Ilopango. Untado de amor y conejito en prado

Ilopango. Untado de amor y conejito en prado

 

Dedicado a María Benigna Núñez Vda. de Caravantes
y  Josefina Valladares Vda. de Ramírez.
Dos flores de plata de Ilopango, mi ciudad natal.
Oro en mi memoria

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Mi corazón es una especie de El Aleph, uno de esos puntos del espacio que contiene todos los puntos, (se me ocurre Borges) todo lo sucedido y vivido están ahí en un mismo instante, ocurriendo, fascinándome en escalofríos, todas mis edades, mis amigos, juegos; todo, como en una película de espejos que se quiebran en infinitas partes y emociones.

El pecho es una almohada humildosa. Tengo que ponerme a exactos centímetros para poder ver y no quedar “corrido y avergonzado”, (me hace eco la locura de Carlos Argentino). Me gusta este juego con mi Aleph aunque lo limite a satisfacciones personales y nada pretenciosas.

Cómo negarme la oportunidad de verme con cuatro años de edad, de la mano de Raquelita, mi madre, corriendito a pasos chiquitos, encaramado en mis Jumping Jacks y cubierto con pantaloncito corto y camisa del Dr. Kildare. Recorriendo las calles de Ilopango y respirando el húmedo aroma que la brisa trae desde el lago, mientras un ruido de aviones hace líneas blancas en el cielo y me alegran.

Ver el rostro bello de la señorita que mi madre llama Maríyita Caravantes, y, ella la muchacha, desde su belleza, su encanto, sus rojos labios; habla sonriente y con precisión cosas del cariño. Mariyita Caravantes, con quedo toque de sus dedos juega con mi pelo. Yo me dejo, me gusto y sonrío. Oír a mi madre saludar a Finita, la muchacha de lindo cabello que con relumbros metálicos ondula sobre mi curiosidad, Finita con rostro de cobre y mirada de estrella me levanta en sus brazos, besa mis mejillas, me llama su niño y me da golondrinas y caramelos desde su pecho al mío. El pecho de las muchachas es un prado calientito, con luna y sol, donde el arrullo tiene su fragancia…

Todos los instantes al mismo tiempo. Mi Aleph palpita o gotea de afuera hacia adentro, Raquelita es una frase de mi hermano, “Raquelita la ojitos de miel” duerme y me guía para siempre, Raquelita tiene su mirada destilando dulzura desde el cielo hacia mi camino.
Raquelita es un prado de flores donde la felicidad corre como conejito inquieto y juguetón,
Raquelita es un sentimiento que se aprieta a mi corazón

El amor de Raquelita aparece con brillo y suavidad en los rostros de Mariyita Caravantes y de Finita. Aquellas muchachas que ahora las veo como dos amapolas del tiempo con pétalos bañados de luna.

La brisa con aroma a lago, jazmines, hortensias, azahares y montañas pasa sobre los techos y calles de Ilopango, acaricia las dos señoras que se sientan juntas en una banca de la vida para ver pasar el viacrucis de la semana mayor.

Mi Aleph me deja untado de lago, de brisa, de perfume, de miel, de amapolas con luna,
de aviones dibujando ruido y líneas blancas, de suavidad y de conejito corriendo en los praderas del amor. Cierro mis ojos y se me agita el corazón.

Russo Dylan-Galeas Maynor

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