Lilian Serpas

 

Lilian Serpas

 

El tiempo, quizá, destiñe su nombre pero no  su poesía. Lilian Serpas es poesía eterna.

Lilian Serpas fue una poetisa y periodista salvadoreña. Nació en San Salvador, el 24 de marzo de 1905.
Serpas quedó huérfana de padre a los tres años. Su hogar, dirigido por su madre, Josefa de los Ángeles Gutiérrez, tuvo contacto con el ámbito intelectual porque su hogar era escenario de numerosas tertulias literarias. Entre los asistentes a dichas reuniones estaba Francisco Antonio Gavidia, autor que llegó a escribir el prólogo de uno de los libros de Serpas.

Trabajó como colaboradora de la revista Pareceres y en la radio A.Q.M.. Asimismo, pasó una época en los Estados Unidos en la ciudad de San Francisco (1930 – 1938), donde colaboró con la revista Sequoia de la Stanford University.1​ De regreso a El Salvador, se dedicó de lleno a trabajar para El Diario de Hoy, principalmente en la sección Pajaritas de Papel (1941).

En 1938 se casó con Thomas Jefferson Coffeen Suhl, pintor norteamericano junto al cual tuvo tres hijos. Uno de ellos, Fernando, falleció en 1970, hecho que provocó en la escritora un gran desequilibrio emocional y la sumió en una profunda depresión.

Retornó al país con la ayuda de amistades quienes le brindaron su apoyo en sus estados agónicos. La creadora de títulos como “Urna de ensueños”, “Nácar”, “Huésped de la eternidad”, “Girofonía de las estrellas”, “Meridiano de orquídea y niebla” y “La flauta de los pétalos” dedicó sus últimos años de vida a trabajar en la Dirección de Publicaciones de San Salvador.

El 10 de octubre de 1985  falleció en el Hospital Nacional Rosales de San Salvador, centro médico al que había ingresado días antes como consecuencia de una caída que le provocó fracturas.

 

REMEMORAR

Un pálido fulgor de media luna
sobre el rústico banco de las citas,
la leve brisa que llegó oportuna
y la vereda de las margaritas…

En hora de congojas importuna
y lento suspirar de hojas marchitas
a la tristeza le sirvió de cuna
la fuga amarga de amorosas cuitas

Hoy vuelvo solitaria a recordarlo…
La noche es tibia y dulce para amarlo
y para hacer de nuestra vida, una…

Y como sé que la pasión es ida,
la clara historia que truncó mi vida
rememorando estoy bajo la luna…

LA MARIPOSA

En el jardín de plenilunio lleno
su tríptico de pétalos se posa,
con la fijeza de una mariposa
que congelara en flor su desenfreno.

Tiene en su cáliz de candor un pleno
aire más fino que nevada rosa,
y del perfume, doncellez premiosa,
la suave gala de blancor sereno.

Vuelta de niebla y música su vida
es retazo de luna: ahí fundida
vobró la noche en su primer rocío.

Así quedó la mariposa en vuelo
sobre la media página del cielo,
¡clavada al aire en alfiler de frío!

ALUNIZAJE

Lúcido en la tiniebla de un momento
de ser -ya sido- en inicial viraje,
arranca de raíz mi pensamiento
-tan joven como antiguo en su linaje-.

Ráfaga a grupas de un saber, aliento
-del polvo hostil es rescatado viaje-,
emite luz, muy cerca a lo que siento
del más nocturno azul de alunizaje.

Ritmos de meteoros miden tensa
noche, sólo soporte a mi defensa,
igual a rostro en Cero circunscrito.

Yo heroica y huyendo en un desvelo
-libre y sin nada-, como en un deshielo,
alcanzo en pie de amor, el infinito.

DE OLVIDO

Tu imagen enlutada y pasajera
roza el leve sentir de una amargura…;
y aunque en ella yo viva prisionera,
mi vida es un no-star en la ternura:

-afán que nunca llega hasta su vera-
si un ir inmotivado en mi presura,
me diluye, me escapa a la atadura
del tiempo, en ceguedad de lo que fuera:

-tal vez- sólo el mirar de la dulzura;
el más leve matiz en primavera:
la luz, la flor, la imagen que perdura;

desde mi hondón mi ser te configura,
-cerca o distante- el alma es heredera,
de ese súbito albor, de noche oscura…

ÁRBOL DEL BÁLSAMO

A ti vuelvo y en ti buscando aliento;
-Isla del sol- o de mí noche de estrellas,
si heridas me restañas y alma sellas
es techo y heredad, tu sentimiento.

Un átomo de amor en las centellas,
o la virtud más dulce, yo presiento:
diosecillo de luz, mi pensamiento
en ti árbol grabó, sus tiernas huellas.

Te leo entre anaqueles de la Historia
-y aquella bronca paria- en la memoria
en la corteza afirma una existencia.

de los mutables ciclos por escalas
que un dios y el tiempo entre sus verdes galas,
¡dio el palpitante origen de su Ciencia…!

LA NOCHE

Criatura entre otros ‘egos’ desligada,
la noche, en concreción de lo inconcreto
-al no ser la materia resignada-
cuelga de un mundo en su dolor concreto…

Desnace tras la luz, finge el secreto
de verse en el vacío, cuando nada
-si no la levedad del esqueleto-
la equilibra dejándola creada…

Lo infinitesimal que la descifra,
centra -con voz armonica la cifra,
que a su esférica forma la resuelva…

Y en lo posible, o imposible, vaga
-con sus ojos sin luz- yendo a la zaga
de la inviolable lumbre que: ¡la envuelve…!

VIVO EN LO ABIERTO

Si el amor terrenal es desconcierto;
si en un perenne afán nunca colmado,
viviera el corazón deshabitado:
Mi voluntad renuncia a su desierto…;

Diré que duerme en el arrullo cierto,
donde el pensar más frío, es alumbrado;
libre en esencia, al mundo contemplado,
ciego de luz en el espacio abierto…

Y en soledad ardiente que fulgura
―ese Alguien que a mi ser cautiva,
deslíe con sus ojos la hermosura,

de cuanto amó de amor su llama viva…
¡Y en supresión, al fin, de la criatura,
de lo total, es flor definitiva!

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