.

El 21 de junio de 1886 comenzó el juicio a 31 obreros acusados de haber sido los promotores del conflicto. Todos fueron condenados, dos de ellos a cadena perpetua, uno a 15 años de trabajos forzados y cinco a la muerte en la horca. La culpabilidad de los condenados nunca fue probada.

En la actualidad, muchos países rememoran el 1º de mayo como el origen del movimiento obrero moderno. Hay algunos que no lo hacen –en general, países de colonización británica–, como Estados Unidos y Canadá, que celebran el Labor Day (Día del Trabajo) el primer lunes de septiembre; Nueva Zelanda, el cuarto lunes de octubre. En Australia, cada estado federal decide la fecha de celebración.

 

 

Lilian Serpas

 

Lilian Serpas

 

El tiempo, quizá, destiñe su nombre pero no  su poesía. Lilian Serpas es poesía eterna.

Lilian Serpas fue una poetisa y periodista salvadoreña. Nació en San Salvador, el 24 de marzo de 1905.
Serpas quedó huérfana de padre a los tres años. Su hogar, dirigido por su madre, Josefa de los Ángeles Gutiérrez, tuvo contacto con el ámbito intelectual porque su hogar era escenario de numerosas tertulias literarias. Entre los asistentes a dichas reuniones estaba Francisco Antonio Gavidia, autor que llegó a escribir el prólogo de uno de los libros de Serpas.

Trabajó como colaboradora de la revista Pareceres y en la radio A.Q.M.. Asimismo, pasó una época en los Estados Unidos en la ciudad de San Francisco (1930 – 1938), donde colaboró con la revista Sequoia de la Stanford University.1​ De regreso a El Salvador, se dedicó de lleno a trabajar para El Diario de Hoy, principalmente en la sección Pajaritas de Papel (1941).

En 1938 se casó con Thomas Jefferson Coffeen Suhl, pintor norteamericano junto al cual tuvo tres hijos. Uno de ellos, Fernando, falleció en 1970, hecho que provocó en la escritora un gran desequilibrio emocional y la sumió en una profunda depresión.

Retornó al país con la ayuda de amistades quienes le brindaron su apoyo en sus estados agónicos. La creadora de títulos como “Urna de ensueños”, “Nácar”, “Huésped de la eternidad”, “Girofonía de las estrellas”, “Meridiano de orquídea y niebla” y “La flauta de los pétalos” dedicó sus últimos años de vida a trabajar en la Dirección de Publicaciones de San Salvador.

El 10 de octubre de 1985  falleció en el Hospital Nacional Rosales de San Salvador, centro médico al que había ingresado días antes como consecuencia de una caída que le provocó fracturas.

 

REMEMORAR

Un pálido fulgor de media luna
sobre el rústico banco de las citas,
la leve brisa que llegó oportuna
y la vereda de las margaritas…

En hora de congojas importuna
y lento suspirar de hojas marchitas
a la tristeza le sirvió de cuna
la fuga amarga de amorosas cuitas

Hoy vuelvo solitaria a recordarlo…
La noche es tibia y dulce para amarlo
y para hacer de nuestra vida, una…

Y como sé que la pasión es ida,
la clara historia que truncó mi vida
rememorando estoy bajo la luna…

LA MARIPOSA

En el jardín de plenilunio lleno
su tríptico de pétalos se posa,
con la fijeza de una mariposa
que congelara en flor su desenfreno.

Tiene en su cáliz de candor un pleno
aire más fino que nevada rosa,
y del perfume, doncellez premiosa,
la suave gala de blancor sereno.

Vuelta de niebla y música su vida
es retazo de luna: ahí fundida
vobró la noche en su primer rocío.

Así quedó la mariposa en vuelo
sobre la media página del cielo,
¡clavada al aire en alfiler de frío!

ALUNIZAJE

Lúcido en la tiniebla de un momento
de ser -ya sido- en inicial viraje,
arranca de raíz mi pensamiento
-tan joven como antiguo en su linaje-.

Ráfaga a grupas de un saber, aliento
-del polvo hostil es rescatado viaje-,
emite luz, muy cerca a lo que siento
del más nocturno azul de alunizaje.

Ritmos de meteoros miden tensa
noche, sólo soporte a mi defensa,
igual a rostro en Cero circunscrito.

Yo heroica y huyendo en un desvelo
-libre y sin nada-, como en un deshielo,
alcanzo en pie de amor, el infinito.

DE OLVIDO

Tu imagen enlutada y pasajera
roza el leve sentir de una amargura…;
y aunque en ella yo viva prisionera,
mi vida es un no-star en la ternura:

-afán que nunca llega hasta su vera-
si un ir inmotivado en mi presura,
me diluye, me escapa a la atadura
del tiempo, en ceguedad de lo que fuera:

-tal vez- sólo el mirar de la dulzura;
el más leve matiz en primavera:
la luz, la flor, la imagen que perdura;

desde mi hondón mi ser te configura,
-cerca o distante- el alma es heredera,
de ese súbito albor, de noche oscura…

ÁRBOL DEL BÁLSAMO

A ti vuelvo y en ti buscando aliento;
-Isla del sol- o de mí noche de estrellas,
si heridas me restañas y alma sellas
es techo y heredad, tu sentimiento.

Un átomo de amor en las centellas,
o la virtud más dulce, yo presiento:
diosecillo de luz, mi pensamiento
en ti árbol grabó, sus tiernas huellas.

Te leo entre anaqueles de la Historia
-y aquella bronca paria- en la memoria
en la corteza afirma una existencia.

de los mutables ciclos por escalas
que un dios y el tiempo entre sus verdes galas,
¡dio el palpitante origen de su Ciencia…!

