Grand pas de quatre

GRAND PAS DE QUATRE

 

Durante la época del romanticismo se produjeron hondos cambios en la concepción del ballet. Luego de tres siglos donde el sexo masculino fue el protagonista de la danza clásica, se impuso una nueva estética que privilegiaba la supremacía de la mujer, lo cual revitalizó al ballet. Las bailarinas, al obtener el protagonismo, se convirtieron en seres ideales, y a sus habilidades técnicas se sumó su sentido muy dramático de la interpretación, lo que les permitió generar un arte de magia e ilusión.

Las “ballerinas” atraían por igual a hombres y mujeres. A ellos, por la visión de las piernas de una mujer en el escenario, y a ellas porque la imagen de una bailarina clásica suponía una mujer de condición exitosa. Sin embargo no eran bien vistas socialmente porque sus labores dentro del arte eran consideradas impropias de una mujer. Más allá de eso, hubo algunas que llegaron a destacarse, logrando  el reconocimiento del público y pasaron a formar parte de las leyendas del ballet, como María Taglioni, Carlotta Grisi, Lucile Grahn y Fanny Cerrito.

Maria Taglioni, considerada la diva de las divas de la escena romántica del ballet, una bailarina sueca de origen italiano, fue la figura más importante de su tiempo. Estableció el estilo delicado y etéreo característico del ballet romántico. Estudió con su padre, el coreógrafo italiano Filippo Taglioni, y con Jean-François Coulon en París. Debutó en Viena en 1822 y entre 1829 y 1837 fue primera bailarina de la Académie Royale de Musique de París. Interpretó el papel principal en La sílfide, actuación que inauguró la era romántica en el ballet. Con esta interpretación se convirtió en una de las primeras mujeres que bailaron en pointe (sobre las puntas de los dedos). Al mismo tiempo, introdujo el tutú romántico y el corpiño ajustado que se convirtió en el vestido clásico femenino del ballet del siglo XIX. Desde 1837 hasta 1842 fue la primera bailarina del Teatro Bolshói.

Carlotta Grisi: bailarina italiana, una de las más importantes intérpretes del romanticismo, se unió al ballet de la ópera de La Scala de Milán en 1829. Más tarde fue alumna y amante del famoso coreógrafo francés Jules Perrot. Fue aclamada por su creación del papel protagonista en Giselle, ballet romántico escrito por el poeta francés Théophile Gautier y coreografiado por Perrot y Jean Coralli. Gautier también escribió un famoso papel para Grisi en La péri.

Lucile Grahn  fue la primera bailarina danesa de renombre internacional. Estudió desde pequeña en la Real Escuela del Teatro danés de Copenhague bajo la tutela de Bournonville. Entre 1839 y 1845, Grahn bailó en varios teatros, como Londres, San Petersburgo y Milán Milán y en 1845 su carrera alcanzó estrellato.

Fanny Cerrito : Fue una bailarina italiana brillante, vivaz y una de las pocas mujeres coreógrafas del siglo XIX. Nació en Nápoles con el nombre de Francesca Cerrito, y estudió con el célebre maestro italiano Carlo Blasis, los notables coreógrafos franceses Jules Perrot y Arthur Saint-Léon (su pareja favorita y desde 1845 hasta 1851, también su marido). Fue famosa por sus papeles de  Ondine (1843) y Gemma (1854)

Existe una pieza de danza que ha llegado hasta nuestras épocas y que en su momento atrapó al público por la talla de sus intérpretes, se llama Grand Pas de Quatre. La idea de crear un ballet donde aparecieran estas cuatro figuras juntas, las más grandes de aquellos tiempos, fue del empresario Benjamín Lumley, quien formaba parte de la administración del Teatro de Su Majestad en Londres.  Lumley sabía que esto iba a ser un éxito de taquilla, el público  acudiría al teatro sólo por verlas sobre el tablado a todas juntas, por la sencilla razón de que eran rivales irreconciliables unas de las otras; y en efecto, ese fue el resultado.

La obra es considerada uno de los ballets blancos más conocidos y fue creado en 1845 por Jules Perrot y estrenada el 12 de julio de ese mismo año con música de Pugni. En aquel momento significó mucho: era una composición de pura danza, sin tema, para cuatro bailarinas románticas, interpretadas por estas cuatro grandes personalidades de la época. Estas estrellas de la escena  tenían tantas diferencias entre sí, que en pleno montaje la tensión fue tan fuerte que se negaron a bailarlo. Sólo un decreto real logró que finalmente se hiciera la puesta en escena, la reina prácticamente obligó a las bailarinas a interpretar la coreografía de Perrot. Para evitar nuevos enfrentamientos entre ellas. se decidió que el orden de aparición en el escenario fuera por edad,  de menor a mayor.

En la noche de su estreno en Londres , (julio de 1845) causó sensación y cautivó tanto a los críticos como al público por igual. La obra se convirtió en un éxito, el público asistía a las funciones sólo para ver a las bailarinas juntas en una pieza que contaba con variaciones para cada una de ellas cuidando que ninguna fuera opacada.

 

 

 

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