¿SEÑALES DIVINAS?

¿SEÑALES DIVINAS?

por Martha Larios (México)

El Gran Misterio
siempre nos contempla.
Aquello está en nosotros,
y nosotros en aquello.
Algún día, conocerlo podremos…
o quizás nunca

En la fresca mañana de marzo, Guadalupe se encontraba con Eli, la guía en un lugar sagrado, las magníficas montañas y edificaciones de Machu Pichu, hablando de sus respectivos países, cuando muy de cerca pasó volando una enorme águila con las alas extendidas en toda su magnitud.

Y Eli, quien es una experta historiadora y conocedora de tradiciones y secretos prehispánicos, expresó con gran emoción… mira Lupita este lugar te recibe con beneplácito. Nosotros pensamos que cuando una águila se aparece en este lugar y en esta hora, es de muy buena suerte para la persona que no es de aquí, especialmente que es uno de los símbolos importantes de tu país.

Siguieron conversando, disfrutando y aprendiendo mutuamente. Al finalizar el recorrido decidieron que el día siguiente volverían a estar juntas, pero en otro lugar mágico, el corazón del condor y el templo de la luna. Acordaron que harían una ofrenda a la Pachamama, madre tierra y Nanantzin Tlalli, la madrecita tierra. Combinación de ambas culturas. Cada una ofrecería elementos correspondientes a sus costumbres y orígenes.

Así fue, hacía frío, parecía que llovería y después de una larga caminata, llegaron al lugar. Todo cambió, el sol tenue pero estaba presente, el frío se calmó, no llovió, así que todas las condiciones parecían ser favorables para lo que planeaban hacer.

Colocadas de rodillas, con las manos, empezaron a hacer un hoyo en la tierra, de aproximadamente quince cms. de profundidad y treinta cms de diámetro. Cada una iba colocando lo que correspondía. Eli inició con hojas de coca, luego con una capa de hojas de maíz frescas. Posteriormente flores blancas y rosas. Eli preguntó por qué rojas y moradas. Guadalupe explicó… porque en los temazcales de mi país, se ofrecen rojas para el camino de los guerreros y moradas para los seres queridos que se han ido. Procedieron con las semillas de quinoa y maíz. Después ambas colocaron pasitas o uvas deshidratadas, pequeños dulces y chocolates, tequila y pisco, que corresponden al mestizaje. Cubrieron la ofrenda, ofreciéndola al Creador del Universo en agradecimiento por ambos países. Terminaron cantando en quechua y náhuatl.

En ese momento y no supieron de donde, aparecieron dos águilas. A lo que Eli expresó: El Creador y la Pachamama agradecen la ofrenda.

Al otro día Guadalupe salió a las dos de la mañana en autobús para llegar después de las ocho a observar el vuelo del condor, la guía de ese día indicó que hacía tres días que el no aparecía, era posible que no pudieran verlo, solo esperarían media hora y si no regresarían. En el largo camino vieron una inmensa planicie donde había miles de ofrendas hechas con piedras que indicaban peticiones que los Incas hacían al Creador.

Al llegar al Colca, ella se aisló del grupo y fue a hacer una pequeña ofrenda similar añadiendo flores, para pedir les permitiera ver el vuelo. Regresó al mirador, y para su sorpresa, empezó a escuchar un silbido maravilloso y característico, el condor estaba en camino y gran espectáculo, poco a poco inexplicablemente fueron llegando, eran siete, si siete hermosos cóndores, como dicen los conocedores, de tres metros al extender sus alas y aproximadamente metro y medio de largo.

La guía le gritaba que debía abordar, solo faltaba ella, pero se encontraba extasiada porque fuera del mirador, exactamente arriba de ella, antes de partir, tres volaban en círculo, era como una especie de despedida magnífica. Para cualquiera,  era una impresión muy fuerte, así que Guadalupe lloró, la emoción era grande.

Pasaron algunos días y debía regresar a su país. Decidió que la ultima mañana, se aislaría de todo para disfrutar del hermoso jardín del lugar donde se hospedaba. Su equipaje ya estaba en recepción. Ni siquiera iría al restaurante, comería frutas frescas y frutos secos, chocolate y agua.

No había nadie, se sentó frente a un hermoso y frondoso árbol cubierto de flores y de pronto como por arte de magia, apareció un gran colibrí, y raro que estuviera parado en la copa del árbol sin moverse, además de que no era muy colorido como normalmente son, pero tras él llegó una cantidad enorme de colibríes de todos colores. Estaba gratamente impresionada, volaban con la rapidez que los caracteriza, subían, bajaban, iban y venían. Y el espectáculo solo era para ella, ¡qué magnífico!!

Decidió grabar para mostrar a sus amigos, pues la cantidad era realmente impresionante. Revisó y no había nada, fue extraño, pensó que lo había hecho mal, intentó dos veces más y pasó lo mismo. En ese momento, le hablaron, ya debía irse, el chofer esperaba, no había tiempo, miró hacia el árbol y ya no había nada.

Camino al aeropuerto llamó a Eli y le comentó. Y la respuesta fue… No era para compartir, era un regalo solo para ti. ¡Feliz viaje, amiga!

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