Mi amiga soledad

Mi amiga soledad

por Martha Larios

martha - marzo

Era la fría y airosa tarde del primer día de marzo. Regresé de trabajar, me senté tranquila en la salita a escuchar música de Lizst.

De pronto alguien tocó a la puerta. Me entusiasmé, tenía visita, así que con gran alegría abrí y ahí se encontraba frente a mi, mi gran amiga soledad, que gusto verla, pues a menudo viene a hacerme compañía.

Tiene una belleza excepcional, pero es tan extraño su comportamiento que no a todo mundo le agrada. Como decimos en México “no soy monedita de oro, para caerle bien a todos”.

Me siento muy bien con ella, disfruto de su compañía, pero sinceramente, de pronto me harta que venga tan continúamente. Pero hoy, me hacía falta estar con ella.

Pasamos al comedor, nos deleitamos con algunos bocadillos, quesos y frutas, con una copa de vino tinto que tanto disfrutamos, al compás de la hermosa música.

Y como siempre hacemos, empezó nuestra elocuente, emotiva y maravillosa conversación alrededor de nuestras vidas, tristezas y alegrías, desengaños, decepciones y experiencias maravillosas con la familia y amigos, amores y desamores, encuentros y desencuentros.

En esta ocasión, hicimos un recuento importante de lo acontecido en mucho tiempo. Todo un análisis profundo. Ah y que maravilla revisar el comportamiento humano ante cada circunstancia. Lo mejor fue, que lo hicimos sin crítica, rencor, resentimiento, nada de sentimientos negativos. Más bien reviviendo momentos pasados o algo especial vivido en otro lugar. Los paisajes vistos, lugares visitados, lecturas por las cuales pasaron nuestras miradas, la música en nuestros oídos, los sabores deleitados, las caricias dadas y recibidas, los aromas que nos recuerdan algo o alguien.

También repasamos uno de los días más maravillosos compartidos hace algún tiempo.

Nos encontrábamos en un trasbordador en medio oriente, el mar de Marmara, situado entre los estrechos del Bósforo y los Dardanelos, que separa Estambul, en su lado asiático y lado europeo.

El chofer del autobús en el que íbamos, sin hablar ningún otro idioma que no fuera turco, a señas nos indicó subir por una escalerilla y la sorpresa fue grandiosa, estábamos donde no somos ni una mota de polvo, en medio de la inmensidad del universo.

Era de noche… hacia arriba, el cielo completamente obscuro pleno de estrellas con la luna en todo su esplendor, y abajo el mar tranquilo con su cadencioso movimiento, totalmente negro. Podría definirlo como la nada y el todo.

Y como éste, muchos otros recuerdos estuvieron presentes, viajes a otros países. Así como visitas constantes conociendo México de norte a sur, con sus tradiciones, costumbres, gastronomía, artesanía, toda la riqueza cultural de nuestros pueblos.

Así que ante los efectos del delicioso vino, reimos a carcajadas, lloramos como niñas, nos consolamos abrazadas.

Que bien tenerla como amiga. Debe ser triste para muchos, no tener momentos así. Pocos son capaces de vivir tan intensamente.

Esto, como siempre sucede, duró algunas horas, luego decidí despedirla y salir a caminar para reencontrarme con mis amigos en un café y soledad se fue, pero se que al volver a casa, me estará esperando, como siempre con su calidez, comprensión y sabiduría, dándome la oportunidad de regalarme tiempo a mi misma, de reflexionar y orar. Salud por tí… soledad!!

(Visited 92 times, 9 visits today)