130 – portada

1.
He decidido que durante todo el año
aparcaré mis vicios en el estante.
Seguiré un camino más piadoso y sobrio
y amaré a mis vecinos como a mí mismo,
excepto los dos o tres de siempre
a los que detesto tanto como ellos me odian.


2.
He decidido que jugar a los naipes es malo,
sobre todo con cartas como las que me suelen tocar.
Puede desplumar una cuenta bancaria sana,
así que renuncio a estos placeres terrenales
excepto —y aquí no veo pecado alguno—
cuando otros reclamen ‘mi presencia’.


3.
He decidido que votos como estos, aunque
formulados con ligereza, son difíciles de mantener.
Por tanto los acometeré poco a poco,
no sea que mis recaídas acaben por hundirme.
Un voto al año me sacará del paso
y comenzaré con el Número Dos.


Rudyard Kipling

El buey le dice a la carreta

EL BUEY LE DICE A LA CARRETA

por Oscar Benitez Washington

Cruel verdad es la que nos trae juntos en la vida
trabajo amargo, huraña fuerza y mirada triste
salvaje carga que a fuerza de pezuña entristecida
exhalando penurias en cada paso que resiste.

El pesado yugo, frente atada como lóbrego camino,
el resonar de la rueda, peregrino castigo en cada día
que mi hermano buey y el boyero silba la melodía
entre desaliento y alegrías que va por donde vamos a su destino.

Con todo y carreta siento la pesadumbre fatal
que el ritmo de andar y andar y sufrir
bajo el sol o candor de la luna y compartir
la divina orden del trabajo los tres por igual.

Tan útil por la inspiración primitiva de la rueda
carro fecundo hecho para herir la tierra,
universo de la antigua ciencia es en la tierra
trilogía, boyero, buey, carreta agria rueda.

El boyero me halaga pero también me vuelve sensitivo
cuando me guía con vara larga y punta aguda
contra la ley del sentir y ciñe mi piel desnuda
sufrir es esta forma de vivir y estar vivo.

A paso lerdo, virtud de fuerza bruta y su faetón
primitiva antorcha es el candil carretero,
chispa amarilla de ruda tarea compartida en el timón
no hay carro más sufrido que construye el carpintero.

D.R. Oscar Benítez Washington D.C. 2020

Rubén Darío

RUBÉN DARÍO

Su nombre completo es Félix Rubén García Sarmiento. Su familia paterna era conocida como los Daríos, y por ello adopta apellidarse Darío.

Cursa estudios elementales en León (Nicaragua). De formación humanística, es un lector y escritor precoz. Con 14 años empieza su actividad periodística en varios periódicos nicaragüenses.

A los 15 años viaja a El Salvador y es acogido bajo la protección del presidente de la república Rafael Zaldívar a instancias del poeta guatemalteco Joaquín Méndez Bonet, secretario del presidente. En esta época conoce al poeta salvadoreño Francisco Gavidia, gran conocedor de la poesía francesa, bajo cuyos auspicios intentó por primera vez adaptar el verso alejandrino francés a la métrica castellana, rasgo distintivo tanto de la obra de Rubén Darío como de toda la poesía modernista.

de vuelta en Nicaragua, en 1883, se afinca en Managua donde colabora con diferentes periódicos, y en 1886, con 19 años, decide trasladarse a Chile, en donde pasa tres años trabajando como periodista y colaborando en diarios y revistas como «La Época» y «La Libertad Electoral» (de Santiago) y «El Heraldo»(de Valparaíso). Aquí conoce a Pedro Balmaceda Toro, escritor e hijo del presidente del gobierno de Chile, quien le introduce en los principales círculos literarios, políticos y sociales del país, y le ayuda a publicar su primer libro de poemas «Abrojos» (1887) animándole a presentarse a varios certámenes literarios.

En 1888 publica en Valparaíso el poemario «Azul», considerada como el punto de partida del Modernismo. Esta fama le permite obtener el puesto de corresponsal del diario «La Nación» de Buenos Aires.

En 1892 marcha a Europa, y en Madrid, como miembro de la delegación diplomática de Nicaragua en los actos conmemorativos del Descubrimiento de América, conoce a numerosas personalidades de las letras y la política españolas y en París entra en contacto con los ambientes bohemios de la ciudad.

