Así te cuento del día de muertos en México

ASÍ TE CUENTO DEL DÍA DE MUERTOS EN MÉXICO

por Cony Ureña (México)

 

 

¡Cómo no se me había ocurrido antes! Nunca te he platicado de una de las más grandes conmemoraciones mexicanas que se estaba perdiendo poco a poco, avasallada por el Halloween, pero que ha renacido gracias a una linda película, otra de la serie de un agente secreto, tú sabes a quién me refiero, y el auge de las “catrinas”, las cuales merecen un capítulo aparte.

En mi familia la conmemoración iniciaba el 31 de octubre. Mi mamá encendía una veladora blanca para iluminar el sendero de su segundo hijo, mi hermanito, fallecido cuando tenía escasos tres meses.

Eso era todo en casa de mis padres, pero muy diferente en casa de mi abuelita paterna quien acostumbraba instalar lo que llamaba Ofrenda que era un altar en sí.  Había una mesa grande, rectangular, tapizada con un mantel color naranja con encajes negros, sobre el cual se colocaban cazuelas con comida, botellas de licor, agua, fruta, calabazas grandes y chicas, dulce de las mismas, así como piezas de pan, muchas velas y veladoras delante de los retratos de los difuntos que a los niños, nos decían los mayores, de octubre 31 al 2 de noviembre, tenían permiso celestial para regresar en espíritu, para degustar precisamente lo que se colocaba en ese altar esplendorosamente arreglado, y realzada su belleza con las flores de zempoalxochitl y también se conocen como “flores de muerto”.

Eran infaltables los adornos de papel picado, los mini esqueletos de juguete y por supuesto las calaveritas de azúcar (cráneos). En el frente de cada una había un nombre, pero no de algún fallecido, sino de un ser vivo, así que cada quien buscaba su calaverita pues ello significaba que quien la colocó estaba deseando que esa persona viviera por muchísimo tiempo.  No sé si esa era una tradición generalizada, o exclusiva de mi familia.

Según sé, esa tradición es precolombina y sobrevivió la era colonial, incluso se enriqueció con las imágenes cristianas que también formaban parte de la Ofrenda pues por “coincidencia” esta conmemoración es en el Día de los Fieles Difuntos y de Todos los Santos, conmemoraciones católicas.

En cuanto las piezas de pan, no eran de cualquier clase sino precisamente “pan de muerto”. Un pan redondo coronado con huesos simulados en forma de X y aderezado con mucha azúcar.

Una vez instalada la Ofrenda, por dos o tres noches se encendían las velas y veladoras y se apagaba la electricidad de la habitación. Se rezaba el Santo Rosario y se solicitaba a Dios el permiso para aquella alma que quisiera venir a la degustación de los manjares en su honor.

Esta habitación adquiría una atmósfera de misticismo y los niños permanecíamos expectantes. En cualquier momento podría aparecer un ser del más allá. Nunca sucedió, claro. Los mayores nos explicaban el porqué sólo ciertas personas tienen la facultad de ver e inclusive hablar con gente que “se nos adelantó” al más allá.

Recuerdo que el 31 de octubre estaba dedicado a los fallecidos niños, el 1 de noviembre a los que se fueron de esta vida por accidentes y el día 2, a absolutamente todos los muertos; tampoco sé si esta costumbre era familiar o general.

Sabíamos que mucha gente permanecía cerca de la Ofrenda la noche para amanecer el día 2, orando por “sus fieles difuntos”. También, que familias enteras acostumbraban asistir al cementerio y pasar la noche junto a la tumba de su difunto, sobre la cual habían instalado un altar como te platico era el de mi abuelita. Hay poblaciones enteras que participaban en ese ritual nocturno, como es Mixquiq en el Valle de México, y Pátzcuaro, en el estado de Michoacán. Tradición que perdura hasta hoy.

Por cierto que en el presente, el 2 de noviembre los cementerios están repletos de visitantes que rinden tributo a sus difuntos adornándoles sus tumbas con flores y algunos familiares llevan serenatas con guitarras e inclusive mariachis.

Para instalar la Ofrenda, grandes  y chicos ayudábamos. Sabíamos que la noche de noviembre 2 se repartiría todo su generoso contenido y seríamos partícipes de un banquete espectacular.

Recuerdo que con mis primos observaba los recipientes de agua; principalmente los transparentes. Nos asombraba ver cómo disminuía su contenido y creíamos que algún espíritu había bebido. Nos compadecíamos de las ánimas, pensando que tenían que esperar hasta fines de octubre para volver a degustar sus platillos favoritos, sus bebidas y esa agua…

Después de los rezos, a las 18.00 horas de noviembre 2, se desmontaba la Ofrenda. Se calentaban los alimentos y la gran familia se sentaba a la mesa a degustar los guisos cocinados en honor a los extintos, quienes era seguro habían regresado al cielo o al purgatorio, dependiendo de cómo había sido su conducta cuando vivieron.

Por tradición, a los niños nos servían leche con chocolate sin endulzar, porque lo acompañábamos con ese delicioso pan de muerto tan azucarado. Nos era entregado a todos los presentes nuestro “itacate”, o sea, una buena provisión de prácticamente todas las frutas y dulces que habían adornado la Ofrenda; sí, incluía ese dulce de calabaza, tan sabroso. Desde luego, nos entregaban a cada quien nuestra respectiva calaverita; era impensable una equivocación, porque como te decía, cada una traía un nombre.

