Una celebridad

UNA CELEBRIDAD

por Martha Larios (México)

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Sonreíste. ¡Qué silencio,
qué falta de fiesta!
¡Cómo me puse a buscarte
en tu sonrisa, cabeza
de tierra,
labios de tristeza!
Jaime Sabines

Era una fresca mañana de julio, debido a que la noche anterior había llovido mucho.

El médico se encontraba en su consultorio atendiendo a la primera paciente. Su recepcionista y asistente en su lugar, organizando la agenda de ese día. Era su primer día de trabajo ahí.

En ese momento entró una persona imponente, aun con su edad y sobrepeso, podía apreciarse una gran belleza escondida de antaño. Piel blanca, hermosos ojos claros, cabello corto, nada de maquillaje. Iba solamente con un amplio batón y una chalina, zapatos bajos.

Le dió su nombre y le pidió avisar al doctor, que había llegado. Iba acompañada de otra señora un poco más joven, bajita y regordeta, que era quien manejaba el vehículo en el que llegaron.

Avisó al médico y la pasó al otro consultorio, a donde él vino y después de saludarlas afectuosamente, se dirigió a su asistente, me dijiste que sabes dar masaje podal? Por favor hazlo a la señora. La paciente se quitó los zapatos, tenía unos pies perfectos. Se recostó con gran esfuerzo. Y su amiga se retiró prometiendo regresar por ella más tarde.

El doctor para asegurarse antes de regresar con la otra paciente, preguntó a su asistente, ¿cómo lo harías?. Ella con gran seguridad le mostró su conocimiento y habilidad. El  sonrío complacido y dijo… muy bien, prosigue. Y cuando termines me avisas por favor.

La recepcionista nunca imaginó que este encuentro le daría una historia que sería contada en partes, varios capítulos en cada cita, pues a la enferma, le encantaba el masaje, pero sobretodo conversar con ella.

Lo primero que dijo fue, siempre que vengo el doctor me regaña porque me da por escrito mi régimen alimenticio y cuando estoy aquí, sigo igual o peso más, y se reía complacida. Pero te diré porque.

Sabes que las artistas no podemos comer cualquier cosa, debemos pasar muchas horas haciendo ejercicio para mantener la figura, y otras más actuando, bailando y cantando.

Me gustaba mucho mi trabajo, continuó, pero si es de bastante sacrificio. Así que ahora que ya no lo hago, me desquito, cuando no me ve mi amiga y enfermera. porque se descuida, pido por teléfono pizza, hamburguesa, tacos, refrescos, chocolates, etc. Y los como a escondidas. No sabes cuanto lo disfruto!! Son manjares, será porque los tengo prohibidos y antes nunca podía comerlos?? Parecía una niña traviesa cuando lo decía.

Y así continuaron las confidencias. En otra ocasión, me sorprendió, pues llevó una serie de fotografías en blanco y negro, donde aparecía en varias escenas de películas Mexicanas, en diversos papeles, por lo que pude ver su belleza en todo su esplendor, una hermosa cara y cuerpo escultural.

Las citas seguían y la recepcionista quería hacerle varias preguntas que le daban vuelta en la cabeza, pero por respeto y discreción no las hizo. Como las siguientes, se ha enamorado alguna vez?, se casó? tiene hijos? con quién vive?

No fue necesario plantearlas, ella le tomó confianza y sin pedirlo empezó la historia.

Como podrás imaginar, pues sabes quien soy, ganaba mucho dinero como actriz de películas, del cual no me quedaba nada, pues mi padre, quien era mi representante artístico tomaba todo y me daba solamente para lo indispensable. Así pasaron los años. A mi me parecía normal, tal vez porque nunca fui ambiciosa. Además de que no salía a nada y con nadie. Debido a mi trabajo, no tenía amigas, solo conocidas y compañeras.

En el ambiente, conocí a un actor,  de quien le dió su nombre, y era un famoso. Y dijo, bien sabes que era tremendamente guapo, elegante, fino y atento.  Me enamoré perdidamente de El. Y empecé a salir a escondidas, pues tenía temor de mi padre.

Nuestra relación cada vez se hizo más intensa, me entregué a él y quedé embarazada.

Estábamos cenando y celebrando en un restaurante, donde prometió pedir mi mano y casarse conmigo, lo cual me pareció maravilloso . Estaba muy ilusionada.

En ese momento entró mi padre muy molesto con una arma en la mano derecha y disparó a mi amor, quien murió al instante.

A mi padre lo detuvieron. Me gritaba que, lo hacía porque no iba a dejar que alguien viniera a quitarnos lo que con tanto esfuerzo habíamos logrado. Esto era una pesadilla. Sentí volverme loca de dolor.

Me fui al hospital, porque debido a tan tremenda impresión, perdí a mi bebé.

En un momento, toda mi vida dió un vuelco de 360 grados.

La recepcionista lloró con ella, era tremendamente impactante esta historia, pero la cita terminó y sería hasta la próxima vez que pudieran seguir hablando. Pues le pedía al medico, que ella la atendiera antes de su chequeo normal.

Tal vez era su gran deseo, de platicar con alguien su desventura. Aunque ya lo había hecho en los medios, nunca será lo mismo que hablar y llorar en privado con alguien a quien le tomas confianza.

Llegó la fecha de la cita y después de recostarse continuó.

Cuando logré recuperar mi salud, pero no mi corazón, empecé a trabajar, pues la vida debía continuar. Fui a visitar a mi padre a la cárcel, le conseguí un abogado para que quedara libre y después de mucho dinero y tiempo, lo logré y volvió a laborar conmigo.

Posteriormente me arrepentí de haberlo hecho, pues cuando ya tenía una buena suma de dinero, decide llevarme de interna a un manicomio. Traté de defenderme, les decía a todos que no estaba loca, pero nadie me creía, porque me ponía desesperada e histérica. Triste es confesar que estaba enfermo de ambición, solamente quería dinero.

Por fin una enfermera con un corazón sensible y dispuesta a escucharme, supo la verdad. Y dijo, efectivamente, he observado tu comportamiento diario y tu estás sana, no debes estar aquí. Te ayudaré a salir de este infierno.

Un buen día, la enfermera, quien ya era mi amiga, me dió un uniforme y a la hora del cambio de turno, nos fuimos juntas en su auto a toda velocidad, para vivir en un pequeño lugar de provincia. Pues con anterioridad pude adquirir una casa, desde luego, ocultándolo a mi padre.

Ahí vivimos juntas, tranquilas y felices, pues mi amiga no tiene familia. Es mi madre, hermana, amiga, cocinera y enfermera, pues se encarga de mi todo el tiempo.

La recepcionista escuchó estas confesiones con gran paciencia, cariño y solidaridad, pero su trabajo en ese lugar llegó a su fin. Y nunca más volvieron a encontrarse.

Un buen día lloró su muerte, que fue publicada en los medios. Después de hacer una oración por ella, dijo para sus adentros, y pensar que tuve la fortuna de escuchar tu historia en privado y con lujo de detalles. Gracias por tu confianza. Descansa en paz y que Dios te tenga en su Gloria!!.

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