Entre 1893 y 1896 reside en Buenos Aires, y allí publica dos libros cruciales en su obra: «Los raros» y «Prosas profanas y otros poemas», que supuso la consagración definitiva del Modernismo literario en español.

El periódico argentino «La Nación» le envía como corresponsal a España en 1896, y sus crónicas terminarían recopilándose en un libro, que apareció en 1901, titulado «España Contemporánea. Crónicas y retratos literarios».

En 1903 es nombrado cónsul de Nicaragua en París. En 1905 se desplaza a España como miembro de una comisión nombrada por el gobierno nicaragüense, con el fin de resolver una disputa territorial con Honduras, y ese año publica el tercero de los libros capitales de su obra poética: «Cantos de vida y esperanza, los cisnes y otros poemas»

En 1906 participa, como secretario de la delegación nicaragüense, en la Tercera Conferencia Panamericana que tuvo lugar en Río de Janeiro. Poco después es nombrado ministro residente en Madrid del gobierno nicaragüense de José Santos Zelaya hasta febrero de 1909. Entre 1910 y 1913 pasa por varios países de América Latina y en estos años redacta su autobiografía, que aparece publicada en la revista «Caras y caretas» con el título «La vida de Rubén Darío escrita por él mismo», y la obra «Historia de mis libros», esencial para el conocimiento de su evolución literaria.

En 1914 se instala en Barcelona, donde publica su última obra poética de importancia, «Canto a la Argentina y otros poemas». Al estallar la Primera Guerra Mundial viaja a América y, tras una breve estancia en Guatemala, regresa definitivamente a León (Nicaragua), donde fallece el 7 de enero de 1916

POEMA AÑO NUEVO

A las doce de la noche, por las puertas de la gloria
y al fulgor de perla y oro de una luz extraterrestre,
sale en hombros de cuatro ángeles, y en su silla gestatoria,
San Silvestre.

Más hermoso que un rey mago, lleva puesta la tiara,
de que son bellos diamantes sirios, Arturo y Orión;
y el anillo de su diestra hecho cual si fuese para
Salomón.

Sus pies cubren los joyeles de la Osa adamantina,
y su capa raras piedras de una ilustre Visapur;
y colgada sobre el pecho resplandece la divina
Cruz del Sur.

Va el pontífice hacia Oriente; ¿va a encontrar el áureo barco
donde al brillo de la aurora viene en triunfo el rey Enero?
Ya la aljaba de diciembre se fue toda por el arco
del Arquero.

A la orilla del abismo misterioso de lo Eterno
el inmenso Sagitario no se cansa de flechar;
le sustenta el frío Polo, lo corona el blanco Invierno
y le cubre los riñones el vellón azul del mar.

Cada flecha que dispara, cada flecha es una hora;
doce aljabas cada año para él trae el rey Enero;
en la sombra se destaca la figura vencedora
del Arquero.

Alrededor de la figura del gigante se oye el vuelo
misterioso y fugitivo de las almas que se van,
y el ruido con que pasa por la bóveda del cielo
con sus alas membranosas el murciélago Satán.

San Silvestre, bajo el palio de un zodíaco de virtudes,
del celeste Vaticano se detiene en los umbrales
mientras himnos y motetes canta un coro de laúdes
inmortales.

Reza el santo y pontifica y al mirar que viene el barco
donde en triunfo llega enero,
ante Dios bendice al mundo y su brazo abarca el arco
y el Arquero.

De otoño

Yo sé que hay quienes dicen: ¿por qué no canta ahora
con aquella locura armoniosa de antaño?
Ésos no ven la obra profunda de la hora,
la labor del minuto y el prodigio del año.

Yo, pobre árbol, produje, al amor de la brisa,
cuando empecé a crecer, un vago y dulce son.
Pasó ya el tiempo de la juvenil sonrisa:
¡dejad al huracán mover mi corazón!

Que el amor no admite cuerdas reflexiones

Señora, el Amor es violento,
y cuando nos transfigura
nos enciende el pensamiento
la locura.

No pidas paz a mis brazos
que a los tuyos tienen presos:
son de guerra mis abrazos
y son de incendio mis besos;
y sería vano intento
el tornar mi mente obscura
si me enciende el pensamiento
la locura.

