Morir de amor

MORIR DE AMOR

por Martha Larios (México)

 

 

Por qué debería estar triste?
He perdido a gente que no me amaba,
Pero ellos perdieron a alguien que los amaba
Mario Benedetti

 

Todavía era invierno, principios de febrero, ya era avanzada la mañana, afuera el viento soplaba frío, y contrariamente a su actitud siempre positiva ante la vida, Maribel, se encontraba sin ánimos de levantarse, ni de comer, no quería hacer nada. Se sentía tremendamente triste, lloraba cubriéndose la cara, con la sábana. Afortunadamente no había nadie en casa y podía dar rienda suelta a la emoción que la embargaba, pues esa historia era solo de ella.

Había pasado más de una semana y todavía recordaba perfectamente las palabras que Emilio le había dicho para no continuar su relación. Le parecía increible que después de casi nueve años, fuera tan fácil para El, decirle éso, mientras ella sentía que se desmoronaba y que lo que escuchaba no era verdad, era una pesadilla.

Ella había aceptado todas las reglas puestas por él, para que no hubiera ningún problema. Lo único que había hecho era amarlo sin condiciones de ninguna especie, no pedía ni exigía nada. Solo sucedió que por primera vez, había manifestado su inconformidad por algo que no le agradó. Y ahora se preguntaba, solo eso era suficiente para terminar o solo era un pretexto? Acaso no era una injusticia? No esperaba nada, pero tampoco ésto.

El tal vez la veía solamente como alguien con quien hablar y compartir algunos momentos especiales. Y para ella, era la vida misma.

Continuaba llorando y analizando por qué su vida siempre había sido tan solitaria y carente de un amor verdadero? Acaso era cursilería pensar en ello ahora, en el ocaso de su vida? Tal vez para alguien más si, pero no para ella que había amado y vivido intensamente cada instante de su existencia, tratando de no hacer daño a nadie.

Así pasó el día entre pensamientos, sentimientos y emociones, hasta que la obscuridad cubrió la habitación, solo un rayo de luna entraba por su ventana, y seguía sin llegar a ninguna conclusión que le diera respuesta a todas las preguntas que se atropellaban en su mente. Entre esas cosas, vino a su mente la letra de la poesía hecha canción “La niña de Guatemala”, la que se murió de amor por Martí, y pensó si eso era posible?.  Ella ya estaba cansada de la vida, por decepciones de todo tipo y pensó que tal vez sí.

Quiero, a la sombra de un ala,
contar este cuento en flor:
la niña de Guatemala,
la que se murió de amor.

Eran de lirios los ramos;
y las orlas de reseda
y de jazmín; la enterramos
en una caja de seda…

Ella dio al desmemoriado
una almohadilla de olor;
él volvió, volvió casado;
ella se murió de amor.

Iban cargándola en andas
obispos y embajadores;
detrás iba el pueblo en tandas,
todo cargado de flores…

Ella, por volverlo a ver,
salió a verlo al mirador;
él volvió con su mujer,
ella se murió de amor.

Como de bronce candente,
al beso de despedida,
era su frente -¡la frente
que más he amado en mi vida!…

Se entró de tarde en el río,
la sacó muerta el doctor;
dicen que murió de frío,
yo sé que murió de amor.

Allí, en la bóveda helada,
la pusieron en dos bancos:
besé su mano afilada,
besé sus zapatos blancos.

Callado, al oscurecer,
me llamó el enterrador;
nunca más he vuelto a ver
a la que murió de amor.

Recordó que dicen que el corazón no duele, pero ella sentía un intenso dolor en el lado izquierdo del pecho. Concluyó que sí afecta ese órgano humano tan relacionado con ese maravilloso sentimiento llamado amor, que puede elevarnos hasta los confines luminosos del universo o dejarnos caer hasta las profundidades obscuras de la tierra.

Pasó el tiempo sin que se diera cuenta. Varios días después, alguien de su familia se preocupó, porque no contestaba llamadas en el teléfono fijo ni en el celular. Fue a buscarla y no abrió, decidió llevar a un cerrajero y ahí estaba inerte sobre su cama, con un rictus de tristeza en su semblante, y abrazando un marco con la foto de su último y gran amor.

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