Solo los mayores degustaban los licores, pero en esos ayeres sinceramente yo prefería mi leche con chocolate, o leche sola para degustar el dulce de calabaza o el “pan de muerto”.

Al paso del tiempo, de octubre 31 a noviembre 2, se adicionaron las pequeñas y huecas calabazas naturales o de plástico, a las que se les podía introducir una vela o luz de alguna especie. Daban un aspecto fantasmagórico. Muchos pequeños recibían una buena cantidad de dinero para gastar en lo que quisieran, mismo que provenía de “donativos” de los transeúntes a quienes les causaba gracia la frase, “¿me da mi calaverita?”

Actualmente, los niños y niñas reciben esas calabazas (ahora son sólo de plástico) y durante el día y noche salen a las calles a solicitar un obsequio monetario entre los transeúntes y conductores de vehículos. Muchos van arreglados con maquillaje fantástico y/o también vestidos de fantasmas, brujos, magos, momias, etc.  Así, en las calles y muchos lugares puedes ver chicos y chicas disfrazados de brujas, vampiros, esqueletos andantes, “Dráculas”, “Harry Poters”, el muñeco “Chucky”, etc. Han proliferado los negocios que anuncian el maquillaje especial para quienes piden calaverita o asisten a las fiestas de Halloween, que se popularizaron en los últimos años. La combinación de ambas costumbres me causa gracia.

Puedo contarte que no hace mucho supe que existían las “Catrinas”. Son esqueletos vestidos con ropajes muy elegantes. Las femeninas usan fastuosos vestidos, grandes sombreros o coronas de flores y joyas; los acompañantes masculinos lucen trajes ostentosos.  Como tú sabes, esa tradición principió a fines del siglo XIX como una burla a la alta sociedad de mi país de esos tiempos y ahora es la imagen por excelencia de la muerte, a la mexicana; también la llamamos “la calaca” y a ella se le dedican versos que se publican el 2 de noviembre, en el que se alude a una persona en especial por quien la muerte ha venido a llevar al más allá. Pero, si alguien te dedica una “calaverita” en verso, te das cuenta del aprecio que te tiene. Para mí significa que una persona pensó especialmente en ti para halagarte con un texto corto, con rima, usualmente chusco, que mencione tu nombre y tus costumbres. ¡Tú mismo puedes escribirte una calaverita! y publicarla en tus redes sociales. Los periódicos también publican “calaveritas” dedicadas a políticos y gente famosa. En el radio y televisión también les dedican un espacio. Ni los memes han podido desplazar esta costumbre.

Volviendo a las Catrinas. En la capital mexicana y en varias otras ciudades, hay desfile de Catrinas… son de llamar la atención las de San Miguel de Allende. La procesión de “parcas vivientes” vestidas y maquilladas suntuosamente, se ha popularizado todavía más con la película que ya te mencioné; sí, la del agente secreto, en cuyo argumento apareció el desfile de calaveras gigantes, que no existían pero que ahora forman parte de nuestra cultura.

Muchos dicen que tomamos a broma que algún día estaremos del otro lado de la vida y nos divertimos ahora ante esa realidad que no podemos cambiar. Si algo hay seguro, “no pasaremos de la raya”.

Y qué te digo del Halloween que hasta hace poco estaba a la alza. Con el revivir de nuestras tradiciones, esa costumbre se combina con la mexicana. Así que no hay queja, lo nuestro se ha enriquecido con mega desfiles de Catrinas por ejemplo, con una monumental Ofrenda en el Zócalo (Plaza Mayor, en el corazón del país), con un paseo nocturno en bicicleta en el que los ciclistas van apropiadamente disfrazados; festivales de “pan de muerto”; ferias alusivas y desfiles de cráneos monumentales. Inclusive, cuando se celebra el Gran Premio de México de Fórmula Uno, las edecanes lucen atavíos rememorando a la Catrina.

¡Y por poco se me olvida! Nuestros ancestros creían que las mariposas Monarca que visitan varias regiones de México, eran las ánimas de sus difuntos. Estos maravillosos insectos llegan en la tercera semana de octubre. Anualmente, los hermosos bosques de Oyameles se visten de naranja y negro pues las Monarca invaden los árboles que las cobijan durante el invierno, que del lugar que provienen (Canadá y Estados Unidos) esa estación es infinitamente más cruda que en mi país. Aquí vienen a reproducirse y la nueva generación emprende su viaje al Norte a fines de enero y principios de febrero del año siguiente; pero lo que nos ocupa es que su llegada era un signo muy especial para los antiguos y por ello iniciaron los ritos que te he contado, mismos que prevalecen en su mayoría hasta la fecha.

Bueno, ahora a ti te corresponde contarme cómo has vivido en tu entorno el Día de Todos los Santos y el de Los Fieles Difuntos, lo que te parece la sui generis tradición precolombina muy mexicana y si te animarías a vestir uno de esos hermosos atuendos con los que mis paisanos y yo nos reímos de la muerte.

Glosario:
Cazuela-Recipiente de barro para cocinar y/o presentar comida
Zempoalxochitl o Cempasuchil-Flor parecida al clavel, de color amarillo intenso
Papel picado-Producto artesanal mexicano hecho de papel de China
Mariachi-Conjunto de músicos y cantantes vestidos con traje de gala de la charrería mexicana
Ir de catrín o ser catrín-Vestirse de gala o tener buena posición económica
Ánimas.- Espíritus de los fallecidos

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