Clara está la mente mía
de llamas de amor, señora,
como la tienda del día
o el palacio de la aurora.

Y al perfume de tu ungüento
te persigue mi ventura,
y me enciende el pensamiento
la locura.

Mi gozo tu paladar
rico panal conceptúa,
como en el santo Cantar:
Mel et lac sub lingua tua.
La delicia de tu aliento
en tan divino vaso apura,
y me enciende el pensamiento
la locura.

Leda

El cisne en la sombra parece de nieve;
su pico es de ámbar, del alba al trasluz;
el suave crepúsculo que pasa tan breve
las cándidas alas sonrosa de luz.

Y luego, en las ondas del lago azulado,
después que la aurora perdió su arrebol,
las alas tendidas y el cuello enarcado,
el cisne es de plata, bañado de sol.

Tal es, cuando esponja las plumas de seda,
olímpico pájaro herido de amor,
y viola en las linfas sonoras a Leda,
buscando su pico los labios en flor.

Suspira la bella desnuda y vencida,
y en tanto que al aire sus quejas se van,
del fondo verdoso de fronda tupida
chispean turbados los ojos de Pan.

La bailarina de los pies desnudos

Iba, en un paso rítmico y felino
a avances dulces, ágiles o rudos,
con algo de animal y de divino
la bailarina de los pies desnudos.

Su falda era la falda de las rosas,
en sus pechos había dos escudos…
Constelada de casos y de cosas…
La bailarina de los pies desnudos.

Bajaban mil deleites de los senos
hacia la perla hundida del ombligo,
e iniciaban propósitos obscenos
azúcares de fresa y miel de higo.

A un lado de la silla gestatoria
estaban mis bufones y mis mudos…
¡Y era toda Selene y Anactoria
la bailarina de los pies desnudos!

Cuando llegues a amar…

Cuando llegues a amar, si no has amado,
sabrás que en este mundo
es el dolor más grande y más profundo
ser a un tiempo feliz y desgraciado.

Corolario: el amor es un abismo
de luz y sombra, poesía y prosa,
y en donde se hace la más cara cosa
que es reír y llorar a un tiempo mismo.

Lo peor, lo más terrible,
es que vivir sin él es imposible.

Venus

En la tranquila noche, mis nostalgias amargas sufría. 
En busca de quietud bajé al fresco y callado jardín. 
En el obscuro cielo Venus bella temblando lucía, 
como incrustado en ébano un dorado y divino jazmín. 

A mi alma enamorada, una reina oriental parecía, 
que esperaba a su amante bajo el techo de su camarín, 
o que, llevada en hombros, la profunda extensión recorría, 
triunfante y luminosa, recostada sobre un palanquín. 

«¡Oh, reina rubia! –díjele–, mi alma quiere dejar su crisálida 
y volar hacia ti, y tus labios de fuego besar; 
y flotar en el nimbo que derrama en tu frente luz pálida, 

y en siderales éxtasis no dejarte un momento de amar». 
El aire de la noche refrescaba la atmósfera cálida. 
Venus, desde el abismo, me miraba con triste mirar.

Yo persigo una forma

Yo persigo una forma que no encuentra mi estilo, 
botón de pensamiento que busca ser la rosa; 
se anuncia con un beso que en mis labios se posa 
el abrazo imposible de la Venus de Milo. 

Adornan verdes palmas el blanco peristilo; 
los astros me han predicho la visión de la Diosa; 
y en mi alma reposa la luz como reposa 
el ave de la luna sobre un lago tranquilo. 

Y no hallo sino la palabra que huye, 
la iniciación melódica que de la flauta fluye 
y la barca del sueño que en el espacio boga; 

y bajo la ventana de mi Bella-Durmiente, 
el sollozo continuo del chorro de la fuente 
y el cuello del gran cisne blanco que me interroga.

Canto de esperanza

Un gran vuelo de cuervos mancha el azul celeste.
Un soplo milenario trae amagos de peste.
Se asesinan los hombres en el extremo Este.

¿Ha nacido el apocalíptico Anticristo?
Se han sabido presagios y prodigios se han visto
y parece inminente el retorno de Cristo.

