Anna Karenina

ANNA KARENINA



Anna Karenina es un ballet coreografiado por Boris Eifman, basado en la novela Anna Karenina de Leo Tolstoy. El estreno tuvo lugar en San Petersburgo el sábado 2 de abril de 2005. La música es de Pyotr Ilyich Tchaikovsky.

Ana Karenina relata la historia de una joven aristócrata de San Petersburgo que decide abandonar a su marido, un hombre mayor y dedicado a sus negocios, por un apuesto y encantador joven. Con el tiempo, él se aburre de la relación y Ana intenta retomar su vida junto a su esposo y su pequeño hijo. Pero es rechazada y cae en la desesperación.

Formado en el Conservatorio de San Petersburgo, Boris Eifman transformó la trágica y aclamada novela de Lev Tolstoi de 1877, Anna Karenina, en uno de los dramas más emocionantes de la danza contemporánea, a partir de fragmentos procedentes de distintas obras de Tchaikovsky. Debido al concepto de movimiento dinámico de su trágica historia de amor, llena de pasión y desesperación, esta pieza es considerada como la obra maestra del coreógrafo ruso.

El lenguaje coreográfico de Eifman tiene evidentes raíces clásicas. Los personajes femeninos bailan sobre zapatillas de punta, destacan las extensiones y los virtuosismos técnicos de toda la compañía. En el cuerpo de baile masculino se puede apreciar la influencia de las danzas tradicionales rusas. El coreógrafo aborda el espacio con exquisitez, se suceden numerosos cruces del cuerpo de baile, movimientos en canon, en unísono, continuos cambios de direcciones y velocidades.

Anna Karenina es la historia de una pasión con un personaje que fascina por la intensidad de su vida, una historia que se ha convertido en una de las obras más grandes de la literatura. Un retrato que refleja la visión de Tolstói sobre la sociedad urbana, símbolo de los vicios y el pecado, en oposición a la vida sana de la naturaleza y del campo.

No es fácil condensar una historia tan compleja como la de Ana Karenina en un ballet que cuenta con movimiento, pero no con palabra. Pero el guion, la música y la coreografía consiguen hacerlo, a base de prescindir de muchos elementos concretos y centrarse claramente en una sucesión de emociones más que de hechos. El resultado funciona casi siempre y en algunos momentos muy bien: tras la escena de amor en Roma, Ana ve a unos niños y juega con ellos, e inmediatamente cambian sus emociones, empieza a echar de menos a su hijo y vuelve a Rusia; Ana va a la ópera, se siente rechazada y empieza a pensar en el suicidio. Sin duda es una simplificación de la historia, pero como al mismo tiempo la danza y el montaje escénico dotan de otros contenidos a la historia, el resultado es muy sugerente y rico en significados.

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