Querida Kira

QUERIDA KIRA

por Leonor Aguilar (Argentina)

Querida Kira:
En el camino de aprender en el ovejerismo hemos cometido errores y aciertos. Sos el ejemplo cabal de esa suma.

Imposible olvidar la noche en que llegaste al mundo. Hacía mucho frío y habíamos elegido desacertadamente el  lugar para el parto lo que me hizo tomar de urgencia la decisión de cargar a tu madre en mi auto y traerla a casa. Como el dicho, saltando y cabeceando, apenas acomodé a Ivy en un cuarto calefaccionado nacieron cuatro inmensos cachorros. Fue la primera camada que vio la luz en mi hogar.

Hermosa desde el nacimiento siempre depositamos esperanzas en vos. Y nunca defraudabas. Llevarte a competir era un podio seguro y muchos de los trofeos que adornan nuestra vitrina fueron tu logro.  

Faltando poco para tu cumpleaños número dos cometimos el primer gran error. Había terminado el año competitivo, para la segunda mitad del año próximo debías estar seleccionada y no sabíamos hacerlo por lo que buscamos ayuda. Ese verano quedaste en Buenos Aires en manos de quien nos había preparado exitosamente otros perros. Te juro que te eché de menos.

En Marzo, al inicio de la temporada de competencias, te reencontramos. No te reconocí a tu llegada. Absolutamente arruinada, delgada, temerosa, estabas lejos de ser el animal que habíamos depositado en perfecto estado de salud. Y después, otro adiestrador que intentó trabajar con vos nos golpeó con brutal honestidad diciéndonos: este animal ha sido castigado. Tengan cuidado, muerde por temor y no busca la manga sino el cuello y yo no sé solucionar el problema.

El año pasó para vos lejos de las pistas, me dediqué a recuperar tu salud física y la confianza. Ahora más que nunca necesitaba trabajarte para selección y no por competir sino por  volverte a tu equilibrio.  Para vivir en una casa debías ser un perro confiable. Para quien no conoce, rendir una selección es mucho más que cumplir una rutina de adiestramiento y ataque, significa lograr un perro absolutamente equilibrado  que acata órdenes, que carece de temor ante un agresor, que puede demostrar que es animal de compañía y protección. Y esa preparación realmente no sabíamos hacerla nosotros.

En ese punto cometimos el segundo gran error.  En la vecina provincia, ahora mucho más cerca, buscamos ayuda de otro adiestrador.  Sabíamos de tus avances por el resto de los ovejeristas que te veían trabajar en el predio que poseen, estábamos más tranquilos y cada tanto podíamos verte.

Llegó la fecha donde San Juan era el anfitrión en las competencias. Entre charla y charla en los ratos libres nadie supo contarnos de vos, llevaban más de un mes sin verte. Por dentro se me encendió una luz de alarma y le pedí insistentemente a mi hermano que fuera sin dar aviso previo donde estabas. Sentía que algo te había sucedido y mis grandes temores eran dos posibilidades: que hubieras muerto o que estuvieras perdida. Al día siguiente viajó y te trajo a mis manos con una tercera posibilidad en la que jamás pensé: venías preñada. Se supone que accidentalmente el macho de ese criadero te había servido, pero he oído tres historias distintas de la misma persona, el titular del criadero, sobre el momento en que sucedió, por lo que creo que fue nada accidental. Como si eso fuera poco era obvio que no habían pasado quince días del servicio como juraba, tu panza me decía que no faltaba mucho.

Perdón Kira, jamás debí dejarte en manos ajenas.  Preñada, delgada, con vómitos y diarrea, temí por tu vida a la hora de parir. No sé qué te daban de comer, pero evidentemente era marca ACME y no te tuvieron compasión ni por tu estado. El veterinario me dio una batería de vitaminas y medicamentos para que llegaras lo mejor posible al parto. El tiempo apremiaba  y no había garantías de cómo saldrían las cosas. Anhelaba que no precises una cesárea porque no estabas en condiciones de superar una anestesia.

Una semana después nacieron once cachorritos muy pequeños y débiles. Tu notable desnutrición no pudo sustentar correctamente la preñez y sobrevivieron a sus primeras horas sólo seis. Madraza, no querías alejarte de ellos y atendiste con dedicación a los que quedaron, pero por tu salud  ayudé a alimentarlos. Un poco de teta y otro tanto de mamadera les vino bien a todos para salir adelante.

 Al destete estabas totalmente bien, en buen peso, en nuestras manos, con todo el cariño que merecías y parecías entender que esto era definitivo. Emprendimos con éxito la tarea de trabajar personalmente el adiestramiento con premios por cada uno de tus logros. El primer paso estaba dado pero llegar a morder la manga era el imposible. 

No había caso, le temías al figurante. Hasta que un día la adiestradora que nos asesoraba sugirió que si confiabas  en mi hermano podía suceder que te animaras con él. Lo hizo vestirse con la protección, yo te entregaba y él te recibiría en la manga. Fue un cambio gigante.

Creo que ese fue el click que precisabas. El resto fue ir corrigiendo detalles y hacer el traspaso a figurantes distintos. En la medida que sumábamos trabajo recuperaste la alegría de ser, el equilibrio, la confianza, el carácter. 

Rendiste tu selección. Competiste un año más superando exitosamente todas las pruebas de valor y te retiramos de las pistas con una vuelta de despedida entre aplausos. Más que el trofeo, me alegró saberte de nuevo como el animal feliz que debías ser. Lo logramos, pero el precio que pagaste nunca debió suceder. Al día de hoy quienes te han seguido trabajan mucho, con asesoramiento de terceros pero siempre en nuestras manos. Lo aprendimos con vos y de veras lo lamento.

Ha pasado el tiempo. Con nueve años las canas que han empezado a aparecerte hablan de tu edad. Cuando tu madre murió ocupaste su lugar y mi madre opina que sos una duquesa. Te gusta estar con la gente, te fascina que te acaricie un buen rato y te alegra en forma superlativa la llegada de mi hermano, basta con oír que se detiene en la entrada el motor que conoces muy bien para que lo esperes detrás de la puerta.  Sé que sos feliz, lo veo cada vez que paso por allá y vienes a mi encuentro.  Eso no quita la culpa que siento por dentro, nuestros errores te hicieron pasar malos momentos y pusieron tu vida en peligro, pero sos tan noble que no conoces el rencor.

 Por todo el tiempo que te quede me hará bien saberte bien, y no me cabe duda que viviendo con mi madre estás en el Edén que mereces.

(Visited 28 times, 28 visits today)