La tierra está preñada de dolor tan profundo
que el soñador, imperial meditabundo,
sufre con las angustias del corazón del mundo.

Verdugos de ideales afligieron la tierra,
en un pozo de sombra la humanidad se encierra
con los rudos molosos del odio y de la guerra.

¡Oh, Señor Jesucristo! ¡Por qué tardas, qué esperas
para tender tu mano de luz sobre las fieras
y hacer brillar al sol tus divinas banderas!

Surge de pronto y vierte la esencia de la vida
sobre tanta alma loca, triste o empedernida,
que amante de tinieblas tu dulce aurora olvida.

Ven, Señor, para hacer la gloria de Ti mismo;
ven con temblor de estrellas y horror de cataclismo,
ven a traer amor y paz sobre el abismo.

Y tu caballo blanco, que miró el visionario,
pase. Y suene el divino clarín extraordinario.
Mi corazón será brasa de tu incensario.

José José

JOSÉ JOSÉ

Por Cony Ureña (México)

Confieso que no fui fan de José José (el Príncipe de la Canción), pero reconozco que la primera vez que lo escuché cantar la canción El Triste me estremeció por la letra, el arreglo musical pero sobre todo la interpretación de un jovencito menudo, aparentemente frágil y muy dolido por un amor que le causaba una tristeza tan real que te comunicaba y te inclinaba a consolarlo.

Era la primavera de 1970 cuando las amigas que vivíamos en la casa que auspiciaban monjas, me invitaron a ver por tv la transmisión del final de un festival de la canción latinoamericana. Mis amigas ya habían escuchado a este cantante de La Nave del Olvido pero para mí era una novedad. Me había yo quedado en la década anterior en la que tres cantantes juveniles acaparaban la escena juvenil en México; sin embargo, debo reconocer que con la consagración de José José aquellos ídolos quedaron borrados.

No puedo decir que seguí la carrera de este prodigioso cantante; lo veía solamente en sus actuaciones en la tv, nunca compré un disco de él pero sí me agradaba escuchar sus nuevas interpretaciones porque el timbre de su voz realmente era cautivador.

Al paso del tiempo me sorprendió la noticia de que se casaba con una pseudoactriz, más bien una socialité, que aparentemente no tenía nada en común con este joven. Se rumoraba que ella lo incitaba a beber y consumir drogas. Me apenaba saber que la fama le estaba causando un daño tremendo a este singular cantante cuya voz realmente era privilegiada.

No sé si José José fue el mejor cantante del mundo; muchos mexicanos lo afirman. Para mì su voz estaba muy por encima de cualquier otro intérprete mexicano que conociera.

Supe de su declive como ser humano, atrapado en sus adicciones. Supe de un retorno artístico, todo vestido de blanco, cantando maravillosamente después de un tiempo en que se había perdido.

Separado de su primera esposa se sabía que había encontrado a una compañera afín, con la que procreó hijo e hija pero más adelante se separaron.

No vi ninguna de sus películas pero sí supe de rumores más lastimosos. Se decía que estaba tan sumido en sus adicciones que tenían que drogarlo aún más para cumplir sus presentaciones.

Su popularidad se fue diluyendo y lo escandaloso era precisamente que estaba envuelto en alcohol y drogas, que ya no era contratado, que el séquito de holgazanes que siempre lo habían rodeado lo habían dejado en la ruina, que lo habían estafado en cuanto a las regalías de sus discos y películas, que estaba en bancarrota y fue precisamente que se supo que lo encontraron viviendo dentro de un automóvil que servía también como taxi. Así fue su estrepitosa caída después de haber tenido el mundo a sus pies.

Sus verdaderos amigos lo ayudaron al enviarlo a rehabilitación a una clínica en la frontera USA-Canadá ya que en México había fracasado en anteriores intentos por rehabilitarse.

¡Lo logró! pero no volvió a ser el mismo. Su voz se había deteriorado considerablemente y su cuerpo estaba resintiendo los estragos dejados por los hábitos que había superado.

Un domingo lo vi en un programa muy popular de la tv. Me dio pena escucharlo y ver que difícilmente se sostenía de pie. No, no estaba ebrio, era falta de equilibrio por las enfermedades que lo aquejaban.

