L’amour

lamourcuento de Facundo Quiroga (Argentina)

Sus labios carnosos, carcomidos, se separaron débilmente para emitir las últimas palabras que la joven quería dar a conocer.

-Nunca te amé como debería haberlo hecho. Tú hiciste todo por mí, sin embargo…-se detuvo debido a la falta de aire y, en un leve suspiro, finalizó la frase.-Te engañé, te engañé todo el tiempo… con tu mejor amigo.

La muchacha cerró sus ojos para siempre mientras las palabras se perdían en el aire y la realidad caía sobre su novio, víctima de la traición. No comprendía si lo que ocurría era de verdad o una pesadilla, quería despertar rápidamente si lo era. Cerró los ojos y, al cabo de unos segundos, percibió el sonido de unas pisadas que se acercaban a la habitación. Giró lentamente sobre el borde de la cama y esperó a ver quién llegaba.

-¡¿Qué ocurrió, Pablo?!-preguntó el visitante sobresaltado.- ¡La asesinaste!

-¡¿Por qué debería haberlo hecho?! ¿Acaso será por lo que me acabo de enterar? ¡Me traicionaron! ¡Eras mi mejor amigo!

El amante de la joven se acercó al cuerpo apartando al hombre bruscamente quien tambaleó con el borde de la cama y, al perder el equilibrio, cayó al suelo.

-¡Mi amor, despierta!-exclamaba desesperadamente mientras le acariciaba el cabello.-Sé que puedes escucharme.-besó su mejilla y luego buscó sus manos debajo de las sábanas mas, al sentir un charco de sangre sobre su estómago, dio un salto hacia atrás y examinó entre la oscuridad para encontrar a quien antes era su mejor amigo.- ¡¿Qué has hecho, infeliz?!

Una brisa de aire caliente entró por el balcón levantando las cortinas de seda que descansaban a cada lado del marco de la puerta. Los sonidos de la ciudad que provenían del exterior eran una perfecta distracción y un buen camuflaje para cualquier ruido extraño que reflejara lo que en verdad ocurría en aquel cuarto del departamento de estilo parisino.

La víctima del juego del amor se acercó al umbral de la puerta y dejó que la luna lo bañara con su intensa luminosidad. Luego, abrió el cajón de la mesa de luz que se encontraba a su lado y buscó entre los papeles un arma, la cual extrajo lentamente para sorprender a su adversario.

-Dime Franco, ¿qué has hecho con Camille? ¿Acaso ella sabía que no sólo traicionabas a tu mejor amigo, sino que también la traicionabas a ella? Cambió su vida, dejó Paris para venir a vivir a Buenos Aires contigo, ¿así es como le pagas? Aprovechas que se fue a visitar a su familia a Francia para llevar esto a cabo… cuando regrese, ¿le mentirás con alguna historia? -al ver que el hombre no contestaba, alzó el arma a la altura de su rostro y tomó un gran suspiro.- ¡Habla o ya mismo te asesinaré!

-Primero dímelo tú, ¿por qué asesinaste a Isabela si acabas de decir que recién te enteras de lo nuestro? No tenías derecho…

-Yo no la asesiné, entré al cuarto y ya estaba agonizando.-el arma le temblaba entre las manos mientras las lágrimas caían por su rostro, perdiéndose entre su abundante barba.-Ella debe haberlo hecho por voluntad propia, ¡sabía que lo que hacía no era un acto de persona de buen obrar! Si hubieses vivido todo lo que yo viví con ella, comprenderías esta situación.

El hombre sin arma largó una carcajada para hacer enfurecer a su contrincante. Se acercó lentamente a Pablo mientras hablaba.

-¿Tú crees que yo estuve menos tiempo con ella que tú? Pues, estás completamente equivocado. Me prefería a mí.-proclamó resaltando las últimas palabras.

De pronto, se escuchó el sonido de una bala que se escapaba de un arma. El amante de la joven cerró los ojos y esperó a que ésta impactara sobre él. Sin embargo, los segundos pasaron y no sintió nada. Al abrirlos, vio que el otro joven retrocedía lentamente con la mano ensangrentada sobre su pecho y llegaba al borde del balcón.

-¡¿Qué hiciste, Franco?! Además de engañarme, ¿pretendes asesinarme?-el muchacho trastabilló con su último paso y todo su cuerpo sobrepasó la baranda del balcón. Franco saltó a sujetarlo por las piernas pero era demasiado tarde. El cuerpo finalmente cayó sobre un auto, activando su alarma y haciendo que los vecinos de la zona salieran a ver qué ocurría.

El amante observaba perplejo la situación, no comprendía qué había ocurrido. Vio desde lo alto cómo el hormiguero de gente se acercaba a la escena del crimen, por lo que dio media vuelta y se detuvo a pensar qué sería lo siguiente que haría. Debía escapar.

De repente, un tocadiscos se activó y comenzó a emitir una canción, la cual identificó al instante.

-“L’amour”.-suspiró, mientras tarareaba la primera estrofa y buscaba a la persona que había activado la música.

“El amor no es para mí, todos esos “por siempre” no son reales, son sólo un juego”. Tú te encargaste de transferir la letra a la realidad. Nunca supiste cuán lejos podría llegar. Vi cómo le temblaban las manos y sabía que pronto iba a apretar el gatillo, no quería acabar con la vida de un inocente pero no tenía opción… no obstante, con quien sí terminaré, es contigo.

Franco quiso responder pero la bala ya había atravesado su pecho y, acto seguido, su cuerpo caía sin vida desde las alturas, impactando sobre el otro cadáver. El último personaje del hecho giró sobre sus altos tacos rojos y salió de la habitación, con un caminar victorioso y el disco de vinilo aun reproduciendo la canción final de una historia de traición y venganza.

(Visited 56 times, 1 visits today)