LA NOCHE

Criatura entre otros ‘egos’ desligada,
la noche, en concreción de lo inconcreto
-al no ser la materia resignada-
cuelga de un mundo en su dolor concreto…

Desnace tras la luz, finge el secreto
de verse en el vacío, cuando nada
-si no la levedad del esqueleto-
la equilibra dejándola creada…

Lo infinitesimal que la descifra,
centra -con voz armonica la cifra,
que a su esférica forma la resuelva…

Y en lo posible, o imposible, vaga
-con sus ojos sin luz- yendo a la zaga
de la inviolable lumbre que: ¡la envuelve…!

VIVO EN LO ABIERTO

Si el amor terrenal es desconcierto;
si en un perenne afán nunca colmado,
viviera el corazón deshabitado:
Mi voluntad renuncia a su desierto…;

Diré que duerme en el arrullo cierto,
donde el pensar más frío, es alumbrado;
libre en esencia, al mundo contemplado,
ciego de luz en el espacio abierto…

Y en soledad ardiente que fulgura
―ese Alguien que a mi ser cautiva,
deslíe con sus ojos la hermosura,

de cuanto amó de amor su llama viva…
¡Y en supresión, al fin, de la criatura,
de lo total, es flor definitiva!

En la casa de mis abuelos

EN LA CASA DE MIS ABUELOS

por Russo Dylan Galeas Maynor (Canadá)

 

De la colección de relatos
Letras con tierra de fuego

(Ya hay relatos de esta casa, mejores plumas la han descrito, la han contado. La nostalgia me agita a contar la dicha de ese tiempo feliz. Este es el primer relato de una colección de letras con tierra de fuego.)

Un largo y elevado tejado cubría la casa. Un amplio y claro corredor era el portal de la tienda de los Perla, Perla y Perla. Niña Herminia y Don Juan, mis abuelos.

La casa de mis abuelos era conocida con diferentes sintagmas: La casa de los Perlas,  la tienda de niña Herminia o de Don Juan, la casa, donde guardan el sábado, donde los días cambian de sol a sol no de doce a doce, donde viven los hijos de La niña Raquel, allá donde venden tela, granos y cal o allá donde se habla de política, de comercio y de Dios.

Una casa habitada de mucho y de tanto. Todo era abundante, como la alegría, el amor, la amistad, los clientes, tías y tíos, dependientas, muchacha en quehaceres domésticos, motoristas de camiones, orgullosos de su oficio y habilidad de conducir el Chevrolet  de doce toneladas, el MAN  camión chato que llamábamos porky, el Magirus Deutz y el camioncito  rojo; Máquinas amaestradas por el dominio de Quique Chávez, Rogelio Campos, don Jacobo Beltrán, Chabelón, Julio Díaz, don Felipe y “El Charrasquiado” Julio Delgado.

Los mozos. ¡Ah los mozos! Muchachos fuertes que cargaban y descargaban las carrocerías de los camiones de toneladas de granos básicos, latas de aceite, cascarilla, quintales y quintales de esto y lo otro. Los mozos, muchachos fuertes con cuerpos de pantera o de gato montés, sin más malicia que echarse al lomo a “la china” doscientas libras a chapupa y rapidez.  Ellos hacían  suspirar a las muchachas de la casa. Las jovencitas de cuerpo en belleza reciente, mujeres de piel morena o de rosados pétalos apodaban a los mozos con impulsos de la admiración : “El Muñeco”, “Tuco el Galán”, “Toto el Guapo”,    “la estatua prieta”.
Mozos y muchachas cómplices de la ingenuidad y de las brazas de la juventud.

En la casa de mis abuelos viví gran parte de mi infancia, en sus innumerables cuartos aprendí misterios de la adolescencia, lloré abrazado a una almohada y fui feliz  como un libre gorrión, en el patio del fondo jugué con mi camioncito bombero y mi balastrero, aprendí el aroma del limonero y del café, el brillo del granado, la belleza del geranio, del azahar y del clavel.
Ahí “fojié” libros que me llevaron de los Apeninos a los Andes, páginas que me metieron a un ranchito y a un lucero, allí le di la vuelta al mundo en ochenta días.
Por eso, desde esa casa  donde aprendí a pararme en un pueblo con tierra de fuego, un pueblo llamado Jocoro, desde ahí desabotono mi memoria y sangro mis emociones.

 

 

Relato para un trece de abril

 

RELATO PARA UN TRECE DE ABRIL

por Leonor Aguilar (Argentina)

 

El teléfono estalló para quebrar el silencio de la madrugada.  Desde España mi hermano mayor, que estaba haciendo un doctorado en ingeniería en la Universidad de Madrid,  me había elegido para ser depositaria de su secreto. Habían detectado una masa en la cavidad abdominal, los estudios no eran alentadores y programaban cirugía para extraerla. Esa cirugía sucedería cuatro días después de la boda de mi hermana, por lo que me hizo prometer guardar silencio hasta que la feliz  pareja se fuera de luna de miel. Él no quería empañar un momento tan importante en su vida y aún quedarían unos pocos días para hablar con todos en el hueco existente entre la boda y la entrada a un quirófano que pondría sobre la mesa cuál de las dos posibilidades que se barajaban era, una mala pero con alguna esperanza, y la otra que era peor.

Esa noche viajé a pasar Semana Santa con mi familia. A los festejos religiosos se sumaba el cumpleaños número cuatro de mi hija y había organizado un almuerzo con todos mis allegados para compartir en domingo de Pascuas.  Me esforcé en que nadie notara la sombra de preocupación en mi rostro y me mantuve ocupada para no tener tiempo de conversar demasiado.  Sonreía a mi hermana que me contaba detalles de la organización de su boda, asintiendo con la cabeza para no exponer el nudo en la garganta que me impedía hablar. También decoraba una torta de cumpleaños y me encerraba en el baño a llorar tapándome la boca con una toalla para que nadie me oyera. ¿Mis ojos? Si estaban un poco hinchados era sólo por esa alergia estacional que me ataca todos los años….