Al dìa siguiente, un compañero y yo estábamos comiendo en un restaurante modesto cuando de pronto vimos a José José entrar acompañado de 2-3 señores. Ocuparon una mesa del fondo y a pocos metros vi el rostro del cantante de El Triste y recordé su estremecedora interpretación de tantos años atrás. Se le veía bien a secas y me di cuenta que si bien algunos otros comensales se habían percatado de su presencia, nadie se acercó a saludarlo.

El resto de su historia es del dominio público a través de revistas y programas de espectáculos. Su cuesta abajo, la pérdida por completo de su prodigiosa voz, su vejez prematura, su participación en una telenovela representando a un padre a la antigua, en la que inclusive le costaba mucho hablar.

Ha fallecido, se fue a descansar y estoy segura que en otro plano sus cuerdas vocales renacerán e interpretarán como nadie lo ha hecho alabanzas a Nuestro Creador.

En verdad deseo que este Príncipe de la Canción descanse en paz, que sus deudos hagan honor a este ser maravilloso que a mi parecer por la fama quedó atrapado en las adicciones, que pasó sus últimos tiempos desaparecido, pero que por siempre quedará en los corazones de quienes tuvimos la fortuna de escucharlo en sus mejores tiempos y que aún nos estremecemos con su interpretación de El Triste, mas deseamos que esa tristeza de él característica se convierta en alegría al abrirse para él las puertas del cielo.

Así te cuento entre telas, listones y encajes

ASÍ TE CUENTO ENTRE TELAS, LISTONES Y ENCAJES

por Cony ureña (México)

Hace algunos años decidí aprender manualidades en una casa de cultura cerca de mi domicilio. Acudí un miércoles en que había clase y vi los trabajos que las alumnas estaban realizando. La maestra me orientó acerca del material necesario para iniciar mi aprendizaje. Además de la amabilidad de la maestra, lo que me indujo a quedarme en ese grupo fue la labor de una de las pupilas, una señora de rostro dulce y serenos modales. Era un trabajo con listón; su belleza me encantó y pensé que quizás algún día podría hacer una labor semejante.

Ingresé al grupo en el que encontré amigas que son un regalo en mi vida. Y sin querer hacer menos a nadie, porque todas ellas son importantes, de estas amigas destacó la amistad hermosa señora que te menciono.

Te confío mi intención de copiar los trabajos de la maravillosa dama y bajo la dirección de la Maestra, he logrado que mis copias sean algo parecido al noble arte de ella.

Tiempo después, el joven Pablo se unió al grupo y recuerdo que mi amiga le hacía bromas sobre las largas vacaciones que de vez en vez Pablo disfruta en Veracruz. Su humor fue siempre fino y amable.

Con su amabilidad característica elogiaba mis trabajos, dándome aliento para continuar aprendiendo y por qué no, aquí entre nos, a seguir copiando lo que ella hacía. No me apena reconocerlo

Poco a poco los seres afines se van acercando. Así supe de la existencia de su hija y era del conocimiento del grupo que ella la había inducido a integrarse al grupo de manualidades, pues ahí se aprende no sólo costura con listón, sino bordado, pintura en tela, decorado de piezas de cerámica, decorado de toallas, camisetas, blusas, trabajos con fieltro y muchas técnicas más, bajo la enseñanza y supervisión de nuestra excelente maestra.

A medida que te adentras en esas disciplinas, aprendes de telas, listones, hilos, agujas, accesorios, fieltro, encajes, cerámica, etc. Y no es únicamente la Maestra la que te enseña, también las alumnas muestran el camino a seguir y bajo la orientación de mi amiga aprendí poco a poco.

En un convivio su hija la acompañó. Así conocí a esa bella joven jovial y distinguida quien conseguía hermosos listones y otros accesorios con los que su mamita realzaba sus trabajos, que eran muchos y muy lindos.

