A 35 años de la muerte de Cortázar

A 35 años de la muerte de Cortázar

Julio Cortázar fue uno de los escritores que revolucionó las letras hispanoamericanas desde los años 50, principalmente con sus relatos, aunque también dejó su huella en el campo de la novela y la poesía. El 12 de febrero de 1984 moría el autor de ‘Rayuela’ dejando un gran legado.

Nacido en un barrio de Bruselas un 26 de agosto de 1914, Cortázar retornó a los cuatro años a la ciudad de origen de sus padres, Buenos Aires, que alojó al escritor hasta que, harto del gobierno peronista, se trasladó a París.

Estas dos ciudades, junto con otras estancias en localidades de España, se convirtieron en los lugares más importantes para el autor y donde escribió algunas de sus obras más importantes. No obstante, Cortázar terminó estableciendo su residencia en París, donde moriría a los 69 años un 12 de febrero de 1984.

Bestiario, Final del juego, Todos los fuegos el fuego o Queremos tanto a Glenda, son algunos de los títulos más reconocidos de sus recopilaciones de cuentos, que han supuesto un antes y un después para el género desde su aparición.

Pero Cortázar también dejó tras de sí una novela emblemática como ‘Rayuela‘, usando los finales abiertos de capítulos para implicar al lector y la obra ‘Historia de cronopios y famas‘. Incluso en la poesía, un género donde no encontró el mismo reconocimiento, aportó textos como ‘Pameos y Meopas‘ o ‘Salvo el crepúsculo’.

Toco tu boca

“Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad, elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde el aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces, mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llenas de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua”.

Julio Cortázar

Del Capitulo 7, de “Rayuela”

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