En aquella época era sumamente creyente y oraba a Dios con toda mi fe por una oportunidad para mi hermano, para que su pequeña hija siguiera teniendo padre, por su joven esposa que no merecía tener que quedarse sola y criar a su hija sin su apoyo, por una madre que no debe enterrar a sus hijos, por todas esas cosas que nunca pensamos que podíamos perder tan pronto…

Acabó el fin de semana y retorné a casa entre abrazos y despedidas hasta el fin de semana próximo, el gran día de los novios felices. Lunes escolar, tareas habituales con uniformes, dos hijos que atender y anécdotas dando vueltas en la cabeza que sabían a silencios camuflados con huevos de Pascua. Un gran desasosiego que cargaba dentro de mi pecho se iba acrecentando con el correr de las horas.

Después de acostar a mis hijos me puse a lavar y encerar pisos, aunque era un horario extraño no era raro en mí, es más fácil poner orden y hacer limpieza cuando nadie te pide ayuda para una tarea, ni hay que decirles que no pisen aún en ese lugar o recoger miguitas donde tenía un piso preparado para encerar. Pero esta vez el motivo era otro: precisaba quemar energías hasta agotarme, no entendía qué era lo que mi mente me estaba advirtiendo, pero de algún modo sabía que venía algo malo, muy malo…

Una taza de café acompañaba el fin de la labor cuando recibí la llamada. No sólo me noquearon con la noticia, también me estaban pidiendo que fuera la mensajera hacia el resto de la familia. Pero ellos no sabían nada de lo previo… ¿Cómo llamarlos a las tres de la mañana para decirles que un hasta la vuelta se convirtió en un nunca más?

No llegó a someterse a la cirugía.  El tumor había vencido de un modo inesperado y le había arrebatado la vida al debilitar  una arteria que se abrió provocando una masiva hemorragia interna. Como una ironía de la vida, y de la muerte, un hombre ateo y lleno de cábalas había fallecido un martes trece. En una semana el panorama había pasado del hallazgo de un bulto a su fallecimiento.

Mi madre tardó mucho tiempo en dejar de reclamar su derecho de haberlo sabido. Y aunque ya no lo diga sé que no deja de sentir que le robé la posibilidad de hablar con él una vez más antes de cargar la cruz del dolor infinito, el peor que se puede sentir, que es perder a un hijo.

Por mi parte me detuve a pensar en esa noche, una de las peores de mi vida. Descubrí que cada vez que le pedí a Dios por alguien acabé enterrándolo a muy breve plazo. Creo que ese fue un punto de quiebre, me distancié de la incongruencia de creer que hay un ser que tiene el poder y el permiso de lastimarnos en nombre de su amor.

Ya no pido, no espero, no confío y no creo.  Cargo la tranquilidad y el peso de haber cumplido con mi palabra empeñada sin medir que eso me valiera masticar  mis angustias en silencio. El tiempo ha calmado un poco el dolor interior que nunca se va, pero he logrado que no me impida disfrutar de todo lo otro bello que sí tengo, y lo hago cada día, en cada momento. He entendido que el pasado se debe mirar por el espejo retrovisor, si me persigue piso un poco el acelerador para que no me sobrepase porque no quiero observarlo desde mi parabrisas, y cuando me es dulce desacelero para contemplarlo desde cualquiera de los espejos sin dejar de saber que está atrás, que soy el resultado de sus circunstancias pero tengo en mis manos el volante y conduzco mi propio destino, soy quien debe ver de qué modo sortear cada bache y quien elige qué caminos tomar cuando se bifurcan.

Aprendí que la vida es un breve hoy, acá, ahora, que nada es blanco ni negro completamente,  que debo saber ser en medio de la interminable sucesión de tonos más o menos grises. Hoy creo firmemente que el sentido de la existencia está en la huella que deja cada uno tras de sí.

Morir de amor

MORIR DE AMOR

por Martha Larios (México)

 

 

Por qué debería estar triste?
He perdido a gente que no me amaba,
Pero ellos perdieron a alguien que los amaba
Mario Benedetti

 

Todavía era invierno, principios de febrero, ya era avanzada la mañana, afuera el viento soplaba frío, y contrariamente a su actitud siempre positiva ante la vida, Maribel, se encontraba sin ánimos de levantarse, ni de comer, no quería hacer nada. Se sentía tremendamente triste, lloraba cubriéndose la cara, con la sábana. Afortunadamente no había nadie en casa y podía dar rienda suelta a la emoción que la embargaba, pues esa historia era solo de ella.

Había pasado más de una semana y todavía recordaba perfectamente las palabras que Emilio le había dicho para no continuar su relación. Le parecía increible que después de casi nueve años, fuera tan fácil para El, decirle éso, mientras ella sentía que se desmoronaba y que lo que escuchaba no era verdad, era una pesadilla.

Ella había aceptado todas las reglas puestas por él, para que no hubiera ningún problema. Lo único que había hecho era amarlo sin condiciones de ninguna especie, no pedía ni exigía nada. Solo sucedió que por primera vez, había manifestado su inconformidad por algo que no le agradó. Y ahora se preguntaba, solo eso era suficiente para terminar o solo era un pretexto? Acaso no era una injusticia? No esperaba nada, pero tampoco ésto.

El tal vez la veía solamente como alguien con quien hablar y compartir algunos momentos especiales. Y para ella, era la vida misma.

Continuaba llorando y analizando por qué su vida siempre había sido tan solitaria y carente de un amor verdadero? Acaso era cursilería pensar en ello ahora, en el ocaso de su vida? Tal vez para alguien más si, pero no para ella que había amado y vivido intensamente cada instante de su existencia, tratando de no hacer daño a nadie.

