Al acecho

 

AL ACECHO

Por Facundo Quiroga (Argentina)

 

acecho

 

Aquellos ojos color caramelo, con una fina línea blanca de ternura, observan el horizonte, atentos a cada movimiento. Divisan cada rincón de lo que su visión permite. Mas, no sólo sus ojos trabajan, sino también su olfato, el aire entra y sale a través de su hocico negro, pausadamente.

¡Silencio! No hay moros en la costa. Mueve su cabeza lentamente de lado a lado. Respira una vez más, exhala. No siente ningún olor en particular.

De pronto, un simple ¡crack! llama su atención y sus largas orejas se despiertan, entrando en acción. Allá, a lo lejos, una mancha en el paisaje se acerca caminando, no logra distinguirla bien, pero sabe que tiene vida. Se agacha de a poco, inclinándose hacia delante. Sus uñas empiezan a acariciar el suelo suavemente, dejando caer sus patas, en silencio. Repite esto varias veces hasta acercarse más a su objetivo. De a poco, entiende qué es aquel ser vivo frente a él. Su cola se agita rápidamente, toma velocidad y, al estar a unos metros de él, salta y lo derriba, atacándolo con su lengua, desparramando toda su espesa baba blanca en su rostro, mientras el joven ríe intensamente de felicidad.

(Visited 93 times, 2 visits today)