El reloj de la vida

EL RELOJ DE LA VIDA

Esta diligencia muestra que marca cada paso,

gracia divina es nuestra estructura humana

dispone de una graciosa llave que late y culmina

Un día será ese, un día será el final del comienzo

Es corriente que fluye, fuente vital que pasa

presurosa y a tiempo mostrando esa vida buena,

impele y no se detiene, ímpetu aun con soledad llena,

reloj que cada pulso corre y pasa grata como una rosa,

marca cada paso como fiel pastor a su rebaño,

da vida y da muerte que viene del suelo es esa altura

y no permite mano ajena, es ese río su espesura

para guardar amores limpios y se torna huraño

y caballeroso es ese grave mal que lo revierte,

en la infidelidad que lo oprime, late falso,

es otro ritmo de esplendores vivos aun inmerso

de codicia y cuerno agudo, guerra inminente

con sentido de arrogancia es esa competencia

porque solo es una su especial fortuna compartida

y esmerada palpitación de la materia y herida

tan sensible que lanza Cupido y da sentencia,

saeta que cruza como trofeo héroe juvenil

de esplendores e ignominia del fuerte falo,

rigorosa es esa duda que tremula en el velo,

que se agita con tanta fuerza y calor viril,

candor y riqueza carnal de los humanos es tributo,

competencia que turba el sosiego, sensación dispar,

fuerza ajustada de los sentidos sin dar lugar,

es el artículo de la verdad y la mentira descubierto

pero es baluarte de la gallardía y bizarría

cuando el pecho vierte las finezas de Dionisio

con ditirambo elocuente que lo ameniza en el preciso

instante con música, con ánimo levantado de alegría,

es esa clave de dar vida y vive escondido,

hiedra del prado que todo el mundo camina en la hora

del simulacro de la muerte, palpita y llora

si se vive o se muere y termina oprimido.

Oscar o Benítez, Washington D.C, 2019

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