Así pasó el día entre pensamientos, sentimientos y emociones, hasta que la obscuridad cubrió la habitación, solo un rayo de luna entraba por su ventana, y seguía sin llegar a ninguna conclusión que le diera respuesta a todas las preguntas que se atropellaban en su mente. Entre esas cosas, vino a su mente la letra de la poesía hecha canción “La niña de Guatemala”, la que se murió de amor por Martí, y pensó si eso era posible?.  Ella ya estaba cansada de la vida, por decepciones de todo tipo y pensó que tal vez sí.

Quiero, a la sombra de un ala,
contar este cuento en flor:
la niña de Guatemala,
la que se murió de amor.

Eran de lirios los ramos;
y las orlas de reseda
y de jazmín; la enterramos
en una caja de seda…

Ella dio al desmemoriado
una almohadilla de olor;
él volvió, volvió casado;
ella se murió de amor.

Iban cargándola en andas
obispos y embajadores;
detrás iba el pueblo en tandas,
todo cargado de flores…

Ella, por volverlo a ver,
salió a verlo al mirador;
él volvió con su mujer,
ella se murió de amor.

Como de bronce candente,
al beso de despedida,
era su frente -¡la frente
que más he amado en mi vida!…

Se entró de tarde en el río,
la sacó muerta el doctor;
dicen que murió de frío,
yo sé que murió de amor.

Allí, en la bóveda helada,
la pusieron en dos bancos:
besé su mano afilada,
besé sus zapatos blancos.

Callado, al oscurecer,
me llamó el enterrador;
nunca más he vuelto a ver
a la que murió de amor.

Recordó que dicen que el corazón no duele, pero ella sentía un intenso dolor en el lado izquierdo del pecho. Concluyó que sí afecta ese órgano humano tan relacionado con ese maravilloso sentimiento llamado amor, que puede elevarnos hasta los confines luminosos del universo o dejarnos caer hasta las profundidades obscuras de la tierra.

Pasó el tiempo sin que se diera cuenta. Varios días después, alguien de su familia se preocupó, porque no contestaba llamadas en el teléfono fijo ni en el celular. Fue a buscarla y no abrió, decidió llevar a un cerrajero y ahí estaba inerte sobre su cama, con un rictus de tristeza en su semblante, y abrazando un marco con la foto de su último y gran amor.

Así te cuento de confusiones gatunas

ASÍ TE CUENTO DE CONFUSIONES GATUNAS

por Cony Ureña (México)

 

 

LA PRIMERA CONFUSIÓN

¡Hola! Soy ese que Ella llama Felix el gato blanco y negro que ronda su edificio casi todo el día. A veces me ven otras personas y quieren ahuyentarme, en otras ocasiones me acarician y yo lo permito y les correspondo. Algunas mañanas me dan croquetas que no como, a menos que haya pasado varias horas sin el otro alimento, esa comida que me da la señora que cada día se asoma por la ventana y me lanza hacia el jardín un atún muy sabroso. Por eso llego al amanecer, busco un lugar menos frío debajo de un automóvil y ahí espero hasta escuchar que Ella abre su ventana.

¿Cómo sé su nombre? ¿Recuerdas al gato grande color amarillo que Ella alimentaba?  Ese gato era amigo de mi papá, el señorial gato llamado Vaquita; ese amigo platicó que la señora lo llamaba Güero y él la nombraba “Ella”. Antes de desaparecer, Güero le contó a mi papá que la comida que le daban era lo más sabroso que un gato puede disfrutar. Mi papá, de vez en cuando recibía una pequeña ración que le obsequiaba Ella y bueno, cuando me quedé solo, sin mi padre, me acerqué a ese balcón y empecé a recibir ese preciado alimento.

Sí, soy hijo del Vaquita. Una familia me adoptó y vivía en un apartamento. Me llevaron a operar para que no tuviera hijos y me pusieron un collar que decía “Crayola”, pero no sabía si ese era mi nombre, porque siempre escuchaba “bájate de ahí”, “no arañes, no maltrates”, “vete de aquí”. Y me fui; sí, me fui a buscarla a Ella, de quien mi papá me platicó antes de esfumarse y me pidió cuidar.

Cuando la encontré, Ella me trató como si me conociera de mucho tiempo atrás. Al principio creía que yo era hembra y trató de subirme a su auto para llevarme a operar… ¡no!, ya pasé por una cirugía y me parece que es suficiente. Así que cuando Ella está cerca de su auto, permanezco a prudente distancia.

Muchas veces se sienta a jugar conmigo en las afueras del edificio donde vive, a veces me carga y ha querido llevarme a su casa; no se lo puedo permitir; ya tuve una casa y no fui feliz, así que prefiero vivir al aire libre. Además, con Ella vive Güerita, una gata chica, delgadita, de cara bonita pero que se cree una princesa y es porque Ella comparte el alimento de Güerita conmigo.  Varias mañanas, cuando esa minina se pasea por el jardín que rodea el edificio, la correteo, la asusto tanto que maulla muy fuerte y Ella sale para ver qué sucede. Si logra verme, me llama la atención; pero nunca me castiga.

Porque como bien, estoy fuerte y resisto el frío y la lluvia.  Me cobijo debajo de los autos y cuando llueve mucho, me escondo entre las llantas y la carrocería; ahí duermo calientito.

Un día llegó un gato completamente negro que daba lástima. Me pidió permiso para solicitarle comida a Ella. Tuve compasión de ese pobre que venía de haber peleado con otros gatos y seguramente había perdido la batalla porque estaba herido.  Ella lo alimentó y ahora es un gato fuerte y sano como yo, con su pelaje brillante como el mío y ya no me pide permiso para alimentarse, yo tengo que dejar que primero coma él y después yo, o me arrebata mi ración. No es justo.

Ella me dice Felix y me silva desde su balcón. Todas las mañanas me pregunta cómo estoy y yo no le contesto, lo importante es que me lance el alimento que casi toda la noche he estado esperando.

