El Mesías

EL MESÍAS

El Mesías es un ballet  creado por Mauricio Wainrot con música de El Mesías de Händel.

Mauricio Wainrot creó la primera versión de El Mesías en 1997 para el Ballet Real de Bélgica. La obra fue presentada en sucesivas giras por Bélgica, Holanda, Alemania, Polonia, Turquía, China y Canadá, y también en la apertura del Sínodo de Obispos Europeos, realizado en 1998 en el Palais des Beaux Arts de Bruselas. En 1999 Wainrot realizó una segunda versión de El Mesías para el Ballet Nacional de Chile, más extensa que la anterior, que se estrenó en Santiago con la colaboración de la Orquesta y Coros de la Universidad de Chile y destacados solistas de ese país. Ese año, tras obtener el premio APES en Chile, la obra fue estrenada en la Sala Martín Coronado con el Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín. Para la creación de la coreografía, Wainrot seleccionó 30 de los temas del extenso oratorio y, para el final, el famoso Aleluya.

El Mesías, nacido en un momento de hondo desaliento en la vida de Händel, que lo llevó a una actitud contemplativa ante el misterio de la redención, fue inspiración de nivel superior para Mauricio Wainrot. El contenido de la pieza danzada es profundo y verdadero, el artista logró capturar la esencia y trasfondo espiritual que el músico transmitiera en sonidos, más allá de aquello latente en los textos. Es por ello que esta coreografía, aun cuando comprende varios temas, constituye una sola unidad de principio a fin que fluye en un perpetuo crescendo hasta llegar al majestuoso Aleluya final. La utilización de un lenguaje moderno y contemporáneo basado en un soporte académico riguroso, permite al coreógrafo regalarnos una extraordinaria sucesión de hermosas imágenes situándonos como espectadores privilegiados en las regiones celestes. El artista exhibe en su composición danzada, una concepción clara de elegante pureza lineal y profundo sentido espiritual. 

La coreografía, que por momentos evoca escenas del Nuevo Testamento, presenta mayormente escenas abstractas, y guarda una íntima relación con el ánimo que inspira la música de Händel. Solo un par de imágenes sugieren religiosidad, en la figura del descenso de Cristo de la cruz y la alegoría de ‘La Piedad’. Toda la obra es un canto a la armonía y al amor fraterno.

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