Lo que faltó decir

LO QUÉ FALTÓ DECIR

 

aatorrescott

 

         Por Andrés Torres Scott

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Esta mañana la pelea no había sido nada fuera de lo normal. No hubo golpes ni insultos nuevos, se dijeron pendejo y pendeja y al final se mandaron a la chingada sin el menor pudor.

Empezó porque ella le servía el café y, sin querer, tiró un chorrito en su muslo. Él sabía que no lo había hecho ella a propósito. No era para tanto, pero él se enojó de más porque contaba con que ella lo llevaría al trabajo y ella dijo que no podía hacerlo, se le haría tarde para llegar al banco.

—Con uno que llegue tarde es suficiente, ¿no crees? —dijo ella esa mañana calurosa y despejada.

Era uno de esos ciclos en los que no van bien las cosas. Habían hecho el amor hacía una semana, por la noche. Ella estaba tan cansada, o eso dijo, que solo se puso boca abajo y solo gimió tres veces. Más que desearlo, ella solo lo aceptó. El venía cansado, estresado se dice, de la calle, del trabajo. Le dio un beso después de eyacular adentro de ella, fue al baño a limpiarse. Ninguno  recuerda si charlaron un poco o no antes de hacerlo. Eso sí, recuerdan haberse dado las buenas noches antes de dormirse.

Esta mañana él se fue en tranvía, tomar un taxi a la oficina le habría llevado más tiempo. Pensó en que habían sido novios muchos años: cinco. Quizá demasiados para luego soportar un matrimonio. Antes de llegar a su oficina sonó su celular, era el tono de ring de ella. Él miró su teléfono y decidió no contestar, estaba encabronado. El celular volvió a sonar uno o dos minutos después. Tampoco contestó. Ya por la tarde notó que ella dejó un mensaje, lo escuchó:

—Hey, ¿me llamas?, me faltó decirte algo —dijo ella y colgó.

Al llegar a la casa por la noche ella no estaba ahí y la máquina de mensajes tenía 18 guardados. Él apretó la flechita de play.

Ah… este… Hola, buenas. Este número está marcado como de “casa” en el celular de… de la mujer… El auto es un Smart rojo placas 973-ATS… Eh, ella… ella está grave en el Hospital Central —dijo una voz y colgó.

Los siguientes 17 mensajes decían más o menos lo mismo.

Cuando él llegó al hospital le dieron la noticia: ella había muerto de inmediato, sin sufrir. Él se preguntó si es que alguien puede morir sin sufrir al volcarse en la autopista. quizá sí, lo normal es morir sin sufrir. El accidente ocurrió en la mañana, minutos después de que él no quiso contestar por segunda ocasión.

Entonces olvidó que estaba enojado con ella, pero por la mañana no sabía que la vida era tan breve y que tendría que vivir el resto de sus días especulando que era lo que le faltó decir a ella.

(Visited 58 times, 4 visits today)