Recuerdo que antes de conocer físicamente a su hija mi amiga me había hablado varias veces de ella y yo le había enviado unas oraciones. Sabía que ambas eran apegadas a Dios. Así que cuando nos encontramos personalmente éramos ya conocidas. Recuerdo también que en un restaurant habíamos coincidido y saludado efusivamente, lo mismo sucedía cuando más adelante nos acompañaba en los convivios dentro o fuera del salón de clase. También así supe que llamaba tía a otra de las compañeras y por algún tiempo pensé que en efecto eran familiares. Pero no era así, sino que el cariño que las tres se prodigaban era el que las inclinaba a haberse convertido de amigas a familiares.

Nuestro mutuo cariño fue en aumento al paso del tiempo y las muestras de afecto fueron bastantes, como el día en que platicando con mi amiga por teléfono le comenté que debía ir al laboratorio a hacerme análisis pero tenía temor porque había estado enferma y no quería conducir mi auto. Al día siguiente mamá e hija vinieron por mí para acompañarme al laboratorio.

La calidez era una de las características de mi amiga, no sólo en su conducta en general, sino porque en época de frío o de lluvias raras fueron las ocasiones en que la vi usar ropa abrigadora; lucía blusas de manga corta y si la saludabas podías sentir la tibieza de sus manos.

También, algo que la distinguía era su forma de dirigirse a la Maestra y a nosotras, sus compañeras. “Maestra preciosa, podría decirme esto o lo otro”. Lo escribo como ejemplo de la forma que era el trato de tan bella persona. Siempre cariñosa, siempre cordial.

En los desayunos que convivimos con el grupo, usualmente estuvimos una cerca de la otra; era cuando platicábamos más a profundidad.

Estando ya en el grupo, sabía que algunas de sus ausencias se debían al cuidado que debía a su esposo quien falleció en algún momento de estos años.

Conversábamos mucho igualmente por teléfono y así supe de su devoción de acudir a Misa todos los domingos, en compañía de su hija. Ella me daba la confianza de comentar sobre temas variados y esa confianza era recíproca. Recuerdo como pasamos horas platicando acerca de nuestras experiencias con Ángeles.

En algún momento fui invitada a su casa, lugar que me encanta por la atmósfera que ahí se respira. Un verdadero hogar en el que ella desplegaba toda su dulzura en las conversaciones que sostuvimos.

Supe de su carrera como enfermera, los distintos trabajos que desempeñó. Fue su verdadera vocación creo porque ese carácter noble, comprensivo y generoso es de una enfermera que cumplió con la hermosa misión que Dios le encomendó.

En una ocasión, al salir de clases caminamos juntas porque trataba de conseguir revistas de tejido para otra gran amiga de Mérida. Me hizo compañía pero como no conseguí en ese momento las revistas, ella me obsequió algunos ejemplares. También en otra oportunidad, me acompañó a comprar una planta que tampoco conseguí. En cambio ella me obsequió una “Cuna de Moisés” con una bonita maceta porque yo quería regalarla a uno de mis sobrinos. Estos gestos suyos parecerá abusivo de mi parte haberlos aceptado, pero mi amiga insistió mucho. Recogí la planta en su casa y mi amiga me invitó primero un café e iniciamos una larguísima conversación que se prolongó a la comida y concluyó hasta que llegó su hija a casa después de trabajar. En esa tarde estuve en el baño de esa casita hermosa, quedé impresionada por su arreglo y pulcritud. No existen palabras para describir la belleza de ese espacio.

El recibir las revistas y la planta fue abuso mío y reconozco que además cometí otro ante la generosidad de este precioso ser y es que ella me ayudó a coser varios vestiditos para cocina, ya sea en forma de secador de manos o para guardar objetos como bolsas de plástico por ejemplo. Bordaba los petitos y las bolsitas y ella los cosía a máquina, reuniendo así la tela bondeada bordada, con los adornos y el forro. Mi abuso sí, pero en verdad no lo sabía y es que su trabajo debía terminar una vez que cosía lo mencionado, al entregármelo yo debería haber cosido a mano el pegado a la toalla. Más tarde me di cuenta de mi abuso y tuve la intención de disculparme con esta querida amiga pero no lo hice.

Nuestro mutuo cariño fue creciendo. Recuerdo el festejo en el salón de clase de su cumpleaños este año que casi termina. Nuestra Maestra obsequió un rico pastel y yo una gelatina. De mi propio cumpleaños aún sonrío porque esta amiga tan querida me felicitó en dos ocasiones previas a la fecha de mi nacimiento. Estaba confundida,, pero siempre aprecié su felicitación.