Y, ¿sabes algo?, a veces me descontrolo pensando si es Ella la misma que asoma por el balcón o la que sale del edificio y viaja en un auto azul profundo.  No sé si es la misma que juega conmigo o la que me llama con un silbido.

A quien sí conozco muy bien es a una joven que sale a pasear a su perrito, casi siempre la acompaña un muchacho. A esa chica la he seguido a su apartamento, no importa que me dé solo croquetas, la sigo porque tiene una mascota que me gusta.

Hay otra chica más joven que tiene un gato dentro de su casa. Ella también me da croquetas, pero rara vez las como. Casi siempre las consumen los pájaros, esos grandes pájaros negros o las palomas. Yo no.

Algunas veces Ella me ha preguntado por qué tengo la cara triste, me dice que debo ser feliz y por eso me llama Felix; pero la expresión de tristeza es característica de los que no tienen hogar; quién sabe por qué, pero así es. Cierto es que yo abandoné la que era mi casa, que no he aceptado el hogar que Ella me ha ofrecido, prefiero mi libertad, pero lo entristecido debe venir de más arriba, de lo invisible; pero te confío que después de comer ese rico atún, mi cara ya no está triste.

A veces me duele que algunos vecinos de Ella me corran, que ordenen a sus canes que me ataquen. Dicen que yo no sé jugar con perros y es cierto, las dos razas no somos muy compatibles y atacando yo, me estoy defendiendo. Ha habido quejas de que soy agresivo con los canes; es cierto, y no me arrepiento porque he espantado a canes enormes que ya no me han vuelto a molestar.

Pero con quienes me alimentan o me acarician no soy agresivo. Como te dije, juego con Ella y le permito que me cargue. Jugueteo también con la muchacha que me gusta y con su compañero; además, soy amigo del gato negro.

Han venido otros gatos a querer comer del alimento que Ella nos da al felino negro y a mí, pero se han ido sin recibir nada. No creo que sea por falta de generosidad de Ella, sino porque ¡imagina cuántos gatos vendrían a comer!

Dicen que los gatos somos desagradecidos, pero no es así. A cambio del rico alimento que Ella me da, cuido su automóvil, vigilo su casa y aunque no lo creas, estoy a cargo de la seguridad de todo el edificio, del estacionamiento, del jardín y de todos los habitantes.

He cazado palomas, algo mal visto por los humanos, pero cuando hay demasiadas palomas alguien debe bajar su número.  No ataco a los pajaritos, ellos pueden estar seguros de que pueden venir a mi territorio a bañarse en los charcos después de la lluvia y que tranquilamente pueden comer insectos en el jardín.  Algunas veces han venido colibríes y se han detenido a alimentarse en el balcón de Ella, yo no los he molestado.

Pero hay algo que no me gusta, a veces Ella se va de viaje. Me doy cuenta porque sale de su casa con equipaje, entonces sé que van a pasar varios días en los que tendré que comer croquetas. Entonces me entra el celo en contra Güerita, esa gata se queda dentro del apartamento con toda seguridad con mucho alimento para estar bien los días de ausencia de Ella.

He tratado de entrar a la casa de Ella, hay una ventana que a veces está abierta y por ahí sale y entra Güerita. Una vez perseguí a esa felina y estuve a punto de entrar al apartamento. Oh sorpresa, Ella estaba cocinando y nos encontramos cara a cara, así que me fui rápidamente.

Algunas noches el gato negro ha entrado al apartamento de Ella, ha comido del alimento de Güerita y ha despertado a la gata y a Ella.  El Negrito, como Ella lo llama, ha salido rapidito no sin antes pedir más comida.

También, muchas noches encontramos alimento afuera del apartamento. Ella nos deja atún y a veces leche.  Los recipientes son vaciados de inmediato.

Algo que me apena, pero no lo puedo evitar porque está en nuestra naturaleza, es que “marcamos” nuestro territorio.  La vecina de junto a Ella se ha quejado, a pesar de que mi benefactora desinfecte. ¿Qué podemos hacer?

También hay quejas porque estoy merodeando dentro y fuera del edificio, no saben que lo estoy vigilando, para que no se acerquen roedores ni ladrones.

De eso ya me había platicado mi papá; muchos humanos no se percatan de la ayuda que los felinos les proporcionamos. Por ejemplo, limpiamos el ambiente de malas vibraciones, custodiamos las propiedades y a las personas.  Ella puede tener la seguridad de que su casa estará protegida tanto si está dentro como cuando sale a sus actividades. También su carro estará resguardado, mientras haya guardianes como yo y como Negrito.

Veo tu rostro incrédulo, pero haz la prueba y vas a comprobar lo que te digo.

Antes de que Ella cuidara a Güero, mi papá me platicó que roedores muy grandes se paseaban en los alrededores del estacionamiento de este conjunto de cinco edificios. Eso ya no existe y no es para que le agradezcan a Güero o a mí, es solo un comentario.

¿Qué cómo me mantengo limpio y sano?  Nunca me verán lastimado, porque no peleo con los otros gatos. Así como no peleé con Negrito, lo dejo que coma primero y después yo, así me comporto con los otros y me respetan por ser pacífico.

Soy un felino joven y fuerte; así quiero conservarme con la ayuda de Ella. No tengo mayor ambición que el cuidarla y parece ser que Ella así lo comprende. ¿Que si me gustaría tener una familia?  Ya la tengo, Ella es mi familia y la pareja que ya te dije; no incluyo a Güerita, aunque te confío que varias veces la he visitado a cuando está en el otro balcón. Esas visitas reforzaron la creencia de Ella de que soy macho.

