Sinfonía fantástica

SINFONÍA FANTÁSTICA

 

 

 

La Sinfonía fantástica es una sinfonía compuesta por Héctor Berlioz en 1830. El nombre bajo el que se la conoce habitualmente es, en realidad, el subtítulo: el título que Berlioz puso a su obra es Episodio de la vida de un artista.

La obra gira en torno a la historia del amor apasionado y no correspondido que vivió a los 23 años de edad el propio Berlioz, el gran romántico de la música, quien se enamoró perdidamente de la actriz irlandesa Henrietta Constance Smithson. Un amor que lo llevó a componer una de sus obras más asombrosas y vívidas: la “Sinfonía Fantástica”.

“Esta es una pieza sobre la soledad, soledad en el amor, la soledad del individuo dentro del grupo, dentro del teatro social. La del bailarín en lucha permanente con su propio ego no sólo físico, sino también psíquico y sentimental; la soledad vertiginosa, total, sin piedad. La del creador”, afirma el destacado bailarín y coreógrafo francés Gigi Caciuleanu.
Explica que a partir del personaje Artista (el propio Berlioz) y de la mujer (Harriett) imaginó una pieza de teatro coreográfico recortada y montada como un guión cinematográfico que, sin embargo, no sigue la lógica de la realidad sino la del sueño.

Además de la obra musical completa, la acción se desarrolla sobre fragmentos de textos célebres de la literatura francesa (Baudelaire, Verlaine, Edmond Rostand y Moliere) dedicados al compositor francés y uno de William Shakespeare, dedicado a la actriz irlandesa.

La Sinfonía Fantástica consta de cinco movimientos:
1. Sueños y pasiones
2. Un baile
3. Escena en el campo
4. La marcha del cadalso
5. Sueño de una noche de aquelarre

Argumento

La sinfonía posee un argumento muy detallado. Por esta razón se suele decir que es uno de los mejores ejemplos de la música programática; también es quizás uno de los primeros. El argumento es el siguiente:

Un joven músico desesperado ha tomado opio y, en un largo sueño, tiene una serie de visiones y pesadillas, con la idea de su amada viniendo una y otra vez a su cabeza. Recuerda las alegrías y depresiones del pasado, antes de que ella entrase en su vida, y luego el neurótico celoso en que se convirtió cuando ella entró en su vida, teniendo el único consuelo de la religión.

El segundo movimiento evoca la música de un baile, en el que con los giros de la danza, vislumbra a su amada otra vez.
El tercer movimiento fue muy difícil para Berlioz. En el campo, dos pastorcillos entonan una melodía con sus flautas para llamar a sus vacas. Todo es tranquilidad hasta que la amada aparece de nuevo, provocando inquietud en el héroe. El otro pastorcillo toca su flauta, pero esta vez no hay respuesta. En ese momento, el sol se pone acompañado de un trueno distante. Luego, predomina el silencio en la escena.

El cuarto movimiento es la Marcha al Cadalso: Sueña que ha asesinado a su amada y que ha sido condenado a muerte, tomando el camino al lugar de la ejecución. La procesión se mueve, marchando a ratos tenebrosa y a ratos magnífica, durante la cual el torpe sonido de pesados pasos sigue abruptamente por un momento, el último pensamiento de amor cortado de golpe por la muerte.

El movimiento final es un aquelarre, una salvaje celebración demoníaca. La imagen de la amada parece ahora una agudísima burla. Las campanas de la muerte se oyen por encima del himno Dies Irae del juicio final y se mezclan con la danza.

 

 

 

 

 

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