Receta para no llorar

Receta para no llorar

por Leonor Aguilar – Argentina

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En la vida los sentimientos no se aprenden, sencillamente se sienten, y no existe autocontrol que logre quitarlos de encima. Más te empeñas en negarlos, más te acosan, aparecen, saltan en tu almohada, en medio de una fiesta, viendo un atardecer, una película, leyendo un libro. Son pequeños ratoncitos que se meten en el pecho, en la mente y en el alma, y hagas lo que hagas por deshacerte de ellos siempre están, crees que puedes matarlos pero logran esconderse y tienen la tremenda costumbre de aparecer haciendo su acto triunfal cuando menos deseas dejar expuestos tus sentimientos.

Sin embargo hay algo que sí es controlable: su manifestación. Y el llanto forma parte de esas manifestaciones capaces de caer bajo el dominio de la voluntad. Cuando quiera sacudir tus fibras puedes inmovilizarlo, echarle tierra, taparlo, negarle su vista aunque no puedas evitar su razón de ser. Es tan sencillo como aprender a andar. Cada día un paso y cuando te das cuenta ya sabes hacerlo sin pensarlo ni esforzarte.

El día en que aprietas los ojos y logras huir, cuando suspires profundo y aplaques el nudo en la garganta, cuando aprietes dientes y reprimas el momento descubrirás que poder dominarlo lleva a sumar los pasos. Ver rápidamente en la mente un paisaje bello que provoque paz interior, suspirar, apretar dientes, tragar, pensar en otra cosa, callar y ya.

Al principio es un acto consciente. Conoces la receta, aplicas cada paso, sales airosa y el buen resultado estimula a repetir cuando sea necesario. En ese aprendizaje se va automatizando la estrategia, se vuelve un asunto de acción y reacción, y un día descubres que manejas absolutamente el tema sin tener siquiera que pensarlo. ¡Aleluya! ¡Lo lograste!

Tiene un sólo inconveniente. Cuando verdaderamente precises llorar no recordarás cómo se hace.

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