SE ACLARA LA CONFUSIÓN

Un día, el compañero de la joven que te platiqué, estaba jugando conmigo en el estacionamiento. Tenía sueño y me recosté en la mochila de él. Dormitaba cuando Ella se acercó. Me hice el dormido para que no se encelara porque yo estaba con alguien más. El joven le platicó que soy hembra y entonces recordé… sí, yo nací femenina pero me esterilizaron, algo bueno para mí y para mi especie, así no traemos al mundo bebes no deseados. También recordé que mi antigua familia me daba buena comida, pero ya te conté por qué escapé; además, tenía la curiosidad de saborear aquel alimento del que Güero hablaba con mi papá; tenía el deseo de conocer a Ella y saber cómo me trataría. Los primeros días subía yo a su balcón donde Ella me dejaba comida y sí, la conquisté con mi coquetería, saliendo a su encuentro, rozando su ropa para impregnarle mi olor y atrapar su aroma; por eso Ella creyó que yo era gata y no se equivocó, pero como no entré en celo y he crecido más fuerte que Güerita, empezó a creerme macho.

HABLA NEGRITO

¡Hola! Soy un felino macho que siempre ha vivido en la calle. Mi color no me favorece. Mucha gente me rehúye y he oído que les causo mala suerte.  Los humanos han olvidado que en la antigüedad adoraban gatos de todos los colores, que había una estrecha comunicación entre ellos y nosotros; nuestro mutuo lenguaje era mental. Los gatos no hemos olvidado y entendemos el idioma humano, que no les hagamos caso, es otra cuestión.

Llegué al estacionamiento de Ella por los comentarios del Vaquita y del Güero. Los conocí a los dos, pero me tenían advertido. Si me acercaba a Ella para pedir comida, me darían una tunda.  Así que fue hasta que ambos desaparecieron que me acerqué con cautela para recibir ese rico alimento y a veces trozos crudos de pollo. Ella se compadeció de mí porque las primeras veces que me vio estaba muy maltratado, una de mis orejas estaba infectada, mi mejilla izquierda herida, pero no me dejé tocar, solo consumí ese atún que en verdad es delicioso.

Como ese territorio ya estaba ocupado, tuve que convencer a su encargada, esa gata blanca con negro que parece macho porque tiene patas fuertes, cara de gato y sí, parece más macho que hembra. Pero si te fijas bien, es coqueta, zalamera, siempre se está acicalando, toda su conducta es femenina y es muy confiada y confiable.

Bueno, no creas que voy diariamente a comer con Ella. Solo de vez en cuando para no quitarle su alimento a Felix, aunque sería mejor llamarla Felicidad o Alegría, porque siempre está contenta. Con esa minina tengo comunicación estrecha, no necesito verla ni hablarle, nuestros pensamientos están unidos, por eso sé lo que ha pasado, pero prefiero que sea la propia felina quien te lo cuente, así como te contó la primera parte.

HABLA FELICIDAD o ALEGRÍA

Han pasado varias semanas desde que Ella supo que soy hembra, pero su trato hacia mí no ha cambiado. He estado frente a su balcón diariamente y a todas horas, esperando que se asome, me vea y me lance esos trozos de atún que tanto me gustan. Sé que le ha agradado mirarme cuando me “baño” después de comer, le alegra mucho ver que juego correteando mi propia cola, que atiendo a su silbido, que la sigo cuando sale hacia su auto y la espero cuando regresa, reconozco el sonido de su carro. Casi siempre me pregunta cómo estoy y por qué parezco triste; pero tan pronto me da de comer siento alegría y me agradan mucho sus caricias, por lo que le ofrezco las mías y mis ronroneos, me encantan sus mimos y siempre le pido que me acaricie más.

Otras veces me ha oído maullar en el patio de su edificio, estoy llamando al gato de la muchacha que ya te platiqué. Ahora que he recordado que soy hembra, me he dado cuenta porqué quiero jugar con ese minino y porqué asusto a Güerita. Con el gato, es porque él es macho y yo soy hembra y con la gata, bueno, es pura rivalidad.

Un miércoles estuvimos Ella y yo jugando por largo tiempo. Me dio trozos de pollo e intercambiamos ternuritas. Así fue ese mediodía, primero los jugueteos y cuando ella se marchó, entonces comí.

Sabes, esa tarde alguien derramó sobre mi cabeza un líquido pegajoso y sentí malestares. Era un día soleado pero yo tenía frío, la noche anterior hubo una tormenta y me mojé, a lo que atribuí mis molestias. Me sentía desganada y me costó mucho trabajo limpiarme ese líquido.

El jueves no me acerqué al balcón y sé que Ella se sorprendió al no verme, pero como no era raro que faltara uno que otro día, no se preocupó tanto.

El muchacho que te cuento me buscó debajo de los autos y me encontró debilitada. Ella y su compañera me cuidaron, me ofrecieron croquetas y agua. Comentaron que tenía yo gripe por mis ojos y nariz llorosos. Creyeron que yo mismo me había ensuciado la cabeza con mucosidad.

Esa noche fue espantosa. Una secreción me escurría por la nariz y al tratar de limpiarme se me infectaron los ojos. Como llovía, no me animé a salir de debajo de una camioneta enorme para buscar la comida que Ella me deja cerca de su puerta, así que tuve que esperar a que amaneciera; tiritaba de frío.

Amaneció con mejor clima ese viernes cuando Ella me encontró echada asoleándome un poquito. No podía ver ni oler, pero pude sentir su presencia y oír su voz que trataba de consolar mi sufrimiento. Se fue por unos minutos que me parecieron horas. Me dio agua y con pañuelos húmedos limpió mis ojos y pude volver a ver, me cargó y acarició mi cuerpo debilitado apretujado a su pecho; nuestros corazones se reconocieron, palpitaban rápido y fuertemente.

