El Abrazo de la Serpiente

El Abrazo de la Serpiente (2015)

por Claudio Bringas (Canadá)

Cada año, durante el mes de febrero la Academia de Cine de Hollywood hace entrega de los codiciados premios Oscar, otorgados en múltiples categorías. Una de las categorías donde el cine latinoamericano ha tenido relativamente éxito en los últimos años es en la categoría de mejor película extranjera (mejor película de habla no inglesa). Para este año, la película colombiana Pájaros de verano dirigida por Ciro Guerra y Cristina Gallego estuvo entre las nueve finalistas aunque finalmente no fue elegida para ser una de las cinco finalistas que competirán por una estatuilla. Sin embargo, hace tres años atrás, otra obra del director colombiano Ciro Guerra, El Abrazo de la Serpiente sí fue parte de las cinco películas finalistas que compitieron por un premio Oscar, convirtiéndose en la primera producción colombiana en obtener este logro (la película ganadora en esta categoría fue El Hijo de Saúl, del director húngaro László Nemes).  Basta con hacer un breve análisis de esta película colombiana para entender las razones por las cuales ha sido tan bien recibida a nivel internacional.

                El Abrazo de la Serpiente nos entrega dos relatos (basados en los relatos  de los científicos Theodor Koch-Grunberg y Richard Evans Schultes), que son diferentes pero a la misma vez idénticos. Una parte de la historia está ambientada en 1909, donde conocemos a Theo von Martius (Jan Bijvoet), científico alemán y su guía local Manduca (Yauenkü Migue), los cuales están explorando la region amazónica para encontrar una planta sagrada llamada yakruna. Para aumentar sus posibilidades de tener éxito, von Martius intenta obtener la ayuda de Karamakate (Nibio Torres), un chamán local y último miembro de su tribu. Karamakate, que ha tenido experiencias negativas con el ‘hombre blanco’ en el pasado, naturalmente no confía en von Martius. Sin embargo el científico alemán logra convencer al chamán de sus buenas intenciones y del uso apropiado que hará con la yakruna. De esta manera, Karamakate se une a von Martius y Manduca, y lost res emprenden un viaje hacia las entrañas de la Amazonia.

                Paralelo a esta historia, Guerra nos entrega una segunda y complementaria parte ambientada 31 años en el futuro, en 1940. Similar a la historia de 1909, ahora un envejecido Karamakate (Antonio Bolívar) se encuentra en la región amazónica con un extranjero que anda en busca de la planta yakruna. En este caso se trata de Evan (Brionne Davis), un botánico americano que ha estudiado las notas de von Martius. Karamakate, que ha olvidado gran parte de sus conocimientos chamánicos e incluso la ubicación exacta de la planta de yakruna, incialmente se reusa ayudar a Evan, y solo decide ayudarlo cuando el americano lo convence de su gran devoción por el studio de las plantas (sin embargo, Evan solo está interesado en la yakruna para así obtener caucho de buena calidad ya que las fuentes de caucho estaban restringidas durante la seguna guerra mundial).

                Cabe destacar que las dos historias incluyen una serie de personajes adicionales que van apareciendo a medida que Karamakate y sus acompañantes continuan en su viaje. Es precisamente a través de su viaje que nosotros los espectadores tenemos la oportunidad de conocer pueblos extinguidos y culturas desaparecidas (de hecho, una de las intenciones de Guerra es honrar a pueblos indígenas que ya no existen). A través de este viaje también tenemos la oportunidad de entender los efectos nefastos del colonialismo europeo. Ejemplos de esto abundan en esta película: un sacerdote español que golpea brutalmente a niños indígenas bajo su cuidado con la intención de borrar sus culturas ‘endemoniadas’; la prohibición que estos mismos niños tienen de hablar su idioma indígena (una actividad crucial para poder mantener su propia cultura); las torturas físicas por parte de los explotadores de caucho hacia la población indígena; el impacto ambiental debido a la explotación de recursos naturales. Claramente, los temas que Guerra toca en esta película son bastante interesantes y relevantes. Sin embargo, con El Abrazo de la Serpiente Guerra no solo nos presenta temas para satisfacer nuestros intereses intelectuales, sino que nos entrega un festín para nuestros sentidos visuales y auditivos. La selva misma pasa a convertirse en unos de los más importantes personajes de esta cinta, un personaje que no perdona equivocaciones. Es más, al filmar esta película casi completamente en blanco y negro (en esto esta cinta se semeja a La Sombra del Caminante, primer largometraje dirigido por Guerra), además de usar una multitud de idiomas, entre ellos varios idiomas indígenas tales como Ocaina, Ticuna, Bora, Andoque, Yucuna, y Muinane, El Abrazo de la Serpiente tiene una cierta apariencia de un documental, permitiéndo que el espectador se inmerse en un mundo diferente, un mundo que ya no existe de la misma forma, que se ha perdido y que jamás se podrá recuperar.

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