Un amor para siempre

Un amor para siempre

 

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En mi trabajo conocí a una pareja interesante. Eran profesores extranjeros, gente amable y culta. De pronto, sin darnos cuenta nos unía una gran y sincera amistad. Ella siempre me platicaba de sus hijos, me parecía conocerlos y quererlos sin haberlos visto.

Un día asistimos a una obra de teatro. El lugar estaba repleto cuando llegué, así que no encontré donde quedarme, por eso me fui al frente, y me senté en el pasillo. De pronto miré entre el público y vi que mi amiga me llamaba, la miré, pero en realidad mi atención no estaba puesta en ella, sino en un hombre muy atractivo, que me miraba con interés.

Nuestras miradas se encontraron y nos sonreímos, me encantó. No sabíamos quienes éramos, pero me hizo un espacio en su asiento, fue una atracción inmediata. Ahí me enteré que era el hijo de mi amiga, de quien tanto me habían hablado.

A partir de esa noche empezamos a salir juntos a todos lados, y a conocernos realmente. Estaba de vacaciones y casi terminaba su carrera en los Estados Unidos. Nos hicimos novios pero debía regresar para terminar la tesis, así que la relación no fue muy fácil. Pero estábamos muy enamorados, y nos queríamos tanto que nos escribíamos a diario.

Cuando el correo se retrasaba en ocasiones llegaban 4 o 5 cartas juntas, mismas que esperaba con ansia, hablábamos por teléfono, y un mes yo iba a verlo y el siguiente el venía. Yo traía ropa americana y el llevaba sweaters mexicanos de lana tejidos a mano, para solventar los gastos de vernos a menudo.

Algunas veces manejaba todo el día y toda la noche para venir a verme. Era trabajador, cariñoso y detallista.

Una de esas ocasiones en que viajé para encontrarnos, me entregó un anillo de compromiso que aun luzco en mi mano izquierda. Esa noche estaba hermosa, estrellada y con una luna llena brillante, desde ahí se veía un lago, y frente a nosotros un hermoso campo de flores. Encendió las luces del vehículo para iluminar y ahí hicimos la ceremonia de matrimonio jurando ante Dios, nosotros y la naturaleza que nos amaríamos para siempre.

Al regresar y comentar a su mamá nuestra decisión, el cariño y amistad entre nosotras empezó a deteriorarse, pero no ha terminado. Nunca lo dijo, pero por sus comentarios y actitudes deduje que ella pensaba, que yo no estaba a su altura.

Aun así, fuimos juntos de vacaciones al mar. Ahí manifestó una vez más su inconformidad, y además él y yo habíamos discutido por lo mismo. Recuerdo una noche muy triste en la que sin que nadie lo notara salí a caminar a la orilla del mar, me sentía tan tremendamente triste que con la obscuridad, los sonidos del oleaje y el aroma del mar, me vino a la mente una de mis canciones favoritas de esa época, Alfonsina y el mar. Creo que si no hubiera amado tanto la vida, podría haber dejado que el misterioso y maravilloso mar me llevara flotando como en hipnosis.

Ese era el ultimo día del año, hubo una gran cena con música y baile en el hotel, pero mi corazón no estaba de fiesta, así que cené y me fui a la habitación. El fue a buscarme y fue la reconciliación y era el primer día del año, razón por la cual estoy segura que ese día me embaracé, pues mi querido hijo y razón de mi vida nació exactamente a los 9 meses.

No cabe duda de que el destino ya tenía trazado el camino, porque de otra manera hubiera encontrado en que regresarme, como lo intenté el día anterior, por autobús, avión o cualquier otro medio, y debido a las fiestas decembrinas no hubo manera.

El debía terminar sus estudios, así que partió nuevamente, pero la relación ya no era la misma, algo se rompió. Lo sentía cada vez más lejano.

Estar embarazada fue y ha sido el evento más importante de mi vida. Cargo a mi pequeño con mucho amor y orgullo pues es el fruto de un gran amor que se perpetua a través de él. Cada día el vientre crece más y más, igual que el miedo que empiezo a sentir, porque estoy sola, sola ante el mundo y esperando a mi hijo. Me enfrento al temor y me prometo a mi misma luchar fuerte hasta que sea un hombre, darle lo mejor de mi y pido al Creador del Universo me dé la sabiduría para formar un hombre de bien.

Llega el maravilloso momento, nace, lo acercan a mi, lleva los ojitos abiertos, es tan bello, se parece tanto a su padre!. Hablamos, estaba emocionado, manda regalos. Pero el tiempo pasa y la indiferencia al igual que el bebe, van creciendo, no entiendo la razón. Quisiera tener más tiempo para dedicárselo, pero tengo que trabajar, o de qué viviríamos?? Decido que no importa la cantidad, sino la calidad de tiempo que le de. Sus dos familias lo quieren mucho.

La vida sigue su curso, los años pasan, tiene un corazón tan noble que nunca me da problemas. Somos muy felices y los mejores amigos, compartimos viajes, campamentos, conciertos, exposiciones, box, lucha libre, futbol, etc. todo lo que a los padres les gusta compartir con sus hijos barones y desde luego los detalles de una madre. Los tres nos hemos encontrado algunas veces, sin tiempo para hablar a solas.

No quiero recordar las tristezas que vivimos, solo lo hermoso de la vida. El tiempo vuela… Mi hijo ya es un profesionista, fui escuchada, es un buen hombre- me siento muy orgullosa de él.

Encuentra el amor, decide casarse y ese día, después de tantos años… el milagro sucede, sin rencores, ni resentimientos: -yo y su padre volvemos a encontrarnos.

Por nuestro hijo subimos al altar, me lleva tomada de la mano izquierda, donde quedó pendiente una promesa. Oramos, disfrutamos, bailamos, nos tomamos de las manos y nos miramos con el amor de aquellos tiempos.

Pero el tiempo, como una fotografía desgastada color sepia, se llevó la última oportunidad… Ahora ya no importa si no lo vuelvo a ver.

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