Ella quiso subirme a su auto pero no se lo permití. Me dijo que volvería para llevarme con quien podría curarme, pero me escondí.  Así somos los gatos, no nos gusta que nos vean sufrir y mucho menos ir al doctor.  Ella creyó que más tarde volvería a verme, pero ya no me encontró.

Fue la pareja de jóvenes que me hallaron de nuevo y me cuidaron, me dieron más agua y croquetas. No fue desprecio, pero no comí. No tenía fuerzas, solo quería alejarme también de ellos, así que me fui y me escondí en el motor de una camioneta, necesitaba calor.

Donde me encuentro, recibo noticias de Negrito. Él sabe que los muchachos y Ella me han buscado, que están muy preocupados por mí. Sé también que Ella ha llorado mi ausencia, que ha pedido a Dios por mí y desea que yo vuelva, pero estoy tan lejos y confundida que no sé si desde este lugar decida y pueda hallar el camino de regreso.

HABLA “ELLA”

Por casi tres semanas no supe de esa preciosa gatita blanco con negro. La echaba de menos porque no conocía una callejerita tan amorosa y alegre, a pesar de su carita triste. Los amigos que también cuidaban de ella me dijeron que su dueña la encontró desfalleciente. Resulta que esa persona ya era conocida mía, así que la visité para tener noticias. Me comentó que en efecto, encontró a nuestra felina en mal estado, que la estuvo hidratando por goteo y la alimentó. Creo que en ese trance perdió alguna de sus siete vidas. Como esta señora no puede tenerla en apartamento, su hija (su humana original) ha re-adoptado a Crayola y se la llevó muy lejos, a una casa donde puede jugar en un jardín.

Siento consuelo,  aunque  lamento no seguir viéndola, pero por siempre agradeceré a la persona que la salvó, a quien actualmente la cuida y sobre todo a Dios que me dio permiso de conocer a “Felix” o “Crayola” o “Felicidad” o “Alegría”; como quieras tú llamarla.
***
Han pasado tres meses. Todas las noches dejo comida para Negrito, el plato amanece vacío. Cuando olvido cerrar la ventana de la cocina, ha entrado ese gato que parece pantera en miniatura, pidiendo más alimento y no me muestra ningún temor.

De vez en cuando he visto a quien rescató a Crayola; al preguntarle por mi querida felina me ha platicado que está feliz. Vive en una casa rodeada de jardines y convive armoniosamente con otro gato. Esa gatita se ha adueñado de la casa donde ahora vive y yo, aunque cada mañana -al abrir mi ventana- quisiera encontrarla, todo el tiempo doy gracias a Dios por haberle brindado un buen hogar donde deseo sea dichosa por largo tiempo.

Pozo de tiempo

POZO DE TIEMPO

por Leonor Aguilar (Argentina)

 

 

Nos comunicamos pasadas las cinco de la tarde, (la hora es muy importante). Estaba cargando sus cosas para emprender el regreso. De fondo se oían las voces del resto del grupo y los saludos despidiéndose hasta la próxima cita mensual de ovejeristas.

Siempre me inquieta que viajen de noche. El lado bueno es que al cargar atrás del auto un carro de buen tamaño preparado para trasladar cómodamente a los perros no se puede conducir rápido porque se pierde estabilidad al aumentar la velocidad.

Saqué cuentas, había empleado catorce horas en el viaje de ida, yo iba a estar escuchando ladridos de perros felices alrededor de las siete de la mañana si no había paradas para descansar.

Pasada la una el sueño y el cansancio venían ganando la partida. Me llamó avisando que para no hacer locuras se detendría en un pueblito para dormir un rato. Y durmió profundamente sin saber por cuánto tiempo, porque al despertar miró la hora y descubrió que el reloj no había cambiado respecto del instante en que decidió detenerse.

Emprendió nuevamente la marcha. A poco andar vio luces de un pueblo que conocía muy bien. Estaba en Media Agua, a sólo cuarenta minutos de llegar y a las dos de la mañana estaba en casa.

Quienes iniciaron el viaje de retorno con el mismo destino llegaron a la hora esperada, y ninguno lo había visto pasar aunque había salido poco después. Yo sólo puedo dar certeza de la hora previa a la salida y la hora de llegada. Si la velocidad es la relación que existe entre espacio y tiempo, tengo la excepción a esa regla. Hay cinco horas que de modo inexplicable se saltaron en algún pozo de tiempo para las que no tengo respuestas.

Él no habla de esto, aún no acaba de entenderlo. Su único comentario cuando pregunté por el horario tan extraño de llegada fue: -Vos sabés que yo no creo en Dios ni en otras cosas, pero ahí afuera hay algo, no sé qué, pero hay algo…

El beso del Hada

EL BESO DEL HADA

 

 

 

El Beso del Hada es un ballet de un acto y cuatro escenas, compuesto en 1928 por Igor Stravinsky y revisado en 1950 para la coreografía de George Balanchine y el New York City ballet.

Está inspirado en un cuento de Hans Christian Andersen, La Reina de las Nieves, de quien utilizaría antes uno de sus cuentos para la ópera-ballet Le Rossignol. Es un homenaje a Tchaikovsky, tomando como referencia algunas de sus tempranas melodías. Ida Rubinstein encargó, patrocinó e interpretó el papel principal de la obra, y Nijinska se encargó de la coreografía en la premiere en el Théâtre de l’Opéra París, realizando los decorados Alexandre Benois.

En 1937 Balanchine realizó la coreografía del ballet de larga duración de su American Ballet en el Metropolitan Opera House titulado The Fairy’s Kiss, y se ajustó a la partitura de Stravinsky. Para el Festival Stravinsky de 1972, Balanchine creó una obra completamente nueva que utilizó extractos de la suite de conciertos creada por Stravinsky en 1934.