A principios de septiembre no asistí a clase pero tenía compromiso para ir a comer con otras dos compañeras, así que las esperé afuera de la casa de cultura. Vi a mi amiguita y le entregué un ejemplar de “Sopa de Letras”, revista que sabía a ella le gustaba utilizar para ejercitar su memoria.

En las ocasiones en que una o la otra no asistíamos a clase nos comunicábamos y la conversación se alargaba muchísimo. Todo lo que en esas charlas nos confiábamos, quedaba entre nosotras. Sólo que nunca me contó el porqué de sus ausencias pero no me preocupaba porque siempre la vi sana, fuerte y llena de vida.

Así, vivaz y entusiasta fue en un paseo hermoso que siempre guardaré en mi recuerdo. Fuimos a Chignahuapan y Zacatlán de las Manzanas. Su hija también nos acompañó también en esa divertida excursión. Quedan las fotos que muestran nuestra alegría.

Nunca imaginé que el día en que le entregué “Sopa de Letras” era la última vez en que la vería con vida. Nos enteramos que desde el 18 de septiembre estaba internada y había pocas esperanzas de que sobreviviera. Oramos por su recuperación. Su hija dejaba entrever su desesperación e impotencia para ayudar a su mamita que estuvo en ese hospital alrededor de dos meses y después estuvo un mes más en su casa, siempre cuidada devotamente por su hija.

Mis oraciones y apoyo para su hija quisieron ser acorde con lo que de ellas dos había y he recibido, aunque no creo que alcancen la dimensión de lo que ambas me han concedido.

Tan solo hace poco se ha ido de esta vida. Acudí al funeral al que no hubiera querido asistir. Lloré mucho ante su féretro, la vi arreglada de tal forma que parecía más joven, sus arrugas habían desaparecido de ese rostro bello y sereno con el que enfrentó su travesía hacia el firmamento en donde estoy segura seguirá brillando.

En la Misa de Cuerpo Presente mis las lágrimas no cesaban de fluir. Veía a las demás personas que parecían tristes pero serenas mas no podía contenerme. Estaba apenada pero era algo que salía de mi interior; mi consuelo provino de las palabras del sacerdote que ofició la Misa. Ente los elogios a mi querida amiga, oí algo significativo. El Padre dijo que conoció poco a mi amiga pero pudo darse cuenta de su santidad. ¡Eso es, eso es! Esos gestos nobles, esa generosidad, esa manera de tratar a los demás, su belleza espiritual, su devoción, su entrega a la vida y al servicio de los demás, se llama santidad.

El dar las condolencias a su hermosa hija, ofrecerle mi respaldo, mi apoyo incondicional, envuelto en dolor, como que no es muy confiable, digo yo, pero creo que ella sabe lo sincero de mi ofrecimiento.

Estuve en el primer Rosario por el descanso eterno de esta señora maravillosa. También las lágrimas fluyeron abundantemente durante esa ceremonia. Al salir me preguntaba a mí misma el porqué de tanto llanto y la respuesta es que perdí a un ser que me quería y yo a ella; que ya no la veré ni platicaré con ella físicamente. Es un duelo por el que tengo que atravesar hasta aceptar que si bien no está físicamente entre nosotros, su luz seguirá iluminando el sendero de su hija, de sus familiares, de sus seres más queridos y por qué no, también mi camino.

Los Rosarios completaron los nueve días y en la fecha de Levantamiento de la Cruz, sus familiares y amistades hemos estado en su casa. Le hemos rendido tributo a un ser muy especial, rogando a Dios Su misericordia para el alma noble de Lucecita.

He querido guardar hasta este momento el nombre de mi muy querida Lucecita, diminutivo de María de la Luz, idóneo para ella, no porque su luz haya sido poca, sino porque va con la personalidad que le conocimos; dulce, gentil, afable, generosa. Coincido con su hija en que ahora hay una estrella allá en la lejanía, una luz que en efecto continuará encendida en nuestros corazones. Y de lo mucho que he intentado aprender de ella, queda la fe para enfrentar los sucesos de la vida y recordarla como la amiga maravillosa que tuve la enorme dicha de conocer.