En 1974, Balanchine añadió un movimiento final al ballet que es la versión que se realiza hoy como Divertimento de ‘Le Baiser de la Fée’. La premiere americana, tras la revisión de la obra y nueva coreografía de Balanchine, se llevaría a cabo el 27 de Abril de 1937, en el Old Metropolitan Opera House de New York.

Argumento

Una mujer que ha dado a luz un niño muere en una tormenta de nieve, un hada encuentra al pequeño y lo besa salvando su vida.

Lo criarán unos campesinos suizos. El niño crece y se enamora, pero la noche antes de la boda el Hada regresa disfrazada de gitana y le advierte que nunca se casará con su amada, porque el beso que recibió de pequeño selló su destino en un mundo alejado de los seres humanos comunes y corrientes.

 

Aguas primaverales

AGUAS PRIMAVERALES

 

 

 

Este ballet, creado por el coreógrafo ruso y ex bailarín del ballet Bolshoi, Asaf Messerer, es una pequeña pieza de concierto que suena dulce y serena, pero sus acrobacias son sorprendentes y capturan la energía de la primavera, más que su suavidad.

La música es una versión orquestal del lied homónimo de Rachmáninov, que en el original utiliza el texto del poeta ruso Fiodor I. Tiuchev.  La pieza coreográfica es uno de los más famosos números de concierto creado por Asaf Messereí y fue incorporada al repertorio del Ballet Nacional de Cuba en 1965. El poema de Tiuchev expresa:

“Aunque la nieve todavía blanquea los campos
ya está aquí la primavera en el murmullo de las aguas
que corren y despiertan las orillas dormidas,
que corren y bailan y cantan.
Cantan en voz alta y en voz baja:
¡Llega la primavera! ¡Llega la primavera!
Somos los jóvenes heraldos de la primavera,
ella nos mandó a adelantarnos a su llegada.
¡Llega la primavera! ¡Llega la primavera!
¡Y la danza brillante y rosácea
de los tranquilos días de mayo
se arracima alegremente junto a ella!”

Asaf Messerer coreografió el pas de Aguas primaverales en la década de 1950. En trajes de blanco y oro, los bailarinas del Bolshoi Lyudmila Bogomolova y Stanislav Vlasov irrumpieron en el escenario como rayos de sol. La escena en donde Bogomolova salta sin temor a los brazos de Vlasov irradia calor hasta las secciones más lentas. Antes del final la atrapa a su compañera, la arroja al aire y sale corriendo del escenario.

Si bien los estándares técnicos han cambiado con el paso del tiempo el rendimiento de Bogomolova y Vlasov es único. Cuando los bailarines se volvieron más flexibles, más capaces de sostener técnicas físicas más duras, y las zapatillas de punta se construyeron más personalizadas para cada tipo de pie, cuerpo y papel, la coreografía se transformó en el exceso salvaje y los levantamientos espectaculares que comenzaron a verse a partir de 1986.

Este gran ballet es maravilloso,  ese ascensor al final, donde ella está literalmente sentada en la palma de la mano de su partenaire, su brazo estirado hacia arriba por encima de su cabeza y su rodilla delantera doblada, pierna trasera en arabesque y está corriendo por el escenario y en las alas como si la hubiera lanzado.

1964

 

 

Día de la Danza

 

 

La danza es un arte que se lee en el cuerpo, y también el arte que lee al cuerpo. Es un lenguaje que permite descubrir las posibilidades que tiene el cuerpo en las diferentes etapas de la vida.

La UNESCO proclamó el 29 de abril como el Día Internacional de la Danza.  El día se eligió por ser el aniversario del nacimiento de Jean-Georges Noverre, maestro y creador del ballet moderno.

El objetivo del Día Internacional de la Danza es reunir a todos los que han elegido esta forma de expresión para superar todo tipo de barreras culturales, políticas y éticas y celebrar la danza y su diversidad.

Cada año, organizaciones , compañías y escuelas de danza realizan actividades abiertas al público: clases, ensayos, conferencias y espectáculos callejeros. Además, cada año la UNESCO solicita a una personalidad reconocida del arte de la danza que redacte un mensaje para ser difundido mundialmente.

Este año, el mensaje difundido pertenece a Ohad Naharim, reconocido creador internacional que dirige la “Batsheva Dance Company”, compañía a la que llegó el coreógrafo en 1990, y desde entonces, la línea de trabajo establecida donde calidad y creatividad conviven estrechamente, la han convertido en una importante agrupación internacional de reconocido prestigio.

 

Mensaje del Día Internacional de la Danza 2018. 
Ohad Naharin, Israel.

 

Coreógrafo, director artístico de la compañía de danza Batsheva, creador del lenguaje
del movimiento GAGA.

Bailar, es ser en el momento. Es estar atento a las señales emitidas por las sensaciones y dejar que éstas se transformen en la esencia de cualquier sentimiento, cualquier forma y cualquier contenido. Pero sin olvidar nunca de donde venimos.
Cuando me preguntan de qué trata mi trabajo, lo primero que contesto es que trata de sí mismo. Trata de cómo todos sus elementos se combinan para crear su propia narrativa.
Una narrativa de danza del volumen, de la delicadeza, del uso del poder explosivo. La búsqueda del movimiento, de la organización y de la estructura. Reírnos de nosotros mismos, de la dinámica, de la exageración, de la subestimación, del vínculo entre placer y esfuerzo, y de la sublimación de la locura, de la pasión y de la fantasía que expresa cada bailarín hasta alcanzar una forma clara.
En su punto culminante, la danza puede llegar a ser sublime, aunque no alcance la perfección. Necesitamos resistirnos al pensamiento conservador y convencional que tiene raíces en muchos sistemas educativos y formativos de la danza, y sustituir las viejas ideas por otras nuevas y mejores. Además no olvidemos nunca de bailar un poco cada día…
Además no olvidemos nunca de bailar un poco cada día… y cuando lo hagamos que no sea frente a un espejo.